Letras Salvajes                     Número 6                                        2004

 

 

 

LINa ZERóN

 

 

 

LA HORA INJUSTA

 

Estoy harta de no tener las respuestas a la mano,

no saber si el ave se posará en la misma la rama

o cuánto tiempo el árbol pueda sostener el nido

o si debo seguir esperando que a llames a mi puerta.

 

No puedo seguir acumulando tantos sueños

ni esperar a que se pose el ave en la rama

o pensar si es corpulento el árbol para el nido

o si te has olvidado del nido y la rama.

 

Es tiempo que mi lecho aprenda

que sólo será desdoblado de mi lado,

que el baño reconozca que hay una sola toalla,

que la cocina entienda que no habrá

más charlas con café y cigarrillos,

y mi cuerpo

que se acabó la hora justa para amarnos.

 

Necesario es que mi jardín acepte

y que el ave ha emigrado de la rama.

 

 

 

 

 

PORVENIR SOLITARIO

 

Otra vez domingo y nada pasa.

Eres bosque pereciendo bajo un sol violento

a la espera de un animal moribundo

para tener por lo menos a los buitres de visita.

 

Domingos depresivos,

un café con leche y dos tostadas,

Misa de doce,

de comida: lágrimas y uñas.

El televisor, un enjambre que zumba

y el teléfono sin dar señales de vida.

 

Los celos, él, tu puerta, cuelgan los domingos,

no hay nada que apuntale el amor ese día

sólo la cruel imagen de una esposa satisfecha

ante el halago del buen cuidado de la casa,

una pródiga comida de buen sazón,

y un esposo con los hijos en las rodillas.

 

¿Y tú?

Esperar a que muera el áspero domingo,

puedas sacudir del corazón el cascajo,

reavivar la luz marchita de los ojos

y olvidar que tu amante tiene una familia.

 

 

 

 

 

ETERNIDAD DE TU PRESENCIA

 

Hasta que la muerte nos separe ¿recuerdas?

Y cómo sonaba el eco de tus palabras en mis oídos…

¡Nunca nos separaremos!

 

Escucha...

Te amo, te amo amor mío…

Todavía palpita la desesperanza de tu voz en mi piel.

“Construiré un océano de amor y recuerdos compartidos

donde la sal del mar deje su huella sobre nuestros cuerpos”.

 

Y en las noches te hablaré en silencio

y formaré contra el olvido una muralla cristalina

donde se pierdan todos los caminos

y tu alma quede grabada en cada cosa

y tu corazón junto al mío arda.

 

¡Cuántas promesas viviendo en nuestra piel

su esplendor de un momento!

Que nuestros cuerpos encontraran

un nombre infinito.

 

¿Mas si se perdiera la magia?

¿Si el amor no germinara en tus ojos

por el miedo de una pasión inútil?

¿Si las palabras dichas fueran nada más

que un silencio entre dos olas?

 

Cuando recuerdo todas esas noches

con la máscara del reflejo que no vive ni muere…

Añoro nuestras horas

y surge la esperanza de ser una contigo

en la dulce eternidad de tu presencia.

 

 

 

 

 

PORVENIR DESESPERADO

 

Maldigo a todos aquellos que mintieron:

las líneas de la mano,

el Tarot y las gitanas,

los médicos y el ultrasonido,

pero Dios mintió igual que ellos:

No todos nacen a su imagen y semejanza.

 

Como ala de mariposa tus débiles piernas son,

tus brazos cuelgan cual hilos de araña,

tu cuello se mece como flor caída del tallo,

el dolor satura tu cuerpo de afiladas agujas.

 

Lo siento querido mío,

pero te aguarda un porvenir desesperado

toma mi mano y enfrentemos los hechos;

del destino no podemos anhelar más nada.

 

 ¿Servirá de algo pedirte perdón

por venir al mundo sin preguntarte?”

 

 

 

 

 

GRACIAS

 

A Guadalupe Palacios

 

A tu lado,

a tu costado permanecí una inmensa noche

pegada a tu frío cuerpo,

derramando lágrimas sobre tu pecho

mientras los otros rezaban.

