Letras Salvajes                     Número 7                                        2005

 

 

 

ÁLVARO MENÉN Desleal

 

 

 

EL FRÍO

 

         Ahora que se ha iniciado la Nueva Glaciación, es bueno que sepas lo que Claudio Eliano cuenta en sus “Historias Varias.”

 

         Es el caso que, después de una gran nevada, el rey de los escitas se asombró mucho un hombre completamente desnudo.

        

         —¡Cómo! ¿No sientes frío?—preguntó el rey, enfundado en sus pieles.

 

         —¿Sientes  tú frío en la cara?—replicó el hombre.

 

         —No.

 

         —Pues bien, yo soy todo cara.

 

 

 

PARÁBOLA DE LA PARÁBOLA

 

         Según   los Fieles del Zen, la Salida del Lucero Matutino dio la Iluminación de Buda.  De Venus fueron traídos también el Trigo y las Abejas.

        

         Los Magíster Nebulae suelen reunirse, cada cierto Tiempo, en un Lugar secreto de la Galaxia.  Allí pasan Revista a las Cosas y deciden la Creación o el Juicio Final de los Mundos.

 

         Ellos dispusieron en su más reciente Encuentro, que cierta Palabra, en cierto Planeta, ya debería ser Pronunciada. Pero esa Palabra sólo podrá ser pronunciada por cierta Persona.

 

         Y en su Espera estamos.

 

 

 

PRIMER ENCUENTRO

 

         No hubo explosión alguna.  Se encendieron, simplemente, los retrocohetes, y la nave se acercó a la superficie del planeta.  Se apagaron los retrocohetes y la nave, entre el polvo y los gases, con suavidad poderosa, se posó.

 

         Fue todo.

 

         Se sabía que vendrían.  Nadie había dicho cuándo; pero la visita de habitantes de otros mundos era inminente.  Así, pues, no fue para él una sorpresa total.  Es más: había sido entrenado, como todos, para recibirlos.  “Debemos estar preparados—le instruyeron el Comité Cívico—; un día de estos (mañana, hoy mismo…), pueden descender de sus naves. De lo que ocurra en los primeros minutos del encuentro dependerá la dirección de las futuras relaciones interespaciales  Y quizás nuestra supervivencia.  Por eso, cada uno de nosotros debe ser un embajador dotado del más fino tacto, de la más cortés diplomacia.”

 

         Por eso caminó sin titubear el medio kilómetro necesario para llegar hasta la nave. El polvo que los retrocohetes habían levantado le molestó un tanto; pero se acercó sin temor alguno, y sin temor alguno se dispuso a esperar la salida de los lejanos visitantes, preocupado únicamente por hacer de aquel primer encuentro un trance grato para dos planetas, un paso agradable y placentero.

 

         Al pie de la nave pasó un rato de espera, la vista fija en el metal dorado que el sol hacía destellar con reflejos que le herían los ojos; pero ni por eso parpadeó.

 

         Luego se abrió la escotilla, por la que se proyectó sin tardanza una estilizada escala de acceso.

 

         No se movió de su sitio, pues temía que cualquier movimiento, suyo por inocente que fuera, lo interpretaran los visitantes como un gesto hostil.  Hasta se alegró de no llevar sus armas consigo.

 

         Lentamente, oteando, comenzó a insinuarse, al fondo de la escotilla, una figura.

 

         Cuando la figura se acercó a la escala para bajar, la luz del sol le pegó de lleno.  Se hizo entonces evidente su horrorosa, su espantosa forma.

 

         Por eso, él no pudo reprimir un grito de terror.

 

         Con todo hizo un esfuerzo supremo y esperó, fijo en su sitio, el corazón al galope.

 

         La figura bajó hasta el pie de la nave, y se detuvo frente a él, a unos pasos de distancia.

 

         Pero él corrió entonces.  Corrió, corrió y corrió.  Corrió hasta avisar a todos, para que prepararan sus armas: no iban a dar la bienvenida a un ser con dos piernas, dos brazos, dos ojos, una cabeza, una boca…

 

 

 

MISIÓN CUMPLIDA

 

A Ray Bradbury, en Marte.

