Thor y su esposa
Leyendas nordicas

Thor se había
casado en dos ocasiones, primero con la giganta Iarnsaxa (piedra de hierro),
con la que tuvo dos hijos: Magni (fuerza) y Modi (valor), ambos destinados a
sobrevivir a su padre y al ocaso de los dioses y a gobernar el nuevo mundo que
se alzaría como el fénix de las cenizas del primero. Su segunda esposa fue
Sif, la de cabellos dorados, con al que también tuvo dos hijos: Lorrude y una
hija de nombre Thrud, una joven giganta célebre por su tamaño y fuerza. Fiel
a la conocida afinidad por el contraste, Thrud fue cortejada por el enano
Alvis con su aprobación. Una noche, cuando el pretendiente, que al ser un
enano no podía afrontar la luz del día, se presentó en Asgard para pedir la
mano de Thrud, la asamblea de los dioses no le negó su consentimiento. Apenas
había mostrado su aprobación cuando Thor, que había estado ausente, apareció
súbitamente y, mirando con desprecio al insignificante pretendiente, declaró
que debería poner a prueba sus conocimientos para expiar por su baja
estatura, antes de que pudiera ganarse a su prometida.
Para probar las cualidades mentales de Alvis, Thor le interrogó en el
lenguaje de los dioses, el de los Vanes, el de los elfos y el de los enanos,
prolongando astutamente su examen hasta el amanecer, cuando el primer rayo de
Sol cayó sobre el desdichado enano y lo petrificó. Allí permaneció él, un
perdurable ejemplo del poder de los dioses, para que sirviera como advertencia
a cualquier otro enano que osara ponerlo a prueba.
Sif, esposa de Thor, estaba muy orgullosa de su espléndida cabellera dorada,
que la cubría desde la cabeza a los pies como un brillante velo. También
ella era el símbolo de la Tierra, pues se decía que su pelo representaba el
césped largo o el grano dorado que cubría las tierras de cosecha del Norte.
Thor estaba también muy orgulloso del hermoso cabello de su esposa. Por
tanto, es de imaginar su consternación cuando se la encontró una mañana tan
calva y carente de ornatos como la tierra cuando el grano ha sido recogido y
no quedan más que rastrojos. En su furia, Thor se alzó sobre sus pies y juró
que castigaría al que hubiese cometido tal atrocidad, del que inmediata y
correctamente conjeturó que era Loki, el malicioso y conspirador; que siempre
estaba a la busca de algún acto malvado que cometer. Tras coger su martillo,
Thor se fue en busca de Loki, el cual intentó evadir al airado dios cambiando
de forma. Pero fue inútil, pues Thor le alcanzó pronto, cogiéndole por el
cuello y casi estrangulándole, antes de ceder ante sus súplicas y soltarlo.
Cuando recuperó el aliento, Loki imploró el perdón, pero sus ruegos fueron
en vano, hasta que prometió procurarle a Sif una nueva cabellera, tan bella
como la primera y tan profusa en longitud.
Sólo entonces dejó Thor marchar al traidor. Loki reptó por las entrañas de
la tierra, donde se encontraba Svartalfaheim, para suplicarle al enano Dvalin
que le fabricara no sólo la preciosa cabellera, sino también un regalo para
Odín y Frey, cuya furia deseaba aplacar.
Su petición fue recibida favorablemente y el enano fabricó la lanza Gungnir,
que nunca erraba su objetivo y el barco Skidbladgar, el cual, arrastrado
siempre por vientos favorables, podía navegar por el aire al igual que por el
agua, además de poseer la propiedad mágica de, aunque contendiendo a los
dioses y a todos sus corceles, poderse doblar hasta alcanzar un tamaño tan
diminuto que cabía en un bolsillo. Finalmente, hilvanó una bellísima hebra
de oro, de la que fabricó la cabellera requerida para Sif, declarando que tan
pronto como tocara su cabeza, crecería rápidamente desde allí como si fuera
su propio pelo.
Loki estuvo tan satisfecho con tales pruebas de la habilidad de los enanos,
que declaró que el hijo de Ivald era el más diestro de entre todos los
herreros, palabras que Brock, otro enano, acertó a oír, tras lo cual exclamó
que estaba seguro de que su hermano Sindri podría producir tres objetos que
sobrepasarían aquellos que Loki sostenía, no sólo en valor intrínseco,
sino también en sus propiedades mágicas. Loki retó inmediatamente al enano
para que demostrara su habilidad, apostando su cabeza contra la de Brock como
garantía.
