EL CANTAR DE LOS NIBELUNGOS
Leyenda nordica

Cómo fue encontrado el Anillo de los Nibelungos
Iba un día el dios Odín paseando por el país de los gigantes, cuando en un
arroyo vio como una enorme nutria se comía un salmón. Odín la cazó y se la
llevó a casa de Reidmaro, el gigante. Allí se disponían a cenar, cuando
Reidmaro descubrió que la nutria era su hijo perdido, que había sido encantado
y transformado en animal hace tiempo. Odín, que por alguna extraña razón, no
quería problemas con aquel individuo de tres metros, le ofreció lo que pidiera
a cambio de la vida de su hijo. Reidmaro y sus hijos, Fafner y Mime, pidieron
riquezas para cubrir el cuerpo de la nutria muerta. Odín fue entonces en busca
del tesoro de los nibelungos.
Los nibelungos eran una raza de enanos que vivían en las entrañas de la
tierra, dedicando su vida y su existencia a guardar el fabuloso tesoro. Odín
fue a la caverna donde estaba el rey nibelungo Alberico, y le pidió
"amablemente" su tesoro . Alberico no tuvo más remedio que acceder.
Mientras Alberico veía con lágrimas en los ojos, como la compañía de
mudanzas se llevaba su tesoro querido, Odín se dio cuenta de que el enano
escondía algo en su puño. El dios se lo arrebató y vio que era un anillo
finamente labrado. Alberico le dijo que tenía extraños poderes, pero que para
vengar su agravio, una maldición pesaría sobre quien lo llevara a partir de
entonces. A Odín le trajo al fresco, que para algo era el padre de los dioses,
y se lo llevó.
Odín llevó el tesoro a Reidmaro, y cubrió el cuerpo de la nutria con él.
Fafner y Mime pidieron a su padre parte del tesoro, pero este se negó. Fafner
optó entonces por la vía diplomática, vamos que mató a Reidmaro, y se apoderó
del tesoro. Fafner se negó a compartirlo con su hermano y además se transformó
en dragón para poder custodiar mejor sus riquezas. Desde entonces consagró su
vida a guardar el tesoro Nibelungo.
Cómo Sigfrido acabó con el dragón
Odín tuvo un buen ejército de hijos con mujeres mortales, por lo que los
germanos nunca pudieron quejarse de falta de héroes. A Sigmundo, su hijo
predilecto, le dio la espada Balmunga, que le hacía absolutamente invencible.
Sigmundo, que estaba muy ducho en todo eso de la muerte y la destrucción, empezó
a hacer buen uso de su arma diezmando la población. Odín bajó a la tierra
para impedir que esto sucediera, pero Sigmundo le atacó como a todos los demás.
El dios golpeó con su vara la espada de su hijo y ésta se rompió en dos
cachos. La valquiria Brunilda (las valquirias eran una guerreras muy bastorras
que se encargaban de llevar a los muertos en combate al cielo. Fisicamente sería
algo así como un equipo de natación femenino hormonado con piernas de
futbolista) mujer de Sigmundo, bajó de Valhalla para ayudarle, y por su osadía
fue castigada posteriormente. Antes de morir, Sigmundo le entregó la espada
Balmunga a su esposa para que se la diera a su hijo que iba a nacer. Ese hijo,
Sigfrido, que pronto fue arrebatado a su madre , fue a vivir con el gigante
Mime.
Mime era un guarro celoso y escocío, que solo quería venganza contra su
hermano Fafner. Cuando Sigfrido hubo pasado la infancia y hubo forjado la, por
otro lado, inforjable Balmunga, Mime lo intentó utilizar para consumar su
venganza. Le habló de un dragón que guardaba una caverna llena de riquezas y
de la gloria que ganaría quien lo matara, y Sigfrido partió a buscarle. El
chico no sólo lo encontró, sino que luchó violentamente con Fafner y entre
los dos montaron una carnicería de sangre tripas y bilis bastante repulsiva.
Cuando Sigfrido hubo acabado con el bicho, se chupó la sangre de las manos,
sangre mágica, y a partir de entonces pudo entender el lenguaje de las aves.
