Letras
Salvajes Número 6 2004
DAYANA ALASTRE
El silencio
oculta las fronteras
que advierten
la tormenta de tus ojos
La voz de tus manos
desdobla un siglo
invoca
la certidumbre
exime trayectos
el vuelo que inicias
Un tajo del cosmos
se desliga de la urbe
al reverso
las paredes mitigan su desgaste
con atuendos de mujer
consumo las horas
el grito de tus sienes
que rastrilla en los cuencos de
nuestras manos
desde la ventana
el ascenso del tejido colma el aire
inflama la tarde
Detrás de mis ojos
confieso la piel que sujeta el desapego
libérame del naufragio
de sortear la distancia
menguar los disturbios
alcanzo a saberte prócer de otros
límites
desde esa comarca
no existen espacios que alienten tu
hombría
detrás de tus ojos
escuchas la probidad
las letras y procederes
que se extienden
en los espejos
Recibo tus ropas
en la paciencia de la tarde
lejos están las voces
de las aulas
las miradas que se hinchan de celos
el entumecimiento
de la piel en reposo
guárdate en las paredes
y llámame
de nuevo
a través de tu ventana
Aguardo tu carencia
olor a pasado
el desorden de nuestros pactos
al irrumpir en orillas distintas
¿Por qué no estas
bajo mi voz?
espero que tus manos
calcinen las dudas
rastrillen las caídas
devoren el tiempo
permíteme ser débil
aún espero la mariposa
que besa los lunares
las sábanas donde adivino el estruendo
Bajo el silencio
de mis lunares
en la súplica que te devuelve
sin edad
sin tiempo
sin dolor
donde se detiene la promesa
de tu aroma
ocupas los segundos
que respiran mi urgencia
protégeme como la tierra
a sus cenizas
entrégame la paz
de tu regreso
el desajuste de tu frente
de las palabras
que me golpean
La rudeza en las
piedras
canta una historia
espiro la quietud de los balcones
imágenes en la pared
en el paisaje
insisten en perpetuarse
la brisa de tus noches
persiste en la memoria
Hacemos poemas a
muchas manos
a muchas voces
el mejor fragmento quedará en la
historia
el sonido de la edad
nos recuerda que somos
atavíos en desgaste
Las hojas se
extienden en el cielo de nuestra espera
confieren
el siglo
a un reloj de arena
que entona la bienvenida
Conjuro tu venida
a la cita que pacté con mis secretos
descubro cada minuto del tiempo
las voces en penitencia
existe un convenio entre el infinito y
sus hijos
la noche suspende el miedo
y los recuerdos
Cada lágrima que
tracé en sus huellas
devolvía a su mirada un quejido
manos y piernas
no llegan más lejos que su edad
el silencio confunde
mi ronda a sus madrugadas
desprovista de señales
difiero mis motivos
en tanta abundancia
Las manos
son incapaces de abdicar
el sudor que alimenta
cada surco
cada pecado
que ocultas en ellas
¿De dónde tanto
poder?
¿Quién coordina tu
demencia?
Me deshago
de cuanto me descose
para estar ante ti
librada de contornos
y huellas
desde el final
Asedias y susurras en
mi revés
la respiración se atiza
vuelas a mi talle
descubres una bienvenida
en tu ronda hacia mis piernas
visitas mi humedad
celebras
mi estrechez
sujeté mi deseo en la almohada
el descanso en la flor
Las tertulias
extienden el crepúsculo
brindis por la piel ajada
Cuántas mañanas
emergieron
y ahora
se desglosan en afectos
en la textura de la sonrisa
Mis manos te repiten
en el ritual de beberme
Me encierro en tus
ojos
sábanas de promesas
te sigo más cabal que tu sombra
Dayana
Alastre. Nace en
Valencia, Venezuela, en 1974. Ha formado
parte de los Talleres de Poesía y Narrativa de la Dirección de Cultura de la
Universidad de Carabobo. Ha publicado poemas y artículos científicos en diarios
y revistas regionales. Próximamente
publicará el poemario Provincias desnudas.