Letras Salvajes                     Número 5                                        2004

 

 

 

DAVID LAGMANOVICH

 

 

 

Habla Max

 

Franz me pidió que destruyera estos papeles

que yo también encuentro irrelevantes

cuando no risibles

a la vez que lastimosamente ignorantes

del sistema jurídico del Imperio

donde nadie podría sufrir el proceso

que él se imaginaba

ni circular por un castillo de tan extravagante protocolo

 

Pero es seguro que algún crítico francés

entonará loas a lo que no comprende

algún profesor norteamericano

escribirá un paper que será leído en Chicago

algún incauto en fin

verá en mi amigo Franz Kafka

un benévolo doble del amigo Fritz

sin Mascagni sin música y sobre todo

sin felicidad posible

 

Por eso he decidido

preservar sus azarosos borradores

no por razones literarias

sino porque al fin era un buen tipo

y no por nada mi apellido es pan

 

 

 

 

Fútbol

 

Esta tarde en que todo es fútbol en mi ciudad

y no puedo escapar al partido del día

ni siquiera en la grata penumbra del café,

pienso en Brahms y en sus piezas breves para piano.

Me refiero a aquellas que remontan

la cordillera del catálogo más allá del opus 110:

baladas, intermezzi, breves gestos rapsódicos,

ráfagas de melodismo

que algún acorde insólito problematiza,

homenaje a lo fragmentario,

retazos en fin de un siglo donde la forma

era importante, donde un gesto estético decidía

la diferencia entre la felicidad y la desdicha.

Ahora estoy aquí, rodeado por el fútbol

en el delirio del café provinciano,

y decido pensar en Brahms, en sus baladas, en sus fantasías,

creadas en un mundo

al que quizá pertenezco a impulsos de lo atávico,

como el castor que insiste sin reparos

en encontrar determinada forma de morir.

 

 

 

 

Turbión

 

Entremezclo palabras

que dejan sus sabores

en los recodos de la página,

 

y entre ellas caminan

las palabras de hoy, y danzan

vertiginosas esquivas

las palabras de otro tiempo.

 

Y nada queda a qué aferrarse

cuando una palabra se agita en el turbión

me mira un instante

y desaparece.

 

 

 

 

Informe para una academia

 

Nunca perteneceré a ninguna academia

 

Lo cual no me impedirá

sentarme en un curul

extraer mis papeles

leerlos con voz

de profesor con gafas

 

Los académicos

escucharán pausados

asombrados por mi erudición

 

Asentirán con un gruñido

me darán palmaditas

tal vez algunos granos

de maní

 

Después

el entrenador me volverá a mi jaula

feliz de haber hecho algo

por el bienestar de la Humanidad

 

 

 

 

Un político

 

Desliza calumnias al oído del mandamás

y el mandamás acepta todas sus patrañas.

 

Juntos destruyen carreras y reputaciones.

 

Después de repantigarse en su infinita complacencia

consumen alcoholes e hincan sus colmillos

en alimentos cancerígenos que chorrean sangre

mientras se felicitan con sonoras palmadas

por el éxito de sus maquinaciones.

 

Morirá en el sueño, tocado

por un rayo silencioso.

Es previsible el jarabe necrológico

que le dedicará el periódico provinciano

en el espacio habitual de los asesinatos y violaciones.

 

Hasta su madre conocerá su infamia

y correrá un suspiro de alivio

en las filas de sus secuaces.

 

 

 

 

Cuatro de julio

 

aunque sea 4 de julio recupero mi dignidad

declaro que la bandera de las barras y estrellas no prevalecerá contra nosotros

 

retendremos a Hemingway digno en su muerte a Cummings a Charles Ives

Hopper nos mostrará la otra cara de lo que la televisión oculta

todos ellos cantando los acentos del Medio Oeste y la Nueva Inglaterra

recuperaremos las primeras ediciones del Saturday Evening Post

para buscar las imágenes de hogares que ya no existen

alguna vez tomaremos una cerveza en Filadelfia

cerca de la campana fracturada

que nos sigue convocando a un ideal remoto y entrañable

 

nunca haremos turismo sobre las aceras de Wall Street

donde los pobres del mundo agradecen su carroña

 

pero colocaremos un poster de Woody Allen junto a la imagen del Che

para que conversen sin pausa sobre las mujeres y la revolución

 

 

 

 

Texto

 

el texto es mi escudo

 

me protege de las ráfagas de palabras

con que la trivialidad afirma su patrimonio

 

mi texto tiene a raya

los ataques de músicas deleznables

las insidiosas verdades de la política

 

el texto es mi escudo

 

me protege de mí

 

 

 

 

Habla Miguel

 

No me visitarán Orfeo ni Eurídice

ni Apolo posando como John Barrymore increíblemente sobrio

no vendrán a verme Gina Sofía Rossana Ornella

tampoco Billy Wilder se interesará por mis desventuras

la Metro no ofrecerá ni un roñoso retainer

y mi sitial en el Olimpo dependerá de laboriosas negociaciones

 

No, nadie me visitará en esta cárcel maloliente

donde quien más y mejor malhuele soy yo,

el preso Miguel de Cervantes unido a un hipotético Saavedra,

judío indocumentado, soldadote cobarde sin fortuna,

erasmista de inexistente erudición, diestro

tan sólo en el arte de escabullir deudas:

escritor, en fin.

 

A nadie intereso en la vasta y maldita tierra.

No descansaré en brazos de Marylin (ahora entregada a los Kennedy).

Cuanto escribo termina en el pudridero

(Marlene coquetea por igual con nazis y demócratas

pero no me recuerda). Las otras diosas

ni siquiera han advertido mi existencia.

 

Esto hará que cuanto escriba en adelante

sea burlón y amargamente trágico

sin concesiones al sentimiento como se estila ahora

en definitiva una suerte de versión remozada

del neorrealismo

(aunque De Sica ha olvidado lo que hice por él

cuando lo del desembarco en Sicilia

y los demás ni siquiera contestan mis telegramas).

 

Pienso en un personaje chaplinesco ambientado en mi tiempo

que se enamora de una campesina tan zafia

como las mujeres que me visitan en la cárcel

 

a las que Zampanò no sería capaz de abandonar.

Lo he llamado Quijote por mofa que sólo yo me entiendo

e insisto en adosarle un Don irónicamente irreverente

que recuerda las pullas de Quevedo

a aquel otro pobre diablo de Montalbán.

 

Lo obligaré a genuflexiones desusadas

lo colgaré de las aspas de un molino

lo haré batallar

contra ejércitos de carneros

en los confines borrosos de la Mancha y de su propia locura.

Tal vez lo ponga en contacto

con algunos personajes cortesanos

para mejor revelar su vacuidad y los pobres pero sólidos frutos

del sentido común.

Y escribiré con impulso humorístico, como aquel

que ya nada tiene que perder.

 

De la mano de un loco rematado

pretendo entrar en la posmodernidad.

 

 

 

David Lagmanovich.  Nace en Argentina. Escritor, profesor universitario y periodista. Ha publicado más de 30 libros, repartidos entre los temas académicos y la actividad poética.  Entre sus más recientes libros de ensayo y crítica son: Discursos poéticos (1998), Microrrelatos (1999), Navegaciones y congresos (2001), Estudios sobre la traducción poética: Shakespeare, Cummings, Merton (2001) y Vanguardia y escritura (2003). De sus poemarios, los más recientes son: Las músicas (1999), 54 poemas (2000), Álbum de postales (2000), Cuaderno del expósito (2001), Oficio de palabras (2003) y Potencias de la música (2003).

 

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