Letras Salvajes Número
5 2004
NORBERT BERTRAND
LEOPOLDO ZEA Y LA CRITICA FRANCESA: JUEGOS DISCURSIVOS Y
DE PODER
En el No 34 de los Cuadernos Americanos (julio-agosto 1992,
dirigidos por Leopoldo Zea) se publicaron en ocasión de la edición francesa de Discurso desde la marginación y la barbarie
de Zea cuatro textos de universitarios franceses así repartidos: dos textos de
Charles Minguet, que son el "Prefacio"
de la edición francesa de América en la
historia y el "Prólogo"
de la edición francesa de Discurso desde
la marginación y la barbarie; un texto de Alain Guy, que sirve de "Nota final" a la edición francesa
de Discurso desde la marginación y la
barbarie; finalmente un texto de Jean-Claude Villegas, publicado
originalmente el No 9-10 de 1991 de la revista parisina Cahiers du CRICCAL.
El primer texto de Minguet no es
sino una breve biografía de Zea. Por eso no nos ocuparemos más de él.
Antes que todo, queremos señalar
que, significativamente, el título América
en la historia fue traducido en francés por L'Amérique Latine face a l’histoire, y el de Discurso desde la marginación y la barbarie por Discours d'outre barbarie. El título
español América en la historia
refiere por una parte a una concepción amplia de América como continente
asumido desde sí, es decir a una proyección de América como continente cuyos
valores y pensamiento pueden servir al mundo. De ahí que, por otra parte, el
título español refiera también al ser y quehacer americanos considerados en la historia, es decir, dentro del
proceso dialéctico de evolución histórica. Es el bien conocido problema de la
necesidad de una orientación historiográfica del pensamiento continental para
comprender conscientemente, activamente, la historicidad de América, cuestión
que arraiga con Caso, Gaos y Zea, hasta adquirir su plena vigencia en Lascaris,
Roig o Guadarrama.
El título francés L'Amérigue Latine face a l’histoire
refiere por su parte a una realidad de otra índole. Primero restringe el
concepto de América al de América Latina, el que a su vez es una ampliación de
una realidad lingüística más estrecha: la de la América hispanohablante. Este
título afirma, pues, la existencia de hecho de una América franco-española. Segundo,
no ubica esta realidad geográfica lingüística dentro de la historia, sino fuera
de ella, enfrentándose a ella: “face à”
ella. Es este mismo objeto ahistórico el que apunta la palabra "d'outre" en el título francés Discours d'outre barbarie: una realidad
ultramar, como lo eran de ultratumba las Memorias
de Chateaubriand, padre además famoso de la indígena Atala. La palabre francesa “d’outre”
impone entonces al enfoque original del libro de Zea una perspectiva que ya no
es “desde" (desde sí, pero también
desde la diferencia, desde el Otro como dirían Russell o Cerutti) sino fuera de
la otredad, más allá de ella espacial y ideológicamente. El título Discours d'outre barbarie evoca entonces
una América vista desde Francia, pero también como lo apunta Guy desde “la elite iberoamericana actual”[1].
Pero, nos preguntamos ¿Qué vendrían a ser las tesis de Sartre, Bernard-Henry Lévy,
o las del mismo Guy si recordábamos que igualmente son el hecho de la elite
francesa actual? Peor aún, el Discurso
desde la marginación y la barbarie, además de haber perdido en la
traducción francesa el sentido de la reiteración (no por falta de que exista en
la lengua gala el concepto de “marginalité"),
revela ser, según da a entender Guy, el de un burgués, de un adinerado, de un
filósofo de salón. El interés filosófico del texto, que es una crítica abierta
al sistema de pensamiento europeo y “primermundista” en general, desaparece
entonces, a provecho de un interés meramente etnográfico.
Más, Villegas como Guy, aun
cuando éste se queja del total desconocimiento de la filosofía latinoamericana
en Francia, reservan el primero todo el artículo y el segundo la cuarta parte
de su texto a la enumeración de las revistas y trabajos científicos franceses
sobre el pensamiento continental. Parece entonces que el interés para Villegas
y Guy de la existencia del pensamiento latinoamericano reside ante todo en la
posibilidad que se le da a los europeos de crear metateorías sobre este "extraño filosofar", el que como
diría Fanon en cuanto discurso de los colonizados se encontraría
irremediablemente tomado en el pasado, lo típico, lo no integracional.
