Letras Salvajes Número
6 2004
JORGE David
capiello
Altazor: el Simurg de Huidobro y Huidobro. (Apuntes
sobre el sujeto empírico y el sujeto lírico en Altazor)
Aquí yace Altazor azor fulminado por la altura.
Aquí yace Vicente antipoeta
y mago.
Altazor-Vicente Huidobro
I. Formas de escuchar
Al
hacer un acercamiento al poema Altazor de Vicente Huidobro el
lector encontrará en él a uno de los poemas más complejos de los que allá enfrentado
antes. La mayor dificultad que encuentra el lector al momento de enfrentarse al
mismo se debe en gran medida, sino por completo, a la nada enriquecedora (en
cuanto a la factura de la obra) y mal habituada práctica de querer enmarcar un
análisis del texto dentro de un marco referencial estrictamente autobiográfico.
Y esto desde la aun peor costumbre de concebir los aspectos biográficos del
sujeto empírico como una unidad coherente, consecuente, ordenada e inseparable
de un sujeto lírico (lyrisches Ich), que no siempre responde a las dinámicas de
organicidad del sujeto empírico, pero que no necesariamente tiene que estar del
todo escindida del último. Respecto a esto comenta Dominique
Combe lo siguiente:
La génesis del concepto de sujeto
lírico es [...] inseparable de la cuestión de las relaciones entre la
literatura y la biografía y del problema de la referencialidad
de la obra literaria. Pero, si reflexionamos sobre las implicaciones de esta
hipótesis, se diría que el sujeto lírico no se opone tanto al sujeto empírico,
real –a la persona del autor–, por definición exterior a la literatura y al
lenguaje, como al sujeto autobiográfico, que es la expresión literaria de ese
sujeto empírico. El poeta lírico no se opone tanto al autor como el autobiográfico
como sujeto de la enunciación y del enunciado (1).
Una pregunta que debería aparecer en
perspectiva sobre el sujeto lírico, una vez expuesto lo anterior a la cita,
sería la de qué tan separables deben o pueden aparecer aspectos como el deseo,
las carencias y las proyecciones a un futuro deseable, de la identificación
entre el sujeto empírico y el sujeto lírico. Pues si bien en el discurso del
sujeto lírico pueden aparecer estas manifestaciones del yo no necesaria
y unívocamente el sujeto empírico tiene que dar signos empíricamente constatables de los mismos, lo que a su vez tampoco implica
que dichas manifestaciones no sean el producto de unas experiencias dentro del
mundo empírico. Por tanto el panorama se vuelve lo suficientemente complejo
como para hacer un acercamiento tan plagado de omisiones y/o insuficiencias
como uno estrictamente empírico-biografista.
Altazor es uno de esos casos complejos y por si fuera
poco a esto habría que añadir el hecho de que el texto es el producto de un
largo e interrumpido proceso de creación.
El
problema [...] es que Altazor [...] fue un proyecto
de larga duración y discontinuo desarrollo, no redactado en un impulso lírico
singular, sino más bien armado tras varias y sucesivas epifanías (2).
Entonces, cómo pretender una valoración
de la factura del texto como valor cultural a partir de un análisis biografista si primero el texto, por contrario a la vida
del autor, es uno interrumpido en su proceso creativo y segundo, cuando el
texto ya de por sí muestra una complejidad ante la cual se encontrarían una
serie de insuficiencias para atender sus particularidades que como dice Combe,
con referencia a la discusión sobre el concepto del sujeto lírico, llegan al
punto de “una diferencia de grado y no de naturaleza.” (3). Se entiende la importancia de gestos de
todo tipo al momento y tentativa de acercarse valorativamente ante las múltiples riquezas de un texto. Pero
a la vez, en reconocimiento de las insuficiencias que por el momento se pudieran
encontrar, se intenta en este trabajo un acercamiento a las dinámicas que se
desprenden estrictamente del sujeto lírico apartándose el análisis que aquí se
pretende de las instancias que pudiera compartir el sujeto lírico con el sujeto
empírico y la referencialidad que el texto guarde con
éste. Por el contrario hay una referencialidad a la
que se quiere atender. Y ésta es la que guarda el texto con una tradición
literaria que muestre dinámicas operacionales similares tocante al
desdoblamiento del ‘yo’ y las particularidades que hacen de este texto
uno de peculiar importancia.
