Letras
Salvajes Número 6 2004
Graciela wencelblat
EN BLANCO
Los que me habitan
me siguen.
Murmuran en mi boca
en mis oídos
saltan sobre lo más hondo.
Algo saben de mí que desconozco.
A veces tropiezo y caigo.
De un sillón a otro
de una casa a otra,
de un país a otro.
No sé si ir hacia atrás
o hacia adelante.
Hasta ser un espacio en blanco.
s/título
Adicción a la vida,
aventura
que oprime
desgarra
persigue.
no quiere oír
no quiere ver
no quiere.
Pero sigue aferrada
día tras día
como una perra en celo.
PUNTO DE QUIETUD
Hay dentro de mí
muy adentro
un punto de quietud.
En el extremo del ojo
izquierdo
tiembla una lágrima.
Es una gota de vida
donde se encierra el mundo.
ALGO QUE HACER CON LA POESÍA
Abrazar la poesía
crearle una vivienda
fuera de uno,
con espejos
un reloj que no dé las horas
para no abrir el silencio.
Hablarle con gestos infinitos
no hacerle reproches
practicarla con o sin estilo.
En una tarde cualquiera
llevarla a beber el viento.
Al alba mostrarle
la pulpa del mundo.
Entonces
preguntarle
¿que piensas?
EN LOS DECLIVES DEL VIENTO
Entro a tus brazos
como quien entra a una fiesta.
Mi cuerpo habla
no es mucho lo que te pide:
toma el corazón que está frío
transforma la piedra en la que está encerrado.
Entre los dos :
tejamos la red
busquemos madera
que brote el fuego.
en los declives del viento.
DESPEDIDA
Qué frío
tanto cristal
poca madera
frío
porque el dolor
que cargan nuestras
manos
es despedida.
Podrán abrirse ventanales
con sonrisas de agua
parecer este abrazo amor
de
enredadera.
Es sólo soledad en el viento
el corazón de la guitarra
que gime.
DESPEDIDAS 2
Entre dos silencios
llega la noche
camina por la espalda del invierno
que insiste en quedarse.
Amordaza la mirada
y se arrugan los bordes
del deseo.
Es tanta la oscuridad que
la mujer se viste de rojo
de destello.
En la puerta del laberinto
la ceguera de la noche
vuelca despedidas.
TODA COSECHA
Sostengo el poema
con manos de ausencia
el vaivén del silencio se desliza
rompiendo toda regla.
Cualquier color
aroma de tierras extrañas
un grito en la noche
hondo tajo en el día.
Que sea el poema un atardecer
de uva
el ojo ajeno, los ojos de mi locura
que penetran el beso.
Café con leche y después
que se anuncie el deseo.
Que el poema se atreva
a ser mi
amante
lengua que atraviesa mi cuerpo
el verbo en acción
que se abra en las noches.
Que absorva de
esta mujer
toda la cosecha.
Graciela
Wencelblat. Nace en Argentina. Ha publicado El camino (1980), Por
Disimular que estoy flotando (1989), La que dibuja los bordes de los cuerpos
(1994), Pasaje del Signo (1998) y Travesía del desierto (2002). Su poesía ha
sido incluida en las siguientes antologías: Poesía Argentina de Fin de Siglo
(1997), Letras de la Conjura (2002), Círculo de poesía (2003), Itinerario
(2003), Elegidos 2003 (2003), Poesía y Narrativa–
Primeros Premios (2003), Círculo de Poesía 4 (2004) y Poesía Argentina
Contemporánea. Editorial Fundación Argentina para la Poesía, Tomo I, Parte
Decimocuarta (2004). Ha participado en
festivales de poesía y numerosos foros de Internet en distintas partes del
mundo. Graciela Wencelblat
ha recibido el Primer premio en el año 2003, editorial Aries, Instituto
Cultural Latinoamericano. Su página web es http://ar.geocities.com/ondina33/.