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MESIANISMO CON EXCLUSIÓN SOCIAL
Humberto Decarli
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Al caer el Muro de Berlín y evidenciarse la insolvencia del Tercer Mundo
respecto al pago de su deuda externa, nació una nueva época. Me refiero a la
Globalización, término traducido del inglés para denominar un proyecto de
libre circulación de bienes y servicios en todo el orbe. Sin rival militar
de consideración, los Estados Unidos se unió a Europa y Japón, conformando
un triple polo de dominio mundial.
Esa mundialización de la economía realmente se ha reducido al plano
financiero y en especial al bursátil y el especulativo. Las transacciones
bancarias de un día representan el Producto Interno Bruto anual de un país
de desarrollo sostenido como Francia. El comercio y la economía no se
difunden expeditamente porque la existencia de los organismos derivados de
Bretton Woods y posteriormente, la Organización Mundial de Comercio, regulan
a través de tratados y acuerdos internacionales los desequilibrios y las
restricciones de las balanzas de pago de los países.
El planeta se encuentra radicalmente fraccionado en dos realidades
distantes. Por una vertiente, el denominado Primer Mundo y por el otro, el
resto o la periferia de la humanidad. El mencionado inicialmente comprende
en el Hemisferio Occidental a Estados Unidos y Canadá; casi todas las
naciones de la Unión Europea; en Asia a Japón y algunas de las plataformas
de exportación fomentadas por Occidente después de la guerra de Corea como
opción para enfrentar en el ámbito económico al imperio soviético; y
finalmente, Australia y Nueva Zelanda en Oceanía.
El universo de desarrollo se expresa en términos generales en un relativo
elevado nivel de vida de sus moradores gracias a una expansiva producción de
bienes y servicios y una mejor distribución entre los diferentes estratos
sociales. Asimismo, la existencia de cierta institucionalidad y mecanismos
de participación medianamente aceptables.
El residuo de la Tierra está constituido por una inmensa agrupación de
naciones, integrada por los pueblos de América Latina, África subsahariana,
el mundo árabe e islámico, el sudeste asiático, el Asia Central y algunas
zonas del Viejo Continente. Se caracterizan por un alto crecimiento
poblacional, un ostensible abismo entre las clases sociales con una escasa
movilidad, la producción de materia prima y fuente energética fósil y por
supuesto, la ausencia de dispositivos formales y un alto grado de
concentración del poder.
Quedarían casos excepcionales como el de China y la India, ambos con subida
permanente económica durante la última década. Se perfilan como centros de
despegue hacia el desarrollo sustentable, con perspectiva de ser Cathayla
segunda economía del mundo dentro de unos veinte años.
Por primera vez en la historia se genera un excedente en los bienes y
servicios del ser humano. Sin embargo, el ochenta por ciento de los hombres
y mujeres están en condición de pobreza. Esa paradoja desnuda la esencia del
modelo económico triunfante ulterior al derrumbe del mal llamado mundo
socialista. Es un proyecto donde se privilegia la rentabilidad del capital
por encima de cualquier otra consideración. Se demuestra de manera palmaria
con el crecimiento económico experimentado en algunos países concomitante a
un incremento de la pobreza y el desempleo.
Igualmente surge una categoría sociológica nefasta, exclusión social. Los
pensadores socialistas de la Europa decimonónica hablaron del desempleo como
una suerte de ejército de reserva del aparato productivo. Los ideólogos de
la socialdemocracia derivados de la II Internacional sostuvieron la
posibilidad de reformas dentro del sistema capitalista como ruta para
mejorar su viabilidad. El denominado capitalismo renano y el Welfare State
emergidos de la posguerra consiguió aumentar el acceso de los ciudadanos a
los recursos materiales e intangibles.
En el estado actual de la humanidad entrando al siglo veintiuno la situación
ha cambiado. Si bien es cierto que hace cuarenta años la economía se
encontraba equilibrada entre el sector agrícola, el industrial y el de
servicios, se ha trastocado en estos momentos. El primero se redujo a un 4%
del P.I.B. mundial; el fabril se mantuvo en una tercera parte mientras que
la tecnología, el conocimiento y la inteligencia se dispararon hacia un 66%.