Nos puede sorprender el que Guy
empieza su "Nota" hablando
de filosofía iberoamericana, ya que como vimos en el título L’Amérique Latine face à l'histoire se
le quiere dar un "toque" galo al pensamiento continental.
Una advertencia sin embargo.
Estamos conscientes de que los cuatro textos reseñados, salvo dos de ellos,
tratan de obras distintas, son de autores distintos, autores por lo demás
procedentes de universidades dístintas. Y aunque fueron publicados en el mismo
número de los Cuadernos Americanos,
probablemente estos textos no llegaron a la revista juntos. Pero para nosotros
eso no quiere decir que todos y cada uno de ellos no se orientan hacia una
(consciente o inconsciente) voluntad común, patriótica por así decirlo. Nos lo
confirma el estudio comparativo de la lógica interna de los cuatro textos.
De hecho el mismo Guy no sólo
cita el “Prefacio” de Minguet a L’Amérique Latine face à l’histoire[2],
sino que en el primer párrafo de su "Nota
final" combina los conceptos de filosofía iberoamericana y de folklore
y economía de América Latina. Si nos volvemos ahora hacia el texto
introductorio de Minguet a la traducción francesa de Discurso desde la marginación y la barbarie, vemos que lo que
destaca especialmente el francés en la obra de Zea es la problemática del
atraso intelectual de España respecto al resto de Europa por causa de la mezcla
de razas con Africa del Norte[3]. Por su parte, Guy recuerda la influencia de
Ortega y Gasset. el español, sobre el pensamiento latinoamericano[4].
Según los redactores de los Cuadernos Americanos[5], la reciente
publicación en Francia de dos de las obras de Zea se debe a circunstancias
históricas muy puntuales. Sin embargo al recordar el encuentro fracasado entre
Zea y Derrida en los 80, tenderíamos a pensar como Villegas que es el hecho
también de un interés constante de abrir un diálogo con el mundo francófono,
así como de una política francesa postnapoleónica que se reavivó durante la
década del sandinismo y del mitterandismo (veáse también en este sentido la
afirmación de la larga amistad entre Zea, Minguet y Guy, tanto de parte de los
redactores de los Cuadernos Americanos[6],
como del mismo Guy en su texto).
Sea lo que fuese la razón de
este nuevo interés por la obra de Zea. tanto Minguet como Guy, cuyos textos no
trascienden especialmente por su carga interpretativa (lo que nos incita
todavía más a ver en ellos la expresión de un patriotismo culturológico
genuino), satisfaciéndose los dos de un resumen más o menos completo del libro
por ellos comentado, acentúan los siguientes aspectos en la obra de Zea: el
problema de la hegemonía norteamericana (también preocupante al nivel
estratégico para Francia); "el
cáncer"[7] de la herencia hispánica; y la espiritualidad latina[8], la
que debería según nos dejan entender los autores encontrar adecuada utilización
en la aceptación frommiana de un despotismo "éclairé" de las potencias del Norte que no sea "demasiado salvaje", y el
reconocimiento de la unidad del ser latinoamericano y "occidental"[9]. "La relación amo-esclavo debe dar paso a la solidaridad”[10].
¿Acaso no nos encontraríamos
aquí frente a la vieja ideología hegeliana de la necesidad que el esclavo tiene
del amo, éste siendo quien al necesitarlo define así la razón de ser del
esclavo? De hecho siguen dos párrafos, el primero donde Guy al igual que
Villegas en su texto apela a la "fraternidad"
entre franceses e "iberoamericanos",
el segundo donde se compara implícita pero significativamente esta relación
franco-iberoamericana con otro "espinoso
asunto", el del "Islam
contemporáneo", es decir, más precisamente, las antiguas colonias
francesas. La referencia final[11] al alto nivel alcanzado en nuestra década
por el pensamiento de "la América
Ibérica" nos devuelve al problema de la concepción ahistórica que los
franceses aquí citados tienen de la filosofía latinoamericana. No se puede
seriamente considerar a los 90, y tampoco a los 80, como décadas del despertar
del filosofar latinoamericano. Por nuevo que sea el interés de los franceses
hacia el pensamiento latinoamericano, la filosofía continental tuvo sus
"lettres de noblesse" mucho antes de los 80. Además Zea es uno de los
Patriarcas de la filosofía latinoamericana. Si bien L'Amérique Latine face à l’histoire fue publicado en Francia en
1991, este libro data de 1957.