 

         Para inaugurar la Exposición Mundial de Seattle (cuyo montaje requirió cinco laboriosos años y ochenta millones de dólares), el presidente Kennedy, quien se hallaba en Palm Beach, oprimió un manipulador telegráfico de oro.  Esto activó una calculadora electrónica en Andover (Maine), la que a su vez enfocó un radiotelescopio sobre la remota estrellas Casiopea A, situada a 96 000 000 000 000 000 de kilómetros por segundo, 10 000 años atrás.

 

         Retransmitida a Seattle, la onda hizo funcionar ruidosas campanillas y encendió luces, lo que provocó aclamaciones en el público. Un hombre lanzó 2 000 globos inflados a helio, de un metro de diámetro, con letreros que decían “Seattle World’s Fair 1962” y “See You in Seattle.”  Los globos se elevaron graciosamente por sobre la ciudad desde las cercanías de la Aguja Espacial.  Fue así como se dio por iniciada la Exposición.

 

         10 000 años (terrestres) tardó la onda en recorrer el trayecto entre Casiopea A y la Tierra.  10 000 años (terrestres) después de ese día inaugural, cuando regresó la onda al equipo emisor de que había partido, un ingeniero se presentó a una oficina en Casiopea A.  El ingeniero dio tres respetuosos golpecitos a la puerta, entró al ser autorizado y cuadrándose frente a un escritorio de amplia cubierta en que naufragaban los papeles, dijo:

 

         —Misión cumplida, señor.

 

         El hombre tras del escritorio apenas levantó la vista de su periódico.  Tardó en hablar.

 

         —¿Qué misión?  ¿La de hoy por la mañana?—dijo por fin, reposadamente.

        

         —Sí, señor.  La de hoy por la mañana. 

 

         El hombre tras del escritorio pareció satisfecho.  Colocó el periódico sobre sus rodillas y preguntó de nuevo:

 

         —¿Sonaron las campanillas?

 

         —Sonaron, señor.  Y se soltaron los globos. 

 

         —¿Kennedy en Palm Beach… o como se llame?

 

         —Sí, señor.  Y la llave telegráfica de oro, como ordenó.

 

         —¿Aclamaciones?

 

         —Aclamaciones.

 

         —Bien.

 

         El hombre tras del escritorio levantó su periódico.  El ingeniero amagó un saludo, giró sobre sí mismo y tomó el picaporte.  El hombre tras del escritorio lo detuvo y con una deliciosa sonrisita pícara le preguntó si había llegado a la Feria la bailarina “Little Egypt,” especialista en la danza del vientre.  El ingeniero respondió, saludó otra vez y se marchó a su casa para comer en familia.  El hombre tras del escritorio volvió los ojos al periódico…  Pero hace ya tanto tiempo de todo esto que los Ancianos de Casiopea A apenas guardan la memoria de cuando lo oyeron narrar a sus abuelos.

 

 

 

EL ANIMAL MÁS RARO DE LA TIERRA

 

         Para terminar este Informe sobre nuestro primer viaje de estudios a la Tierra, tan felizmente culminado, quiero referirme, distinguidos colegas, a una de las criaturas más interesantes que nos fue dable observar.

        

         Se trata de un mamífero vertebrado que puebla el planeta en todas sus latitudes, instalado ya en cubiles toscos en la campiña, ya en los altos edificios de las ciudades en que se almacenan alimentos y agua y se utiliza energía eléctrica.  Pese a la persecución y a las depredaciones de otras especies animales, algunas físicamente superiores; pese a ser—excepción hecha de cierto otro mamífero vertebrado—el único animal que ataca y mata a sus semejantes; pese a los rigores ambientales, las hambrunas y las epidemias, la población aumenta.

