Letras
Salvajes Número 5 2004
DINORAH CORTÉS VÉLEZ
Retrato de una belleza,
con énfasis de darle
otra probadita al original…
Enhiesto tallo,
hierba vello,
Cabeza champiñón,
tierra ojo,
Tierna piel,
pliegues sedosos,
Ruta erecta, terso
cuello,
Postura airada,
torso esbelto;
Cálido brote en
que
La delicia de
querer se está,
Tiene Miguel; en
hierba cultiva
Vegetal tan fiero,
que estremece
Al comer.
Atrápame
Atrápame,
Conmueve hasta el
tumulto
La muelle
extensión
Que me habita
Del deseo
vehemente
De tu piel.
Mira,
Que traigo alzada
la desnudez,
Que no duerme
Ni de día, ni de
noche
Hambreándote…
Mira,
Que tengo turbado
el sentido
Por la premura de
resguardarte
De la vida y de la
muerte,
En mi vientre.
Mira
Que, despojada
De todo hueco
haber,
Tan sólo llevo
prestas las ansias,
La inquietud
violenta.
Atrápame, pues,
No sea que el
viento
Y el olvido,
Se te adelanten.
****
Vallejo dice que Samain diría:
El aire es quieto
Y de una contenida
tristeza.
Vallejo dice que
hoy la Muerte
Está soldando
lindero
A cada hebra
De cabello
perdido.
Gerardo Diego dice
Que Albert Samain diría Vallejo dice
Gerardo Diego
enmudecido
Dirá mañana…
Yo digo que
Vallejo diría:
El aire es quieto
Y de una contenida
tristeza.
Yo digo desde el silencio
Lo que no digo,
Mientras la Muerte
Se entretiene
En trenzarse los
cabellos.
****
Desliza suave,
resbala rutas,
recorre origen,
celebra surcos,
discurre risa,
color murmura,
lame latidos,
Sudor Salvaje,
aislado por
las movedizas dunas
de mis pechos,
en tanto el día
oye del calor
de ariscos pasos.
Geografía de tu
axila
Rozar de rubicunda lengua
por los accidentes de tu piel,
restregar de inquieta yema
por la periferia
de tu hueco trémulo,
tierno mordisquear
de tu térreo lunar,
húmeda exploración
de tu habla primera,
¡Vuelta!
****
Tu aliento helado
resuella en mi oreja mustia
y apenas la estremece,
una cierta urgencia en ocre
me domina,
¿Será que ha muerto el deseo?
Pólvora
Pólvora que fuimos
cuando tiernas y violentas
crecían las ansias
para liberarse
en un mudo estallido
de olvido...
****
Ha pululado el
deseo
sobre mi cuerpo
como un ciempiés
en acechanza
de la carne tumultuaria
que reduce a un estado
de suspensión venenosa;
como un insecto herido
a la procura del blanco bálsamo
que mitigará la incurable violencia
de su mal;
como un hormiguero agonizante
al desenroscar su dolor
por erizadas pendientes de piel.
Trazó su ruta furiosa
rozándome sin tregua
con el áspero zumbido
de su respiración.
Me abunda,
bulle en mí
con el hervor sideral
de un manjar de estrellas
cocido en la olla telúrica
de mi corporeidad.
****
Pegaso,
agrándame tu grupa
para volar con Alfonsina
hasta el Olimpo
e impactar a Zeus
con el rayo milenario
de nuestra ansiedad creacional.
Somos,
las otras dos parcas
que desde la mítica ilusión
de la inmortalidad,
venimos devolverle la cabeza,
de la poesía,
al cuerpo mutilado.
¡Ah, más grande no fuera,
diría Delmira,
tener entre las manos
la cabeza de Dios!
¡Ah, más grande no fuera,
diría Julia,
todo lo injusto y lo inhumano!
¡Ah, más grande no fuera,
diría Alejandra,
el corazón de lo que existe!
¡Ah, más grande no fuera,
diría Sor Juana,
tomar estado que ha de durar
toda la vida!
¡Ah, más grande no fuera,
diría Ibarbourou,
un amor de salvaje
por la luz!
¡Ah, más grande sería,
diríamos todas,
la carcajada de Medusa,
liberada!
Dinorah Cortés Vélez. Nace en Puerto Rico en 1971. Poeta y narradora.
Ha publicado en las revistas En Rojo, Contornos, Zona de carga
(Universidad de Wisconsin) y en las antologías de narrativa breve El rostro y
la máscara (1995) y I Didn’t Know There
Were Latinos in Wisconsin
(1999). Actualmente escribe una
novela.