EL PRIOR DE URMELLA
Leyenda aragonesa

No hace mucho que en Urmella existe una iglesia de un monasterio y junto a ella una serie de casas. Una de ellas daba pared con pared con la iglesia.
Cuentan que una mujer y su cuñada fueron a esa casa a pasar unos días que era de unos familiares suyos. En la velada, a media noche, cuando se encontraban ambas dormidas oyeron una campanilla, se asomaron al pasillo y vieron un monje encapuchado tocando la campanilla y diciendo en aragonés “soc el prió, soc el prió” (Soy el prior, soy el prior). Y desapareció al poco por una pared que daba a la iglesia.
Ambas mujeres desconcertadas volvieron a dormir. La historia se repitió las dos siguientes noches, y decidieron hablar con los familiares dueños de la casa. Supusieron que era un alma en pena y decidieron dejar un bote con legumbres encima de la mesa. Al amanecer se encontraron separadas del bote treinta y dos judías puestas en hilera. Esto significaba que necesitaba treinta y dos misas para alcanzar el eterno descanso. Así lo hicieron y desde entonces en Urmella no se ha vuelto a ver al prior.