Precisamente fue un pájaro quien le dijo que si se bañaba en la sangre de un
dragón se haría invulnerable. El chaval no lo dudó y se metió bajó una
humeante herida del dragón para darse un relajante baño caliente de sangre.
Durante la ducha Sigfrido no se dio cuenta de que una hoja de tilo cayó sobre
su hombro derecho, dejándolo seco de sangre de dragón (parecido a la leyenda
de Aquiles)
Después del baño, Sigfrido entró en la caverna para hacerse con el tesoro.
Allí se encontró primero con Mime, que le reclamó el tesoro que le correspondía
por herencia. Sigfrido le atravesó un par de veces con la Balmunga y siguió su
camino adentrándose más en la caverna, hasta que finalmente, encontró el
tesoro. Escondido en una esquina, se encontraba Alberico, el rey Nibelungo, que
no había podido olvidarse de su bienamado tesoro y seguía allí haciéndole
compañía. Al descubrir a Sigfrido, intentó estrangularle por detrás, pero el
héroe, que se las sabe todas, le mató con su todopoderosa espada. Al ser
muerto, Alberico se convirtió en una estatua de piedra. Sigfrido entonces vio
el anillo maldito, y se lo llevó. A la salida, un amable pájaro le informó de
que le anillo que se llevaba le haría invisible y le permitiría cambiar de
forma (se le olvidó contarle el pequeño detalle de que también traería la
penuria, la desgracia, la agonía, la muerte a su portador)
Sigfrido en Islandia
A Sigfrido se le había subido lo del dragón a la cabeza, y decidió que un héroe
como él había de casarse con la princesa de sangre más azul que pudiera
encontrarse. Por aquel entonces la princesa más princesa que había era
Crimilda, la hermana del rey Gunter, que vivía en el reino de Burgundia.
Sigfrido emprendió su viaje al tiempo que reconquistaba las tierras de su
padre, y dicen que recorrió todo el mundo (aunque "todo el mundo" por
aquellos tiempos eran un par de hectáreas alrededor del Rhin) hasta llegar a
Burgundia. Tras ese año, Sigfrido era un héroe de renombre, y Gunter estaba
encantado con que se casara con Crimilda, pero decidió sacarle provecho a la
situación. Le dijo que accedería a que se casara con su hermana si le conseguía
a la valquiria Brunilda. Sigfrido aceptó y se fueron todos a Islandia, donde
habitaba su madre Brunilda.
Allí fueron Gunter, Sigfrido, Hagel (un guerrero malo y envidioso) y el
trovador Volker. Al llegar a Islandia, vieron unos muros de fuego en la playa.
Cuando Sigfrido se iba acercando, las llamas disminuían, dejando al descubierto
una árbol de plata que crecía en el interior de una hoguera. Sigfrido se siguió
acercando, y la última hoguera se apagó y apareció, dormida, la valquiria
Brunilda, madre de Sigfrido. Había sido castigada por Odín a dormir envuelta
en llamas hasta que llegara el poseedor de la Balmunga.
Brunilda es salvada por su hijo Sigfrido, ella le tira los tejos a su retoño y
pasa olímpicamente de Gunter, que al fin y al cabo, es el que ha financiado el
crucero a Islandia. Pero Gunter no se dio por vencido tan facilmente, y le dijo
a Brunilda que haría lo que fuera para conseguirla. Ella, convencida de la
inutilidad de su pretendiente, le impuso tres pruebas: la prueba de la piedra,
la del escudo y la del salto.
1. La prueba del salto
Todos los asistentes a la prueba se colocaron en la fortaleza de Brunilda. La
primera participante, Brunilda la Valquiria, en representación de Islandia,
ejecuta un salto brillante que la hace volar por encima de la fortaleza hasta un
campito cercano. El segundo participante, el rey Gunter , en representación de
Burgundia, salta aún más lejos que la islandesa ante la incredulidad de los
jueces, que creían que ese era el día en que se consumaría el suicidio del
monarca. Lo que ellos no sabían es que Sigfrido, usando su anillo, se había
vuelto invisible y había saltado con Gunter entre sus brazos, limitándose este
último a poner posturita de superman saltador.
