SEXO ORAL Y ANAL: ORGASMOS DEL PECADO QUE SERÁN PAGADOS CON ESPANTOSOS SUFRIMIENTOS ETERNOS EN EL LAGO DE FUEGO

Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre Apocalipsis 21:8

"El humo de su TORMENTO asciende por LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS: y NO TIENEN DESCANSO DE DIA NI DE NOCHE." Apocalipsis 14:11

"Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al LAGO DE FUEGO." Apocalipsis 20:15

�Ha visto imagenes de un volcán en erupción, arrojando un lago de fuego del interior de la Tierra- consumiendo todo lo que se encuentra en el camino sólo por su calor? Cuando el Monte Santa Helena erupcionó en Mayo 18, 1980, fué descrito por los reporteros, "cuando el INFIERNO salió a la superficie." El libro, Volcanes, Despertar de la Tierra (p.91) describe a un volcán en erupción como "un descenso al INFIERNO". En este momento, hay millones de almas perdidas, siendo atormentadas - quemandose, lamentando, gimiendo - sin ninguna esperanza.

El fuego que tortura a los condenados es un fuego ardiente, pero sin luz; éstas son las tinieblas exteriores de que habla el Evangelio. En estas tinieblas se encontrarán todos los males imaginables, sin mezcla de bien alguno. Piensa en todos los suplicios que han sufrido los mártires, en los dolores que causan las enfermedades más crueles, y después de esto di: El Infierno es todavía algo más espantoso que todos estos tormentos. Sería preciso concebir la omnipotencia de Dios y la malicia del pecado, para comprender la magnitgud de los suplicios del infierno.

Represéntate a los miserables a quienes en estas llamas atormentan los demonios. Escucha sus quejas, sus lamentos, sus horribles blasfemias. Piensa en el nauseabundo olor que respiran, en la hiel en que se abrevan, en el fuego que penetra todos sus huesos. �Será posible que uno se exponga a estos sufrimientos por el placer de un momento?





La memoria de los condenados les representará los miserables placeres que causaron su pérdida, y lo poco que les hubiera bastado para salvarse. Su inteligencia concebirá entonces la grandeza del bien que han perdido y del mal en el que se han precipitado. Su voluntad quedará para siempre obstinada en el mal; querrán morir para no sufrir más; ni siquiera habrá muerte ya. Hagamos penitencia, ahora que todavía es el tiempo de ello. Tarde será arrepentirnos frente al fuego del infierno, que penetrará hasta la médula de nuestros huesos, hasta nuestros pensamientos. (Eusebio).


Jesucristo habla en el Evangelio quince veces del infierno, y catorce veces dice que en el infierno hay fuego . Y en el Nuevo Testamento se dice veintitrés veces que hay fuego. Aunque este fuego es de características distintas del de la Tierra, pues atormenta los espíritus , Jesucristo no ha encontrado otra palabra que exprese mejor ese tormento del infierno, y por eso la repite. La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe dijo, el 17 de mayo de 1979, que "aunque la palabra "fuego" es sólo una "imagen", debe ser tratada con todo respeto".

En el infierno hay otro tormento que es el más terrible de todas las penas del infierno . Según San Juan Crisóstomo , es mil veces peor que el fuego.

San Agustín dice que no conocemos un tormento que se le pueda comparar.

Los teólogos lo llaman pena de daño . Es una angustia terrible, una especie de desesperación suprema que tortura al condenado, al ver que por su culpa perdió el cielo, no gozará de Dios y se ha condenado para siempre. La Biblia pone en boca del condenado un grito terrible: "Me he equivocado".

Ahora, como no entendemos bien ni el cielo ni el infierno, no comprendemos esta pena, pero entonces veremos todo su horror .
No hay que confundir "el infierno" con "los infiernos" a los que fue Cristo después de morir.


