Letras
Salvajes Número 8 2005
aDALberto Negrón correa
Aretalogía
Entiendo que tu soledad
ha compartido conmigo.
Amigos de lo nuestro
nos tornamos con los años.
Enemigos del absurdo
coqueteo con la suerte,
abstemios al dolor fracasado.
A dieta de espectros
que vandalizan ventanas
en el anonimato de las 3 a.m.
Con la respuesta siempre
colgando de cualquier
pregunta del azaroso azar.
A prueba de naufragios,
sucumbimos así,
en plena orilla.
Recitando a coro:
“Hasta que la muerte,
nos sepa a Ares.”
Japi Auar
Ahora que he encontrado tu reloj
colgando de la mejilla izquierda
de un solitario cascanueces,
dime por qué vereda vagamos
en silencio
¿Qué hora infame trastocará
el salvaje ensamblaje de
tu vieja pecera de mármol?
¿Qué tímida luz oscurecerá tu sombra?
¿Doblarás en dos, en cuatro, en
mil tu respiro pausado?
¿Venderás nuestra silueta recostada al alba?
Cuando sendas manos empequeñecidas
toquen a redoble su fuga fugaz,
detendrás el tiempo para mirar
(la hora) (el día) (la vida)
con los ojos cerrados al silencio.
A Hora
Sigues ahí, colgado
en la siniestra estela
de una mirada
Cascanueciana.
Respiras mil, cuatro,
dos veces por vida,
ida en sendas mortuarias
entonando arias al amor.
. . . un siglo, y
agarras agónica
una hora en tu faz.
Cronos te regala un beso,
lo apresas en tu espalda,
intranquilo, hasta
el lustro de un segundo.
Di, minuto adefesio diminuto,
si rondas en espera
I N C E S A N T E
o sólo marcas la hora en que muero.
De(s)figuraciones
Si creyera en los ángeles
te pediría un beso;
un desahogo voraz que
intestine el deseo;
una caricia escrita
al borde de tu sombra;
un recelo maniqueo
entre mis huesos;
una siniestra verdad
inconclusa; tal vez
un destello sonoro
inconsciente.
Si creyera en ángeles…
No hubiera pedido
esta cerveza enmascarada
de ilusiones; esta
sospecha que me
mantiene atrincherado;
esta nostalgia de nosotros;
esta brevedad inconclusa;
esta orgía de quizáses;
este embeleco de inventarnos;
este rastrillo embotellado
entre distancias recíprocas.
Si te creyera, ángel…
Habría un poema menos
con qué conjurar
los instantes en que
nunca hemos (s)ido.
Nada de título
He tocado la Nada,
y nada ha ocurrido.
Deslizo lágrimas de concreto
y asfalto sobre la mejilla deambulante de un mercader
de barro. Sufro una costilla
fatigada y me fumo la vida.
Nada me envuelve, me fulmina.
Una sonrisa se esfuma en el semillero.
Y yo germino en medio de Nada...
Danzando al compás de una música
de perros en celo. Nada crezco hasta
ser todo en Nada, estar justo en
el medio, o en el margen, nadando entre los dos.
Nada importa. Sólo el dolorido sentir.
Media c(r)oqueta
Pierdo el entonces
cuando fumas
ensayos de aquí al lado,
historietizas recámaras
de unotrenta cada uno
o, puntualmente,
condenas estrellas
de barro al esquivo
eterno del mañana
me toca a mí.
Y sin embargo,
sonríes.
Si tuviera un cuchillo nuevo
Si tuviera un cuchillo nuevo
le sacaría filo a cada una de sus vértebras.
Guardaría la ilusión de su roce
en un charco de pétalos (desos amarillos)
que bordan el camino del silencio.
O tal vez, retaría esa noción innata
de maquillarnos con polvos escurridizos.
Seguramente, olvidaría la sombra
que llevo anexada a la espalda
y que crece en las tardes
cuando desnudo olvidos
hasta el amanecer.
Pero me he ido.
Y el recuerdo dese cuchillo nuevo
late en mis ojos,
como frontera
del tiempo.
Ficticio redondeo del silencio
Trazo tu ausencia
con esta sombra
que me enmudece.
Arraso piruetas
que cercenan
abracadabras.
Atraso lustros siniestros
sobre el cadáver blanco
de una cicatriz de motocicleta.
Raso encomio de quienes
vendemos siluetas colgadas
a la orilla de una
sábana ensangrentada.
Reflexión de un viernes enmohecido
Hace quince días
que no sangro
sobre tu piel, que
no desinmaculizo
esa sombra compañera
de otros inuendos.
¿Habráse acabado
el consabido
retruécano odisiáco,
verdugo mordaz
de nuestro silencio?
Repito la ofrenda
(como en Moriah)
depositaria aleve
del espejismo asimismado.
Quince días ha,
que el filo duerme
en ayunas
sobre esa piel
de tu sombra.
Propina precipitada
Sobre el sueño de tus labios
vierto aderezo y hojuelas
- son las séis -
sal sin agobio,
que el experto vitalicio
contará tus pasos
hasta que habiten
cenizas tu cristal
de siempre o manche
de nunca el estainlestil
asiduo donde espero.
Adalberto
Negrón Correa. Poeta y cuentista. Nacido en Arecibo, Puerto Rico. Publicó en varias revistas estudiantiles en
Puerto Rico y los Estados Unidos. Ha participado en varios foros de internet como Balcón de Poesía y
Textonautas. Tiene a su haber dos libros
de cuentos inéditos y, como él afirma, “suficientes poemas cimarrones como para
alimentar el fuego en una noche fría.”
Actualmente reside en la ciudad de Atenas, Grecia.