2. La prueba de la piedra
Bajo un nombre prometedor, esta prueba consistía básicamente en tirar una roca
lo más lejos posible desde el promontorio famoso. La delicada Brunilda agarra
la roca de dos toneladas y la tira a varios kilómetros de allí. Gunter, que
debía de estar algo fondón, levanta la piedra también, con la ayuda invisible
de Sigfrido la mandar a tomar viento fresco. Brunilda se tira de los pelos ante
la perspectiva de matrimonio con Gunter.
3. La prueba del escudo
Esta es la prueba rrrrrefinitiva que Gunter tendrá que superar para llevarse a
Brunilda a casita. Otra prueba de fuerza en la que hay que derribar al
adversario que se protege con un escudo haciendo uso de una lanza. Gunter es el
primero en sujetar el escudo, con la ayuda de Sigfrido claro, y sale airoso de
la brutal acometida de Brunilda. Sin embargo, Sigfrido es herido en el labio, y
una gota de sangre cae al suelo, gota que parece proceder de ningún sitio.
Finalmente, Gunter derriba a la valquiria con la lanza, y a esta no le queda más
remedio que declararse vencida.
Las bodas
Finalmente Gunter y Brunilda se casaron, muy en contra de la voluntad de esta última,
y a Sigfrido por fin se le dio la mano de Crimilda. Brunilda, mortificada por
estar casada con tal calzonazos, en vez de con el héroe Sigfrido, le preguntó
una y otra vez por qué había permitido que su hermana se casara con un plebeyo
como Sigfrido. Gunter se hacía el loco, hasta que Brunilda se cansó y los ató
de pies y manos con su cinturón y lo colgó por la ventana. Ella se fue
tranquilamente a dormir y por la mañana lo sacó de allí. Esto lo repitió
tres noches, hasta que Gunter decidió tomar medidas, es decir, chivarse a
Sigfrido. El héroe pensó que lo mejor sería usar el anillo, que permitía
mutar de forma, y hacerse pasar por Gunter la próxima noche. Así lo hizo, atizó
bien a Brunilda y además se llevó el famoso cinturón, que escondió en un cajón.
Peeeeeeero este cinturón fue encontrado por su esposa, Crimilda, y creyendolo
un regalo, se lo puso un buen día. Cuando Sigfrido lo vio, se puso muy nervioso
y le dijo a su esposa que se lo diera, rápido, para tirarlo al Rhin. Ella le
pidió una causa, y el dijo que era un secreto. Ella se puso celosa, ya que no
era uso de aquellos tiempos que los hombres guardaran cinturones de mujer en los
cajones, y Sigfrido se vio obligado a revelar el secreto.
El fin de Sigfrido
Pasaron cinco años, y todo era amor, felicidad y pastelillos de azúcar en el
reino de Sigfrido. En cambio, en Burgundia, Brunilda continuaba amargada por su
situación. Ya no deseaba a Sigfrido como antes, ahora lo que deseaba era
vengarse de él, por envidia, cochina envidia. Así que sugirió, mandó, a su
marido que invitara a su más querido vasallo, Sigfrido, a pàsar una temporada
a Burgundia Gunther, que aunque era el rey, ni pinchaba ni cortaba en las
decisiones, asi hizo. Acudió la adorable pareja, y su primer acto fue asistir a
misa en la capital de Burgundia. Para la ocasión, Crimilda se puso el cinturón
de la Valquiria, que llevaba años poniéndose por coquetería y por orgullo, y
lo escondió bajo su manto. En la entrada de la catedral, se produjo uno de los
episodios más bochornosos de la la Historia de la Diplomacia. Crimilda quiso
entrar la primera a la catedral, cosa que no gustó a Brunilda. Así entre cuñadas
se inició una sucia pelea verbal, en la que se llamaron de guarra para arriba,
hasta que Crimilda confesó el origen de su cinturón para demostrar que su
marido era el más macho. Brunilda, sintiéndose tan avergonzada, que juró
que se vengaría de Sigfrido
Le pidió la Valquiria a su marido que matara a Sigfrido, ya que le había
deshonrado revelando la historia del cinturón. El rey no quería hacerlo, pero
al final se vio envuelto en una conspiración urdida por el envidioso Hagen. Al
día siguiente del episodio dela catedral, se iba a organizar una cacería.