II. En busca de una tonada
Tan pronto como en su título el texto
se hace particular. Él mismo lee Altazor como producto de la unión de dos palabras “alta” y
“azor”. Ya desde entonces la palabra tomará un lugar de preponderancia más por
su manejo y plástica que como medio estrictamente diciente a la usanza
filológica, lo que de todas maneras hace diciente la palabra en un sentido más
amplio. Por otra parte en cuanto a lo estrictamente diciente esta composición
lleva la carga semántica de una noción espacial y la de un ave; el azor. Y
también desde entonces se nota la presencia marcada de un sinnúmero de pájaros:
azor, palomas, gaviotas, golondrinas, ruiseñor, etc. Es principalmente el Canto
IV donde más se acentúa esta presencia. El primer pájaro en aparecer en
este canto será el ruiseñor.
Sabes que tu mirada forma el nudo de las estrellas
Y el nudo del canto que saldrá del pecho
Tu mirada que lleva la palabra al corazón
Y a la boca embrujada del ruiseñor (4).
Otras
figuras que aparecerán en adición a los pájaros serán: la de una serie de
personas que se mencionan sin mayor importancia (a efectos de lo que aquí se
pretende) que el juego de palabras de donde se forman sus nombres, la de Altazor, la de Vicente y la extraña figura de
un “vizir con lenguaje de pájaro” (5). Sabemos que Vicente es el nombre del
autor del poema objeto de análisis. El
poema dirá: “Aquí yace Vicente antipoeta y mago”
(6). De Altazor el poema dirá en su Prefacio:
“Ah, ah, soy Altazor, el gran poeta” (7) y más
adelante en el Canto I “Soy yo Altazor el doble de
mí mismo / El que se mira obrar y se ríe del otro frente a frente” (8). Más adelante también en el Canto I dirá:
Soy el ángel salvaje que cayó una mañana
En vuestras plantaciones de preceptos.
Poeta
Antipoeta (9).
A
este punto el poema comienza a darnos «claves» sobre las voces que en él
toman parte. Si Altazor es el gran poeta y
Vicente es antipoeta, pero ya en el Canto
I Altazor decía ser Poeta y Antipoeta; es decir: Altazor-Vicente,
entonces el lector está frente al desdoblamiento de un yo en la voz de Altazor. Por eso dirá: “Soy yo Altazor
el doble de mí mismo / El que se mira obrar y se ríe del otro frente a frente.”
Ahora bien, ¿quién es el misterioso vizir
con lenguaje de pájaro?
Dentro
de la tradición Coránica es a David a quien se le da el don del lenguaje de los
pájaros. No en vano por antonomasia se le conoce como el salmista. Esto
hace sentido pues al buscarse la definición de vizir
(escrito con ‘z’ en el poema) se encontrará que este título es distintivo
de un segundo al mando. El vizir es quien está
al poder luego del sultán quien tiene las funciones de emperador en el
mundo árabe. Allah sería la máxima figura y
David como rey bajo la voluntad de Allah sería
el“vizir con lenguaje de pájaro”.
Le sometimos los pájaros que a su alrededor se
congregaban. Todos a él volvían con frecuencia (11).
Así
quedan los pájaros sometidos bajo palabra y corona del rey David quien a su vez
queda como rey de los judíos y de los pájaros dominando ambas lenguas. Esto
hace recordar el hermoso símbolo del Simurg de
la tradición literaria musulmana donde se alude al misterio de la experiencia
unitiva tan presente en la poesía mística de los sufíes.
Fue
el poeta persa ‘Attār quien acuñó en el siglo XII el símbolo de esta
enigmática ave mística en su Conferencia
de los pájaros. La leyenda nos cuenta cómo cientos de pájaros de
brillantes plumajes deciden ir en busca de su Simurg
o Pájaro Rey. Atraviesan geografías escarpadas y mares traicioneros a lo largo
de miles de años de vuelo penosísimo, hasta que quedan reducidos a treinta
aves. Al fin los treinta pájaros maltrechos logran acceso a la antesala del
palacio del Simurg. Y, en el instante mismo en que se
va a producir por fin el encuentro prodigioso, descubren la maravilla: ellos
mismos eran el Simurg que con tanta pasión habían
buscado: en persa, Simurg significa «Pájaro-Rey»,
pero también significa «treinta pájaros» (12).
