Letras Salvajes                     Número 7                                        2005

 

 

 

Myrna nieves

 

 

 

Sueño A: El puente

 

Despierto en el medio de un puente, posiblemente el Puente de Brooklyn. Estoy de pie, con mi ropón largo de franela en medio de un puente, medio recostada en la cima de una columna color crema-guayaba (un color indescriptible, pero es el más pronunciado que percibo). Miro las tablitas del puente a mis pies y el agua de zafiro sereno a mi alrededor. ¿Qué hago despertando en un puente y no en mi dormitorio, en mi apartamento? A mis lados hay dos personas, también de pie, en reposo, como guardándome en lo que salgo del azoro. Me pregunto si son mis guías; son masculinos, no son figuras amenazantes; me siento cómoda entre ellos. No se mueven ni intentan tocarme. Por alguna razón miro a mi derecha y veo dos largas filas de personas que desean cruzar. Hay policías apostados en cada una de las filas pidiendo papeles—quizá pasaportes—y la gente está algo desesperada o hay mucha premura en sus intenciones. Rompe una pelea entre dos, caen revolcándose al piso y uno de ellos trata empecinadamente de estrangular al otro. Corren a separarlos y con esfuerzo, lo logran. Me siento agradecida de mis guías, los sentía protectores y respetuosos. ¿Qué querrían que observara? Vuelvo la atención a mi misma, me veo las medias, me doy cuenta de que no me he movido mucho porque no estoy firme en esta realidad, o quizás me asusta el puente. No quiero despertar ahí. ¿Cómo es que ha ocurrido esto? Hago un esfuerzo y cierro los ojos, trincándolos fuertemente. Despierto de nuevo, esta vez en mi cama, en mi apartamento de Williamsburg, mirando el sari rosa que funge de cortina en mi ventana. Despierto quietamente, con mi ropón de franela claro y mis medias de invierno.

 

 

 

Cuadrando el círculo

 

Hablamos, hablamos

sin llegar a ningún sitio

en el círculo imaginario

azul, fosforescente

donde nos encontraríamos

frente a frente

puros y felices

transpirando amor

reflejando en los ojos

las estrellas

 

Mas no sé

qué guarda tu pecho

 no

si la vida debe ser

como la quiero

escuchas sin responder

y un pesar se posa

entre los dos

el círculo se divide

sólo quedan

dos islas ansiando universos.

 

 

 

A las diosas

 

En tren a Rye, New York

voy diosas,

Sekhmet, Hathor, Maat, Isis

a encontraros

Voy a escuchar a Thoth,

el escriba divino

Djehuti, Hermes

el de las tablas esmeraldas

A que energicen mis células

A que alumbren 

el salón oscuro

de mi memoria

 

 

 

Sueño B: Vuelo 228

 

Estoy en el interior de un avión; no sé si sola; quizás con mi hija, que parece tener unos ocho años. Hay otros pasajeros. El avión no ha despegado; parece que hay un desperfecto. Se abre la puerta de salida. Lo pienso unos segundos. Decido salirme. Agarro mi bulto de trabajo donde cargo mis cosas y me salgo del avión. Mi hija--o quizás es mi doble--me sigue afuera. Es un sitio tropical, con mucha vegetación verde. El avión parece estar al final de una pista o es una pista de emergencia o una pista corta. El sitio puede ser Puerto Rico, pero también parece Centroamérica. Puede ser una jungla-- las matas tienen hojas grandes, verdes, lustrosas; hace un calor húmedo.

 

      Decido alejarme del avión, lo que implica darle la vuelta para dejarlo atrás, porque no se puede proseguir hacia adelante. Casi cuando paso por su costado derecho, hay una explosión dentro--no la sentí, pero el avión parece algo machacado, se tambalea y el ala izquierda se inclina. El ala izquierda baja y el avión se vira completamente de ese lado; el ala toca el piso, cerca de mí. Apresuro el paso y al mirar hacia atrás veo que sale mucho humo gris del avión, grandes cantidades que se elevan como un edificio. De hecho el avión parecía estar dentro de un edificio de cristal y el humo subía por el centro y salía por todos lados. Me alegré de haber salido también.

 

      La jungla se transforma en una ciudad de rascacielos y el avión ha despegado. El avión parece la cúpula de un edificio; por momentos se me antoja una estructura triangular y otras un platillo volador. Pero no logra altura, cae y se estrella en nuestra dirección. No hay tiempo de correr. Se estrella y la explosión me alcanza. Siento la explosión frente a mí como una bola de energía o fuego que me llega and blows me away. Siento que todo estalla y el pecho estalla y es uno de los sentimientos más hondos que he tenido, I am blown away. No hay dolor, sólo el más grande impacto que me pasa por encima o a través de mí, por todos mis poros y todas mis células and blows me aaaaaway. Sé que fue en el corazón que más lo sentí pero no en el sentido físico; fue como si mi conciencia hubiera sido blown away.