 

Interminables horas tus quijadas acartonadas sostuve

hasta lograr unirlas.

 

Fue mas sencillo cerrar tus ancianos ojos

años que permanecían entre tinieblas.

 

Todo esa noche con todo su día no fue nada

comparado con lo que tú hiciste.

 

A veces la vida es absurda, lo sé.

a los 64 nuevamente te convirtió en madre

y mi madre se volvió padre

y mi padre cenizas

y nosotros cuatro capullos de indefensas rosas

y cuatro infancias con distintos recuerdos,

a veces absurdos también, lo sé.

 

No tengo nada que perdonar,

reprochar

juzgar,

o dialogar con psiquiatras;

tu me enseñaste a sacar las manos de los bolsillos

si quería trepar la montaña.

 

¿Qué hubo maltratos?

También ratos buenos hubo

y desayunos a tiempo

y comidas calientes

y botones bien pegados

y cuidados de enfermera

y regaños de madre.

 

Hoy no me quejo de nada,

florecí como brava ola en medio de huracanes

gracias a tu educación miliciana.

 

 

Gracias desde este punto de luz donde me encuentro,

porque cada muestra de carácter mío

es una huella en mi vida dejada a tu paso.

 

Me enseñaste la fertilidad de llegar a tiempo,

con trabajo a combatir la nostalgia,

a cruzar el Niágara en bicicleta con tal de llegar al otro lado

y cuando me atemorizaron los filosos colmillos del futuro

vociferaste prolongadas razones de existencia.

 

No sé si hubo mas hiel que miel sobre hojuelas

pero no todos los destinos están bordados con hilo de oro

y el nuestro había que enfrentarlo con bríos.

 

Gracias donde quiera que estés,

gracias por las sombras en los muros cuando la luz se iba,

por las uñas sin tierra,

el baño de los sábados,

la curación de las heridas,

los sabios consejos

los albures y el doble sentido.

 

Gracias, Abuela, por haber sido mi madre

cuando mi madre tuvo que ser mi padre

y mi padre se volvió cenizas.

 

 

 

 

 

RECURRENTE SUEÑO

 

Eres recurrente sueño de un recuerdo mal habido

que a menudo me despierta

ante la tensión de un fuerte abrazo

o con el perfil de un desconocido.

 

No recuerdo si tomabas ron o cerveza

si te creías Dios, Marx o nadie,

si criabas gallos para despertarnos de mañana

o para ser despedazados en palenques.

 

No tengo memoria del color de tus ojos

ni reconozco tu rostro en los retratos,

ni el bramido de tu risa -según mi abuela-,

ni la aspereza de tu voz ante el regaño.

 

No sé ni cómo te alojas en mi memoria

 ni por qué invades mis vacaciones de verano

(¿alguna vez jugamos barquitos en la fuente

o sobre un piso de linóleo blanco?)

 

¿Qué hiciste de mi infancia?

Advertencia de un precoz despertar

donde la mejor oferta sobre la mesa

era una ánfora con restos de alcohol.

 

Lo siento,

pero tengo extraviada tu presencia

y puedo blasfemar ante tu memoria

si continúo preguntando a tu retrato

¿por qué no recuerdo nada de ti,

salvo lo que mi madre me ha contado?

 

 

 

 

 

YOLANDA

 

Unidos por un férreo cordón crecimos

al amparo de tu guarida tibia

mientras tejías sueños

y bordabas futuros.

 

Nos arropaste con sábanas de ternura

y viste brotar el primer diente

y el caminar a tumbos

de tus hijos.

 

La viudez inesperada te exilió en el trabajo

y en Mujer luna te convertiste

con jornadas de 18 horas,

mas los sábados y domingos

fueron todos de lunas llenas

donde convergían un parque y un balneario,

un cine, tus abrazos y tu risa.

 

Secabas lágrimas

de luna sabatina a luna dominguera.

