Letras
Salvajes Número 7 2005
Marithelma Costa
Sábado santo o el kairós
A Paolo Dal Ben
compañero de viaje
Cómo mantenerse en la cresta de la ola
Mientras ésta se dirige hacia su diana
Cómo seguir en estado de gracia
Acceder al orden desde el caos
Qué sucede cuando la
línea que delimita la vigilia del sueño se escinde
Cuando el cuerpo se
disuelve en una masa líquida
y no se llega al
suelo
Por voluntad o por
inedia
Por el insomnio
prolongado
Por haber visto demasiado
en la isla calcinada
Por haber andado
demasiado con los ojos abiertos
Cómo se regresa a la
realidad dislocada
Cómo se aterriza en
la ciudad de hierro
Quizás un café
Una pizza una
cocacola un té verde
Una hogaza de pan de la calle Sullivan
O quizás nada de eso:
el bus de la Québecoise
Abandonar la empresa
inútil y aprender a caminar desde el sueño
Montarse en la cresta
de la ola como quien se monta en el corcel
Y cabalga enal sur de los mísiles
Ser la diana a la vez
que el dardo
Transformarse en el
sueño líquido
Domingo de Pascua
Who
have you discovered lately?
Y a quién no le
apetece ser más
Duplicarse,
cuadruplicarse, quintuplicarse
Conjugar lo igual con
lo diverso
Descubrir lo que se
descubre
Milímetro a milímetro
En el calor de la epidermis
A quién no le atrae
la invitación
No le tienta como
tientan los bancos del infierno
Como incitan las
hojas cortantes del cañaveral
Una puerta se abre
Una mano se extiende
en una alfombra
Quién puede quedarse
como se queda la piedra
Si una vez fue
agua-yemayá
fuego-changó
Campanas en pascua
florida a las diez de la mañana del año cero
Campanas por los que
creen en la iglesia pompeyana
dos flechas van hacia
una diana
Campanas por los
caribes que segundo a segundo se irradian
Todos nos quemamos en
el mismo fuego
Porque mañana tiene
que salir también el sol
Lunes primero de mayo
Quizás zarpar no
No todavía
Beber en el vaso
cónico los recuerdos de quien sabe viajar en el sueño
Beber los
pensamientos líquidos
La montaña también líquida
del país de las tabernas
Quizás zarpar no
No todavía
Mantenerse en la
cresta de la ola
Aquí
Mientras allá
acechan, se acercan infalibles tres naves
Aquí los mapas, los
augurios
Mientras allá el
viaje incontestado de mil doscientos marinos
Una mano se extiende
en una alfombra
La palabra amor se
repite
Especular
Una postal regalada,
alevosa
Aquí
Mientras allá, mucho
más allá de las playas y las bombas
Mucho antes de los
arrecifes destrozados
El olor de la pólvora
en los tiempos de la pólvora
La palabra amor
cazada al azar
Negra cálida alevosa
Negra tras una
balacera y múltiples noches insomnes
Negra dos manos
blancas en una espalda
Negra y un empujón
final hacia una ducha
Y de nuevo las
palabras
Las únicas sobre las
cuales se puede recuperar el sueño a cuentagotas
Descansar
Dormir en inocente
porque se es inocente
Dormir en tranquilo
porque se ha llegado a casa
Dormir mientras
alguien vela
Descansar sobre un
río de palabras que vienen desde el este
Sobre una piel que no
ha sido aún curtida
Porque escapó de esa
playa hacia donde se dirigen hoy los tres buques
Hacia donde se acercan indetenibles
Con el miedo en la boca del estómago
Con el susto en la
punta de los ojos
Enrique, Juan, Ramón
Pablo, Paul, Paolo
Moramor
Quien zarpará cuando
zarpen las naves
Quien abandonará el
oasis que ha sido centro del huracán
Y techo del mundo
Ese patio repleto de
orquídeas
Donde apenas se
respira aunque sobra el oxígeno
Como en el país de
las tabernas
O en el río de las
libélulas
Una puerta se abre
Una mano se extiende
en la alfombra
Cuando termine el
tiempo
Moramor en medio de
dos huracanes
Naciste y nací
Quién eres Moramor
La que mora en la
casa capicúa
10101 de la calle 141
capicúa que persigue
363 en la calle Luna
Quién eres huracán seguro
sobre el que duermo
Quién, palabra segura
sobre la que me extiendo
Inocente y negra en
una tarde de sudor y de balas
Parece que la
historia
La inventó otro
Otro la compuso
Y nosotros vamos
sobre ella
Cazando palabras,
amor, negra, en el aire
Volando sobre la
cresta de las olas
Como aquél que monta
sobre el corcel
Y cabalga al sur de
los mísiles