Pero hemos de tener en cuenta que Dios no nos manda al infierno; somos nosotros los que libremente lo elegimos. Él ve con pena que nosotros le rechazamos a Él por el pecado; pero nos ha hecho libres y no quiere privarnos de la libertad que es consecuencia de la inteligencia que nos ha dado. Jesucristo nos enseñó clarísimamente la gran misericordia de Dios. Pero también nos dice que el infierno es eterno. Cristo afirmó la existencia de una pena eterna, entre otras veces, cuando habló del juicio final: "Dirá a los de la izquierda: apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo".



Y después añade que los malos "irán al suplicio eterno y los justos a la vida eterna".

Es dogma de fe que existe un infierno eterno para los pecadores que mueran sin arrepentirse.

Aunque Dios es misericordioso, también es justo. Dice la Sagrada Escritura: "Tan grande como ha sido mi misericordia, será también mi justicia".

Y su misericordia no puede oponerse a su justicia.

Como es misericordioso, perdona siempre al que se arrepiente de su pecado; pero como es justo, no puede perdonar al que no se arrepiente.


El concepto de eternidad se opone al concepto de tiempo, que supone un antes y un después. La eternidad supone una duración ilimitada, una permanencia interminable . Una imagen que puede ayudar a entender la eternidad es un reloj pintado a las nueve en punto. Por mucho que esperemos, nunca señalará las nueve y cinco.


El infierno existe, no porque lo quiera Dios, que no lo quiere; sino porque el hombre libre puede optar contra Dios. No es necesario que sea una acción explícita. Se puede negar a Dios implícitamente, con las obras de la vida. Si negamos la posibilidad del hombre para pecar, suprimimos la libertad del hombre. Si el hombre no es libre para decir NO a Dios, tampoco lo sería para decirle SI. La posibilidad de optar por Dios incluye la posibilidad de rechazarlo .


No nos engañemos con el aparente triunfo de algunos malos. En primer lugar, porque el triunfo del malo se limita a esta vida, donde la experiencia enseña que no se da triunfo completo y libre de mal. Pero, sobre todo, porque el que peca es un fracasado para la eternidad, que es donde el fracaso es completo e irremediable.





El único que triunfa es quien se salva.


