Letras
Salvajes Número 7 2005
riCARDO Cobián FIGUEROUX
CAMINA EN PARAÍSO
Weave a circle round him thrice,
And Close your eyes with a holy dread,
For he on honey-dew hath fed
And drunk the milk of paradise.
S.T. Coleridge
O splendeur de la chair! O splendeur ideale!
A. Rimbaud
La noche cae a
trozos
sobre boquerones
de crepúsculos
perseguidos.
La mujer aguarda
camina en paraíso
alumbra
se oscurece detrás
de la ceniza
nace rodeada de
neón.
Algunos rostros tiritan
su mirada
se humedecen
trastelas.
La mujer resiste
hace puente
—una eternidad
atraviesa fugaz
La luz va descubriendo su traje helénico.
Se acerca una
comparsa de flautas,
fragmentos de
címbalo
pasan por eco.
El vidrio se expone
alumbrador y ruidoso
multiplica caderas.
Repasa la ceniza
entre las piernas
otorga labios
su metrópolis.
—se acerca.
Ella aguarda de
lado
relaciona el cuello
se pone de tetas.
—viene.
Relata un par de
pasos untados fuera del farol
—remolca con la
mirada.
Suena la flauta
suena el tambor.
El tiempo sirve
otra música
de motores y
saxofón
Se aúpan las
miradas.
—cuánto.
un gesto.
Queda en la acera
una batalla secreta
de cenizas,
la trompeta sigue
leyendo
su pentagrama de
neón.
SUBTERRÁNEO
La ciudad irá en ti siempre.
K. Kavafis
Del sonoro vértigo
de hierro
fanales de rostros
salen de cuerpos conformes
como despiertos,
]surcando galerías
que se rodean,
se entran de urbe
por el agujero,
se aprietan de
rostros y pasillos
transportando la
fatiga acumulada como un ejército
de ciudades
sobre el
aniquilamiento de las escaleras.
Bajan,
doblan como número
neutro y compacto,
como un montón
cotidiano,
desplazando una
inflación de zapatos y monólogos,
de tránsito de
espaldas.
indiferenciando la
gangrena del mendigo,
anuladas la manos.
Un estrepitazo de
eco contrario hace fondo,
inyecta avance,
otro destino
sonámbulo reanuda el hierro,
otras multitud de
olor y de oxígeno trunco.
Suben,
pasan como un vagón
a pierna abierta por la puerta,
se abalanzan contra
la última escalera,
pulmón sobre
escalón,
rostro con rostro.
Un tubo frío se
entierra en la piel,
anuncia el clima
el desagüe,
otro destino.
OCURRE A VECES QUE
NO QUEPO EN MI DOLOR
Vamos a ver, hombre;
cuéntame lo que me pasa.
C. Vallejo
Tengo miedo de no saber
cómo arreglármelas con mi dolor.
M. Yourcenar
Sin mi dolor soy
todo asombro y extrañeza,
sonrisa de de luna
llena.
Sin mi dolor puedo
reírme tiernamente de mi sombra
matar el tiempo y
lanzarle horas muertas a la vida.
Sin él —confieso—
me siento más liviano
trabajador
afectivo
como caracol sin
carapacho,
desnudo,
en fin,
como piernas
fatigadas de juglar satisfecho.
Sucede, sin
embargo, que mi dolor tiene cuerpo,
ocupa espacio,
anda con sus dos
extremidades
y se rasca de la
muerte.
Reposa en sus
huellas y reflexiona.
Es objetivo como la
cicatriz abierta,
omnisciente y
literario.
Se levanta
maldice la soledad
y sonríe a pesar de
todo,
a pesar de ver el
hambre multiplicado
a pesar de todas
las hambres circunstanciales,
de la lágrima
secreta y pasajera
de la ilusión
prestada a corto plazo,
de la mano
y sonríe a pesar de
todo.
Ocurre a veces
que no quepo en mi
dolor,
que la sangre se
sube a la mirada
y lloro sin más
remedio,
y se me derrama
como un fantasma
y tiembla el
esqueleto que llevo dentro.