Resulta que las áreas más rentables, la información, las finanzas y las
industrias del futuro, requieren poco del factor trabajo por el empleo de la
tecnología punta y los procesos de reingeniería. Asimismo, sus costos son
irrisorios. Esta circunstancia incide en crear mapas sociales de marginación
con pocas perspectivas de reinserción social. Dicho en términos más crudos,
se les expulsa de la sociedad sin boleto de retorno.
En la guerra comercial desatada entre los miembros de los dueños del mundo
delimitan sus zonas de influencia. Así, Japón tendría a los dragones y
tigritos asiáticos como espacios de vinculación; el Mediterráneo y el
Oriente Próximo para los europeos y América Latina y el Caribe para
Washington.
En el caso nuestro la globalización se las ha tenido que ingeniar para
tramitar un proyecto económico generador de miseria con el menor costo
político, militar y económico. Si el modelo es intrínsecamente desempleador
requiere de formas sutiles para su aplicación con la mínima reacción
posible. Además del aparato de alienación cultural representada por los
medios de difusión de masas se debe apostar a un régimen formal con matices
de legitimación así sea de utilería, para imponer este sociopático
andamiaje.
De allí la promoción de la denominada democracia representativa, con sus
carnavales electorales incluido, como fórmula de estabilidad política ante
la ausencia de una tradición democrática en nuestro devenir. El capitalismo
necesita este medio para su desarrollo, razón por la cual el Departamento de
Estado apuntala su política de defensa de los derechos humanos y el respeto
a una legitimación de origen como lo prevé la Carta Democrática
Interamericana.
No obstante, esta iniciativa es insuficiente por la diáfana carencia de
mentalidad democrática de estos pueblos. Para paliar la situación han
apoyado liderazgos mesiánicos con la finalidad de implementar a través de la
magia sus infaustos designios. En este orden de ideas, apreciamos cómo un
Carlos Andrés Pérez es auxiliado en su segunda administración por los
factores de poder internacional, so pretexto de llevar a cabo una
“modernización”. Asimismo, Alberto Fujimori y Ménem en Perú y Argentina
repectivamente, fueron estimulados en su momento.
Ante la clara asfixia de esa dirigencia ha surgido una nueva generación de
representantes populares nacidos al margen del desprestigio de los partidos
políticos y la crisis de la representatividad. Me refiero a Hugo Chávez en
Venezuela, Lula Da Silva en Brasil, Lucio Gutiérrez en Ecuador y Jean
Bertrand Aristide en Haití. Son dirigentes con ascendencia popular, el
empleo de un lenguaje radical y en algunos casos incendiario, un discurso
marcadamente anticorrupción y la presentación de planes económico-sociales
confusos con una praxis clientelar.
Detrás de esas figuras queridas por amplios sectores populares se esconde
las políticas severas y los dicterios del gobierno del mundo. La práctica de
sus gestiones se enmarca dentro de la mayor rigidez y ortodoxia económica, a
caballo entre el estatismo y el libre mercado. La dinámica económica lleva
al apogeo de los sectores vanguardistas de la economía mientras la mediana y
pequeña empresa marchan hacia su liquidación.
Cuando se estrangulen todos estos líderes no sabría cuál carta bajo la manga
blandería la hegemonía mundial. Sería caer en el terreno de la especulación
y la suposición de escenarios inimaginables. Pero lo único cierto es, ante
el fracaso de la experiencia guerrillera vanguardista y el electoralismo más
ramplón, la necesidad de la expansión del poder social frente al Estado y al
poder económico, financiero y mediático. Sólo la multiplicación de las redes
de activación popular se avizora como la garantía de un camino de lucha ante
la tragedia que estamos atravesando. Allí reside el germen de la creación en
el geografía de la “raza cósmica” de una alternativa ante una estructura de
poder autoritaria, antidemocrática y al servicio de los intereses más
bastardos del mundo. |
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