LA ETERNA CONDENACION EN EL INFIERNO

El infierno es un lugar de tormentos, donde sufrirán eternos suplicios los que mueren en pecado mortal. Respecto al infierno son verdades de fe: 1) que existe; 2) que hay en él pena de fuego; 3) que sus tormentos son eternos; y 4) que van a él los que mueren en pecado mortal.
Esto consta por muchas y muy claras palabras de la Escritura. Ella llama al infierno "lugar de tormentos" (Lucas 16,28), "suplicio eterno" (Mateo 25,46), "fuego inextinguible" (Marcos 9,42). Y Dios dirá a los malos: "Apártense de mí, malditos, al fuego eterno que está preparado para el demonio y sus ángeles" (Mateo 25,41). Setenta veces habla la Escritura del infierno; de éstas, veinticinco en los Evangelios.
La Iglesia siempre ha enseñado la existencia del infierno: "Las almas de los que salen de este mundo con pecado mortal actual, inmediatamente después de su muerte bajan al infierno, donde son atormentadas con penas infernales" (Benedicto XII).
"Los que hayan respondido al amor y a la piedad de Dios irán a la vida eterna, pero los que hayan rechazado hasta el final, serán destinados al fuego que nunca cesará".
La Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe insiste que "la Iglesia, en una línea de fidelidad al Nuevo Testamento y a la Tradición...cree en el castigo eterno que espera al pecador, que será privado de la visión de Dios, y en la repercusión de esta pena en todo su ser".
Las penas del infierno son:
1.-La privación de todo bien: de todo reposo, alegría, amor y esperanza; y en especial la privación de Dios. Es la llamada "Pena de daño".
2.-El sufrimiento de todo mal y dolor. La Escritura lo llama "Lugar de Tormentos", y especialmente insiste en el supiclio de fuego. Se le denomina "Pena de sentido".
Las penas del infierno serán iguales en duración para todos los condenados, pues son eternas; pero en cuanto a la acerbidad, serán diferentes, de acuerdo con la gravedad de los pecados y el abuso de las gracias recibidas.
"Dios dará a cada uno según sus obras" (Romanos 2,6). "Cuanto se ha engreído y ragalado dadle otro tanto de tormento y llanto" (Apocalipsis 28,7).
La Privación de la vista de Dios se llama "Pena de daño", y es la más terrible de las penas del infierno. En efecto, nos priva para siempre de Dios, el Bien infinito para el que fuimos creados; y al privarnos de Dios nos priva de todo otro bien y felicidad.
En esta vida no podemos tener siquiera idea aproximada de la pena de daño, porque los bienes de este mundo nos entretienen y cautivan. Pero en la otra, al ver que fuera de Dios no puede haber bien alguno, los condenados experimentarán en toda su terrible realidad la infelicidad de verse privados de Él para siempre.
Dios no deja de ser para el condenado el último fin y felicidad. Y esto es precisamente lo que hace la infelicidad del condenado, al considerar que ya nunca podrá alcanzar su último fin, ni ser feliz.
El condenado tiende a Dios con la misma violencia con que una piedra dejada en el aire se lanza a su centro de gravedad; pero Dios lo rechazará, y entonces entrará aquél en eterno llanto y desesperación.
La pena de sentido consiste en el fuego y demás tormentos que experimentarán los condenados. La Escritura lo llama fuego voraz e inextinguible; "fuego que nunca se apaga", repite tres veces Cristo (Marcos 9,42).
Todas las facultades tendrán en el infierno su castigo especial. Y si el castigo de los sentidos es el fuego, y el de la inteligencia y voluntad es la pena de daño, el castigo de la memoria es el remordimiento, y el de la imaginación es la desesperación.
El remordimiento es la pena de la memoria, que le recuerda al condenado los muchos medios de salvación que tuvo en la tierra, el desprecio que hizo de ellos, y cómo vino a condenarse sólo por su culpa.
La desesperación es la pena de la imaginación, que le vive representando que sus tormentos durarán no por mil años, ni por millones de años, sino mientras Dios sea Dios, por toda la eternidad.
La eternidad de las penas del infierno es dogma de fe definido por la Iglesia, que consta en muchos lugares de la Escritura:
"Serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 14,10).
"Vayan, malditos, al fuego eterno" (Mateo 25,41).
La eternidad de las penas no contradice la misericordia divina, porque si ésta es infinita, también es infinita su justicia.
Por otra parte esta verdad está tan claramente establecida en la Escritura y en las definiciones de la Iglesia que el negarla equivale a dejar de ser católico.
Para evitar el infierno debemos pensar con frecuencia en la eternidad de sus penas para fomentar en nuestra alma el temor de Dios y el cumplimiento de sus mandamientos.
"No olvides hijo, que para tí en la tierra sólo hay un mal, que habrás de temer, y evitar con la gracia divina: el pecado" (José María Escrivá de Balaguer, Camino, n. 386).


LOS MALVADOS, LOS VICIOSOS Y LOS BLASFEMOS SE HUNDIRÁN PARA SIEMPRE EN EL LAGO DE FUEGO ETERNO

El reflejo parecía penetrar en la tierra y vimos como un mar de fuego, y sumergidos en ese fuego los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos lados, semejante a la caída de pavesas en grandes incendios, pero sin peso ni equilibrio, entre gritos y lamentos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. (Debía ser a la vista de eso que dije un "ay" que dicen haber oído). Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros tizones en brasa. (DESCRIPCIÓN DE SOR LÚCIA DEL INFIERNO VISTO POR ELLA EN FÁTIMA EL DÍA 13 DE JULIO DE 1917)




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