Sindri, informado de la apuesta, aceptó la oferta de Brock de soplar el fuego
con el fuelle, advirtiéndole, sin embargo, de que él debería trabajar
persistentemente y sin un momento de descanso, si quería que tuviese éxito.
Procedió a calentar algo de oro, tras lo cual salió a apalabrar el favor de
los poderes ocultos. Durante su ausencia, Brock trabajó con el fuelle
diligentemente, mientras que Loki, con la intención de hacerle parar, se
transformó en un tábano y picó cruelmente su mano. A pesar del dolor, el
enano siguió con su labor y cuando Sindri regresó, sacó del fuego un enorme
jabalí salvaje, llamado Gullinbursti, debido a sus cerdas doradas, que tenía
el poder de emitir luz mientras cruzaba los cielos, pues era capaz de viajar a
través del aire con increíble velocidad.
Con su primer trabajo concluido satisfactoriamente, Sindri echó un poco más
de oro al fuego y le pidió a su hermano que siguiera soplando, mientras él
volvía a salir para asegurarse la asistencia mágica. Esta vez, Loki, aún
disfrazado de tábano, picó al enano en su mejilla. A pesar del dolor, el
enano siguió trabajando, y cuando Sindri regresó, sacó triunfante de entre
las llamas el anillo mágico Draupnir, el emblema de la fertilidad, del que caían
ocho anillos similares cada novena noche.
Ahora echó a las llamas un trozo de hierro y con renovada precaución, para
no frustrar su éxito por el descuido, Sindri salió, dejando a Brock soplando
el fuego como antes. Loki se encontraba desesperado y se preparó para un
intento final. Esta vez, todavía con la forma de un tábano, picó al enano
por encima del ojo, hasta que la sangre comenzó a emanar tan abundantemente
que le impidió ver lo que estaba haciendo. Alzando rápidamente su mano por
un segundo, Brock se limpió la sangre; pero a pesar de lo corta que había
sido la interrupción, provocó daños irreparables y cuando Sindri extrajo su
obra del fuego, emitió una exclamación de decepción, pues el martillo que
había fabricado era corto de mango.
A pesar del contratiempo, Brock estuvo seguro de ganar la apuesta y no dudó
en presentarse ante los dioses en Asgard, donde le entregó a Odín el anillo
Draupnir, a Frey el jabalí Gullinbursti y a Thor el martillo Mjöllnir, a
cuyo poder nadie podía hacer frente.
A su vez, Loki entregó a Odín la lanza Gungir, el barco Skidbladnir a Frey y
la cabellera dorada a Thor. Pero, a pesar de que ésta creció inmediatamente
sobre la cabeza de Sif, declarando todos que era más bella de lo que sus
propios bucles lo habían sido jamás, los dioses decretaron que Brock había
ganado la apuesta, debido a que el martillo Mjöllnir, en manos de Thor, sería
de gran valor en la última lucha contra los gigantes de hielo.
Para salvar su cabeza, Loki huyó precipitadamente. Sin embargo, fue alcanzado
por Thor, que lo trajo de vuelta y se lo entregó a Brock, diciéndole que
aunque la cabeza de Loki era suya por derecho, no debería tocar su cuello.
Impedido de acometer su venganza, el enano decidió castigar a Loki cosiendo
sus labios juntos y, ya que su espada no los atravesaba, tomó prestada la
lezna de su hermano para tal propósito. Sin embargo, Loki, tras soportar las
burlas de los dioses en silencio durante un corto período de tiempo, se las
ingenió para cortar el hilo y pronto volvió a ser tan locuaz como siempre.
A pesar de su formidable martillo, Thor no era temido como el perjudicial dios
de la tormenta, que destruía tranquilas casas y arruinaba las cosechas con
repentinas tormentas de granizo y estallidos de nubes. Los nórdicos creían
que lo arrojaba sólo contra los gigantes de hielo y las murallas de piedra,
reduciendo éstas a polvo para fertilizar la tierra y hacer que produjera gran
abundancia de frutos para los labradores.
En Alemania, donde las tormentas del Este son siempre frías y destructoras,
mientras que en el Oeste acarreaba consigo lluvias cálidas y tiempos suaves,
se suponía que Thor viajaba siempre de Oeste a Este, para luchar contra los
espíritus malignos que de buena gana habrían envuelto el país con
impenetrables velos de niebla y lo hubieran cubierto con cadenas de hielo.