Letras Salvajes                     Número 5                                        2004

 

 

 

MARIBEL ORTIZ

 

 

 

Sin título

 

Tu  agonía la llevo

oculta en mis ojos

silenciosa,

como el ruido de una roca.

Lleva el estigma de los cuentos

ataviados  de corazas

molidos a golpes

a fuerza de olvidar,

a fuerza de enterrar

en algún hemisferio

los desechos del dolor

que recicla la memoria.

 

 

 

 

Ma  r  io

 

Tu agonía me duele

como mía.

desde la columna

 y la grieta

desde el verde

y el rojo.

desde la finitud

del

eco.

 

Tu agonía fue,

me regocijo

en tu palabra

la que epilepsaste 

para mí

cuando las hojas

no toleran

los ápices

y fecundan

relojes de arena.

 

La risa se asoma en tus ojos

estridente,

como el mutis de una sombra.

Tenme aquí

iluminada de versos

transfigurada de amor

para inventarte

pájaros

de fuego

perpetuamente.

 

 

 

 

Daguerrotipo de un viaje

a Europa en dos días

 

Tengo  en los labios

la memoria,

de un beso

pasado meridiano…

trasnochador,

noctámbulo

de contrastes

dalianos,

y con el beso

el peso

de los brazos,

como tentáculos

de un ángel poseso.

 

El rostro responde

a uno de tus nombres

escritos con la tinta

de los poros arrítmicos.

Imploro a Cronos que

exilie el reloj de las horas

hasta contar las arenas

de dos infinitos

para  degustar el liquen

de tus sudores y los míos

 y beberme

de un sorbo,

tu aliento…

 

Tengo en mi océano

la memoria de un cuerpo

metido en mi cuerpo…

palabrista sonámbulo

en borgeanos desencuentros

y con el cuerpo el beso

de los labios

como esporas

de una estrella desvelada.

 

Tú,

emancipador

de  universos taciturnos

con el bauprés

de ventitrés años

y un siglo

explorador

de pablocasteles ventanitas

y túneles ernestosábatos

Yo, 

soy

el escrúpulo

de tu conciencia

el cuervo negro

de tus purgaciones

(la pajita que le cae a la leche)

 nada más…

 

 

 

 

Elegía a un ángel centenario

cansado de volar

 

Abuelo murió crucificado

en una cama de

hipodérmicas agujas.

Una sinfonía de tubos

coronaban su cuerpito

de oruga,

anfitrión de un séquito

de engorrosos malestares.

 

Abuelo se fue extinguiendo

como el sol

al terminar su jornada,

todos estaban presentes

todos,

(excepto yo)

y no descanso en preguntarme

por qué carajo

no estaba.

 

Había cumplido yo

veintinueve años

cinco días antes

de su deceso;

lo celebramos juntos

en su cuarto de hospital.

Brindamos

con solución salina

y en aséptica armonía.

Recuerdo me embriagué

de su mustia mirada

y sus hermosamente grandes orejas;

parecía un ángel centenario

cansado de volar.

 

Abuelo me amaba tanto

yo le amaba igual

todos estaban presentes,

todos,

(excepto yo)

y no descanso en preguntarme

por qué carajo murió.

 

 

 

 

En la víspera de una arruga

 

Rostro en descenso

volteo a mirarte,

para dolerme

en el papel torcido

de sal bifurcada,

en la penumbra

de tus córneas

amortajadas de eclipses.

 

Rostro en declive.

Los cuervos lamen

las pupilas de tus soles

rodeados de estrellas.

Un reloj de piedra se posa

en el letargo del tiempo.

Los abismos me convidan

a contar las sales

de las esponjas silentes.

 

Rostro postrado de orugas.

Sonoridad de voces

que destilan brebajes

en atropellados calderos

para los viejos cuerpos de barro

olorosos a pergaminos.

La bitácora del ojo

lacta tu epitafio

y un fauno

duerme  los siglos

en la comisura de tu mueca.

 

Rostro de pliegues insomnes.

La oreja que cortó el pintor

te narra sueños raros,

mientras bebes el silencio,

en la huella

de un zapato viajero.

 

 

 

 

Kaos

La noche ulterior
a aquella muerte felina
mis pupilas carcomidas
de poco soñar,
remendaron un paréntesis
roto de mirar
tus dedos raros,
pululando como arácnidos
por el aparato del tiempo.

Allí,
el espacio es habitáculo
del nefasto discurso,
el heteroglosio orificio
atiborrado de hormigas
desgreñadas, iracundas,
convidadas a ordenarse
en unidades mínimas
por los vericuetos del juicio
y la neurasténica praxis
de las apátridas letras.

Allí,
pernocta la teoría;
la virtud virtual
del gusano plano
que devora la manzana
del achacoso Adán.

Desconfío de las formas
porque tu barba me enseñó
a fuerza de elogios
que en estos tiempos
dos unos no suman dos.
Por eso acudo
a los textos embarrados
de invisible tinta y
a la sonoridad del eructo.

Aquí,
vivimos la insoportable
levedad del ser (o no ser)
por eso Nietzsche
me golpea la nariz mientras
hilvano el desagravio
de revolcarme en sus ideas
y escupirle los sesos
hasta que crea en el dios
de la sacra tecnocracia.

Aquí,
rota de mirar tus dedos raros
que deambulan por el sexo
del industrioso teclado
y deconstruyen signos
en homenaje al fuego,
la cosmogonía,
o la agonía del cosmos
que da igual.

Ya no importan
las verdades  absolutas,
(mentir tiene mejores
dividendos)
y los mega relatos
(excluyo la guerra y la paz)
perecen en blanca tinta
o en anaqueles chinos.

Aquí,
me bebo en sorbos tibios
los textos existentes,
los existenciales
los fehacientes
los falsos
los fatídicos
los pragmáticos
los manuales instruccionales
sobre-vivir ...
los que guardas  para mí,
cada vez que me inventas.

 

 

 

 

Mitología del espejo

 

Hay en mi rostro

un reflejo de espejos

advierto que me miran

 con cara de mimo.

Escudriñan

me parece

un indicio de peces

de mares barbirrojos

en mis ojos,

tal vez los vestigios

 de un barco fenicio

o el misterioso acorde

 de los palitos chinos…

 

Me pueblan espejitos

en el cuerpo,

incrustados viven

 en la cima de los poros,

acicalados de sudores plateados

humedecidos

con el ápice

de dos lenguas espirales

que desvelan los nenúfares

de dos senos febriles

y glaciales

como el invierno

en trópico de cáncer…

 

El espejo devela a Tefnut

vestida de gatos turqueses,

mientras Shang- Ti  le enseña

los secretos del mantra que murmura

con golpecitos de voz trémula

desde Egipto a la China

y Pandora abre su caja

donde guarda la bendición a Tea…

 

 

Espejito, espejito

dime a quién le importa

ser la más hermosa en tu reflejo

sino la más deseada…

 

 

 

Maribel Ortiz. Nació en Mayagüez, Puerto Rico en 1967. Actualmente realiza estudios de Maestría en Creación Literaria. Ha sido colaboradora de las revistas Desde el límite, En la Orilla y otros espacios virtuales. Es coordinadora de la página Las Marcas de Vetala: http://www.geocities.com/vetala33/index.html.

 

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