Dolor que se achica,
comprime
y estruja el pulmón
del alma.
Dolor huérfano de
tristeza emplumada.
Dolor de esta prosa
doblada en el bolsillo.
Este —mi dolor—
redobla como las gargantas
de las campanas
buscando la palabra exacta
el color de su
canto
la flor de su forma
para asirla
para apretarla
para abrazarla en
toda su expresión adolorida.
Y prestarle un par
de orejas
un par de pesos
cargarla en hombros
y preñarla de
deseo.
Y YO SOÑÉ QUE EN
OTRO ESTADO
MÁS LISONJERO ME VI
Y yo soñé que en otro estado más lisonjero me vi
Calderón de la Barca
Trata de asirlas, poeta
aunque no consigas retenerlas
estas visiones eróticas.
K. Kavafis
I
Y yo soñé que en
otro estado más lisonjero me vi.
Soñé que tu cara
era un espejo de palabras,
y al otro lado de
tus manos,
colgaban las mías
como racimos.
Soñé que tu sombra
era una sola sombra larga,
andando la noche
sola.
II
Mañana será otro día
para vernos,
para oírnos,
para encontrarnos
por primera vez.
Mañana será otro día
para volver a empezar
con una herida más,
con un día menos.
Será, entonces,
hasta luego, adiós, hasta pronto.
Hasta que el olvido
levante el vuelo
hasta que despegue
tu recuerdo
de la palma de mis
manos.
Será, entonces,
hasta que el humo de tus palabras,
se las lleve el
viento.
hasta que tu piel
queme los últimos
silencios.
Será hasta luego,
adiós, hasta pronto.
Extrañaré tu voz,
la luna aquella,
la noche intensa.
Extrañaré tus
lindes piernas,
tu andar inquieto,
tus labios de
mediodía gris,
tu verde hoguera
tu orilla siempre fértil.
El juego de tu
pelo,
tus dulces pies
descalzos.
Extrañaré tu
palabra,
tu espalda en el
paisaje,
tu sonrisa
escandalosa,
tus muslos
suculentos.
Pero, sobre todo,
extrañaré aquel relámpago
azul
en que nos amamos
por vez primera.
III
Volverás a tus
tranquilas golondrinas.
Regresarás a tu
huerto y a tu espiga.
A tus calladas
alegrías,
a tu casa, a tu
manta, y a tu hoguera.
Volverás con el
recuerdo de esta partida,
que se marchita en
la distancia.
IV
Queda en la memoria
un enjambre de deseos,
una tristeza
irreversible,
una sed,
un silencio,
un destino
irreversible.
Queda la lluvia,
la soledad.
Queda un camino
por donde andan
estos versos
que alimentó el
olvido.
TIENE QUE SER
BRUJERÍA
Amor… quien te tiene dentro, queda loco.
Sófocles
Tiene que ser
alguna brujería,
un “trabajo” puesto
debajo
de alguna palma,
enterrado entre las
raíces duras
de algún laurel
vetusto.
Un odio viejo,
envuelto en trapos y cintas negras.
Un dolor olvidado
bajo la sombra
de un inmensa ceiba.
Un desengaño,
un afilado celo que
lacera.
Tiene que ser
alguna brujería,
algún espíritu
enviado,
alguna muerte en
deuda de otras vidas.
Debe ser un celo
que aniquila
una envidia mortal,
algún demonio
familiar que nos transita,
un cupido venenoso,
un ángel enamorado,
en fin, algún
temblor
que tuerce la
sintaxis del camino.
Alguna sospecha que
nos transita las palabras
alguna historia que
nos convierte en piedras.
Podría ser, debe
ser, tiene que ser…
un alma en pena que
deambula por los libros,
un espíritu burlón
que no nos deja,
una gitana,
una madama con
obra,
un desamor.
Un amor demasiado
intenso,
una pasión
descomunal.