Y escuchabas relatos escolares,

firmabas boletas, nos hacías cosquillas.

Lloramos con el Principito

y a Pecos Bill jugamos.

 

Para aplacar el ocio

En vacaciones de verano

disfrazamos los muros

de rojo y blanco

y más tarde agregamos azules marcos

para hacerlos más amables.

 

Y nos llegó la adolescencia

y narcisos rojos a tu vida

y unos brazos distintos a los nuestros

sujetaron tu cintura,

y cada uno tomó su rumbo.

 

Hoy cada uno de nosotros

en su quehacer y su casa

recordamos qué duros

y largos fueron aquellos días

de labranza y cosecha;

cuánta memoria de aquello,

cuánto esfuerzo y cuánto amor

nos ha unido.

 

Gracias, Yolanda,

por haber sido madre y amiga.

 

 

 

 

 

MI PALABRA

 

Creo en Tonacatecuhtli padre de todos los dioses,

de Quetzalcóatl y Huitzilopochtli

que hicieron el fuego

y medio sol para que tan grande astro

deslumbrarnos no pudiera.

 

A ellos que hicieron a Uxumuco, y a Cipastonal;

dualidad para  labrar la tierra primigenia tierra él

y ella para tejer e hilar nuestro destino.

 

Creo en los macehuales nacidos de ellos,

cultivaron el maíz los hombres

para donarlo a las mujeres

y hechiceras fueran

y sanar pudieran

y adivinar nuestro incierto futuro

partido en dieciocho meses de veinte días.

 

Creo en Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl,

marido y mujer,

de los avernos dioses,

dualidad que equilibró el universo azteca.

 

Creo en Cipactly,

caimán de donde extrajeron la tierra.

Mitos y poesía están de testigos

de la dualidad como principio esencial

de nuestro mundo mexica.

 

A los dioses que tejieron mis raíces en el agua,

que agricultores de mi origen fueron

al maíz que alimentó la primera raza,

con ellos tengo comprometida mi palabra.

 

 

 

 

 

CLAROSOCURO SILENCIO

 

La luna cae sobre el blanco carcomido de sus alas,

la luz solar enciende la dura sombra en las tinieblas,

enormes aves como laderas de muralla,

hacia la desnuda infinitud segura me conducen.


Me arrulla el vaivén de los aires que los mece,

arrebatada me siento en las alturas
y un trozo de vida dejo en cada vuelo
guarnecida entre choque de soles y lunas.

 

Entre pasillos y diminutas ventanas,

entre alcoholes, libros o charlas
unos esconden y cultivan su tristeza

otros arrobados se miran en vecinos ojos

algunos viajan hacia inciertos exilios.

 

Yo no sufro taquicardias ni nauseas.

 

Amo estas viriles águilas 

que me llevan por el rojo-violeta de los cielos,

por encima de los mares verde-azules,

desvelada entre claroscuro silencios,
hasta el destino ignoto que siempre me aguarda.

 

 

Lina Zerón.  Nace en 1959. Ha publicado siete libros de poesía y dos novelas. Algunos de sus poemarios son Moradas Mariposas (UNEAC, La Habana, 2002), Vino rojo (UNEAC, La Habana, 2003) y Un cielo crece en el fondo de tus ojos (versión bilingüe, francés-español; Editorial La Barbacane, Lyon, Francia,  2004).  Su poesía ha sido traducida a varios idiomas e incluida en antologías en diversos países. Ha obtenido premios a nivel internacional como el 2do. lugar de Cuidad Melilla España en 2002, Ciudad de Barcelona en 2003. Fue Coordinadora del comité organizador del Encuentro de Mujeres Poetas durante 4 años y actualmente del comité organizador del Festival Internacional de Poesía de La Habana Cuba.  Fue galardonada como “La mujer del año 2002” por su labor cultural y trayectoria poética en su ciudad, Tlalnepantla, Estado de México. Lina Zerón es actualmente periodista cultural de los diarios El Financiero, el Excelsior  y la Jornada de México.

 

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