Letras Salvajes Número
5 2004
ANA MARÍA FUSTER
El cofre de palabras
Mi corazón te
nombra en las noches del recuerdo,
cuando soy anónima y no me quedan palabras,
cuando mis laberintos secos y cuarteados recuerdan aquel beso,
cuando las puntas de dos lenguas gemían constelaciones,
y un dueto proclama la libertad de culto
o de amarse cuerpo a cuerpo.
Quizás tu nombre se esconde en mis labios
es la eternidad que te llama y te acaricia húmeda, suave.
Y tu esencia domina mis soledades
que no conoces, o no deseas.
El eco de tu piel roza mis muslos,
pero mi corazón ha quedado huérfano;
los dioses me han abandonado;
mi amante regresó a sus dominios,
a su reino,
a su mito,
y ha olvidado mi nombre,
peor aún el amor.
Un código guardará el cofre de las palabras
sellado con el hilo de plata que unía nuestros corazones.
Un cofre que guarda mi nombre,
guarda tus pasiones,
guarda dos cuerpos desnudos cabalgando frente a frente,
guarda la libertad tuya, mía,
aquella robada por la diosa cazadora,
por el carcelero de los sueños...
Y sólo tienes que llamarme.
Llámame espejismo,
llámame princesa de los silencios,
llámame dama duende, poeta, loca,
llámame mujer,
pero llámame antes que la mañana vista mis pies de palomas,
antes que el sol seque tus sueños y no me encuentres.
No sea que pierdas mis alas,
o las tuyas,
o peor aún,
tu sombra y la mía,
pues serás árbol, enraizado a mis jardines invisibles,
serás anónimo y volarás buscando el secreto de otra noche.
Oda del violinista y la poeta
Tus notas viajaban
en el viento
fantasmas en la noche castrando los espejismos
respirando mis palabras perdidas en el calendario de otros tiempos
y te soñaba en la distancia vibrado a fuerza de versos.
Brujo encantado,
que peregrina mis pasos silentes, gastados
que son los tuyos
buscándome
buscándote
en cada mirada
en el atardecer de las sombras
interpretando fantasías
colapsando mentiras
y me encuentras.
Mis versos naufragaban en el fuego
aspirando tus notas espumantes, de tierra y éter
que son tus manos, son mis dedos
siguiéndome
siguiéndote
en cada estrella, en otro eclipse
en la noche anónima de los faunos y las hadas
de la virgen versante
atrapando el secreto
y te encuentro.
Eres pájaro de fuego
sinfonía a dos tiempos
dueto de cuerpos líquidos atemporales
hundidos boca a boca, fugata andante
ma dopo piú vivace.
Anoche fuimos fuego
tus manos, mil versos
mis labios, un violín de cristal
haciendo el amor,
renaciendo en otro parto
silenciando leyendas pasadas.
Virgo recorre la guarida de la bruja leona
rugiendo a los espejismos
y llovemos en el olvido sobre las sombras
melodías de paz besando margaritas
y nos parimos en una noche inesperada
abrazándonos clandestinos sin despedidas
matamos el tiempo y las distancias
ahora somos la oda de la eternidad
un violinista y una poeta.
Jardines invisibles
Allí donde Eros
nos embriagó de naturaleza,
respiré la travesura de tus labios.
Y se me erizaron los pensamientos
descongelando la ingenuidad.
Besos furtivos,
pasión
penetrando mi libertad.
Una breve eternidad, tal vez soñada,
quizás un arrebato furtivo vivido.
Nuestros jardines se secaron,
la ocre maleza hoy los cubre;
mas aún sigo regándolos
con náufragos recuerdos
que pudren las raíces de mi futuro.
Trato de seguir tus sendas
y son cuchillas que desgarran mis pies.
Camino, añoro, persisto.
Y mi alma desangrada, grita,
huye y, peregrina, te busca.
Silencios, caricias, besos
ilusiones, pasiones
abrazaban nuestros cuerpos
sudando un manantial de amores
en lo más alto de la orgásmica felicidad.
Gritábamos, gemíamos
la onomatopeya de mis sueños, tus sueños.
Pero aún así desvaneciste mi vida.
Me dejaste sin un rumbo fijo
bebiendo la última gota de vino,
tu sangre, mi sangre...
Vuelve a mi,
me deshago débil ante ti.