 

Todo es negro. Tengo los ojos (¿ojos?) cerrados. Temo abrirlos. Me digo--Ahora cuando los abra veré lo que ven los que mueren: un túnel largo y oscuro y al final una luz. Los abro poco a poco y para mi sorpresa, el mundo está ahí-- la vegetación verde, resplandeciente, exuberante, el cielo claro y soleado, los edificios intactos. Nada ha desaparecido y estoy viva. Quietamente, me pregunto qué ha sucedido.

 

Luego de leer unas páginas del internet que presentan lecciones espirituales, noto que dicen: El mundo que crees percibir no es Real. En verdad, no hay tal mundo.

 

 


El grito

 

El grito duele en medio del pecho

El grito ahoga

Corres.

Al borde del precipicio está el grito.

Si revienta en silencio se rompe

en mil pedazos la aurora.

Pero que no suene.

Pero que suene.

Grita.

No grites.

¿Qué vas a hacer con su eco?

Si no lo puedes recoger, no grites.

Ah, pero el pecho.

El pecho

El pecho

Plancha de hierro, plomo

Pesado

Pesado

El grito está en la cavidad central.¿Quién lo ha formado?

Nadie quiere tener un grito atrapado.

Pero está ahí.

Ahí ahí

y en las sienes

Quizás si duermes

se mueva al sueño

como una nube

se deshaga.

Ah, el grito.

Duérmete.

¿Es mejor que gritar?

No hay final para el grito

Es como una cuerda larga

que no culmina.

Un cohete al espacio

que no deja la tierra

o arrastra un pedazo con él.

 

El grito espera ovillado

como un ángel exterminador.

 

 

 

ANTIGUAS MEMORIAS

 

en torno a la guerra contra Irak

 

Cómo saludar al día

cuando en el corazón nace

una flor oscura

fruto de gestaciones mórbidas

de la noche

flor de pétalos morados

crecida a fuerza

de sirenas de la policía

hélices de helicópteros

noticias de una guerra

 

Baghdad emerge soleada

a orillas de mi sueño

Baghdad con sus mezquitas y palacios

Baghdad de las mil y una noches

ciudad mágica

de películas y cuentos de la niñez

la Antigua Mesopotamia del Éufrates y el Tigris

 

En la ciudad de hoy

el mercado ha saltado en pedazos

los pequeños zapatos de una niña

yacen vacíos entre dátiles, aceitunas,

cuerpos destrozados

Hoy

la ciudad se cubre de sangre y tierra

hay olor a balas de uranio en el aire

 

¿Qué quedará de Níniveh y Babilonia,

De Ashur de los asirios y Ur de los caldeos?

¿Quién reunirá los restos de los tesoros

del Imperio Otomano?

¿Quién devolverá las estatuas de Inana

a los templos de Nippur?

¿Qué ojos contemplarán sin llorar los portales de Ishtar?

¿Cuándo se contarán de nuevo las gestas de Gilgamesh?

 

No sé cómo se sigue en mi calle

caminando,

comiendo pan en el mercado,

comprando la carne de la cena,

paseando perritos lanudos y acicalados.

no sé como de los escombros de las Gemelas

no alcanzamos a aprender la lección

no nos fatiga tanta guerra

 

Mas sé que en el sumergido jardín

De todo el que respira en el planeta

crece una oscura vegetación

fermento de la memoria

capullo de la conciencia

Que existen estas formas olvidadas

Bajo la lluvia tenaz de los escombros

Perseverando en la sombra

Poseídas de una luz interior

extraña fosforescencia.

 

¡Que salgan las flores aterciopeladas

Del silencio!

Que se alce el clamor

De los que habitamos el aire

Que detengamos tanto genocidio

Rescatemos nuestra cuna

Para que no caigan

Más pétalos ensangrentados

Sobre la arena

 

 


Genealogías

 

                                                      I.

 

      Mi prima me dijo casualmente desde el guía del automóvil que se dirigía a Middletown, Connecticut:

 

      --Tengo noticias de mi tatarabuela y sus hermanas, algo interesante pero increíble que tu abuela le contó a mi padre y a mi madre.

 

      Desde el asiento trasero y comenzando a disfrutar una corta visita con mi madre y mi hermana a mis primas, sentí gran curiosidad y pedí que explicara. Mi madre no dijo nada, pero volvió el rostro ligeramente, esperando.

 

      --Las hermanas de nuestra tatarabuela eran brujas allá en Islas Canarias.

 

      Mi prima estaba siendo parca a propósito, las oraciones se le quedaban en la boca; el vacío que dejaban revelaba una excitación no exenta de cierta preocupación. Pensé que no le preocupaba tanto la información como nuestra propia reacción, especialmente de los devotos en el carro. Nadie hizo comentarios.

