Letras
Salvajes Número 5 2004
MARCOS VIEYTES
Días
hay días buenos y días malos
pero los peores son esos
días que se muerden la cola
inevitables como ceremonias
insomnes
días como pesadillas del no estar
borindeis, ¿boring deus?
las mismas respuestas los mismos
ojos
el mismo no lugar la misma
sorda fascinación ante la misma
cosa dicha siempre por el mismo
¿cossa
diche? lo mismo
que nunca
que nada
que nadie
que no
hay días repletos de gente deshabitada
Vicente Huidobro no admite peros del poema
todo cae en la página
todas las palabras
todas las ropas con estrépito
de una mujer que se desnuda
y todas las demandas de la noche del
mundo
los ruidos las casas y las calles
la página se abre como una flor inmensa
luego dirá la voz como un heraldo negro
merodeará la boca de algún felino en llamas
una página que embruje los ojos de mis
hermanos
una página real como las tempestades que
hacen temblar las rocas y los muebles
una página más mía que mis huesos
El colmillo
sigo acumulando méritos inocuos
la sola certeza
de hincar el colmillo en un ala de la
poesía
y dejarme llevar sólo de a ratos
cuando la poca razón que nos atea supura
cuando su dolido pasar es ya murmullo
sólida memoria de arder por los dos lados del
sueño
silbando al fondo de un suburbio abovedado,
cuando cae un pedacito de sol sobre la calle
y rebota hasta perderse como extravío de
monedas
rodando en el acústico mármol de la noche
es de otras tardes naranjas el poema
de otras tardes ya fallecidas y ajenas
se dio a otros en veranos
ya no poco desteñidos, irreconocibles
se dio a todos aún antes
de que mi madre naciera
y me llega como recuperado de empeño
como seco
ripioso como arena bajo la suela del zapato
repetido
inapetente
Gárgaras
hay un poeta en el zarzal
¿perdido?
ardiendo
cojea de la mirada izquierda
y hace gárgaras con el amor
un mulo azul
acaba de patearlo del regazo de su madre
y ya no se chupa el dedo que usaba para
acusarse
ahora
mastica sus deberes con infinita paciencia
y mal disimulada mansedumbre
directamente
se traga toda mano
mejor será entrar al reino
pájaro en mano que manufacturado piensa
mientras se como un vigilante
con la boca llena de espinas
Escenas de la guerra
pudo haber sido una película de tristeza
inacabable
y lo fue
no importó que las orquídeas cantaran a
coro
y que los cocodrilos devoraran villanos
de pulso tembloroso en el instante del tiro
tan difuso como el ángel de la muerte de goya
presidiendo la guerra
pudo haber sido una película tan triste como
nadie
besándole los ojos a una herida rubia
y lo fue
y vino la muerte como una melancolía viste
así
tan triste
tan triste
dos para colmo
en la misma semana
dos muertes ajenas entre papeles de oficina
dos
pero qué muerte es ajena toda muerte
es un poco muerte de todos aunque sea
o haya sido ya
allá
lejos
en el sur
donde las ballenas se aparean
una vez al año pobrecitas
escríbale un pésame a los deudos
me dijo
en nombre de la empresa
me dijo
yo empecé
nos duele de todo corazón no use
vocabulario demasiado familiar
me dijo
tiene razón
pensé
tiene razón
pero la muerte ese mamífero cardumen
Agujero vacío de perro
perro sin perro a un costado de la ruta
ballena muerte varada
mandíbulas mordiendo aire
perro muerto varado
al borde de la ruta
aire mordiendo ojos
de ballena absorta
cosa muerta que fue
aire
trozo
mandíbula
aire
que fue ladrido y perro y mirada
mordiendo la vida al borde de la ruta como mar
invariable, ir y venir
absorto, ininterrumpida
muerte
Tragaluz
me sangra la poesía por la boca
triturada
crocante
como escara
bajo la suela de la lengua
como costra
como cáscara
de luz dejada toda por ti, poesía
abandonada
a las garras del jaguar
luz enfrascada
apresada
emplazada
en el plafón de la poesía, poesía
me corre luz por la boca
sangro luz por las palabras
ilumino la sangre
ilumino la voz
por vos, poesía
sangro
por las escaras y corro
tengo praderas amarillas en la boca
tengo campos
de sol en la garganta, poesía
trotes de luz por la sangre
corro
canto
luzco
y me sangra un jaguar por la boca
descalabro
el resplandor
trago todo lo que brilla
trago
toda luz que no pasa
alarileo
en la baranda de un trasatlántico
que carpe el río removiente
zapo la espuma, vendimio la voz, muerdo la
ola
y sangro poemas por donde vino
salada la luz, astilla
molida del sol
me sangran bocas por la luz, poesía
escupo soles por la boca
Marcos
Vieytes.
Nacido en Flores, barrio céntrico de Buenos Aires. Argentina. Poeta,
ensayista y crítico de cine. Dice el
poeta: “Publiqué
dos poemarios con seudónimo (Cuerpo de Agua,
Las Grietas del candor) de los
que prefiero arrepentirme aunque no puedo y
está en la imprenta el tercero,
El que sostiene la palabra, mientras un par (Ojos clavados en la espalda,
Traducción de las olas) esperan por la edición,
la modificación o el olvido.” Algunos de sus poemas han sido traducidos al
portugués. Ha publicado en las revistas Gibralfaro, Realidad literal, El fantasma de la glorieta,
Contratiempo, Zona Moebius, El Ornitorrinco, Hora y
Acento.