III. Altazor: El «Alto-Azor», pero también «las siete azoras»
Volviendo
a las contemplaciones hechas sobre el concepto de sujeto lírico, al comentar sobre
la obra de Oscar Walser, encontramos que en el texto
de Dominique Combe aparece el termino Entichung, es decir: «desegotización». Este concepto en el que se alude a la
disolución del ‘yo’ no es realmente algo tan reciente como
podríamos pensar a raíz de la lectura de Combe. En la tradición mística sufí Ibn al-‘Arabī sugería a partir de su obra Las contemplaciones de los misterios
que una serie de movimientos del qalb, que
incluso podían ser equivalente a su contrario, en el momento de la experiencia
mística preparan al sujeto para lo que se denomina como la fanā’ o
aniquilación de su ego (13). Más
interesante es que cuando se va al significado del término qalb
encontramos que además de su significado primario este tiene otros de
manera simultanea.
Además
de su sentido primario de «corazón», emparenta los
significados simultáneos de «centro», «alma», «espíritu», «cambio perpetuo»,
«volverse», «cambiar», «alterarse», «transformarse», «convertirse»,
«transmutarse», «in-vertirse», «revertirse», y «ser reversible», entre otros sentidos
(14).
A
esto añade Luce López-Baralt que:
Sólo
en el contexto de un qalb proteico y con capacidad de
movimientos invertidos se nos suaviza el desconcierto de estos desplazamientos
contradictorios que también supieron explotar los sufíes en su propio caso
(15).
Es
ahí donde Huidobro encuentra el modelo perfecto para
lograr su poema. Huidobro el poeta tiene que
encontrar el qalb que sirva de estadio
con la suficiente ductilidad como para que se puedan dar toda suerte de
movimientos incluyendo los consistentes, los inconsistentes, los de la
pluralidad a la unicidad, los de la unicidad a la pluralidad, los unívocos, los
univalentes, los plurisémicos, los metafóricos, los
meto-nímicos, los musicales y la poesía en cuanto a
musicalidad y dichtung, etc. Y que
mejor estadio para lograr el qalb huidobroniano que la palabra. Ya se comentaba en el
apartado anterior que la palabra tomará un lugar de preponderancia más por su
manejo y plástica (incluso a nivel fonal) que como
medio estrictamente diciente a la usanza filológica, lo que de todas maneras
hace diciente la palabra en un sentido más amplio. Se Podría también emparentar
la palabra con el deseo pues es el deseo lo que lleva al sujeto a concretar la
demanda en palabra y es así como ingresa el sujeto al orden del lenguaje (16). “Soy yo Altazor el
del ansia infinita” –dirá el poema– “¿Cómo podré dormir mientras haya
adentro tierras desconocidas?” (17). Es así como también aparece “toda la gama
crónica de sus pasiones y de sus deseos: (18). Pero esto siempre, claro está, desde el
producto del «obrar» sobre el rico material de la palabra. No en balde
identifica Nietzsche su concepción del sujeto lírico,
con relación a un desarraigo del yo, con la experiencia mística.
«en el proceso dionisiaco, el artista esta desprovisto de la
subjetividad» y el «genio lírico» está en «estado de unión mística y de
desarraigo del yo», de manera que el «yo del poeta resuena desde el abismo de
su ser; su subjetividad, en el sentido de la estética moderna, es pura quimera»
(19).
Ya con el qalb
en la palabra como estadio que permite esos movimientos, de más estaría
discutir sobre los anacronismos y contradicciones (por haber sido producto de
un interrumpido proceso de creación), las “disparidades de tono, estilo y
contenido” que como comenta Rene de Costa en su Introducción
a la obra, “fueron, sin duda, obstáculo principal para una lectura correcta
de Altazor” (20).