 

      Decidí intervenir como mejor pude.

 

      --He leído que en Canarias hubo una gran incidencia de brujería, especialmente en Santa Cruz de Tenerife ( de donde era mi abuela), un lugar medio aislado por estar tan retirado de España, y fuera de Africa, en pleno océano. Cuando pequeña aprendí mucho de brujas, los cuentos abundaban con nombres y detalles sorprendentes, como los ungüentos bajo el sobaco para volar y su mierda verde como la mostaza.

 

      Mi hermana intervino:

 

      --Tía Carmen me contó de una bruja de Camuy que decían viajaba nocturnamente a Cuba, donde era amante de otro hombre. La hirieron en un brazo y al otro día despertó en Puerto Rico con la herida.

 

      (Luego recordé, pero no les dije, que recientemente una de mis estudiantes jóvenes me contó de su verano visitando a los abuelos en un pueblo del centro de la isla; que se oían pasos, golpes y risas en el techo por las noches y su abuelo dijo que eran las brujas y salió a espantarlas con una escopeta. Al otro día les ayudaba a limpiar los excrementos pero al anochecer estaba aterrorizada deseando regresarse pronto a Brooklyn pero le daba pena no ver más a sus abuelos.)

 

      --También leí formalmente del mundo de las brujas, --continué así, medio didáctica--desde el punto de vista de las luchas con la Inquisición. Personalmente pienso que la mujer siempre ha sabido de la naturaleza, de las yerbas y sus remedios y que en épocas anteriores su saber se consideraba malévolo y hubo --hay-- una gran persecución de su poder.

 

      Mi prima agradeció el preámbulo:

 

      --Sí--añadió.-- También las curanderas eran muy importantes. Creo que Abuelita Minín nació con curandera y eran una especie de médicos de pueblo. ¿Naciste con curandera tú también, Sarah?

     

      Mi madre rectificó: --No, yo ya nací en hospital, por ser la menor; pero Irene, Carmen y Minín y nuestros hermanos nacieron con curandera, que además de parteras, sanaban empachos y recetaban.

 

      Mi prima esperó unos segundos y luego, sorprendentemente, pues su madre y ella eran muy devotas, señaló con cierta rabia que tenía algo de rebeldía:

 

      --Creo que las religiones pueden ser muy opresivas--  y habló de la intolerancia con los gay y el control de la natalidad. Se suscitó una polémica sobre la represión sexual y cuentos de monasterios y fetos y abusos. Mi madre balanceó con la caridad y habló de la labor de los salecianos, entre gestos de aprobación de todos. Terminaron en el aborto, del que no dije nada por no polarizar la situación.

 

      Silencio.

 

      Las fincas a los lados eran hermosas, algunas vacas pastaban, los graneros despintados y enormes llamaban la atención. Las casas, muy dispersas, se ocultaban tras la vegetación. El camino angostaba y serpenteaba de paso a la casa.   

 

      Como nadie decía nada, decidí presionar de nuevo y le pregunté a mi prima:

 

      --Bueno, ¿y qué le dijo mi abuela a tus padres?

 

      --Después hablamos de eso. --y concentró en guiar sin más detalles.

 

 

                                                      II.

 

      En la tarde, sorprendí a mi prima sola en la cocina.

 

      --¿Qué dijo Mamá Abuela?

 

      --No sé mucho sobre ello; mami sabe más, pero tu abuela dijo que su mamá le contó que cuando era pequeña sus hermanas se acostaban y se iban a hacer viajes nocturnos y la dejaban cuidando los cuerpos, porque si alguien venía y las viraban al revés, el espíritu no podía entrar al cuerpo y se morirían. Ella se moría de miedo, porque era pequeña y las hermanas se iban a veces por días. Siempre andaba asustada de que la pusieran a velar los cuerpos.

 

      --He leído sobre eso; a veces describen al espíritu como un abejón que entra por la boca. Eso es algo que nunca han dicho en la familia. ¿Cómo es mi que Mamá Abuela le dijo a tus padres y no a mi madre, que es su hija?

 

      --Sabes cómo son las familias. Hablan ciertas cosas con unos y no con otros.

 

      --¿Qué más dijo?

 

      Incómoda (¿le preocupaba la marca ancestral en su devoción religiosa?), se secó las manos con el paño de cocina y puso las costillitas sobre el plato.

 

--No sé más. Después le preguntamos a mami.

 

 

                                                      III.

 

      Pero no le preguntó. Así que por la noche, cuando Sonia, que nos había recibido en la casa con mucha alegría, subía al piso principal tras despedirse y dejarnos cómodamente instalados en su apartamento en el piso inferior, la seguí por las escaleras y le pregunté sin reparos.

