DOS HISTORIAS DE SUNNAN
Traducido al inglés por Yoon Choi, y después traducido al castellano por LiberAcción
Me gustaría contaros dos historias sobre perros enfermos y heridos que han sido vendidos o matados para los mercados de carne de perro:
1. Una vez encontré a un perro grande en mi vecindario que estaba sufriendo de una grave infección de la piel, literalmente de la cabeza a los pies. Me sentí tan mal por el perro que le empecé a llevar comida. Siempre se alegraba de verme y movía el rabo ante todo lo que le decía. Pronto empecé a preguntarme cómo podría ayudar más a este perro. No había sitio disponible en el refugio donde el perro pudiese estar separado de los otros perros -a pesar de que el propietario habría sido feliz de darme el perro si le hubiese ofrecido algo de dinero-. ¿Habría sido mejor rescatarle - sólo para eutanasiarle? Un día, fui a ver al perro pero no le encontraba. Pregunté al propietario qué le había ocurrido al perro y me dijo que le había vendido a un comerciante de carne de perro. Estaba sorprendida de oir esto, y le pregunté, incrédulamente: "¿Compraron un perro que estaba sufriendo de una severa enfermedad cutánea, literalmente cubierto de pus?". Él contestó "Por supuesto. No me dieron mucho dinero, pero es bueno que se hagan cargo del perro".
2. En otra ocasión, descubrí que el perro de un vecino había sido dejado en condiciones extremadamente antihigiénicas. No tenía sitio. Estaba tirado en una esquina del jardín y no tenía ni sitio para sentarse, ya que toda el área estaba cubierta con una mezcla de heces, tierra y agua de lluvia. El perro estaba extremadamente delgado y claramente malnutrido. Le dije a la propietaria, "Los animales también sienten hambre, y no les gustan los ambientes sucios. ¿No podrías tratarle mejor?" Ella me contestó: "Está bien. Voy a venderle pronto a un comerciante de carne de perro". Yo le dije "No es bueno para ti enviar a un miembro de la familia a un sitio donde recibirá una cruel muerte. No deberías ni pensar en hacer tales terribles cosas. Si te resulta difícil mantenerle, yo le cuidaré".
Ella estaba teniendo algunas dificultades económicas cuando recibía mi asistencia, por lo que enseguida accedió a mi sugerencia. Descubrí una parte vacía en el jardín y lo limpié bien. Puse un lecho viejo y puse al perro en esta parte. Al menos ahora tenía refugio ante la lluvia. También, la puerta podía cerrarse para mantenerle caliente en el frío invierno. Según pasaban los meses, le llevaba comida cada mañana y cada noche y mantenía su sitio limpio. Eventualmente el perro comenzó a ganar peso y su pelo comenzaba a brillar.
Como el perro era de pelo amarillo, decidí llamarle "Yellow". Cada vez que llegaba a la casa, parecía saber que estaba cerca y me buscaba para darme una "sonrisa". Solía tener que decirle que callara, "Yellow, te traeré algo de comida más tarde". Naturalmente, nuestra amistad se incrementaba con el tiempo y estoy segura que el me buscaba para verme tanto como yo a él.
Un domingo por la mañana, le traje su comida como siempre y la devoró enseguida. Ese día más tarde, recibí una llamada de teléfono. Era su propietaria. Me dijo: "¿Qué demonios le has dado esta mañana? Ha estado vomitando sangre y ahora está muerto". Corrí a la casa. Él había muerto, tras vomitar líquidos amarillos y sangre.
A pesar de que yo estaba en estado de shock, podía seguir trabajando en qué había pasado. Unos días antes, la propietaria me había dicho que su hermano se iba a llevar al perro. Le dije que nunca debería pasar eso. Le prometí que le daría dinero por el perro para que lo dejase donde estaba.
Cuando me dijo que su hermano se llevaría al perro, me di cuenta de que se refería a que lo vendería a un comerciante de carne de perro o que matarían pal perro y se lo comerían ellos mismos. Como se seguíe sintiendo en deuda conmigo, no vendería al perro fácilmente sin mi permiso. Pero su familia y parientes habrían entendido que podrían sacar mucho dinero del perro ahora que había ganado peso y parecía sano. Obviamente habían planeado venderle durante el verano cuando la demanda es mayor. La gente suele decir que los perros que han muerto de envenenamiento pueden comerse si se quitan los órganos internos, y que sus cuerpos pueden venderse a los comerciantes de carne de perro. No podía acusarles de ello, por supuesto, ya que no tenía ninguna eidencia. Sin embargo, era muy fácil trabajar con las causas reales de la muerte del perro. Incluso si yo seguía penando por su muerte, la propietaria me decía "¿Quién ha podido hacer esto?".
Le respondí llorando que, como había desarrollado afecto hacia él, yo misma le enterraría. Sin embargo, ella era muy insistente, de que ella y su hermano le enterrarían. Esto me probaba mis dudas de que ellos habían matado al perro. Si alguien más había matado al perro, habrían estado demasiado encantados de pasarme a mí esta responsabilidad. En su lugar, estaban empeñados en querer enterrarlo ellos. Claramente, querían venderle o comérselo, tras morir de envenenamiento.
Algunas personas optarán por vener sus perros a los comerciantes de carne de perro. Otros eligen enterrarlos en la ladera de una montaña. Cuando un perro muere lejos de su casa, sin causa obvia, es muy posible que haya muerto de envenenamiento. Los comerciantes de perros suelen sacar los cuerpos enterrados de los perros y los venden en un restaurante de carne de perro.
Hace un tiempo, el perro de mi familia murió tras ser envenenado. Le enterramos en la ladera de una montaña. Al día siguiente, su cuerpo había desaparecido y, hoy en día, muchos otros amantes de los perros siguen sufriendo la misma experiencia. Es por esto que siempre recomiento a la gente que incinere a sus animales fallecidos.
Traducido de:
IAKA/KAPS e-mail update, 26 septiembre 2.003
LiberAcción