No sé…
podría ser, debe
ser, tiene que ser:
alguna brujería,
algún destino
cruzado,
algún alma en pena,
un odio viejo,
un dolor ajeno,
un desamor,
una pasión,
un amor descomunal,
algún misterio.
No sé…
¡Tiene que ser,
debe ser, podría ser!
CONTIGO TODO ES
DIFERENTE
And all my days are trances.
E. A. Poe
Contigo todo es
diferente:
la lluvia fina que
entra con el viento verde,
el mar de
estrellas,
tu voz repleta,
la nube quieta en
el fondo azul de tu pupila negra,
la flor de plata en
tu primer dedo.
Contigo todo es
diferente,
los sueños son del
corazón,
y los recuerdos se
desnudan frente a frente.
Contigo:
tu cuerpo,
tu sombra ardiente
tu piel abierta
la luz apretada de
estas noches del tiempo.
Contigo:
el asombro,
las ideas,
el vino de
madrugada,
el beso,
el café en las mañanas;
saben diferentes,
llevan el olor a
frutas de tu cuerpo
y la acre dulzura
de tu aliento recién despierto.
Y la razón está en
llamas,
y el placer me
exige,
y las palabras,
todos, te desean.
Contigo,
sorbo a sorbo,
mi vida
comienza a ser
diferente.
SALGO A RECORRER LA
NOCHE
Uno sólo muere cuando está solo.
M. Yourcenar
Estoy cansada: anduve toda la
noche para escapar de tu recuerdo.
M. Yourcenar
Cuando se acuesta
el día
y se iluminan las
calles
y plazas,
salgo a caminar
con tu nombre
metido en mis
bolsillos.
Salgo a recorrer la
noche
o entro a
despedirla,
con tu nombre en mi
frente.
La soledad
que está en todas
partes,
omnisciente y
literaria,
aparece con sus
ojos demacrados
deshojando una
flor:
-Me quiere
-No me quiere,
-Me quiere
-No me quiere…
Y yo la miro hasta
que deshoja
el último pétalo,
y ella me mira
demacrada y burlona.
Aunque quede ese
pétalo
ella sabe
que seguiré
caminando
con mi soledad
metida en la frente,
y tu nombre en mis
bolsillos.
METÁFORA
El aire escogido es como un hacha
para la carne de nuestras maderas
y el colibrí las traspasas.
José Lezama Lima
Este lápiz con que
escribo tiene piernas,
y salta de la
pecera de esta página
como un delfín con
alas
para zambullirse en
la boca abierta de la montaña.
Esta rosa que ves,
se convierte en puño
y se abre como el
sol,
es una mano con
cinco pájaro en cada punta
que se vuelve
estrella cuando pasa
tocando su vela
encendida
o se convierte en
asustadas palabras
que se refugian en
la enorme
oreja de la cara de
ese monte.
Como ves, hay
varios hombres halando
la soga del
arcoiris
para amarrarle la
lengua al viento.
Las nubes del yeso
parecen un caracol de agua
y flores de
fieltro.
Y en aquella
habitación, hay un anciano
con un martillo
tratando de
desclavar
un libro, y hay
otro, martillándole la boca
a un niño. ¿Te fijas?... ¿Lo ves?...
Este lápiz con que
escribo
tiene alas por
piernas
y labios de carbón
en la punta de su lengua.
Ricardo Cobián Figueroux. Nacido en la Habana en 1952. Reside en Puerto Rico desde muy joven. Es poeta, ensayista y crítico literario. Ha publicado ensayos investigativos sobre
temas literarios en importantes revistas académicas de Puerto Rico y el
extranjero. En 2001 publica la edición
anotada del texto clásico Los cinco sentidos de Tomás Blanco, bajo el sello
editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña, que mereció un premio del
P.E.N. Club de Puerto Rico. Ricardo
Cobián tiene a su haber los siguientes poemarios: En vísperas de todos nosotros
(1979), Caminante adjunto (1981), Estrellas y prisioneros (1984), Para todos
los panes no están todos presentes (1985), Un día me quedé solo (1993). Sus poemas también figuran en la antología En
una sola torre (1987).