Mientras las olas
golpean la barca
Y destrozan todas sus
fisuras
Tumbo a tumbo
Esquirla a esquirla
Hasta que llegue el
huracán
La levante en el aire
Y la lance hecha
añicos a una playa de cielos tridimensionales
y mareas oblicuas
Lejos
En la punta triforme
de la isla gemela
En la otra isla de
San Juan
Lejos
Lejos Vieques
Lejos Lares
Lejos el cielo que se
extiende y también abraza
Lejos las estrellas
Lejos la ola aún
Mientras lenta
Lenta
Lenta la marea va
subiendo
Palmo a palmo
Milímetro a milímetro
En este quinquenio
por el que hemos
apostado la vida
Por el que hemos
puesto el cuerpo entero
Sobre ese otro cuerpo
Con el que aún es
posible recuperar el sueño a cuentagotas
Sobre esa otra piel
Que dice negra
Mientras coloca las
manos blancas en una espalda
Y produce un sutil
empujón hacia una ducha
Piel
Que aún no recibe el
sol ni se ha curtido
Piel que se halla en
el punto donde se auscultan los huracanes y
se generan los
movimientos de los planetas
Piel
Abandonada en alfa
Entregada al kairós
Piel que también
espera en una caverna a que el cielo se abra
Se extienda
Se pueda volar entre
dos huracanes
Rojo en poniente
Rojo relámpago
Rojo trueno
En un viaje final
hacia el sur
Estar lejos y cerca
del huracán es el desafío
Ser el huracán y
haber nacido entre dos ciclones
Quién eres Mora la
que mora en la casa capicúa
La que sabe que el
tiempo pasa
Y es el tiempo mismo
Quizás todo una
ilusión
Auditiva
Quinestética
Una ilusión táctil de
dos manos que tocan una espalda
Negra
Y la lanzan a una
ducha
Una ilusión
Mora
Con la forma que le
da el sueño líquido
Una ilusión encender
las tres, las cuatro, las cinco velas rituales
Estar aquí allí
Con las palabras
Con la piel
Negra
Con las alfombras que
llegan del desierto
Con las sedas del mar
Índico
Estar allí, aquí
Y seguir sobre la
cresta de la ola
Ser la cresta de la
ola mientras se va directo a la diana
Estar en el huracán
Ser el huracan que ha
de levantar la barca para lanzarla
contra la isla
calcinada
Ser el huracán
Ser la ola
Ser también la
barca
Y cada una de sus
esquirlas
Y seguir, seguir
sobre la cresta mientras tientan los bancos del infierno
Y ha de nacer otro
Clemente
Otro Enrique
Otro Juan
Otro Ramón
Ya lejos de Lares
Y en Lares
En el sueño líquido
En el azúcar de una
isla que de demasiado dulce
Se combate a
cuentagotas
Demasiado
Cómo seguir en
demasiado
Cómo seguir sobre la
ola
Seguir en inocente
En perfecto
Cómo seguir sobre un
timbre de voz cálida
Cómo seguir
El sueño ya perdido
Enamorados del mismo
punto en un espacio único
Leves
Flotantes
Luminosos
Cómo seguir en
libélula
En río azul cobalto
Cómo seguir en azul
cuando lo que acecha es el uranio
Los mil doscientos
marinos que se acercan en tres fragatas
A Lares
A Vieques
Cómo en azul
Cuando en la sangre,
en la piel las rochas
Pedro, Casimar, el
reducido
Cómo en azul
Cuando en el pelo
Ismael
El mercurio
Cómo seguir ahí
Suspendidos
Aéreos
De un blanco plata
Livianos
Con el otro Juan
El otro Enrique
El otro Ramón
Como estar allí
Mientras se acercan
las tres naves
Los mil doscientos
hombres con armas largas
en el tiempo de la
pólvora antes de la pólvora
Cómo seguir en esta
historia en la que me metí de cuerpo entero
En un agosto de
huracán
Y de protestas
(Del poemario inédito BIEKESÍ)
Marithelma Costa. Nacida en San Juan, Puerto Rico, en 1955. Reside en Nueva York desde 1978. Ha publicado
tres libros de entrevistas: Las dos caras de la escritura: conversaciones con
M. Benedetti, M. Corti, U. Eco, et al.(1988), Kaligrafiando: conversaciones con
Clemente Soto Vélez (1990) y Enrique Laguerre: una conversación. Desde 1988
enseña literatura española en Hunter College y en el Graduate Center de la
Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY). En el ámbito de la creación
literaria ha publicado los poemarios De al’vión (1987), De tierra y de agua
(1988) y Diario oiraiD (1997). Tiene a
su haber la novela Era el fin del mundo (1999).
Actualmente trabaja en Entre azul y buenas noches, una colección de
relatos. Su poesía ha sido incluida en
los volúmenes Poesía joven en Puerto Rico (1981) y Papiros de Babel (1991)