Letras
Salvajes Número 8 2005
awilda castro
Hoy no quiero quererte
ni tan siquiera nombrar tu nombre de pila,
hoy me levanté con ganas de coser el hueco
por donde entraste
con tu prisa de escopeta,
hoy como otras tantas mañanas
amanecí sola,
con el sabor cobrizo de ser sólo un peso al otro lado
de tu cama,
hoy no hubo hilo que amarrara las ganas de cercenarme
la garganta
para no tener que pedir más un abrazo tuyo,
hoy me tatué en la mano izquierda que no vuelvo a
pedir poco,
hoy me apoyaré en mis pies,
sin cargar tus exigencias de ergástula.
Ya pagué los aranceles por cruzar las fronteras de un vientre
ajeno al tuyo
Hoy,
inicio en el calendario el primer día de no amarte.
Rojo
A Carol y Rosa
Adriana
Arándano es el color de la ausencia estampada en los
árboles viejos,
es la estela de rizos que queda tras los barcos que
zarparon sin uno,
la matemática simple que ese desglosa en sofás muy
pequeños para los besos.
Sangre es el color de las noches rajadas por las
raíces de lo inesperado, el silloneo tedioso por veredas que nunca recorriste,
la incertidumbre de no saber sus pensamientos antes
del destello.
Achiote es el color del primer orgasmo que no se
divulga,
el vodka cómplice luego de estrujar los peces,
la redondez imperfecta y dual que se idolatra con los
labios y se ofrenda con la lengua.
Merlot es el color de las páginas del kamasutra que se
quedaron en el tintero,
la simbiosis del aceite y el vinagre,
Haciendo rapelling en campos de violetas
descubro la comunión exacta de lo lúdico y tierno,
Voy separando sus hojas molidas en mortero
como niña mañosa que come habichuelas de abuela.
Doy la contraseña del café mocha,
cierro fuerte los ojos para que el gusto no se me derrame por las
rendijas de la córnea.
Cuerdas me jalan los brazos,
las piernas,
me mueven la cabeza,
asintiendo a todo con una sonrisa a flor de labios.
Voy de espaldas al abismo,
en saltos confiados.
Miro hacia arriba,
esperando que corten la cuerda,
para despertar del tartagazo.
A
Blanca, que te me perdiste en algún desencuentro.
Quisiera besar tu nariz,
agarrarme de tus cabellos,
comerme tus orejas.
Atraparte en mis brazos,
desnudar tu alma,
Acariciarte con mis ternuras,
rayar tu piel con mirada,
humedecer tu espalda con la llovizna de mi aliento.
Absorberte los pensamientos y substituirlos por la locura,
lo puro, lo sincero,
lo espontáneo, por lo que no tiene máscaras.
Morder tus deseos ocultos,
hacerlos míos,
construirlos con el barro de lo tangible,
darles corporeidad sobre el lienzo de tu piel,
moldearte con manos de artista consagrado al placer de su obra.
Arañar con el rastro de mi lengua
desde donde empiezan los pensamientos y culminan los pasos.
Gritarte besos al oído,
Golpear las dudas e inseguridades que tengas,
desaparecerlas bajo mi cuerpo.
Azotar sin misericordia tus oídos
con el látigo de mis versos apasionados.
Maniatar tus manos a mi vientre,
robar tus inhibiciones.
Inyectar imaginación y deseo por tus venas,
cortar las amarras que sostienen tus alas,
ponerte a volar con mis caricias,
Todas estas cosas simples,
Quiero.
Viaje de vuelta sin regreso
La mirada se me ha azulado de reflejos añejos
los cultivos salinos han aumentado su producción
y la nostalgia es materia prima para los versos.
Paso por los caminos sepia de siempre,
tan vacíos como las calles de pueblo un viernes santo.
voy leyendo los rótulos de mi memoria.
Entro a la tienda de helados sabatinos,
pido uno con pizcas de chocolate,
el dependiente se sonríe y me dice:
señorita, ahora vendemos zapatos.
Sigo por la misma calle, desorientada
me duele la cabeza y quiero entrar a la farmacia,
me golpeo con la puerta que dice,
se vende o se alquila por el dueño.
En las calles ya no está mi risa,
ni las pisadas de los mocasines de colegio
ni los anuncios ambulantes de las bandejas de coco rayado,
ya no queda nada del pueblo de mi nostalgia.
Mi casa sigue en el mismo camino,
Las agujas de bordar siguen, como siempre,
en las manos agrietadas de la vecina.
Llueve, afuera y adentro
se acumula el agua en la misma pocita de siempre,
ya no me parece un río gigantesco que cruzar con mis pies descalzos,
ahora es una mera acumulación de agua que no drena
y sólo me gritan a lo lejos los pedazos de vida que se van derrumbando
y no la voz de mi abuela augurando una pulmonía.
Huyo lentamente,
las jaulas de Pepa están llenas de palomas muertas;
una vieja desmemoriada y agrietada
me llama por mi nombre cariñosamente y agarra
una niña de mirada colmada de abandono.