Cada una de las azoras (divisiones del Corán y por asonancia
aquí se utiliza para designar los VII Cantos del poema) muestran un Huidobro contenido en el poeta, en el poema y en Altazor, lo que
hace de Altazor el milagro unitivo de todos los
posibles yo del poeta, todos los posibles desdoblamientos de Altazor como sujeto lírico y toda la fragmentariedad
de la que pueda padecer el poema como unidad orgánica pues es la palabra en Huidobro el qalb, «cambio
perpetuo» y ansia infinita desde donde nos canta el Alto-azor-Huidobro. Ese Simurg
hispanoamericano, ruiseñor de boca embrujada que dirá,
Entonces el huracán destruido por la luz de la lengua
Se deshace en arpegios circulares (21)
para al final terminar literalmente
cantando:
Lalalí
io ia
i i
i o
Ai a
i ai a i i
i i o
ia [22]
NOTAS:
1. Dominique Combe, “La referencia desdoblada: el sujeto lírico entre la ficción y la
autobiografía,” en Teorías
sobre la lírica (Fernando
Cabo Aseguinolaza: compilador), Madrid: Arco/Libros,
1999, pág. 139.
2.
Vicente Huidobro, Altazor y Temblor
de cielo (edición de Rene de Costa), Madrid: Ediciones Cátedra, 2003, pág. 13.
3. Dominique Combe, “La referencia desdoblada: el sujeto lírico entre la ficción y la
autobiografía,” en Teorías
sobre la lírica (Fernando Cabo Aseguinolaza:
compilador), Madrid: Arco/Libros, 1999, pág. 140.
4. Vicente Huidobro, Altazor y Temblor de cielo (edición
de Rene de Costa), Madrid: Ediciones Cátedra, 2003, pág.
90.
5.
Op. Cit. pág. 108.
6.
Idem.
7.
Op. Cit. pág. 58.
8. Op. Cit. pág. 65.
9. Op. Cit. pág. 73.
10. Corán, 38:18.
11.
Luce López-Baralt, Asedios a lo Indecible: San Juan de la Cruz canta el éxtasis
transformante, Madrid: Editorial Trotta,
1998, pág. 28-29.
12. Ver Op.Cit. pág. 60.
13. Op.Cit. pág. 58.
14. Op.Cit. pág. 61.
15. Luis Felipe Díaz, Semiótica, Psicoanálisis y Postmodernidad,
Puerto Rico: Editorial Plaza Mayor, 1999, pp. 59.
16. Vicente Huidobro,
Altazor y Temblor
de cielo (edición de Rene de Costa), Madrid: Ediciones Cátedra, 2003, pág. 65.
17. Dominique Combe, “La referencia desdoblada: el sujeto lírico entre la ficción y la
autobiografía,” en Teorías
sobre la lírica (Fernando Cabo Aseguinolaza:
compilador), Madrid: Arco/Libros, 1999, pág. 131.
18. Idem.
19. Vicente Huidobro,
Altazor y Temblor
de cielo (edición de Rene de Costa), Madrid: Ediciones Cátedra, 2003, pág. 25.
20. Op. Cit. pág.
107.
21. Op. Cit. pág.
138.
22. Op. Cit. pág. 138.
Bibliografía
Dominique Combe, La referencia desdoblada: el
sujeto lírico entre la ficción y la autobiografía, en: Teorías sobre la lírica (Fernando
Cabo Aseguinolaza: compilador), Madrid: Arco/Libros,
1999.
Luis Felipe Díaz, Semiótica, Psicoanálisis y Postmodernidad, Puerto Rico: Editorial Plaza
Mayor, 1999.
Vicente Huidobro,
Altazor y Temblor de cielo (edición de Rene de Costa), Madrid: Ediciones
Cátedra, 2003.
Luce López-Baralt,
Asedios a lo Indecible: San Juan de
la Cruz canta el éxtasis transformante, Madrid: Editorial Trotta, 1998.
Jorge
David Capiello.
Nace en Ponce, Puerto Rico, en 1974. Cuentista, poeta y ensayista. Fue
miembro de La Generación del Nuevo 98, que agrupó a jóvenes escritores de la
Universidad de Puerto Rico en Ponce. Es uno de los fundadores de la revista
literaria El sótano 00931. Su trabajo
está recogido en la antología universitaria Encuentro, en la revista Taller
Literario y en otras revistas literarias
y culturales puertorriqueñas. Poemas suyos aparecen en el portal En la orilla: http://home.coqui.net/nerudapr/escritor/david_capiello.htm.