Letras
Salvajes Número 6 2004
EDGARD SIMÓN RoDrÍGUEZ
POEMA DEL DESTIERRO
Antes de que la luna
salga en la mañana,
se quemen los imperios,
y fallezca la humanidad bajo las
rocas,
olerás el perfume del estío.
En la cima de la montaña viven los ermitaños.
El más joven de
ellos,
de cabello negro,
dice continuamente:
“Dios ¿Dónde está tu
poder?
¿Dónde tu
magnificencia, arquitecto de los siglos?.
Desviando sus
sentidos,
los hombres consiguen la felicidad en
ti”.
Sol.
Cruz.
Sangre.
Escudo.
Sonidos.
Vehemencia y
demencia.
Postrado en una cama
de sábanas blancas,
de nostalgia febril,
yace mi espíritu con luces de muerte
que rasgan.
Dilucida su
naturaleza,
contando las horas que le quedan en el
mundo.
Trompetas
agonizantes.
Me pierdo en la
claridad de las sábanas,
añorando a muertos vivos y a vivos
muertos...no los veré más.
Veo entrar a un niño,
de sandalias descalzas y ojos de
sabiduría,
con un gesto suave me entrega un
pañuelito.
Deseo abrazarlo, y no
puedo,
porque se va como sueño de infancia que se
disipa.
Dios melancólico,
sube como incienso lacrimoso
desde el altar,
hasta el pináculo de la gloria;
mas allá de las estrellas y la
realidad.
Demencia, vehemencia, sonidos,
escudo, sangre, sol, cruz...
éste es el poema de mi destierro.
FENECEN CINÉTICAMENTE
Veo en el horizonte
los momentos de mi vida,
que fenecen cinéticamente
con el naciente y el poniente,
en medio de lunas llenas.
Viajo en carroza
manejada por el destino,
de caballos eternos,
con ventanas de historia que cierran y
abren nuevamente,
mientras vientres esperan a otros para
fecundar.
Ya puedo ver un nuevo
mundo,
ya lo puedo ver...
está
papá con su guitarra,
tocando los rascacielos de la paz,
y su voz entonando mi nombre:
Simón ...
Simón ... Simón...
Mi conciencia se
dilata
con poder de abstracción,
como cantan las palomas negras
tras los bastidores de hierro.
Los dioses me
susurran,
mientras acaricias mi cuerpo
con tus cabellos de miel.
Miradas
antropomórficas,
se cierran y se abren,
fenecen cinéticamente,
saltan las palomas,
se dilatan...
fecundan...
me susurran...
ALGODONES DE CIELO
NEGRO
Tras unos años:
niño de
juguete,
adolescente de música,
adulto nihilista y poeta...así soy.
Con animales de
fieltro
pegados a la pared,
no existen sino duermen.
Pegados están,
algodones de inocencia a mi corazón;
junto con un crucifijo en mi pecho...es
sangre que brota.
Hecha con pedazos de
luna,
¡ Cómo te acaricio con mi mirada
nocturna!
mientras te acuestas sobre el mar,
los poros y la arena... mis manos y tu
piel.
Es el sonido del
piano afilado,
con escarchas de cielo negro
y nubes lejanas,
pasajeras como el olvido.
Retazos de mis
pensamientos de algodón,
puedo sentir la majestad de la música,
y mi caminar sobre los tejados de
sexo.
Puedo tocar los
huesos quebrados del tiempo,
tocando las esferas y sus muertes de
papel;
son papeles que se comen.
Después de estos
sonidos, quedan:
tu cabello negro y tu sonrisa que
empalaga,
¡ Cómo te acaricio con mi mirada
nocturna!
en medio de lunas llenas.
ESPERANDO EL AMANECER
SOSEGADO
Salen en la noche
solamente,
en su mundo silencioso, ocioso y
perverso,
tiernos y macabros,
nocturnos amantes de la luna,
impresos en los espejos del pasillo,
desnudos en las salas antiguas
festejan lo irrenunciable.
