Repartiendo sufrimiento por diversión
LA CAZA NO ES UN DEPORTE PARA SUS VÍCTIMAS
Cada año cientos de millones de
animales mueren víctimas de los cazadores. Su agonía se
prolonga todo el tiempo que dura la caza, en el que sufren dolor
y miedo. Muchos animales que logran escapar mueren posteriormente
como consecuencia de las heridas sufridas. En ocasiones se trata
de adultos con crías a su cuidado, que, como consecuencia,
mueren de hambre.
A veces se defiende la caza afirmando que ésta sirve para
regular la población de determinados animales. Ello es buena
muestra de la clase de mentalidad antropocentrista, En realidad
un argumento como este resulta inaceptable, pues supone, con tal
fin, el sacrificio de individuos concretos con un interés por
vivir y por no ser víctima de padecimientos. Pero también es
falso, ya que los animales capturados son mayormente machos (más
buscados por su cornamenta, plumaje, tamaño...) con lo que la
disminución poblacional es mínima. Además, el hecho es que,
contradictoriamente con esto, se crían animales para su caza en
cotos. Al margen de todo esto, es sabido que numerosas especies
de animales han sido abocadas, por su caza, a la desaparición
(desde los alcas gigantes a las palomas pasajeras), o llevadas a
una situación cercana a ella (como ha ocurrido en la península
ibérica con los urogallos o los osos pardos). Lo cual, debe
resultar particularmente grave, al margen de la preocupación por
una mayor biodiversidad que se pueda tener, por el hecho en sí,
fundamental, de que las especies están constituidas por
individuos, y son éstos quienes sufren, de modo que la
extinción de una especie es reflejo de que se ha exterminado a
sus miembros, ocasionando así una inmensa cantidad de dolor y un
enorme número de muertes.
LOS PECES TIENEN UNA COMPLETA CAPACIDAD DE SENTIR
Algo semejante ocurre en el caso de la pesca deportiva. Los peces
son seres con un sistema nervioso semejante al nuestro, dotados
de nociceptores a través de los cuales pueden experimentar
dolor, como los mamíferos. Podemos hacernos una idea de lo que
sienten imaginándonos a nosotr@s mismos yendo a coger
inocentemente algo para comer y sintiendo como, de repente, un
garfio se clava en nuestro paladar (aunque también ocurre a
veces que el anzuelo engancha al pez por otra parte de su cuerpo,
como sus ojos) y nos lanza a un espacio donde no somos capaces de
respirar. Incluso en los casos en los que los peces vuelven a ser
soltados al agua tras ser pescados, es habitual que éstos mueran
por las heridas recibidas, por extenuación, o por la pérdida de
la cutícula protectora que poseen sobre la piel.
Otras víctimas de la caza y la pesca
La caza y la pesca agreden a muchas otras criaturas. Un enorme
número de animales indeseados son derribados o atrapados. Otros
mueren apresados en los alambres usados para cercar los cotos de
caza, o envenenados por la ingestión del plomo de perdigones o
pesas de pesca.* Igualmente, no es extraño que el hilo de nylon
se rompa, resultando entonces un arma mortal para miles de peces,
aves, nutrias y otros muchos animales, a los que atrapa, hiere o
estrangula. Algo semejante sucede con anzuelos que quedan
sueltos. Y, finalmente, los peces u otros animales utilizados
como cebo son, literalmente, ensartados vivos en el anzuelo.
Hay muchas formas de ocio sin crueldad. Para disfrutar un día de
descanso en la naturaleza no es necesario causar sufrimiento.
* El uso de munición de plomo, aunque ahora prohibido, sigue
dándose. Los perdigones sueltos, aunque no hayan dado en el
blanco, siguen matando: cada año, cientos de miles de patos,
ánades y otras aves son envenenados por la ingestión de éstos,
que confunden con las pequeñas piedrecillas que habitualmente
tragan para ayudarles a realizar la digestión. Así, padecen una
terrible muerte por plumbismo. El plomo que queda, va envenenando
también las vías acuíferas. Las pesas de plomo de los anzuelos
tienen el mismo efecto.
Texto extraído de:
http://www.derechosparalosanimales.org
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