Letras
Salvajes Número 7 2005
AMÉRICO MARTÍN
FRESCA VOZ LÍRICA
La paz, la
paz octaviana conseguida por las turbulencias
encarnadas –si queremos reducirlo todo a emblemas- en Ramos Sucre, Gerbasi y Cadenas (y en otro plano, Valera Mora y Ovalles), puede estar conociendo nuevas rebeldías. En
alguna parte se bruñe secretamente la espada, no sé aún si con fuerza
suficiente para pensar en un nuevo océano creativo sobre las ruinas de lo que
existe hoy. De hecho esas tensiones están relacionadas con y son todavía la continuación
de antiguos hallazgos, hoy incorporados a la poesía venezolana, a la que han
conferido una índole propia, original. Quisiera establecer un hilo conductor en
lo relacionado con el sujeto y el entorno, en Cadenas y en Teresa Coraspe y Francisco Alarcón.
Las fuentes de Teresa
como las de Francisco –en quien me detendré al final- se mantienen activas,
torrentosas. En 2004 ambos han escrito intensamente. No he leído aún la obra
completa de Teresa Coraspe. Me acerqué a ella por un
poema –ahora no puedo precisar cuál, luego de haber leído con avidez cuanto ha
escrito en los dos últimos años- que me atrajo por su novedad y por descubrir a
una persona que se da íntegra, sin esguinces; se entrega sin disfraces en su
obra. Es, por cierto, una entrega total, pues Coraspe
vive entre la marcha cada vez más acelerada del tiempo - en ella uno de los símbolos
de la muerte-, y su intenso deseo de detenerlo, apelando a recuerdos que
desgraciadamente se le van convirtiendo, impotentes, en baúles raídos, espejos
rotos, hojas secas y amarillentas desprendidas, fragmentos de antiguas moradas
cuya vida multicolor se deslíe lenta pero inexorablemente. Coraspe
se siente perdida en esa batalla contra el tiempo, contra la muerte, y de allí
el tono dominado por la angustia en su obra más reciente [1].
La sensualidad,
presente en varios de sus poemas, es obviamente la rebelión de la vida contra
la marcha implacable de la negra fatalidad. La entrega amorosa es una forma de
aprovechar el instante para afirmarla
y por eso estos versos son tan intensos, desnudos, directos y de una pasión
violenta y desgarradora en cada una de sus inspiradas palabras. A diferencia de
las poetisas uruguayas Delmira Agustini
y Juana de Ibarborou, el erotismo no tiene en Teresa
el sentido de un manifiesto anticonvencional. Sería un tieso arcaísmo, después
de la revolución sexual de los años 60. Aquellas reaccionaban con desparpajo y
a ratos con brillo ante la moral prevaleciente en los albores de la 1ra y
todavía de la 2da Guerra Mundiales; Teresa, en cambio, se defiende de los pasos
de la muerte, cada vez más desesperadamente por el silencioso avance del tiempo
y del siniestro olvido, segundo de los símbolos fatales de aquella, en su
poesía.
… entonces vienes
me habitas
me posees y me descarno
sobre estos cementerios de sal
“Descansa en la curvatura de mis labios
puedes ir más allá
si quieres
y llegar hasta los nervios
de mi sangre” [2]
La sal, sustancia
mineral reiterada en la poesía de Coraspe, es otro
símbolo de la muerte. Hacer el amor al
extremo de llegar hasta los nervios de la sangre (imagen profunda y bien usada)
o de descarnarse sobre cementerios de
sal es reunir en solo dos versos la esencia de la índole lírica de Teresa. La
posesión es un signo de vida en el intento de evitar su pérdida por causa de la
sombra acechante. Hacer el amor hasta descarnarse es
morir viviendo, y esa doble vida se asienta sobre el fondo de una doble muerte
que se expresa en un par de palabras: cementerios y sal.
