LAS NEREIDAS

Las nereidas, o
hadas del mar, son unas hermosas y jóvenes ninfas, de piel blanca y hermosa
voz y que habitan en el fondo de los mares. Ayudan a los hombres en alta mar,
sobre todo cuando hay tormentas, pues tienen el poder de controlar las aguas.
Son muy conocidas sobre todo en Grecia, Albania y Creta.
Las nereidas son fáciles
de reconocer porque van vestidas de blanco y dorado y llevan un chal en sus
manos. Pero si pueden ser benéficas con los hombres, también pueden llegar a
ser muy vengativas si se las molesta. Son muy celosas de su intimidad, no les
gusta la presencia de los mortales y mucho menos la de los curiosos. Es tal su
pudor que si te atreves a mirarlas mientras se bañan te robarán la voz.
Al igual que ocurre
con las doncellas cisnes o las doncellas focas, que si un mortal les roba la
piel se tienen que quedar con él hasta que logren recuperarla, si a una
nereida le robas su chal se quedará contigo hasta que vuelva a su poder.
En su origen
las nereidas eran diosas menores, hijas del dios Nereo. El dios Nereo se casó
con Doris, hija del titán Océano, y tuvo con ellas cincuenta hijas llamadas
Nereidas. Estas nereidas eran de una gran belleza y cuentan que a Jasón y a
los Argonautas los salvaron en una tempestad, cuando iban en el barco Argo en
busca del Vellocino de Oro. En otra ocasión, el dios del Mar Poseidón se
enfadó con Casiopea porque se atrevió a decir que era más hermosa que las
ninfas del mar y, como castigo, envió a la tierra un terrible monstruo marino
para que la destruyera.
De las hijas de
Nereo tres destacaron sobre las demás: Tetis, Anfitre y Galatea. Tetis es la
madre del héroe de la Ilíada Aquiles, el de los Pies Ligeros; Anfitre
era la mujer de Poseidón, dios del mar, y Galatea protagonizó una historia
de amor imposible.
La historia de
Galatea es la siguiente:
Dicen que Galatea,
la ninfa del mar, era terriblemente hermosa y un feo cíclope, Polifemo, se
enamoró perdidamente de ella. Galatea jugaba a enamorarlo y desdeñarlo, pero
a quien en verdad quería era al joven Acis. Y un día, muerto de celos
Polifemo al verlos juntos, le tiró una enorme piedra que lo aplastó y le dio
muerte.
Góngora
destaca tres rasgos sobre los demás, la hermosura de la joven (“ninfa, de
Doris hija, la más bella”); la blancura de su piel, que compara con el
cisne (“blanca más que las plumas de aquel ave”) y el brillo de sus ojos
azules, comparándolos con estrellas (“su manto azul de tantos ojos dora /
cuantas el celestial zafiro estrellas!”).
Aunque al
principio las nereidas sólo estaban en el mar, con el paso del tiempo, al
unirse con hombres y dioses, fueron desplazándose por los distintos lugares,
por eso hoy podemos encontrarlas no sólo en el mar, sino también en los ríos,
montes y valles.
En la mitología
hindú hay una ninfa celestial de gran belleza, la Apsara, que en su origen
fue una ninfa acuática equivalente a las Nereidas griegas.
En Japon son consideradas Doncellas
celestiales, las diosas viajan del cielo para bañarse en la tierra, si
algun humano las ve y se apodera de sus mantos, estas no pueden volver al
cielo. por lo que deciden casase con quien tiene su manto, algunas son
felices, otras muren de melancolia de su deseo por recuperar su manto y volver
al cielo.