Hagen, muy astuto, fue a confesarle a Crimilda que su marido tenía enemigos, y
que durante la cacería se atentaría contra su vida. Crimilda, que era tonta
del bote, le pidió a tito Hagen que le protegiera, y él accedió, pero a
cambio debía saber cual era su famoso punto débil. Crimilda, se lo dijo, y
para facilitar las cosas, cosió en su túnica una equis roja que indicaba el
punto exacto. Y pasó lo que tenia que pasar. Mientras Sigfrido bebía agua en
un manantial Hagen lo hirió de muerte con la lanza en el hombro. Sigfrido murió,
pero con él no acabaron las desgracias del anillo. Gunther creyó que con esta
"hazaña" ganaría el favor de Brunilda, pero no fue así. Ella, sin
embargo, fue a la iglesia, y a los pies del féretro, murió de dolor.
La venganza
Crimilda consagró entonces su vida a vengarse de los asesinos de su esposo.
Hizo traer el tesoro de los Nibelungos desde la isla donde se encontraba, y lo
empezó a gastar en comprar el apoyo de los soldados de Gunther. Hagen se dio
cuenta de esto, y un buen día, fue con su guardia en busca del tesoro y lo tiró
al Rhin. De aqui el mito de que en el fondo del Rhin brilla aún el oro del
tesoro de los Nibelungos.
De esta época era también Atila, rey de los Hunos, llamado por muchos "el
azote de Dios". Atila era un pobre viudito, como Crimilda, y le pidió
matrimonio a ésta última. Ante la sorpresa de todos, Crimilda no rechazó a
este despreciable individuo, y se casó con él para consumar su venganza. Después
de varios años de matrimonio, Crimilda le dio a Atila un hijo que, gracias a
Dios, a Odín y a Mahoma, se parecía a su dulce madre. Crimilda entonces pidió
a su marido un favor especial, que invitara a su familia al reino de los Hunos.
Así lo hizo, y aunque Hagen desconfiara, partieron todos, Gunther, Hagen y un
ejército de 300 burgundios a ver a Crimilda. En el camino se toparon con el
Danubio, y como no todos sabía nadar, Hagen se ofreció para buscar una forma
da cruzar. Bordeando el Danubio se encontró con unas ondinas, ninfas de río
que predecía el futuro. Le predijeron que nunca nadie de su expedición cruzaría
el Danubio de vuelta a casa, excepto el sacerdote. Hagen prsentía esto desde
hacía tiempo, pero antes la muerte que ser tachado de cobarde. Encontró
finalmente un barco, y lo llevó donde esperaban los burgundios. A bordo del
barco puso a prueba el destino, y arrojó al agua al sacerdote. El cura, del
golpe, murió, pero fue lentamente llevado por la corriente a la orilla de la
que venían. Hagen supo entonces que iba a pasar lo que iba a pasar y que no se
podía torcer el destino.
Llegaron a la corte de Atila y mientras comían, el rey insistió en enseñar su
joven hijo a sus invitados. Hagen se las dió de brujo, y dijo que le podía
leer el futuro al niño. Lo agarró bien y dijo que le quedaba poco tiempo de
vida al hijo de Atila y Crimilda. En ese momento, entraron unos guardias
burgundios, y gritaron a la sala que los suyos estaban siendo aniquilados por
los guerreros hunos. Hagen entonces levantó al niño, lo cogió por un pie y
con su espada, le cortó la cabeza, como venganza por sus soldados. Se produjo
una carnicería en el salón del banquete. Todos se pegaron con todos, y
Crimilda con un hacha mató a todos sus familiares, a Gunther, al traidor Hagen,
incluso a sus hermanitos inocentes a los que tanto quería. Atila, horrorizado
ante el espectáculo, decidió acabar con su carrera de barbarie y cedió sus
tierras al emperador romano Teodosio.