Sólo veo el ruedo de su vestido rojo antes que la oscuridad se la
engulla.
Ya el tiempo se ha tragado los graffitis de mi rebeldía,
escritos con pintura en una noche de elecciones.
Los basureros se han llevado los ideales
y han dejado los zafacones limpios de utopías.
Figuras de rostros desconocidos me sonríen amablemente,
los veo borrosos, entre la sal y la lluvia de mis ojos.
Según me alejo todo se va difuminando,
desapareciendo según lo voy recordando.
Sigo huyendo, lentamente
me alejo,
poco a poco se disipa el último rótulo a mis espaldas:
Bienvenidos a
Isabela, 35 kilómetros.
Palabras
A esa niña que veía noticias y soñaba con San Juan, a esa joven que
desde San Juan miraba a la lontananza y pensaba que más allá estaba su lugar y
espero tarde o temprano entienda que ese lugar de pertenencia lo tiene dentro.
¿Qué soy?
Soy un juguete de un dios aburrido
Un crisol de ambigüedades,
todo un ventarrón de pasiones prohibidas, amadas, deseadas,
Soy un atadito de nostalgias color sepia.
Soy un verso desperdigado en este mundo que va desperdiciando ternuras.
Soy una niña solitaria metida en la página de un libro olvidado.,
Soy una enamorada rechazada por el tiempo,
un alma perdida en un plano astral que no le corresponde.
Soy una foto blanco y negro con los ojos brillosos y la sonrisa triste,
Soy un alma en pena que vaga por habitaciones llenas de pesadas maletas,
Un envase de pastillas hechas polvo, molidas por el pensamiento de que
con ellas puedo tocar las estrellas.
Soy un espejo en el que se refleja la soledad y el vacío con sus sombras
más malditas.
Soy un poema inconcluso en espera de que vengan versos a completarme,
Un sueño de ser literatura y la realidad de que aspiro demasiado grande.
Soy tantas cosas a la vez, que a veces me siento que no soy nada,
Tan solo soy una mujer que quiere quedarse siendo una niña vieja
Así con vestidito de flores, con canas en el pelo, con una almohadita vieja
colgando del brazo, con los bolsillos llenos de dulces y la mente llena de los
negativos de momentos futuros, pasados, presentes como en una galería de
realidades paralelas.
Tan sólo soy esto,
un montón de palabras.
La mujer azul de la ventana
Una mujer está parada en el borde de la ventana
tiene los dedos congelados,
en su piel se ha encerrado el cielo plomizo de diciembre
Sonríe,
toda ella azul,
toda ella fría
Había una mujer parada en el borde de la ventana,
sobre la acera caen,
copitos azules de mujer
Brainstorming de noche de luna llena y
aburrida
Anoche,
todas las noches no son fáciles,
El insomnio,
la luna redonda que te mira...
las calles pululan gente...
tu cama vacía...
la vecina te mira a través de las rejas,
tú le devuelves la mirada desde la baranda.
Suspiro de mujer aburrida...
No se mueve ni una hoja,
tu cuerpo late,
tu mente pulsa como mono astronauta...
guineos, cocaína, cigarrillo, tequila, arroz.
Modorra de alrededores...
Celo vaginal.
ni el viento te toca...
no tienes baterías...
el vibrador está inconsciente.
Atardece en Sri Lanka
Atardece,
los cuerpos aún húmedos
cuelgan de los árboles
y las sillas de playa flotan en las plazas
Gaia necesita chocolate para su síndrome premenstrual.
Chef Boyardee
A Toño
Castro, el hombre con el cual me casaría sin pensarlo
No quiero que un disparo de nieve destroce tus pupilas de historia,
ni que la almohada te petrifique el compás de la salsa,
ni que una pelotita insignificante se procree en tu carne.
No quiero que la mujer calva te
acaricie las entrañas,
no ahora que recién te rescato entre páginas de abandono.
Sé que finalmente te irán,
aunque te queramos presente
pero antes de irte
traéme unos spaguettis de pote y no me los calientes.
Awilda
Castro. Nace en Aguadilla, Puerto
Rico, en 1979. Estudió Periodismo Investigativo en Florida International
University, en Miami. Participó en las noches
de poesía organizada por el poeta y artista performero Raul “Gorras” Morris y
su grupo en el Café Cuatro Estaciones, situada en la Plaza de Armas, Viejo San
Juan. Asimismo participó en el recital de poetas jóvenes puertorriqueños,
coordinado por el poeta Vicente Rodríguez Nietszche en 2001. Organizó los Colectivos en Tarima en Enlaces Café en San Juan. Tiene inéditos varios
libros de poesía, una novela (Soledad en tres tiempos) y dos libros de cuentos (Orgía de Muertos y
Casa Boricua con Chimenea. Ha
colaborado en las publicaciones Panfleto
Negro, Brisas y Cuatro Estaciones, Cinco Sentidos, Un poeta.