Letras
Salvajes Número 8 2005
Leonardo miguel soto Torres
I
respirar es atestarse las narices de microbios
acercarse a la barra de una cantina es atestarse,
entre los glúteos,
de nauseabundos sexos viriles.
escuchar al prójimo es atestarse
el estómago de mierda,
pero, que me penetre la poesía,
es atestarme de criterios…
II
de niño la risa era chasquido de dedos
que molestaba el ombligo de mamá
de hombre la risa es un antídoto depresivo
que sigue molestando el ombligo de mamá
III
de noches de
insomnio
a cada noche me desvela el terror
de abrir la puerta y encontrarme
con los cordeles de mi azotea
(de viento y penumbra)
repletos de niños
chorreando por los ojos
y vomitando un chirrido ensordecedor
IV
marzo, 2025
Diario, La nueva misión
los
oídos de un ser impotentemente divino
han escuchado las súplicas de cientos de devotos, he aquí las consecuencias…
se acabó el hambre,
el dolor, la pobreza desmedida.
se detuvo el tiempo
la juventud
acaparó los cuerpos mortales,
murió el asesino,
el pedófilo, el psicópata.
no escapan
por el inodoro
los fetos,
se detuvo a pensar el hombre,
se deshizo la guerra:
llegó el aburrimiento
V
una mujer
susurra al oído de un árbol
i
eres tropiezo en la historia de los hombres
mancha en el ombligo de las vírgenes
tentación, la pectina de tu hijo melocotonero,
los sabios te mantienen al tamaño de su mano
sicómoro, qué dulzura la de tu fidelidad con los muertos…
una mujer vence la gravedad de
los sexos
(por el carmesí de su flameum)
mi adolorido nopal,
han hurtado el color de tu vientre…
no hay justicia a la matrona
triste de olvido, recostada
sobre su páramo aliento…
ii
me han castigado, te han alejado de mis senos
en tus hojas aún palpita el
primer encuentro,
(nunca pude entregarme),
mi voz fue cortada…
han pretendido suplantarte
por un animal inservible…
yo, esclava, nunca debí morder
la mano del amo (no me arrepiento)
entre espirales lúdicas del tiempo
hemos cobrado venganza…
al dulce Emannuel lo han olvidado,
para su dolor: lo olvidó el olivo
VI
La
desgracia ha sido mi dios. Me he tendido
en el barro. Me he secado en el aire del
crimen. Y le he hecho buenas trampas a l
a locura
J.
Arthur Rimbaud
son conocidos tus caprichos pictóricos
tu huida disculpada
tu condena por traidor…
tu sexo efímero no conoce de apellidos
se turba más en valles sudorosos…
has silenciado a la pasión con la muerte
¿qué palabras no alcanzaron el
exilio,
antes de crear al primer mártir
en la historia de los hombres?
¿acompañó el llanto tu venida?
los detalles… sólo los conocen la
víctima y tu sexo
la penitencia era implacable:
olvidar, refugiarte entre hembras,
todas las que puedas…
y terminaste entre las piernas,
entre las primeras piernas
de la mujer ladeada
cómo admiro cuando arrinconas a la poesía
y la redimes con tu mano (bajo su falda),
por el momento,
practico con mi abuela y mis tías
me esperarás con locura y desenfreno
hasta que olvide decir, algunas cosas
hasta que canse a la poesía y me abandone
entonces…
manifiéstate a la puerta de mi muerte
come de mi cabeza subterránea…
a más de mil has atemorizado con tu rostro
a mí me atemoriza
el deseo de comer de tus partes bajas
sospecho que su olor me recuerde
al de la matrona de mi madre
IX
de niño solía sentarme
al borde de la cama de mi madre,
a sufrir la imagen de su cuerpo
vestido por un amargo negligé
(amarillento de uso)
los señores que la visitaban
me saludaban con un pellizco en el mentón
y siempre me encontraban mono…
interminables minutos de gemidos
impregnaban la habitación,
mientras yo, me entretenía con un juguete mohoso.
y a la partida de los bigotudos
se quedaba sobre la mesita de noche
un billete de veinte y entre las
sábanas
un olor amoníaco.
mi madre limpiaba el suelo con su llanto,
secaba los líquidos extraviados en la cama
con su largo cabello negro
me tomaba en brazos
bendecía mi mentón con un beso
me acostaba en sus rodillas
y me leía historias fantásticas de príncipes y princesas,
de vírgenes embarazadas y de hombres sensatos.
yo me hacía el dormido para que no demorara
a limpiarse, sobre todo los senos
primero los senos enrogecidos…
mientras, imaginaba que en relidad era un mono
y ahorcaba a los señores con mi cola…
X
mis amantes me cuestionan
la falta de galanteo de mi parte
- que tócame suave (maldita palabra)
- quítame la ropa de apoco
- que obsesión la tuya de lavarme
los senos antes que nada,
no ves que eso me hace secar
(cuando se ha visto que el agua seque)
en una de esas me di con una
que se hizo la de poeta (Kati)
- lávame los senos con tu saliva
(qué repudio)
no puedo con la obsesión de las mujeres…
les molesta que las llame perras
pero precisamente,
no me lamen las bolas
para dejarme saber que están en celo
pero me muestran sus senos
como flores (algunas marchitas)
y su sexo, al leve roce se desborda
y que me queda… convertirme en perro
y al momento que menos lo esperen
dar la embestida triunfal…
y que me aplaudan sus gemidos
Leonardo
Miguel Soto Torres. Nace en Adjuntas,
Puerto Rico, en 1982. Leonardo escribe: “Desde
la infancia mi padre llevó mis pasos por el camino de la liturgia (sobre todo
de la declamación). Llevo 23 años cargando el traje de la demencia literaria,
sin arrepentimiento. A los 17 años
abandoné al gigante dormido por la torre de la Universidad de Puerto Rico para emprender
un bachillerato en biología, pero la sangre me traicionó y terminé refugiándome
entre los pasillos de Palés y Sebastián González con la intención de terminar
mis estudios en el departamento de historia.
Y no es hasta ahora que he tomado la difícil decisión de mostrar al
público lector lo que hace años viene transformándose en mi página en
blanco. Sólo pretendo que me conozcan a
través de mi literatura, pues no hacen falta las anécdotas maromeras de caminar
sobre la cuerda floja de certámenes ni el saltar en el trampolín de
innumerables publicaciones, yo apuesto a la caída de mis versos sobre las
retinas de mis lectores.”