ANTICAPITALISMO SALVAJE
Ccs (especial de opinión).
Líderes o pseudolíderes, pseudorevolucionarios, en América Latina, siguen engañando a medio mundo –y probablemente autoengañados algunos de ellos- con un discurso anticapitalista consignado en declaraciones meramente contestatarias, a la manera de las viejas protestas universitarias libradas frente a una taza de café en los recintos estudiantiles. Peor aún cuando hablan de socialismo y terminan con la lengua enredada al intentar explicar el significado teórico de nociones “socialistas” que desembocan en un socialismo que no es socialismo, y que han definido como “socialismo de mercado”, a la manera de la dirigencia “comunista” china, envuelta ya en la fragancia de la buena vida capitalista.
También la mayoría de los pseudolíderes “socialistas” de América Latina, están envueltos hace tiempo en esa fragancia, descansando su “sacrificio por el pueblo” en los blondos algodones de la comodidad. El “socialismo de mercado” sería la esencia del llamado “socialismo del siglo XXI”, tiempo que para la cuenta apenas comienza, faltando nada menos que noventa y cinco años para intentarlo, o para tratar de explicarlo y gozar mientras tanto.
La retórica anticapitalista exhibe sus consignas contestatarias que identifica contra las altas esferas de la economía o la política, atrapados en las nubes retóricas. El capitalismo salvaje no es percibido, y mucho menos combatido, en su conexión con la realidad concreta de las mayorías trabajadoras. Mientras los líderes de la nueva izquierda insultan o confrontan a Busch, el capitalismo salvaje se expresa en toda su dimensión sobre los millones de trabajadores de América Latina que sufren hondas carencias de alimentación, vivienda, transporte, atención médica, y otras áreas socioeconómicas donde imperan relaciones capitalistas de producción, especialmente monopólicas, incluyendo las formas pseudo socialistas de cooperativismo que operan para producir mercancías destinadas al mercado y que en consecuencia no alcanzan ni siquiera el estatuto de empresas capitalistas eficaces sino que existen a expensas del subsidio del Estado. Los trabajadores afiliados en cooperativas donde predominan las mismas relaciones de producción capitalistas, terminan por convertirse en masas pequeño burguesas y reaccionarias, mientras que paradójicamente los trabajadores asalariados de las empresas capitalistas que no disfrazan sus formas de explotación, conservan su capacidad organizativa y revolucionaria.
Hablar de “socialismo de mercado” es una aberración tan ominosa que ni siquiera vale la pena una refutación. Luego de una breve vista, el modelo no es mas que un intento de régimen corporativista de Estado, destinado a arrancar el excedente económico de los trabajadores utilizando medios extraeconómicos o metaeconómicos, es decir medios políticos y militares. Un excedente que es aprovechado finalmente por líderes de gobierno que hablan contra el capitalismo pero viven como capitalistas a expensas de la plusvalía arrebatada al trabajador y el uso impúdico de los recursos naturales en manos del Estado.