Letras
Salvajes Número 8 2005
René pérez Martínez
Conserjería...
Ayer me encontré
solo,
vomitando gemidos en
una calle sin salida,
llena de letreros
acaramelados
y de viejos que,
como yo,
derramaban lo propio
en la acera.
Ahora,
la derretida
sensación de limpieza
y de agudos pasos en
la esquina
nos despierta
con un chorro de agua
en la cabeza.
[...]
llora
y ahora
cae
(eca)
rota
en
otra
silla
y allá sí
se separa
y se para
y brinca...
La noche de
sombrero y cuchillo
(Y cuando la noche te
corta,
y amaneces desangrado
en cualquier esquina,
y el día se encarga
de cocinarte las heridas,
sólo, tan solo,
queda
sobrevivirte...)
Amanecí reptando
entre rocas
sangrientas
y partes de mi
cuerpo;
entre lo que parecía
ser
una fosa
de hojas y huesos...
Amanecí así,
privado de mí
y con tan sólo el
recuerdo:
la noche anterior
me creí muerto...
Cinco microrrelatos pertenecientes a la
serie Tantas veces Julio...
Últimos
recursos...
Julio había corrido por
casi tres horas, hasta que un paso lo separó del abismo. Tiró una mirada entrecortada sobre sus hombros,
y sin quererlo, aunque decidido, agarró la soga que se perdía bajo sus pies, y
brincó temblando. Bajó rápidamente,
dejando en cada centímetro de cuerda pequeños trozos de sus manos junto al
sucio de la soga y sus gruesos rastros de sangre. Ya la cuerda casi tocaba el hueso de su mano
derecha, cuando al fin sintió con sus pies lo que parecía ser el suelo. Pero no veía, ni siquiera sabía si tenía los
ojos abiertos, o si aún veía después de haber perdido tanto... Empezó a correr hacia todos lados, pero
constantemente terminaba contra algo que creyó que podía ser alguna pared de
piedra cruda un tanto húmeda. “No he
perdido la vista aún” fue lo primero que pensó cuando vio un fuerte rayo de luz
que lo rodeaba desde arriba. Miró hacia
todos lados nuevamente, esta vez sólo para comprobar lo que ya imaginaba.
Entonces, antes de que se le adelantaran, prefirió agarrar la soga por última
vez...
La grieta...
El viaje vacío de una
grieta catapultó a Julio de su cama y, con la mirada amplificada por las
lágrimas, trató de encontrar el celaje del ruido: que no cedió... Entonces, otro tipo de lágrima le salpicó la
cara; buscó la salida... El cuarto, de
un tirón, se cerró sobre la puerta...
Cuestiones
evolutivas...
Había preferido
quedarse sembrado en la butaca. No lo
entendía; no podía entenderlo. Digamos
que Julio no sabía si salir por la puerta o, simplemente, arrojarse, vida en
mano, por la ventana del cuarto. Por un
lado sabía que la aportación evolutiva que le ofrecía a su especie el fumar, al
menos, sesenta cigarrillos al día, no representaba ninguna posición inútil o
pesimista. Sin embargo, le aterraba la
posibilidad de ser el primer hombre de la especie en quedar embarazado.
Las tareas matutinas no
prometían cambio aquel día. Así Julio
despertó con la misma cara de siempre, agarró su equipo, o sea, su ropa y la
cinta métrica, y se dispuso a medir la distancia entre las líneas entrecortadas
de la carretera. Pero para sorpresa de
Julio, las líneas habían desaparecido.
Julio, con los ojos cada vez más abiertos, salpicó de miradas a los
alrededores. Y así encontró las primeras
pistas: un pedazo de línea, un rastro de pintura blanca, y una serie de pisadas
que corrían a la par del rastro. Siguió
la pista con sus pies descalzos firmes sobre la tierra y con su mano izquierda
en el bolsillo agarrando decididamente su revólver.
El reloj...
En un acto de profunda compasión, Julio se amarró el reloj al
tobillo para enseñarle a caminar...
René
Pérez Martínez. Poeta y cuentista
puertorriqueño. Ha publicado en las
revistas Puñal de Epifanía, Zurde, Códice y Tonguas, En la Orilla
y Desde el límite.
Es el fundador y editor del foro
literario cibernético Obra del día: http://www.obradeldia.net.
Ha organizado y participado en varias lecturas poéticas alrededor del país.