En fin de cuenta vemos que los
franceses aquí estudiados expresan en sus textos un pensamiento político
implícito en el que:
1) América Latina es un objeto de
estudios para Occidente, pero todavía no es el sujeto de su propio discurso;
2) El concepto de América Latina es
válido en el marco político, económico y hasta folklórico, pero no cultural. ya
que define una realidad condenada al subdesarrollo (no es casual que los textos
de Minguet y de Guy terminan sobre el problema de América Latina como
integrante del Tercer Mundo);
3) Para lograr civilizarse, América
Latina tiene que liberarse del modelo hispánico impuesto, imagen misma de la
barbarie (véase la representación tradicional del español en la mitología
popular francesa), e integrarse al universo cultural francófono;
4) Una explicación de la incapacidad del
pensamiento “iberoamericano” a
superarse es su origen "caudillesc(o)”
y su juventud (tesis hegeliana), lo que confirma la influencia que tuvo sobre
él el raciovitalismo de Ortega y Gasset (y de ahí también la visión curiosa,
asombroso, y de una vez fuera de lugar, que tienen los autores de Zea como
filósofo emergente, joven porque hijo de un continente infantil).
En este sentido, nos parece
oportuno para concluir evocar el texto de Roig, publicado en el No 34 de los Cuadernos Americanos, con el fin de
revisar esta concepción neo-hegeliana eurocéntrica acerca de la razón sintiente
no occidental. En este artículo, el filósofo argentino recuerda, una vez más en
la historia de la filosofía latinoamericana, que la llamada locura de Antígona
no es sino la manera que tiene la sociedad coercitiva tradicional de oponerse a
la voluntad del individuo de asumir su libertad, buscando reducir
dialógicamente toda tentativa subversiva forcejeándola a inscribirse en la
argolla del arquetipo diferencial entre amo y esclavo, hombre y mujer,
significado y significante, sociedad y naturaleza, Todo y Nada, Logos y
animalidad.
NOTAS
1. Cuadernos Americanos, julio-agosto 1992, p. 279.
2. Ibid., p.
272
3. Ibid., p.
268.
4. Ibid., p.
273.
5. Ibid., p.
254.
6.
Ibid., p. 253.
7.
Ibid., p. 266.
8.
Ibid., p. 277.
9.
Ibid., p. 278.
10.
Ibid.
11.
Ibid., p. 279.
Norbert Bertrand. Narrador, poeta, ensayista y artista francés.
Ha sido docente en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua UNAN-Managua
en los departamentos de Filosofía y Español durante varios años. Autor de
numerosos artículos sobre arte (en especial el grupo abstracto Los ArteFactos
de Managua), literatura y filosofía (Darío, Borges, Pablo Antonio Cuadra, Roig,
Leopoldo Zea, etc). Ha publicado Arturo Andrés Roig y el problema
epistemológico (1996). Como artista
plástico, cinco de sus obras se exhiben en el Banco Central de Nicaragua. Fue co-fundador y miembro activo de los
grupos franco-nicaragüenses literarios y artísticos Papalotes (que tuvo una
revista publicada de 1997 a 2000) y Cualquier Nombre (grupo con el que realizó
un corto-metraje titulado Pastorcilla, 2003-2004). Bertrand figura en el disco compacto Como
Gato Patas Arribajunto a artistas y escritores tales como: Roberto Quesada,
Yván Silén y Carlos Barbarito (2004). En
2003 organizó el I Coloquio Internacional sobre Panofsky, cuyos actas fueron
publicados en mayo 2004.