EL FANTASMA DE CELINA

Leyenda aragonesa

En el siglo XIX, a Pueyo de Jaca acudían los Marqueses de Sain Lary, que acababan de tener dos hijos. Acababan de contratar a Celina (la hija de un lord inglés) como niñera e institutriz de los pequeños.
Celina tenía constumbres aristocráticas, por lo que no solo se dedicaba al cuidado de los pequeños sino que también mantenía relaciones públicas y era una excelente pianista. Aquel año iba a ofrecer a la aristocracia local la “pavana para una infanta difunta” de Ravel.
El día de todosantos estando paseando a los pequeños por el bosque, se sentó bajo un árbol y se puso a leer una novela. Y una ráfaga de aire se llevó el carrito cuesta abajo hacia el río Gállego. Ella corrió tras él, pero no pudo evitar la tragedia. Y triste, decidió echarse al agua y ahogarse también.
Desde entonces aparece en el caserón de los marqueses, cada día de Todosantos, el espíritu de Celina tocando en el piano la triste pavana de Ravel
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