Resumamos, para
comprenderlos mejor, algunos de los rasgos de Teresa y su poesía. Encontramos
en ella un retorno [3] al simbolismo, porque el significado de ciertos vocablos
no es circunstancial sino permanente. Los símbolos son en este caso las claves
para entender y disfrutar los versos de Teresa. Son las llaves que nos abren su
morada interior donde los vocablos alcanzan su pleno sentido y nos revelan
jardines y estremecimientos íntimos. La muerte, la enemiga, es indistintamente
invocada con su propio nombre o encubierta con otros: el tiempo, el olvido, la sal, la ausencia, las hojas secas. Estas
palabras son empleadas siempre para indicar muerte, son símbolos de ella. En
evidente contraste, aparecen los símbolos de la vida, con la particularidad de
que se muestran a la defensiva, perdiendo terreno, dominados por el fatalismo
de una segura y definitiva derrota. El
amor físico, los sueños, los recuerdos especialmente los
raizales: las moradas donde transcurrió
la vida con sus muchos y coloridos rostros. Las moradas dan idea de
permanencia; son bienes raíces, no volátiles y circunstanciales, y por eso
entre la posesión amorosa y las moradas, por ejemplo, son éstas los símbolos
más estables y fuertes. Por conexidad son también
símbolos de vida los objetos integrados a las moradas: las puertas, las
ventanas, que en la escritora tienen hálito propio, en una impresionante
continuación de la transmutación y la
inmediatez, los grandes paradigmas de Rafael Cadenas. En La pared, dice Coraspe:
La pared me mira
(………)
La
vida es una forma única de estas cosas guardadas
Extiendo
las manos para retener los olvidos
Que
se quedan aquí como instantes
No miro la pared, ella me mira. La vida es ajena al
sujeto que vive, y guarda determinadas cosas y por eso no es vivida por
alguien sino por sí misma. Con las manos trato de retener algo diferente e
independiente de mí: los olvidos.
Ellos se quedan por propia voluntad
pero lo hacen solo por un instante, hasta que deciden discrecionalmente
marcharse. Todo eso es transmutación,
cuyo buen efecto poético es evidente cuando se usa con espontaneidad y sin
violencias ni artificios. La autora hace vivir objetos inertes y libera sueños
o sentimientos, que cobran entonces vida autónoma. Hay dos diferencias entre la
transmutación de Cadenas y la de Coraspe. Aquel trata
de defenderse de un peligro inminente, ésta de un peligro sigiloso, planificado
y lento como enfermedad incurable. Cadenas se transmuta en el poderoso enemigo
que lo está agrediendo en este mismo momento. Coraspe
no se transmuta en persona: insufla vida a objetos inertes con el fin de que la
defiendan.
Los símbolos de vida
reciben el afectuoso agradecimiento de la escritora. ¿No es una prueba del
poder de la poesía, la milagrosa forma de dar belleza y hálito con palabras
iluminadas, a objetos tan pedestres como una pared, una ventana o una puerta?
La magia poética está en eso. Los materiales no son líricos o no líricos, son
solo materiales, susceptibles de ser incendiados por las palabras de un mago.
Hasta las manifestaciones más degradadas y putrefactas podrían convertirse en
luces en la sombra cuando son tocadas por un verdadero creador.
La puerta de mi casa mide un metro setenta y
dos
de estatura
un tin encorvada –según dice-
ella sale del marco y la veo entrar
hacia este espacio donde espero
Abrazo
la puerta fuerte contra mi pecho
y le quito el respiro
Ella
se desmaya y la acuesto sobre la cama
en el cuarto de al lado donde viven los muertos
Con
sus plegarias
(……….)
