El descubrimiento del continente americano se desarrolló en el marco
de una serie de condiciones que se dieron en el siglo XV en Europa y, muy
especialmente, en la Península Ibérica. Los reinos cristianos,
una vez que habían ocupado el territorio peninsular anteriormente
dominado por los reyes musulmanes, continuaron con su política expansionista:
La Corona de Aragón apostó por su expansión por el
mar Mediterráneo, mientras los reinos de Castilla y Portugal competían
por controlar el océano Atlántico y las costas de África.
Los estudios humanísticos, la observación
de la naturaleza y el nuevo espíritu de investigación, produjeron
que bastantes personalidades de la época rompieran con la concepción
aristotélica y tolomeica del Universo. Simultáneamente y
como consecuencia de la relectura de los escritos griegos, se admitió
que la Tierra tiene forma de esfera.
Asimismo, en el siglo XV se produjo un gran avance en el desarrollo de
la cartografía, se perfeccionaron la brújula y otros instrumentos
usados para la navegación, como el sextante. Todo esto, permitió
que los barcos pasaran de la navegación de cabotaje a la de alta
mar. Otro invento fundamental fue la creación de la imprenta, en
1445, por Gutenberg, que permitió la difusión rápida
por Europa de la información, la educación, la cultura y,
por tanto, de los avances de los conocimientos geográficos.
Los descubrimientos geográficos fueron fomentados por la necesidad
de establecer una vía marítima que conectara Europa con Asia.
Esto fue debido a la demanda de ciertos productos asiáticos que
escaseaban o eran demasiado caros por la ruptura de las comunicaciones
con Oriente tras la toma de Constantinopla por los otomanos en 1453.
En este orden de cosas, a raíz del Tratado de AlcaÇovas-Toledo,
de 1479, los reinos de Castilla y Portugal se dividieron las esferas de
sus respectivas influencias y las líneas futuras de expansión.
De este modo, Castilla se reservaba la posibilidad de ocupar el archipiélago
de las Canarias, mientras la corona portuguesa tuvo asignada toda la costa
del continente africano y la ruta marítima por debajo, en dirección
Sur, del cabo Bojador. Por tanto, la corona castellana, una vez conquistada
Granada (último reducto peninsular bajo dominio musulmán),
queda excluida del reparto de África y orientó su expansión
hacia el Oeste.
Los reinos europeos fueron perfeccionando los conocimientos cosmográficos,
las artes cartográficas y la construcción de naves adecuadas,
consiguiendo dominar el difícil arte de la navegación de
altura a vela. Conforme avanzaba el siglo XV, se fueron hallando los diferentes
archipiélagos del Atlántico: Canarias, Madeira, Azores y
Cabo Verde. También se fueron conociendo los datos sobre la circulación
atmosférica y marina en las latitudes tropicales y medias. Por tanto,
la travesía del océano Atlántico estaba preparada
para realizarse en cualquier momento.
El contexto
en que se movían los marinos de las costas de Huelva y de Cádiz
era muy peculiar. Por un lado, el espíritu de aventura y de empresa
de algunos grandes señores andaluces no encontraba la recompensa
adecuada, porque no era mucha la riqueza que se podía esperar de
la zona de Berbería. Además, la mentalidad de la época
no permitía establecer unas relaciones pacíficas y estrechas
con los infieles que permitieran buenos flujos comerciales. Por ello, se
peleaban más que comerciaban, y las hazañas de los marinos
andaluces estaban dentro de la piratería, la actividad comercial
y pesquera. Por otro lado, a estos inconvenientes iniciales se les superponía
la constante rivalidad con los portugueses, que ansiaban tener el monopolio
de las actividades que se dieran en las costas africanas. Por estas razones,
la actitud de los Reyes Católicos estuvo siempre orientada a conservar
la amistad de Portugal y a no permitir que les cerraran el paso por el
océano Atlántico, tanto por su política de expansión
como por el deseo de que los habitantes del Golfo de Cádiz pudieran
desarrollar sus actividades en las mejores condiciones.
Cristóbal Colón fue el artífice
de la hazaña del Descubrimiento de América. De su biografía
se sabe bien poco hasta su aparición en Castilla, procedente de
Portugal. El lugar de nacimiento no está claro y las posibilidades
más aceptadas son Génova, Portugal y Castilla. Lo cierto
es que Colón vivió durante largo tiempo en Portugal y se
casó con la hija del gobernador de Porto Santo, ciudad de la isla
de Madeira, en pleno océano Atlántico. Una vez que Colón
concibió la posibilidad de llegar a Asia por la ruta Oeste, pidió
una audiencia en la corte portuguesa, en 1483, para explicar su proyecto,
que fue rechazado por los expertos náuticos de esa corona.
De esta forma, Cristóbal Colón emprendió viaje a Castilla
para pedir apoyo a su empresa. Sus primeros contactos con los castellanos
fueron en la provincia de Huelva: en el Monasterio de La Rábida
(cuyo prior era Juan Pérez, antiguo confesor de Isabel I la Católica)
y en Palos (pueblo que contaba con expertos marinos conocedores de la navegación
por las costas de África).
Al igual que le sucedió en Portugal, los consejeros científicos
de los Reyes Católicos rechazaron el proyecto de ir hacia las Indias
por el Oeste por considerarlo imposible. No obstante, después de
la toma de Granada, los monarcas facilitaron la salida de esta expedición
obligando a la población palerma a embarcarse en esta aventura como
contrapartida a haber vulnerado el tratado de AlcaÇovas.