 

         En nuestras excursiones por aquel globo achatado por los polos pudimos apreciar que el mamífero objeto de nuestra curiosidad no es sedentario.  Utiliza todo género de vehículos para viajar, desde burdos camiones de carga con motores movidos por combustibles líquidos de bajo octanaje, hasta buques transoceánicos de muchos miles de toneladas de desplazamiento; desde aviones de reacción hasta carretas elementales tiradas por cuadrúpedos.  Cubierto su menudo cuerpo con electrodos, ha salido de la atmósfera típica del planeta en cohetes y cápsulas espaciales.  Así como ha roto la barrera gravitacional con las primeras velocidades cósmicas, encontrándose al borde de los viajes interplanetarios, en igual forma se ha aventurado en las profundidades marinas, descendiendo en batiscafos a las hoyas abisales de sus mares hasta donde jamás penetra la luz solar.

 

         Por extraño que parezca, la especie posee variedades de distintas características, notables particularmente en lo que se refiere a la pigmentación de la piel, que varía desde el blanco rosáceo al negro lustroso.  Este simple hecho se encuentra asociado con frecuencia a las marcadas diferencias cualitativas de las esferas en que se desenvuelve su vida de relación.  Por ejemplo, existe una manifiesta inclinación a utilizar la raza blanca en las nobles labores científicas en tanto que el grueso de los individuos pertenecientes a las razas oscuras deben arrastrarse por el campo y por las ciénagas, por los rincones sucios y los tragantes de aguas negras, por las bodegas de los puertos y hasta por los retretes, en pos de su magra alimentación.

 

         Fue alentador verlo cerca de la biblioteca, en cuyos locales, públicos y privados, medra a toda hora rodeado de un silencio absoluto, verdadero homenaje a la cultura.  Consume preferentemente los viejos libros, los incunables; literalmente se nutre de la herencia dejada por las Civilizaciones Que Han Sido.

 

         Gracias al cine y a los libros pudimos descubrir algunas otras de sus costumbres: su sospechar de todo lo que lo rodea, su duro luchar por la supervivencia, su poca responsabilidad en la reproducción de la especie.  Cuando su hembra da a luz, ella amamanta por un corto período a la progenie, en tanto el macho deambula lejos de lo que debería de consistir su núcleo familiar.  La madre también abandona un día a la criatura.

 

         Mas no se crea por eso que tal animal actúa de acuerdo a un libre albedrío absoluto despreocupado de las medidas que se pueden tomar en contra de sus abusos.  Pudimos constatar que la sociedad se ha organizado para la persecución, la caza y la imposición de penas a los transgresores de las normas.  Se utilizan jaulas para el encierro de los delincuentes; y si éstos han cometido faltas más graves, se emplea un aparato en el que el animal puede perder la cabeza cercenada por los filos de las partes metálicas sujetas a gran velocidad y presión.

 

         Ese extraño animal que habita la Tierra desde los trópicos hasta los polos; que mora indiferentemente en los pantanos, en los desiertos, en las montañas, en el aire y en el mar, en las ciudades y las selvas, se llama rata.  

 

 

Álvaro Menén Desleal.  Nace en Santa Ana, El Salvador, en 1931.  Muere en San Salvador en 2000. Considerado el enfant terrible de la literatura salvadoreña.  Formó parte del Grupo Octubre y de la llamada Generación Comprometida, junto a figuras como Roque Dalton e Italo López Vallecillo. Fue periodista, poeta, dramaturgo, ensayista y, sobre todo, narrador. Incluso, fue boxeador de peso mosca a principios de la década de 1950. Fundó el primer noticiario televisivo en El Salvador en 1956.  Fue detenido por conspirar contra el régimen de su país y se exilio en varias ocasiones.  Fungió como agregado cultural de El Salvador en México, y fue director del Teatro Nacional.  Entre sus libros publicados se encuentran: La llave (cuentos, 1960), Cuentos breves y maravillosos (Premio Nacional de Cultura, 1963), Una cuerda de nylon y oro (cuentos, 1964), El extraño habitante (poesía, 1964), La ilustre familia androide (cuentos,1968), Hacer el amor en el refugio atómico (teatro, 1974), Revolución en el país que edificó un castillo de hadas (cuentos, Costa Rica, 1977) y El fútbol de los locos (1998). Sus obras póstumas son: Tres novelas breves y poco ejemplares y La bicicleta al pie de la muralla (teatro), ambas de 2000.  Dejó una extensa obra inédita, incluyendo la novela No digas amor ni ante un espejo.

 

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