Letras
Salvajes Número 5 2004
JUAN MANZ
CUERPO HISTORIADO
I
Lúcido tras ciego
primera
oscuridad devoro el día
Piedra por el sol grabada
laberinto
donde solo desentraño pasos
Sol diluido por la piedra
no
menos cuerpo historiado
que alma en carne
todo memoria parto este presente
II
Añejo vaso apurado licor nuevo
voz
solitaria comuna lengua
que ahora mismo corona el tiempo
corola
de palabras estática violencia
arista cantada río arriba
Cresta ondulante vuelta hacia su causa
a
través de su cauce inclinación del otro
el otro que no soy sino de piedra
el doble
de si mismo recurriéndose
Es decir el círculo y su giro
Por ejemplo
el
vuelo y la caída
oración que musica y
ora siempre
ENTREVISTA REGIÓN
Soy de los que nacieron
para
el oficio de la luz;
de
aquellos revelados al alto silencio
para
los usos líricos.
Entrecomillado, sin embargo,
en
el espacio en blanco,
que
me deslinda por un lado
de
mi versión hereditaria,
y
me expone por el otro,
al
contagio del monólogo,
aún
balbuceo a tientas en ese casillero.
Esta
cuadrante atmósfera
techada
por navíos:
espiral
donde gravitan
mis limbos
interiores,
inconforme
como ella sola,
aquí,
entre comillas,
no
tiene el menor empacho en coparme
a
cada golpe de teclado
que
osa trasponerla,
cualquier
imagen novedosa
que
intente revelarla
más
allá de su entorno y su palabra.
Conva de horizonte
espejismo
recreado de su único:
visión miope de cielo reparado
que
tiene por asiento
cantar bajo las lámparas,
y
en un solar baldío,
parece ocuparse de las sombras.
Desentendido rojo,
describe su órbita,
entre una clave de sol
que
todavía ignora el propio rostro
en gestación oscura,
y un
compás iluminado.
IV
Otredad, otrotiempo
en
el espacio inverso;
entrevista región
donde
se advierte, bajoparlante,
la rítmica fisura.
Alteridad del negador
mío
que se erige de sí al afirmarse,
pero
emparentada revelación
con el ser escindido por lo que se calla;
siente,
y en su lugar, traduce,
piensa, y acaba por creer que existe.
V
Y sin embargo el fondo
foso
del espejo.
Galería de ideas sorteando el laberinto
del
profundo miramiento;
contenido eco rebotándose palabra
a
salto de luz y sonido roto.
Y sin embargo la forma pura aparecida
en
la busca de sus ojos;
videnciada pena tras
saberse viva.
Y sin embargo la
desaparición,
el
confinamiento.
MOLINAR SIN ASPAS
…abstinencia angustiosa
que presume el dolor y no lo crea,
que escucha ya en la estepa de sus tímpanos
retumbar el gemido del lenguaje
y no lo emite…
José Gorostiza
I
De dónde, pregunto,
me viene este silencio,
esta oscuridad blanca que me aturde;
tanta música, de dónde me viene tantaleando,
por qué arde ahora sofocada por mi aliento
apenas
nace al conjuro
de este puntual apunte que voz quejo.
De dónde, pues,
procede esta agonía,
esta emoción de tinta
que ha prescrito a sus ansias de escritura,
sobreseído a la canícula de agosto,
desierto verde
en la retina de lo ayer endecho…
No sé, pero yo
pienso. Qué digo, afirmo:
mucho tiene que ver en todo esto,
este nuevo hastío parodiándose verano;
y creo que, sin dudar de uno sólo
de sus ríspidos entornos,
es, con todo y agravantes, el culpable del desaire.
II
Y aunque, desaire, a primera aspiración
parece, para el contexto, una palmada de voz
por lo demás inocua;
se pudiera decir que, de pensarse un par de veces,
un vocablo definitivamente ambiguo;
nadie conoce bien esta emisión de luz
a su través vidrioso, nadie sabe,
a ojo cierto, de donde le viene
esa peculiar manera
suya de plantarte la mirada;
hasta que te encuentras en un cenit de estos
frente a ella, o en una tarde cualquiera
al pardear el día agostado,
confrontas su resequedad por lapsos medios
-a veces,
particularmente índices y largos-
contemplándose las manos retorcidas,
con el rubor húmedo del bochorno frente abajo,
deslavando todo color
hasta
borrar a la persona que lo porta…
Entonces,
entiendes, al fin, el porqué
de su carácter agrio, la con razón sin causa de su asfixia.
III
Y entonces, entiendes
el porqué de su proclividad al mito,
a la manía de sobreactuarse a diario,
y al freno del reflujo alado
que de todas formas imagina,
y no tiene, al parecer,
más soporte que su molinar sin aspas.
Y entonces,
entiendes por qué,
cuando menos se le espera
saca de su memoria
un as de girasoles rojos,
para de una vez por todas ganarnos la partida
con su rudimentaria apuesta centellante,
encallada entre las ramas de los árboles;
puesta sobre la mesa
en la misma casa de nuestra memoria párvula;
servida en las copas
que ya olvidaron cómo liquidar la forma,
envasar el sopor esclarecido…
y el follaje también calla su estatura.
IV
Porque centellante
puede parecer un adjetivo duro;
venido el caso,
aplicable mejor a una tromba verbal
que a una histérica tarde de cartas entre nubes.
Porque toda
comparación
explota ante su dualidad alterna,
y no puede, siquiera,
comparecer ante la levedad
de la imagen fuente
de su origen.
Entonces, de
súbito, su ello le confirma
que ya no podrá ser otra cosa que metáfora,
focal levitación
en el fondo sucesivo de la forma,
medio
en la vitral inmediatez del ojo,
espiral exclamación que lanza al infinito
su giro gutural umbilicado a su primer sonido,
a su reseco tropo con delirio de centella…
V
Pero nadie se
puede explicar
este hueco remolino;
nadie reconoce este zarpazo atroz
dentro del pecho,
este fuego que sin llamas arde a descampado,
y no sabe de su
hogar,
ni de su era más templada.
Cómo creer,
entonces,
Los astros
lazarillos
bajo esta misma órbita que ya es un solo trazo:
incandescente
anillo en lo alto de la nada,
espejismo que le da infinitas vueltas
a su idea ensimismada de reflejo,
deseando encandilar,
péndulo redondo…
Cómo creer,
entonces,
que asome una noche suave
tras el espectro de este azul infierno.
Juan Manz Alaniz. Nació en Ciudad Obregón, Sonora, México, en
1945. Miembro-fundador de la Agrupación
para las Bellas Artes (APALBA).
Coordinador del Taller de Creación Literaria de la Biblioteca Pública de
Ciudad Obregón desde 1986, y bajo cuya dirección se publica la antología de
poesía y narrativa Y se hicieron las palabras (1989). Es autor de varios poemarios: Oro verde
(1982), Para repasar el círculo (1986), Tres veces espejos (1996), Padre viejo
(2000) y Sonata de tierra adentro (2002), entre otros. En 1998 la Universidad Autónoma de México
edita su obra Ciudad de siempre en el libro colectivo Violento el mediodía de
la colección de poesía “El ala del tigre.”