Yo
miro la complicidad del marco
Mientras
la puerta duerme y yo me acerco
El amor agradecido hacia la puerta amiga –En la poesía de Coraspe considerada persona
viviente- podría llegar incluso a la relación amorosa, “con la complicidad del marco”. Lo impresionante es que en el
contexto de las emociones que desgarran entre la vida y la muerte a la
escritora, estas absurdidades son completamente verosímiles y no chocarían ni
siquiera con la regla clásica correspondiente [4]. Hay un realismo en el manejo de la propia
irrealidad susceptible de hacer del absurdo, en escritores sensibles, un
poderoso instrumento de conocimiento y una hermosa metáfora.
En La Náusea, Sartre
vierte sus ideas o emociones existencialistas en la Literatura. Las cosas
tienen una realidad actual muy viva. Asimos un picaporte para abrir una puerta
y en ese momento toda la vida se expresa en aquél. Lo vivido en este momento tiene más realidad que lo
vivido en el pasado o en la vida futura o en los sueños, las ideas y las
teorías. Al tomar nota de esos momentos
de su poesía pensé en las filosofías de
la existencia [5]. En Coraspe la inmediatez, lo
vivido en este instante, guarda toda la fuerza de la verdad. Lo demás, la
experiencia, el pensamiento o los sueños se desvanecen, se desvían de cauce. La
puerta que abrazo, la morada aún firme donde vivo o viví, la entrega absoluta
en un acto amoroso donde la piel es tocada y acariciada y los labios curvos son
besados, son los firmes de la vida, en trance de ser arrebatada
Los espejos y los
sueños tienen también una significación simbólica. Todo se relaciona con la
dialéctica vida-muerte, ésta siempre avanzando. El espejo reflejó en su momento
objetos animados, en cierto modo es retrato, en él se ha mirado la vida. Es
urgente retenerla, conservarla a como de lugar porque la vida se escurre como
una multitud en sentido inverso:
Una generación nueva como un tumulto
Hormiguea
por las calles
Gente
que viene y va (pesadamente) dobla en las esquinas
Con
rostros endurecidos
Camino
a la inversa como siempre
Desesperadamente
me aferro a un espejo antiguo
Hecho
pedazos en el tiempo [6]
El tiempo, uno de los
nombres de la muerte en la simbología de Coraspe,
vence la resistencia del espejo al que se abraza la vida con desesperación,
mientras “camina a la inversa”, es decir, contra la corriente mortal que va, indetenible, en la dirección opuesta. Es un espejo antiguo. Sugiere ese “antiguo”
la idea del recuerdo, y el recuerdo encarna la vida, al igual que lo hace el
espejo.
Otras claves en Coraspe
son la cabellera, los sueños, las Hadas y brujas, fantasmas amables, por
cierto. No diabólicos.
Y (ella) también ronda la penumbra
Que
ilumina con frescor de hada invisible [7]
La relación vida-muerte-símbolos de una y otra, y la transmutación
de la subjetividad de la escritora en la mágica subjetividad de las cosas
inertes (que dejan por eso de serlo) se resuelven en un maravilloso contraste
entre la vigilia y el sueño. Cual la Alicia
de Lewis Carrol, la
ubicación de lo tangible se coloca en un plano de indecisiones entre el sueño y
la vigilia. En su empeño de alentar vida en objetos inertes, Coraspe comunica la sensación de que el hálito salta de un
lado al otro y viceversa.
Lou es una mentira fabricada por el
tiempo
Murió
antes de que se fijaran sus cabellos a mi piel
Lou, gritan los árboles y las montañas
Lou, gritan los ecos agotándose [8]
Todo lo que la muerte
(el tiempo) puede crear… es la mentira. El tiempo, los árboles y las montañas
gritando; los ecos debilitándose en su impacto reiterado. Es el mundo del
sueño, de dimensiones siempre mayores, más variadas y llenas de detalles
atractivos, que la vida de una mujer desolada, aislada, pero sorprendentemente
lúcida en la percepción de los signos del peligro.
¿Es un sueño la vida?
