Letras Salvajes                     Número 5                                        2004

 

 

 

Alberto Martínez-Márquez

 

 

PARA UNA APRECIACIÓN DE LA OBRA DE JULIO CÉSAR LÓPEZ

 

 

Julio César López se destacó a través de su vida principalmente como poeta, ensayista y educador.  Nacido en la ciudad de Cayey, Puerto Rico, en el año de 1926, cursó estudios en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.  Allí fue protagonista de la huelga estudiantil de 1948.  Residió durante ocho años en Venezuela donde laboró en la Biblioteca Nacional y en la Universidad Central.  En ese país colaboró con los siguientes proyectos: la edición de las Obras Completas de Andrés Bello, la revisión del Boletín de la Academia Nacional de la Historia, ediciones varias de la Comisión Panamericana de la Historia y Geografía, la edición de Materiales para la Historia de la Hacienda Pública en Venezuela y la Antología de temas venezolanos en la obra de Humboldt, entre otros.  

 

Regresó a Puerto Rico a principios la década de 1960 y comienza a laborar como docente en el Departamento de Humanidades de la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico.  Se destacó como Editor-Jefe de las Obras Completas de Eugenio María de Hostos, monumental edición crítica de los trabajos del gran pensador puertorriqueño de proyección hispanoamericana e internacional.  Dichos volúmenes han sido publicados por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico y constituyen un hito sin precedentes en la historia cultural puertorriqueña.  Asimismo, López fundó el Instituto de Estudios Hostosianos. 

 

     En lo que respecta a su egregia producción literaria, Julio César López cultivó con éxito los géneros del ensayo y de la poesía; e igualmente introdujo en la literatura puertorriqueña sus sorprendentes e ingeniosos “desconciertos.” López se dio a conocer inicialmente como ensayista.  Así lo atestiguan sus libros Pasión de poesía (1960), Temas y estilos en ocho escritores (1967), Peregrino de sombras (1967), La patria en dos poetas y un paralelo modernista (1968), Pulso variable (1980) y El ensayo y su enseñanza (1980), Simón Bolívar o la trayectoria de un delirio heroico (1987) y La dimensión antillana en el epistolario de Eugenio María de Hostos (1996).  El análisis crítico de Julio César López abarca figuras tan diversas y disímiles del ámbito literario puertorriqueño como lo son: Manuel A. Alonso, José de Jesús Esteves, Manuel Zeno Gandía, Eugenio María de Hostos, Graciany Miranda Archilla, Francisco Matos Paoli, Diana Ramírez de Arellano, Violeta López Suria, Josemilio González, Juan Antonio Corretjer, etc.  En lo que al ámbito latinoamericano se refiere, la mira de López va dirigida al estudio de las obras de Julio Herrera y Reissig, César Vallejo, Mariano Picón Salas, Eduardo Mallea, Adolfo Bioy Casares, Alfonso Reyes, José Martí, Ciro Alegría y Sor Juana Inés de la Cruz, por mencionar algunas de las figuras más prominentes.  Del mundo ibérico su análisis abarca la producción literaria de Miguel de Cervantes y Saavedra, Azorín y Pedro Salinas. 

 

     Quiero destacar particularmente los volúmenes Pulso Variable y Peregrino de sombras como ejemplos notables de la versatilidad prosística de Julio César López.  Pulso variable es una colección de doce ensayos de variada temática que aborda tanto el mundo literario como el campo filosófico, tanto la esfera pedagógica como el saber sociológico.  Todos los escritos incluidos en este volumen están vertebrados alrededor de la constante humanística.  De esta forma López procede a desentrañar los signos de la solidaridad humana en la poesía de César Vallejo; a explicar la praxis dialógica de la teoría educativa de Paulo Freire; a cuestionar la impronta humanística y el aparente compromiso de la filosofía existencialista; y, con aguda percepción, analiza los males de la xenofobia y de la criollofobia en la sociedad venezolano, un ensayo tan vigente hoy día que bien puede extrapolarse al contexto sociocultural puertorriqueño. 

 

Por otra parte, en pleno ejercicio de la subjetividad poética, Peregrinos de sombras, es un texto de acendrada verba que se adentra en los pormenores del paisaje, en la compleja geografía humana, en la manifestación de la amistad y en los oscuros designios de la muerte con el fin de rescatar un hondo sentido trascendental y reflexivo que no deja de exponer su descarnada humanidad.  Con Peregrino de sombras López se erige como uno los más preclaros exponentes del ensayo creativo puertorriqueño, donde el duro lenguaje de la prosa se transmuta en lírica explosión de la palabra. 

