Las Valkirias

Las asistentes
especiales de Odín, las valkirias o mujeres guerreras, eran o bien sus hijas,
como es el caso de Brunnhild (Brunhilde o Brunilda), o descendientes de reyes
mortales, mujeres que tenían el privilegio de permanecer inmortales e
invulnerables mientras obedecieran implícitamente a los dioses y permanecieran
vírgenes. Ellas y sus caballos eran las personificaciones de las nubes, y sus
relucientes armas las de los relámpagos. Los antiguos imaginaban que descendían
en picado a la orden de Valfather, para escoger entre los caídos en batalla a
los héroes dignos de disfrutar de los placeres del Valhalla y lo
suficientemente valientes como para prestar ayuda a los dioses cuando la Gran
Batalla tuviera lugar.
Estas doncellas eran representadas como jóvenes y bellas, con brazos
resplandecientemente blancos y cabellos dorados y sueltos. Vestían cascos de
plata o de oro y corseletes rojos como la sangre y, portando lanzas y escudos
resplandecientes, cargaban audazmente a través del fragor de la batalla sobre
sus briosos corceles blancos. Estos caballos galopaban a través de los dominios
del aire y sobre el palpitante Bifröst, llevando no sólo a sus hermosas
jinetes, sino también a los héroes caídos que, tras haber recibido el beso de
la muerte de las valkirias, eran transportados inmediatamente al Valhalla.
Ya que los corceles de las valkirias eran las personificaciones de las nubes,
era natural pensar que el blanco hielo y el rocía caían sobre la tierra desde
sus brillantes crines mientras surcaban el aire velozmente de acá para allá.
Consiguientemente, eran muy venerados y respetados, ya que la gente atribuía su
influencia benéfica a gran parte de la fertilidad de la tierra, la armonía de
los valles y las montañas, el esplendor de los pinos y el sustento de las
praderas.
La misión de las valkirias no sólo se limitaba a los campos de batalla sobre
la tierra, pues a menudo también cabalgaban sobre el mar, asiendo a los
vikingos muertos en los buques de guerra que se hundían. A veces esperaban en
la costa y les atraían hasta allí, una advertencia infalible de que la batalla
que se aproximaba sería su última lucha, la cual era recibida con gozo por
todo héroe nórdico.
Su Número y Obligaciones
El número de las valkirias difiere mucho según los diferentes mitólogos,
fluctuando de tres hasta dieciséis, aunque la mayoría de las autoridades en la
materia, sin embargo, citan sólo a nueve. Las valkirias eran consideradas como
divinidades del aire. También se las llamaba doncellas de los deseos. Se decía
que Freya y Skuld las encabezaban a menudo hacia la batalla.
Vio a las valkirias, de lejos venidas,
dispuestas a entrarle al pueblo de godos(héroes guerreros)
Skuld con su escudo, la segunda Skogul,
Gunn, Hild, Gondul y Geirskogul.
Ya dichas están las doncellas de Herian(Odín)
dispuestas a entrarle, valkirias, al mundo.
Völuspa (La Visión de la Adivina).
Las valkirias, como hemos visto, tenían importantes obligaciones en Valhalla,
cuando, dejando sus armas ensangrentadas a un lado, vertían hidromiel celestial
para los Einheriar. Esta bebida deleitaba las almas de los recién llegados y
recibían a las bellas damas guerreras tan cálidamente como cuando las habían
visto por primera vez en el campo de batalla y se habían dado cuenta de que habían
venido para transportarles a donde de buena gana irían.
Wayland y las Valkirias.
Se suponía que las valkirias realizaban vuelos frecuentes a la tierra con
plumajes de cisne, que ellas se quitaban al llegar a un río apartado, para
poder disfrutar de un baño. Cualquier mortal que las sorprendiera de este modo
y obtuviera su plumaje, podía evitar que abandonaran la Tierra e incluso podía
obligar a estas orgullosas guerreras a casarse con ellos si ése era su deseo.
Se dice que tres valkirias, Olrun, Alvit y Svanhvit, estaban jugando en una
ocasión en las aguas, cuando los tres hermanos Egil, Slagfinn y Völund o
Wayland el herrero, se aparecieron de repente ante ellas y, cogiendo sus
plumajes de cisne, los jóvenes las obligaron a permanecer en la Tierra y a
convertirse en sus esposas durante nueve años, pero al finalizar ese período,
recuperando sus plumajes, o rompiéndose el hechizo de alguna otra manera,
lograron escapar.