¿O simplemente se refugia y busca auxilio en el sueño? Y aunque luce tentadora
la comparación con La vida es sueño, tal
vez la obra más célebre de Pedro Calderón de la Barca, debemos descartar
cualquier similitud al respecto. El rey Basilio ha encarcelado sin razón a su
hijo Segismundo. El motivo –que no razón- es el temor a un horóscopo,
sospechosamente explicado por el mismo rey a su corte, según el cual el
príncipe heredero está destinado a convertirse en un tirano. El gran tema de
esta obra es la dialéctica entre la fatalidad -lo escrito en los cielos- y el
libre albedrío. El sueño parecido a la vigilia en Segismundo no es una fantasía
con vida propia, tal como en la escritura de Teresa Coraspe,
sino una simple añagaza para verificar hasta dónde puede verse confirmado el
presagio del horóscopo. Pero que no quepa ninguna duda: en Calderón el sueño es
el sueño, y la vida es la vida. En Coraspe el sueño
se sobrepone a la vida, la suplanta a ratos, al ritmo de los pasos de la
muerte.
Podría hablarse un
poco más acerca del significado del cabello
en Coraspe, pero dejémoslo a una interpretación
posterior. Creo que con lo dicho, el entramado de su poesía y las llaves para
interpretarla están allí, a la disposición del lector. Entre tanto digamos que
la Muerte es en Ramos Sucre, Cadenas y Coraspe una
brumosa constante; Satanás, en cambio, no impresiona mucho a los poetas de hoy.
Es demasiado cómico, aparte de ambiguo. Para empezar, cree en Dios y no solo
eso, lo respeta y está a su servicio, encargado por cierto de las tareas
desagradables. Ya incluso perdió uno de sus humanos
atractivos, bien captado por Goethe. Mefistófeles
está comprometido a hacer el mal, quién lo duda, pero por lo menos le atraía
molestar amablemente al Ser Supremo, si hemos de creerle a él mismo: me gusta ver de cuándo en cuando al Viejo,
dice después de haber debatido con la Divinidad sobre el destino de Fausto; siempre es grato reunirse con un tan gran
señor como él. Pero en fin, el Diablo no le dice nada a nuestros portaliras
en el descreído planeta del tercer milenio. Pero la Muerte y Dios sí. Coraspe y Alarcón son prueba de ello.
NOTAS
[1] Por gentileza de
Teresa Coraspe tengo algunos de sus poemas inéditos:
Son de mucha fuerza, excelentes imágenes y frases bien construidas. Y sobre
todo: están presentes los símbolos,
que son como ventanas para entrar en su morada
interior, valga esta reminiscencia de Santa Teresa de Jesús, otra estupenda
Teresa con varios puntos de contacto con la nuestra.
[2] T. Coraspe, Vuelvo con mis huesos, 2003.
[3] No un retroceso. Es una válida manera de usar el recurso
simbolista en el contexto de una obra lanzada a la arena de la lid.
[4] La verosimilitud es una de las reglas del clasicismo que se ha
aclimatado al mundo no ordenado en el
que vivimos. Nunca debemos olvidar que el clasicismo no equivale a la suma de
sus reglas, no seguidas fielmente ni en el siglo XVII, cenit de esta corriente
en Francia. Pero uno de sus representantes más notables, Moliere, se mofaba de
la excesiva racionalidad clásica. “Todo
nuestro razonamiento –decía- se
reduce a ceder ante el sentimiento.”
[5] Simone de Beauvoir
prefería hablar de Filosofías de la
existencia, y no de Existencialismo
[6] T. Coraspe, Bugs life (poema
32)
[7] T. Coraspe, Despedida.
[8] T. Coraspe, LOU (a José Luis,
hundido en la tierra)
Américo
Martín. Nace en Venezuela. Abogado de la
República, especialización en Derecho Minero y Derecho Administrativo en la
Universidad Central de Venezuela, Representante Universitario ante el Consejo
Universitario de