LA
GANADERÍA Y LA INDUSTRIA LECHERA
[Extracto
del libro "Liberación Animal" de Peter Singer, Editorial Trotta,
1.999. Edición en español del famoso bestseller de los derechos
de los animales. Se puede conseguir directamente de la editorial por internet:
http://www.trotta.es]
La industria de la ternera es una rama de la industria lechera. Los productores
deben asegurarse de que las vacas lecheras se preñan cada año
con el fin de mantenerlas produciendo leche. Se les apartan de los hijos
cuando nacen, experiencia ésta que es tan dolorosa para la madre como
aterrorizante para el ternero. La madre demuestra frecuentemente sus sentimientos
con llamadas y bramidos constantes durante días después de
ser apartada de su cría.
Algunas terneras -hembras- serán criadas con sustitutos lácteos
para reemplazar a las vacas lecheras cuando lleguen a la edad, en torno
a los dos años, en que pueden producir leche.
Otros terneros se venderán cuando tengan entre una y dos semanas
de edad para criarlos para vacuno en establos o parcelas de engorde.
Los restantes serán vendidos a los productores de carne de ternera,
quienes también dependen de la industria lechera para conseguir la
dieta láctea que se les suministra a los terneros para mantenerlos
anémicos. Incluso si no se le envía a la unidad de terneros,
como ha escrito el profesor John Webster, del departamento de producción
animal de la Universidad de Bristol:
"El ternero nacido de una vaca lechera sufre rutinariamente más
desprecios al desarrollo normal que cualquier otro animal de granja. Se
le arranca de la madre al poco tiempo de nacer, se le priva de su comida
natural -leche entera de vaca- y se le alimenta con diversos sustitutos
líquidos más baratos."
La vaca lechera que antaño recorría las
colinas pacíficamente, incluso idílicamente, es ahora una
máquina de fabricar leche sometida a un control y un ajuste extremos.
La imagen bucólica de la vaca lechera que juega con su ternero en
la pradera no tiene lugar alguno en la producción comercial de leche.
Muchas vacas lecheras se crían en interiores. Algunas viven en establos
individuales con el espacio justo para ponerse de pie o tumbarse. Su entorno
está completamente controlado: se les alimenta con cantidades medidas
de pienso, las temperaturas se ajustan para maximizar el rendimiento de leche
y la iluminación es artificial. Algunos granjeros han comprobado que
un ciclo de 16 horas de luz y sólo 8 horas de oscuridad proporciona
un mayor rendimiento.
Después de que le retiren su primer ternero,
comienza el ciclo de producción de la vaca. Se le ordeña dos
veces al día, en ocasiones tres, durante diez meses. Después
del tercer mes, será preñada de nuevo. Será ordeñada
hasta unas seis o siete semanas antes del siguiente parto, y otra vez de
nuevo tan pronto como se le priva del ternero. Normalmente, este ciclo intensivo
de gestación e hiperlactación puede durar tan sólo unos
cinco años, tras los cuales la vaca "gastada" se convierte en hamburguesa
o comida para perros.
Con el fin de obtener la máxima producción,
los productores alimentan a las vacas con concentrados muy energéticos
tales como la soja, la harina de pescado, los subproductos de destilería
e incluso estiércol avícola. El peculiar sistema digestivo
de las vacas no puede procesar adecuadamente esta comida. El objetivo de
la rumia es digerir hierba que fermenta lentamente. En el momento de mayor
producción, unas pocas semanas después de haber parido, la
vaca suele gastar más energía que la que es capaz de ingerir.
Puesto que su capacidad de producir sobrepasa su habilidad de metabolizar
su alimento, la vaca empieza a descontrolarse y usa sus propios tejidos;
comienza a "ordeñarse a sí misma".
Las vacas lecheras son animales sensibles que manifiestan
desajustes psicológicos y fisiológicos como resultado del
estrés. Tienen una gran necesidad de identificarse con sus "cuidadores".
En el sistema actual de producción láctea no se permite al
granjero estar más de cinco minutos al día con cada animal.
En un artículo llamado "Granjas lecheras que no necesitan praderas",
una de las mayores "industrias lecheras" presume de un adelanto que "permite
a un trabajador alimentar a 88 terneros en 45 minutos -una tarea que normalmente
costaría todo el día a varios hombres-".
Ahora se vuelca todo el interés en encontrar
formas de interferir con los procesos hormonales y reproductivos normales
de la vaca para hacer que produzca aún más leche. La hormona
de crecimiento bovino (conocida en Europa como somatotropina bovina o BST)
se está promocionando como una forma de aumentar espectacularmente
la producción lechera. Las vacas que reciben inyecciones diarias
de la hormona han producido alrededor del 20% más de leche.
Pero además de las llagas que se puedan producir por las inyecciones
diarias, los cuerpos de las vacas estarán obligados a trabajar aún
más duramente; necesitarán una dieta más rica, y es
de esperar que sufran aún más por las enfermedades que ya afectan
a muchas vacas lecheras. David Kronfels, profesor de nutrición y
jefe de medicina de animales grandes en la Escuela de Medicina Veterinaria
de la Universidad de Pennsylvania, ha dicho que durante una prueba más
de la mitad de las vacas que recibían BST fueron tratadas de mastitis
(una dolorosa inflamación de la glándula mamaria), frente
a ninguna en el grupo de control que no recibía BST. La oposición
a la BST viene ahora de los granjeros lecheros así como de los protectores
de los animales.
Esto no es muy sorprendente, ya que varios estudios
realizados en la Universidad de Cornell y en la United States Congress Office
of Technology Assessment han indicado que si las principales granjas adoptasen
el BST, podría terminarse el negocio de unos 80.000 granjeros lecheros
americanos -la mitad de la cifra actual-.
Un granjero lechero del oeste de Inglaterra ha señalado
que "los principales beneficiarios de estas inyecciones serán muchas
compañías farmacéuticas de altos vuelos", y ha rogado:
"Al menos, déjennos recibir leche procedente de vacas contentas y
no de los acericos de unos industriales avariciosos".
Pero los aumentos de producción conseguidos por
la hormona de crecimiento bovino no son nada comparados con los que ya anticipan
los entusiastas de la nueva tecnología de reproducción. En
1.952 se produjo el primer ternero por medio de la inseminación artificial.
Hoy, éste es prácticamente el método estándar.
En los años sesenta se produjeron los primeros terneros a partir
de embriones transferidos de una vaca a otra. Esta tecnología significa
que, mediante inyecciones de hormonas, se puede lograr que una vaca con
un rendimiento especialmente alto produzca docenas de óvulos de una
vez. Después de que se le insemine artificialmente con el semen de
un valioso semental, se le pueden expulsar los embriones del útero
y transplantarlos a vacas sustitutas más baratas haciéndoles
incisiones en los flancos. Así se puede criar rápidamente
toda una manada sólo con la mejor raza. La habilidad para congelar
los embriones, desarrollada durante los años setenta, ha facilitado
la comercialización de la transferencia de embriones, obteniéndose
al menos 100.000 terneros de estos intentos.
La ingeniería genética y quizá la clonación
serán los próximo pasos de este esfuerzo continuo por crear
animales cada vez más productivos.
Artículo extraído de:
"¿Lácteos?... no, gracias".
LiberAcción
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