Letras
Salvajes Número 8 2005
Johanna Recart Schroeder
Estoy aquí
Para levantar la
mano silenciosa
Para que cante
juicio
La voz detenida
Cuando se desnude
mi carne
Y arda el cuerpo en
llamas
Ya no soy la niña
Que alborotada se
bebía la luz y transitaba
Dormida en la
saliva
Ahora sé extenderme
sobre el vientre
Llevando luz a las
concavidades suaves de mis fronteras.
Para tratar de
decir
Lo que no se puede
decir con palabras,
Me tengo que querer
mucho.
QUISE
Quise guardarme,
sombría,
melancólica
cansada de hacer
nuevo
lo que he llevado
siempre
quise llenar los
ojos
jugando olvido
pero mis manos
pálidas
pidieron el regreso
ahora levanto el
polvo de la calle
desnudo los pies
sobre la brasa
y lo entrego todo.
SE ESTIRA LA NOCHE
Se estira la noche
y con ella mi piel
se enrosca en mi
cuerpo
lamiendo silencios
repartiendo
soledades
buscando la ruta el
comienzo
se estira la noche
y mi piel soberbia
cobija la hermosa
mentira.
LA SEDUCCIÓN
La seducción
recorre
el territorio desafiando
los márgenes
abrazando espacios.
Inquieta en la
piel,
pasión sonora,
media luna,
círculo,
salto de liebre,
hoja de loto azul a
la espera.
Los actos de la
pasión
son tan variables
que no importa la
huella o el sonido
que provoquen entre
cuatro paredes.
DEBAJO DE LA PIEL
Debajo de la piel
llevo este nocturno
madrugado
disimulo el pulso
que acelerado
sonroja mi mejilla
reflejada en el
espejo
ya no soy la de
ayer
pues llevan mis
manos desnuda la mirada
y mis manos en
ritmo lento
saben burlar soles
que estallan sólo
en mis noches
He dejado el
silencio en la pupila
la ruta transitada
la he servido.
A LO LARGO DE MI
ESPALDA
A lo largo de mi
espalda
una línea de
suspiros
queda tibia la
azúcar en la lengua
queda tibia también
la mirada
tendida, ahogando
la voz
mis manos me
poseen.
ESCUCHO MI PROPIA
VOZ
Escucho mi propia
voz
sin límites
mi voz sin borrar
otras voces
me llevan a
filtrarme en todos mis rincones
mezclando sudor y
saliva
confirmo mi locura
AL FINAL DEL
PASILLO
Al final del
pasillo
la luz me espera
sé que no puedo
sentir
el sol en mi
mejilla
con tan sólo
pegarme
al cristal de la
ventana
Desnudé la noche
para hacerme pájaro
en su boca
Me desdoblé volando
Hacia todo aquello
que en mí no estaba
Y para que el sol
no calentara
El agua del jarrón
Que llevaba mis
flores
Cerré la ventana
Sus manos se hunden
en mi carne
Buscando la
estrella
Que se regocija en
su boca
Anudando sueños
Barajando
respuestas
Sus manos se hunden
en mi carne
Y la alegría ya no
es sólo de él.
No lo busqué
No hice nada por
encontrarlo
Se acurrucó en mi
vientre
Con su lengua lamió
mis heridas
No lo busqué
Sólo llegó hasta mí
Y mi piel
Ya no sangró
soledad
Johanna
Recart Schroeder. Nace en ciudad de
Nueva York, de padre cubano y madre puertorriqueña. Crece y se desarrolla profesional e
intelectualmente en la ciudad de Humacao, localizada en el este de Puerto
Rico. Es doctora en Medicina de Familia
y poeta por vocación. Ha participado en
innumerables congresos literarios en el país y publicado en varias revistas de
Puerto Rico e internacionales. Sus
poemarios publicados hasta la fecha son Me descubro ante ti (1999) y La pasión
de lo absurdo (Isla Negra Editores, 2003).