LA MISA DEL CURA DE BENASQUE

Leyenda aragonesa

Cuenta la leyenda que en Benasque, una lluviosa mañana, se oyeron tocar las campanas de misa muy temprano. Doña Pilar, ferviente religiosa, acudió extrañada a esa misa a horas intempestivas. Al entrar en misa observó que el sacerdote no era el habitual (mosén Francisco), pero no le dió importancia hasta que no se cerciró que el sacerdote era un esqueleto en descomposición. A ella le dio un desmayo y hasta dos horas después nadie paró por la iglesia y pudo recogerla y despertarla. Al final accedió a contar lo sucedido. A los pocos días se volvió a tocar a misa a una hora poco habitual y tres fieles acudieron y huyeron al comprobar que era un muerto el que decía misa con voz cavernosa. Todo el mundo empezó a temer al cura y se preocupaban de cerrarlo todo para que no entrase en casa. Solo Don Roque afirmó que se trataba de un alma en pena que necesitaba de una misa para encontrar el descanso eterno. Asi fue que convocó al pueblo a que asistiese a la siguiente llamada. Varios días después se volvieron a oir las campanas y acudieron varios vecinos de Benasque. Pero, al ver la fealdad del muerto que presidía la misa, todos menos Don Roque huyeron de la iglesia. Don Roque aguantó y rezó fervorosamente hasta el final de la misa. Cuando terminó, abandonó el altar el cadavérico sacerdote hacia la sacristía. Desde entonces ya no se ha vuelto a parecer aquel cura de Benasque.

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