 

Es precisamente la poesía la que revela el verdadero ser de Julio César López.  Desde esa poesía surge un caleidoscopio en constante rotación donde la imaginación descubre nuevos mundos esplendentes de belleza y sueño para revelarnos la maravilla de lo cotidiano.  Su ingente obra poética queda constituida por Fogatas del tiempo (1972), Escalas de la semilla (1975), Geografía del vértigo (1976), Un blanquecino vuelo (1977), Amor, tus campanitas navideñas (1977), Alamor (1980), Poemas de tránsito y otras dolencias (1985), Cien desvaríos de la noche amante (1989), Estaciones de la vigilia: obra poética, 1975-1985 (1990) y Aniversarios e interferencias (2002). Escalas de la semilla y Poemas de tránsito son, a mi juicio, poemarios esenciales que mejor representan la excelsa poesía de Julio César López.  Ambos están inmersos en la metáfora del viaje y en el concepto de habitar en sentido heideggeriano, que sitúa al ser humano en la constante hechura del mundo de la vida.   Es interesante notar que aunque cronológicamente López bien pudiera pertenecer a la llamada Generación del 45, su poesía posee vínculos rizomáticos con poéticas posteriores, como los poetas de los colectivos-revistas Guajana, representante de la poesía de los 60, y Ventana, portaestandarte de la generación del 70.  Empero, he aquí a un poeta que resiste el encasillamiento generacional de quienes nos hemos dado testarudamente a la infame tarea de historiar el proceso literario nacional. 

         

Escalas de la semilla, publicado bajo la colección “Nueva Poesía” de la editorial Playor, representa la cristalización de la estética de Julio César López: la ironía sutil y tierna, el decantado lirismo de los versos, el poder de síntesis, la engañosa sencillez del lenguaje, la pulcra arquitectura del poema, el ludismo reflexivo y contenidamente mordaz, y otros múltiples etcéteras.  Muestra de ello es el poema con que abre el libro y que lleva por título “Asombro”:

 

Desde el rostro horizontal de la sequía.

la hierba profanada del camino

le pregunta a la altiva palmera:

 

¿Qué manantial te sigue iluminando

el verde de tu cabello?

 

¿De cuál carcaj celeste

se desprendió tu flecha,

ostentación de aguja retoñada?

 

Hay una piedra cerca

que no pregunta nada. 

 

     Consciente de su misión como artífice del lenguaje, en “Tampoco poesía” el poeta nos regala su manifiesto personal:

 

Tanta luz agrava miopías

Tanta ternura mata corazones.

Tanto verde escandaliza las hojas.

Tanta agua ultraja la sed.

Tanto amor no deja vivirlo.

Tanto pecado debe ser virtuoso.

Tanta vida busca la muerte.

Tantos ojos fabrican tinieblas.

Tanto trino tumba las ramas.

Tanto odio debe ser amor.

Tanta semilla cosecha cruces.

Tanto vuelo conquista tierra.

Tanta lágrima seca el corazón.

Tanta pureza llega a indiferencia.

Tanta cáscara suprime pulpa.

Tanta letra embrutece.

Tanta obesidad esconde hambres.

Tantas manos matan dedos.

Tantas cosas nos dejan sin nada.

Tantos pies se quedan sin caminos.

Tantas voces anulan gargantas.

¡Tanto verso no hace poesía!

 

     A diferencia de Escalas de la semilla, el libro Poemas de tránsito no registra como aquél el paso del mundo natural al mundo humano, sino que poetiza desde el mismo espacio urbano donde el ser pugna por existir y liberarse del atosigante entorno citadino.  Es la ciudad ese gran río de Heráclito donde toda cosa es y no es en el fluir constante de nuestras vidas:

 

SÓLO ASFALTO

 

Ya no hay piedras

ni polvo

en los caminos

Sólo asfalto

derritiendo

horizontes

en la canícula

infinita

de la vida.

 

     El poema “Ruinas del cielo” debe leerse a la luz del concepto de habitar expuesto por el filósofo alemán Martin Heidegger en El origen de la obra de arte:

 

Se vio las lágrimas

en un espejo tuerto

y se cambió las lágrimas

por la risa hecha añicos

de los cristales locos.

 

Y ya no tuvo más risa

ni más llanto,

sino la pared bañando

de saliva amarga

las ásperas ventanas

de sus días.

 

El hombre, este hombre,

como una casa sin techo,

cimentada en las ruinas

del cielo.

 

En el cielo también

quiebran espejos

para dejar intactas

las imágenes.