Los hermanos sintieron profundamente la pérdida de sus esposas y dos de ellos,
Egil y Slagfinn, tras ponerse su calzado de nieve, se fueron en busca de sus
amadas, desapareciendo en las frías y nebulosas regiones del Norte. El tercer
hermano, Völund, sin embargo, permaneció en casa, sabiendo que cualquier búsqueda
sería inútil y encontró consuelo contemplando un anillo que Alvit le había
entregado como prueba de su amor y guardó constantemente la esperanza de que
algún día regresara. Ya que era un herrero muy hábil y podía fabricar los más
delicados ornamentos de plata y oro, al igual que armas mágicas que ningún
golpe podía partir, empleó su tiempo libre en fabricar setecientos anillos
exactos al que su mujer le había regalado. Una vez terminados, los ató uno con
otro. Pero una noche, tras regresar de la caza, encontró que alguien se había
llevado uno de los anillos, dejando los otros intactos y sus esperanzas se
vieron renovadas, ya que se dijo a sí mismo que su esposa había estado allí y
pronto regresaría para quedarse.
La misma noche, sin embargo, fue sorprendido mientras dormía y atado y hecho
prisionero de Nidud, rey de Suecia, que se hizo con su espada, una selecta arma
con poderes mágicos que guardaba para uso propio y con el anillo de amor hecho
de puro oro del Rin, que posteriormente le dio a su única hija, Bodvild.
Mientas, el infeliz Völund fue conducido cautivo hasta una isla cercana donde,
tras ser desjarreteado para que no pudiese escapar, el rey le puso a forjar
armas y ornamentos continuamente para su uso. También le exigió construir un
intrincado laberinto, e incluso hoy en día, en Islandia, los laberintos se
conocen como "casas de Völund".
La rabia y la desesperación de Völund crecía con cada nuevo insulto que le
profería Nidud y empleaba noche y día para pensar en un modo de vengarse.
Tampoco se olvidó de planear su escapatoria y durante los descansos entre
trabajo y trabajo fabricó un par de alas similares a aquellas que su esposa había
utilizado para escapar como valkiria, que él pretendía ponerse tan pronto como
su venganza hubiese sido realizada. Un día el rey fue a visitar a su prisionero
y le trajo la espada que le había robado para que la reparara. Sin embargo, Völund
la sustituyó astutamente por otra arma tan exactamente igual a la espada mágica
como para engañar al rey cuando viniese a reclamarla. Unos pocos días más
tarde, Völund atrajo a los hijos del rey a su herrería y los mató, tras lo
cual fabricó ingeniosamente vasos de beber a partir de sus cráneos y joyas a
partir de sus ojos y dientes, entregándoselos a sus padres y hermana.
La familia real no sospechó de dónde procedían, por lo que estos regales
fueron aceptados con gozo. Mientras que los pobres jóvenes, se cree que fueron
arrastrados al mar y ahogados.
Algún tiempo después, Bodvild, deseando tener su anillo arreglado, también
visitó la cabaña del herrero, donde, mientras esperaba, bebió confiadamente
de una droga mágica que la sumió en el sueño y la dejó a merced de Völund.
Habiendo concluido su último acto de venganza, Völund se puso inmediatamente
las alas que había estado preparando para este día y, cogiendo su espada y su
anillo, alzó lentamente el vuelo. Dirigiéndose hacia el palacio, se posó
fuera de alcance y le relató sus crímenes a Nidud. El rey, fuera de sí de
rabia, llamó a Egil, hermano de Völund, que también había caído en su poder
y le ordenó que utilizara sus maravillosas dotes de arquero para abatir al
insolente pájaro. Obedeciendo una señal de Völund, Egil apuntó hacia una
protuberancia bajo su ala, donde se ocultaba una vejiga llena de sangre de los jóvenes
príncipes y el herrero escapó volando triunfante e ileso, declarando que Odín
le entregaría su espada a Sigmund, una predicción que se vio debidamente
cumplida.
Völund se dirigió entonces a Alfheim, donde, si la leyenda está en lo cierto,
encontró a su amada esposa, siendo por siempre feliz junto a ella hasta el
ocaso de los dioses.
Pero incluso en Alfheim este diestro herrero siguió ejerciendo su oficio, y
varias armaduras impenetrables, que se dice que él fabricó, son descritas en
poemas heroicos posteriores. Además de Balmung y Joyeuse, las célebres espadas
de Sigmund y Carlomagno, se dice que también forjó a Miming para su hijo Heime
y muchas otras espadas famosas.
Brunnhild.
La historia de Brunnhild se encuentra de muchas formas. Algunas versiones
describen a la heroína como la hija de un rey al que Odín retuvo para que le
sirviera en su grupo de valkirias, otras como la líder de las valkirias e hija
del mismo Odín. En la historia de Richard Wagner, "El Anillo de los
Nibelungos", el gran músico presenta una concepción particularmente
atractiva, aunque no obstante más moderna, de la jefa de las valkirias y su
desobediencia cuando Odín le ordenó que trajera al joven Sigmund al lado de su
amada Sieglinde, para llevarle hasta el Palacio de los Benditos.