¿RETROCEDEMOS HACIA GOMEZ?
Domingo Alberto Rangel

El gobierno actual, entre vaporones de añosa retórica patriotera, viene creando en el campo de las actividades extractivas el mismo modelo que hiciera famoso en los años treinta al general Juan Vicente Gómez. Hay dos evidencias suficientes para avalar esta afirmación. El gas en el Oriente de la República y el carbón en el Occidente son como dos interrogantes de sorpresa o desconcierto en el panorama nacional. En el gas, el Ministerio de Minas acordó unas concesiones a la manera gomecista más típica; claro, sin darles semejante nombre y mediante licitación. Debe advertirse que licitar una explotación de hidrocarburos es algo engañoso si con ellos se buscan las mejores condiciones para la nación. Hasta las iguanas saben hoy que en el petróleo y el gas existe un núcleo monopólico de cinco grandes consorcios dominadores del panorama universal.

Exxon-Mobil, Royal Dutch Shell, British Petroleum Amoco, Total y Chevron Texaco constituyen esos picos sobresalientes en la orografía del capital petrolero. Las demás empresas, salvo excepciones señaladísimas, giran en torno de estos soles o tienen con ellos alguna relación de dependencia, intercambio o asociación. Lanzar una licitación es engañarse porque en la práctica equivaldrá a acordarle al tronco monopolio un plazo para que decida, confirme a su estrategia mundial, cuál de sus socios o afiliados, va a concurrir a dicha licitación.

Un país de la periferia mundial como es Venezuela, debe escoger otra política para explotar sus reservas de hidrocarburos.

Gómez ha resucitado
La concesión del gas en la plataforma deltana es, aparte de ese defecto, un retorno a Juan Vicente Gómez con retórica patriotera como es del gusto de este gobierno. La Chevron Texaco perforará y dispondrá del gas que encuentre allí- como ganadora o peor, como única empresa que hubo de concurrir a la licitación- sin compromiso o restricción ninguna, salvo los de pagar los impuestos estipulados y observar las normas técnicas y ecológicas de explotación. Es Juan Vicente Gómez en el siglo XXI. El modelo gomecista, si es que puede dársele tal nombre, consiste en asignarle una concesión, parcela, lote o lo que fuere a una trasnacional petrolera o gasífera, cobrar unos impuestos y dejar que el concesionario o concesionaria envíe el petróleo o el gas al exterior sin tratamiento alguno.

Es lo que ha hecho en la plataforma deltana este bizarro gobierno bolivariano, hijo de próceres, nieto de lanceros y biznieto de indios indómitos. En cambio, la pequeña Trinidad, que comparte con Venezuela el Golfo de Paria, cercano a la plataforma deltana, acordó la explotación conjunta de sus zonas con empresas internacionales del gas pero transforma en su propio suelo ese producto por lo cual experimentado una industrialización impresionante.

Como resulta instructivo exponer este contraste entre Venezuela y Trinidad, vale la pena, en una especie de larga digresión, narrar lo ocurrido en la vecina antilla.

Trinidad y su gas
Hace veinte años Trinidad decidió industrializar a fondo sus reservas de gas y de petróleo. Para ello llegó a acuerdos con empresas multinacionales que dominan o influyen en el mercado mundial de energéticos. Comenzó entonces una etapa de transformación y ascenso de la economía trinitaria como no ha registrado ningún otro país de este continente austral y subdesarrollado.

El producto por habitante que en 1980 era inferior al de Venezuela, para el 2000 doblaba el nuestro. Las exportaciones, hasta el primero de los años citados consistentes en bienes primarios, pasaron a estar compuestas de productos industriales.

Un pequeño milagro. Ocurrió que de común acuerdo aquellas multinacionales y Trinidad erigieron para el petróleo de la isla y el gas de su plataforma continental gigantescas plantas petroquímicas. Hoy Trinidad tiene la planta de metanol más grande de todo el hemisferio sur, según leí en una revista internacional. Y todo ello con sólo cien o doscientos mil barriles diarios de petróleo y una producción de gas condigna de esta última cifra, mientras en Trinidad ocurre eso, la ínclita Venezuela bolivariana cede sus reservas como lo hacían Gómez y sus generales hace ochenta o más años. Nuestro nacionalismo gobiernero está en el escudo, la bandera y el himno, y sólo allí porque en las realidades parece que hubiéramos retrocedido de Pérez Alfonso a Gómez.

En el Guasare lo mismo
Si en Oriente sucede este retroceso, en Occidente las cosas son aún peores. El carbón del río Guasare no sólo deja el país sin transformación ninguna, contamina la atmósfera y daña la naturaleza, según dicen los ecologistas.

La estupenda reserva carbonífera del Zulia, localizada en el Guasare y en el Río de Oro, podría ser el eje o uno de los ejes de una vasta industria siderúrgica que, aprovechando esas reservas y el mineral de hierro de Guayana o de cualquier otro país, erija acerías en las riberas del Lago de Maracaibo. Venezuela, la de Punto Fijo o la de Bolívar, ha preferido exportar este carbón en bruto, tal como habría hecho el general Gómez.

Es la Venezuela de hoy modelo de país neo-colonial en toda la América del Sur. Venezuela sigue exportando hasta un 80% de todo su comercio exterior, bienes primarios como ocurría hace un siglo. Colombia, nuestra vecina, exporta menos del 25% en productos primarios y lo que es más sorprendente, el 10% de sus exportaciones está constituido por artícu-los de alta tecnología. No hay país en Suramérica que no haya diversificado su pauta de exportaciones desde 1980, sólo Venezuela y Bolivia obedecen al mismo modelo tradicional. Eso explica algo que es evidente hoy. Venezuela es en este momento el país más atrasado de América del Sur. Si quieren constatarlo repasen cualquier anuario internacional de estadísticas para que el asombro sea el prólogo del abatimiento.

 

 

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