 

Mención aparte merecen los no menos importantes “desconciertos,” artefactos del lenguaje prosopoético que tan asiduamente cultivó el poeta en varios libros.  Éstos son: Cuadernos de los desconciertos (1973), Doble fondo (Desconciertos II, 1975), Torre sin control (Desconciertos III, 1978), Borrones y borradores (Desconciertos IV, 1979), Trazos en trozos (Desconciertos V, 1982), Goteras en el buzón (Desconciertos VI, 1986).  En su ensayo “La poesía de Julio César López,” publicada en la Revista de Estudios Hispánicos en 1981, el Dr. Luis de Arrigoitia caracteriza los “desconciertos” de la siguiente manera:

 

Son una imagen, una greguería o un brevísimo poema en prosa y forman un diario del poeta, un registro de su ser más íntimo, de su relación con el mundo que lo rodea. Son desconciertos por la maravilla y el asombro frente a la vida, el hombre y la naturaleza; pero son desconciertos en que él como ser histórico se aparta un poco de su ámbito y lo contempla desde lejos; también lo son en lo sorpresivo de la imagen, en el juego imaginativo, de palabras y conceptos. 

 

Concuerdo con el Dr. Arrigoitia en su definición, salvo que no se pueden caracterizar los “desconciertos” como “greguerías,” en el sentido que le confiere Ramón Gómez de la Serna a sus experimentos verbales.  En los “desconciertos” de Julio César López está ausente ese sentido vanguardista y reactivo de épater le bourgeois  (impresionar o encarar al burgués).  Entiendo que el valor de los “desconciertos” del autor de Goteras en el buzón radica en su factura anti-mimética, en la medida que rehúye la representación absoluta del mundo, entregando la palabra a los avatares de la imaginación y del pensamiento.  Esto lo acerca más a la vertiente expresionista alemana que al surrealismo francés o español del cual nacen las greguerías.  El mismo poeta los define con un “desconcierto” que cuestiona su propia naturaleza: “¿Los desconciertos son relámpagos de la inteligencia que anuncian la lluvia de los sentidos o relámpagos de los sentidos que anuncian la lluvia de la imaginación?”  Del fértil y vasto mar de los “desconciertos,” les ofrezco a los lectores una pequeña muestra:

 

Los muñecos no mueren nunca porque no quieren entristecer a los niños.

 

***

 

Todavía en la tierra, la arena emigrada del mar busca su fisonomía de ola.

 

***

 

Cuando lo humano se torna metálico retorna prematuramente al centro de la tierra.

 

***

 

Prosa: escucha el murmullo de los ríos subterráneos de tu poesía.

 

***

 

Los bosques del mundo se abrazan bajo el clamor de un bosque de espadas.

 

***

 

Se traiciona como poeta y después se consuela diciendo: “Preferí vivir la poesía a escribirla.”

 

***

 

Edipo, Anfión, Rómulo y Remo, ¿cuántos abandonos de niños registran la historia?

 

***

 

Estar en la línea es llegar al punto.  Esta en línea es salir del punto. Lo primero es punto de llegada. Lo segundo es punto de partida. Y consideren que la línea puede ser los puntos velados. O que la línea es la falsa apariencia del punto.

 

***

 

Prometeo ve, desde ultratumba, a un mundo constantemente redivivo tras la voracidad que cae, también constantemente, sobre sus entrañas.

 

***

 

Misión del poeta: sacar del texto de la sombra la clave original de la transparencia para transfigurar el mundo.

 

Hasta aquí esta apretada síntesis apreciativa de este destacado literato e intelectual del siglo XX puertorriqueño.  Indudablemente la obra que nos deja Julio César López a raíz de su muerte, acaecida el 31 de julio de 2004, representa una de las instancias más dinámicas e innovadoras de la literatura nacional puertorriqueña que merece mayor atención de parte de los críticos y estudiosos boricuas y de la crítica latinoamericana en general.  Un análisis concienzudo de la producción de Julio César López aún está por hacerse.

 

 

Alberto Martínez-Márquez. Nacido en Bayamón, Puerto Rico, en 1966.  Poeta, narrador, ensayista, dramaturgo, traductor, crítico y editor.  Ha publicado en revistas y páginas cibernéticas de Puerto Rico, Estados Unidos, Venezuela, República Dominicana, México, Brasil y España.  Es el editor de Letras Salvajes y la página Poeta Invitado.  Tiene a su haber El límite volcado: Antología de la Generación de Poetas de los Ochenta (2001), junto a Mario R. Cancel, y Las formas del vértigo y otros poemas (2001).  Su poesía también figura en los volúmenes Maestros desconocidos de la poesía hispanoamericana (2002), Los nuevos caníbales, volúmen2: la más reciente poesía del Caribe hispano (2003) y en la 1ra antologia poética AVBL (Brasil, 2004).  

 

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