 

      Se volvió levemente, sin dejar de subir y me dijo.

 

      --Ah, sí, decía que sus hermanas levitaban.

 

      --¿Que levitaban?

 

      --Si, levitaban, e hizo con la mano, indiferente, un gesto indicando la acción. Entonces añadió que la llamáramos si necesitábamos cualquier cosa y despidiéndose sin premura, cerró la puerta y me dejó perpleja.

 

 

                                                      IV.

 

      Después del desayuno, ayudo a mi prima a limpiar la cocina.

 

      --Sonia me dijo que las hermanas de la madre de mi abuela levitaban.

 

      Sorprendida, abrió los ojos.

 

      --¿Eso dijo?

 

      Asentí. Mi prima, después de unos segundos:

 

      --No, eso no es lo que ella y papi me contaron.

 

      Silencio.

 

      Consideré prudente no insistir. Pensé que mi primo había sido rosacruz o masón y si estuviera vivo me diría con claridad.

 

 

                                                      V.

 

      En el almuerzo, cuando se empezó a hablar de los nombres de los viejos de la familia, pongo el tema. Repito lo que me dijo mi prima.

 

      Mi prima, en un gesto de valentía, asiente y repite.

 

      Mi madre dijo con firmeza, y quizá con sinceridad (aunque es una experta bloqueando en su mente asuntos que no puede reconciliar):

 

      --Mamá nunca me habló de eso.

 

      Silencio.

 

      Sonia vio la necesidad de defender su pertenencia  a la familia. No dijo nada sobre el relato, pero señaló:

 

      --Tú sabes cómo quería Da. Josefina a Leo (mi primo), le hablaba mucho.

     

      Mi madre asintió, y se habló de cómo mi abuela se había sentido feliz de que Leo la fuera a visitar después de su boda. Mi prima  de paso comentó que cuando su padre y su madre habían venido desde Costa Rica (país natal de Sonia) para que Sonia conociera a la familia después de la boda, lo impresionada que había quedado Sonia con la belleza de mi madre:

 

      --Dice mami que Sarah era bella, con unos ojos enormes y muy negros, el pelo robusto y abundante, y la piel le brillaba. Ella le preguntó a papi: ¿Y esa es tu Tía?

 

      Mi mamá no respondió pero escuchó con placer y entonces continuaron hablando de gente de la familia que no conozco pero he oído y mi prima, que está haciendo un árbol genealógico, se apresuró a buscar el álbum y a copiar los nombres que le dictaba mi madre: Filomena, Evarista, Telesforo, Emérita, Lucas, Luciano, Irene, Martín, Gregorio, Narcisa, y los que no vio mucho más, que se fueron a vivir a Lares, San Sebastián, Hatillo, hasta Cuba, Venezuela y Virginia....

 

 

                                                      VI.

 

      En la guagua de regreso, mi madre y mi hermana se sentaron juntas y yo logré sentarme sola. Pensé en mis sueños, las visiones de mi Tía, la intuición de mi madre… Sentí que algo había cambiado con lo que descubrí; en verdad se hacía más inteligible.

 


                                                                                          VII.

 

      Al fin cuando, entre edificios y calles saturadas de tráfico nos acercábamos a Penn Station, añoré el campo frondoso de mi prima, pero para consolarme recordé a mis amigos, que en algún lugar de la Ciudad me esperaban. Entonces sonreí con malicia y pensé decirles, continuando una conversación de hacía unos días, que si sus antepasados habían sido humanistas renacentistas, los míos, eran brujas de la Ilustración.

 

 

Myrna Nieves.  Nacida en Arecibo, Puerto Rico, en 1949, y criada en la ciudad de Camuy.  Reside en Nueva York desde 1972.  Es catedrática y miembra fundadora de Boricua College, donde ha dirigido durante 17 años la Serie Invernal de Poesía, donde destacados autores han leído su obra al público.  Ha publicado: Tripartita: Earth, Dreams, Powers (co-autora, 1990), Libreta de sueños (narraciones, 1997; premiada por el PEN Club de Puerto Rico), Moradalsur (co-autora, 2000), Mujeres como islas (co-autora, 2002) y Viaje a la lluvia poemas (2002).   Ha recibido las siguientes distinciones: Premio Latinas Destacadas de Estados Unidos de El Diario La Prensa de Nueva York (1998), Invitada de Honor de la III Feria Internacional del Libro de Puerto Rico (1999), escritora, Madrina de El Desfile Puertorriqueño de Brooklyn (2000) y Premio Contribución Extraordinaria a la Literatura de la Federación Nacional de Pioneros Puertorriqueños (2001). Myrna Nieves participó en el Viequethon Pro Paz en la Isla de Vieques en 2002.

 

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