Esa profunda y fría tierra donde te ocultas
no nos podrá separar más.
No marcharé sin rumbo fijo.
Ni caminaré sin destino,
por este mundo
que no es el mismo.
Derramaré mi vida en ti
haciendo el amor sobre tu helado techo
desangraré mis ilusiones
y volveré a tu lado.
Sueño
Corrimos por los valles de nuestras vidas,
nadamos por nuestros anhelos y aventuras,
brincamos para alcanzar un sueño.
Así soñamos, puros y libres,
como esa estrella que se niega a tener dueño.
Amigo te vi tras las rejas,
a través de los
cristales y barrotes,
convirtiendo nuestros deseos infantiles en pesadillas,
manando amarguras
de esa seca tierra
frente a la cárcel.
Te miramos y admiramos
amigos, colegas, familiares
todos unidos en una mirada, en un deseo.
En la lontananza, tu silueta pura, sin pesares,
nos llenó de esperanza y sueños.
Así algún día correremos hacia nuestro destino
nadaremos hacia los sueños...
Seremos puros y libres
como esa estrella que se niega a tener dueño.
Tan lejos el adiós
Tan lejos, tan cerca.
Los días transcurren
y no descubro si estoy viva,
o vivo mi muerte.
Tan lejos, tan cerca,
ese último recuerdo.
La sangre bañaba nuestros cuerpos
sumergiendo el éxtasis
de nuestras vidas
de nuestras muertes.
Tan lejos, tan cerca
nuestras almas se separaron
liberando la maldición
de la vida y la pasión
hacia un nuevo destino
y no descubro si estoy viva,
o vivo mi muerte.
Sobredosis de tu amor
a Puerto Rico
Sobredosis de tu amor...
Espada que clava mis convicciones
Tierra que convulsiona
en temibles quejidos.
Así te duele,
así me duele.
Ambición de ambiciones
que no ven tu magnífica belleza.
Y lloras, sufres
gimes y te ignoran.
Te destruyen
te violan
te despedanzan...
Y mis venas ya no manan;
son un tatuaje
seco y envenenado,
por la tolerancia de lo intolerable,
por la inactividad.
¡Te he abandonado!
Y sin embargo,
tengo una sobredosis de tu amor...
Ahora me levantaré
desnudaré mi cuerpo al mundo
y marcharé por ti y hacia ti.
Te amaré con locura y pasión.
Paz, amor y libertad
serán tus redentores.
Gritaré tu destino
Tierra mía tu estrella
brillará siempre sola
y poderosa en el firmamento.
En silencio te hablo
Eros derrite mi
cuerpo
en deseos por ti.
En silencio te
hablo,
en sueños te observo.
Me miras, me
ignoras,
me comes con la mirada
y temes amarme.
Ardo en deseo
y no enciendes mi hoguera
e insisto con leña
de mi propio ser.
Thánatos desangra
mi pasión de mujer.
Congela mi piel
que no tocas.
Cose mis labios
que no devoras.
Seca mi sexo
que no colmas.
Y muero en
silencio
cada día
contigo,
sin ti.
Deseo, pasión,
muerte,
Eros,
Thánatos
nuestro destino.
Réquiem por la naturaleza
El mar suspira
un grito agónico
estrangulado,
años de indiferencia.
Putrefacción, cicuta nauseabunda
el aire que respiramos
Aspirado por nuestros hijos,
hermanos solidarios
todos envenenados.
La demoníaca contaminación humana
canta un amenazante réquiem.
Riquezas, poder, globalización:
la divina trinidad.
Tríptico de nuestro destino,
que podemos transmutar.
Ana María Fuster
Lavín nace en San Juan, Puerto Rico, en 1967. Ha publicado poesía, cuento y ensayo en las
publicaciones puertorriqueñas En rojo-Claridad, El Nuevo Día, El Vocero, Zurde, Biekesí, Zurde; también en la revista Novum
de México y las antologías Entresiglos 2 (2003) y
Círculo de Poesía, ambas publicaciones uruguayas. Su primer libro de
narraciones breves Verdades Caprichosas, publicado en 2002, le valió una
mención honorífica del Instituto de Literatura Puertorriqueña en 2003. Ha publicado en diversas revistas y páginas
electrónicas. Actualmente es editora de
la revista virtual Borinquen Literario.