Bajo una luz tenue se
dispersan...
los carros son ráfagas en la noche
como estrellas fugaces.
El televisor inmóvil,
ediciones de media noche,
con imágenes viejas.
Cantan los
grillos...no se ven niños en el callejón.
Envuelta mi silueta
en eléctrica luz
y pulso trasnochado,
los niños esperando de nuevo jugar,
...corren y se caen.
El día pasa
y se acerca la noche,
esperando el amanecer sosegado.
DELIRIO PRIMERO
El pasado parece un
baúl de mágicos cuentos.
Sobre todo ese pasado
de la infancia,
donde el tiempo parece haber
transcurrido
sobre una nube blanca y divertida,
¿Dónde está?
Parecen ser fotos de
una colección... antigua galería de cine.
DELIRIO SEGUNDO
La luz: extraña
esperanza que busca mi alma,
aparece cuando con grito de guerra
me niego a sucumbir a toda soledad
indigna.
Empiezo cada día ya
sin mortificar mi intelecto
en la naturaleza de las cosas
divinas.
Mas, mis demonios internos no dejan de
hacerme guerra.
Pareciese que en
parte,
las mujeres encontrasen
en ese torbellino mío,
un foco seductor.
Mientras... yo aún
espero la liberación. Amén.
DELIRIO TERCERO
Desplegó mi mano un
rotundo golpe de guitarra,
la cual no enmudeció por dolor
cosa natural en ella;
sino que exhaló complacida
un Mi menor majestuoso,
cual augusta presencia
de un oráculo de Delfos.
Se prolongó el sonido
hasta alcanzar el espíritu de épocas
futuras.
Y como boomerang
regresó amenazante con aquella carga,
hasta recobrar un asilo en el silencio de
mi diálogo interior.
Abracé inconsciente
toda esa tempestad
y quedé dormido bajo su hechizo.
Aún espero irme a un
plano más trascendental.
Algún día habré
traspasado las barreras del intelecto
y Dios y su moral
dejarán de hacerme inhumano conmigo mismo.
EN EL CONSEJO
Puedo hablar ahora
de la poesía en la música de Chopin...
¡Qué nostalgia!
Pequeño sobre un
caballo
En un campo
acariciado por el viento
Veinte años atrás.
Cabalgando con mi
abuelo
en una antigua hacienda,
Caminos y veredas...
¡Cada cosa en el camino
tiene o esconde su magia!
¡El polvo sustenta un
aroma!
Caminos y veredas
de historietas hechas.
Pistola,
Sombrero,
Mano,
Inspiración,
Herida,
Juegos,
Sueños,
y la despedida...
El
Che
Pronunciando la
muerte con cada uno de mis pasos,
Dejé mi alma
desgarrada entre el Congo y la sierra boliviana...
Tras la traición de
un amigo
y el hedor del heroico mausoleo de
mi finalizada existencia,
consagrada románticamente
por los pueblos
oprimidos de Latinoamérica,
trasnochó mi rostro en medio de un delirio
esquizofrénico.
Tras la tristeza en
la cual mi vida se había trocado,
con susurro de rock despejó mis lágrimas
y me fumé un puro para pensar...
irónicamente era el último
pues un agente de la C.I.A me lo confirmó
con un disparo en el pecho...
Ahora no sé si estoy
vivo o muerto...
El Che Guevara.
Edgard
Simón Rodríguez. Nace en
Caracas, Venezuela, en 1980. Actualmente cursa Derecho en la Facultad de Ciencias
Jurídicas y Políticas de la Universidad Central de Venezuela. En el año 1999 cursó el Primer Semestre de
Filosofía como Seminarista, con los Agustinos Recoletos, en el Instituto
Universitario Eclesiástico Santo Tomas de Aquino del Estado Táchira, Venezuela,
lo cual se percibe en su trabajo poético.
Escribe poesía desde temprana edad.