¿Adónde va el feminismo?

Pérdida de lo femenino

Hace setenta años las mujeres obtuvieron el derecho al voto en España. Este aniversario es un buen momento para reflexionar sobre los logros del feminismo, sus limitaciones, fundamentalmente, sobre sus retos futuros. ¿Sobre qué presupuestos ideológicos se apoya el primer feminismo? ¿En qué medida resultan adecuados en la actualidad? ¿Qué proyecto social propone el feminismo para el siglo que ha comenzado? En cualquier caso, es importante reflexionar sobre las razones que explican que, a pesar de los logros conseguidos, los movimientos feministas no cuenten, en la actualidad, con el respaldo deseado entre las mujeres jóvenes. Quizás la causa de ello se encuentra en ciertos presupuestos, adoptados por el feminismo desde sus orígenes, y hoy día en fase de superación. Es cierto que el primer feminismo o feminismo liberal llevó a cabo una aportación innegable en la defensa de la igualdad de derechos entre hombre y mujer. Sin embargo, este feminismo implicó una defensa de la mujer sobre unos presupuestos claros, heredados de la mentalidad moderna: la devaluación de lo específicamente femenino, como, por ejemplo, la maternidad. Se presuponía que, para realizarse personalmente, la mujer tenía que convertirse en otro hombre, asumiendo los valores modernos de la productividad y el éxito.

La evidente contradicción

Tal depreciación de la maternidad aparece especialmente clara en la obra de Simón de Beauvoir. Para esta autora, la mujer es realmente un hombre con el inconveniente de que su cuerpo está expuesto a la posible reproducción. Se parte, por ello, de una hostilidad a lo naturalmente propio de la mujer. Su realización como persona estaría, por ello, estrechamente relacionada con la posibilidad de erradicación de la maternidad. Prueba de ello es que uno de los objetivos de los movimientos feministas haya sido, y continúe siendo, la consecución del aborto libre. La pregunta que nos podemos hacer es la siguiente: ¿Hasta qué punto es vendible y susceptible de generar adhesión e ilusión un proyecto dirigido básicamente a las mujeres, pero asentado en la negación de la realidad de lo específicamente femenino? ¿Hasta dónde puede llegar el movimiento feminista si se propone como una de sus metas fundamentales la consecución de una pretendida autodeterminación de la mujer, que niega la alteridad, la existencia del otro, máxime cuando el otro es el propio hijo? ¿No es esto proponerse como meta la exclusión y eliminación del más débil?



Como objetivo la familia

Ciertamente, el feminismo debe luchar por conservar y ahondar en la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. Pero debe superar su lastre individualista, excluyente. No debe partir del rechazo de la especificidad de la mujer, porque ello implica negar la realidad, la riqueza propia de lo femenino. No puede continuar moviéndose en un contexto de antagonismo con el hombre. El individualismo aísla de los demás y pone barreras a la comprensión de las realidades sociales más básicas. Estos presupuestos perjudican a la misma mujer y, en última instancia, a la familia. Frente a ello, considero que todo proyecto de cambio de las estructuras sociales debe partir de la base de que el entorno más propio y característico del ser humano es la familia. Somos humanos porque somos familiares; y en la medida en que seamos más familiares, más humanos seremos. Por ello, el mejoramiento de la situación y condiciones de vida de las familias debe ser objetivo prioritario de toda acción de gobierno.



El valor exclusivo de cada una

El cambio que debe propugnar el nuevo feminismo debe pasar por proponer una sociedad en la que todos tengan cabida, especialmente los más indefensos. Una cultura en la que no se niegue la existencia del otro, de cualquier otro. Una sociedad en la que cualquier individuo humano (también el no nacido) sea considerado un bien. Una sociedad que proponga un nuevo horizonte de realización personal, en el que las claves de la dignidad humana no se encuentren, exclusivamente, en valores como el mercado o la productividad. Una nueva cultura no excluyente, en la que tanto hombres como mujeres concedan un lugar prioritario a la defensa de la familia, la maternidad y la paternidad, la vida en todas sus manifestaciones, la acogida y el cuidado de los débiles o enfermos. Un sociedad, en definitiva, en la que se defienda el carácter sagrado e insustituible de cada individuo humano, con independencia de su grado de desarrollo, origen, salud, o características personales.

El feminismo de la complementariedad

Luces y sombras

El siglo XX fue testigo de la lucha por la equiparación de derechos entre el varón y de la mujer. Ello puede observarse, principalmente, en la cultura occidental, donde nacieron y se desarrollaron movimientos feministas propulsores de esta igualdad. Sin embargo, a comienzos del siglo XXI la discriminación de la mujer continúa siendo una realidad en muchos ambientes. Pueden citarse, como ejemplo, las discriminaciones sufridas por la mujer en el ámbito laboral y la violencia que padece en la esfera familiar. Queda aún un largo camino por recorrer para que la mujer pueda ocupar el lugar que le corresponde en la vida política, jurídica, económica y cultural. Los primeros feminismos realizaron una aportación innegable en la consecución de la igualdad de derechos entre hombre y mujer. Sin embargo, implicaron, en general, una defensa de la mujer sobre unos presupuestos claros: la devaluación de lo específicamente femenino -como la maternidad-, y la potenciación del ámbito de lo público. En definitiva, se presuponía que para realizarse personalmente la mujer tenía que "convertirse" en un varón, asumiendo los valores que la modernidad había asignado al género masculino: fundamentalmente, la idea de que no cabe dignidad, ni desarrollo personal, al margen de la productividad y del éxito.



Una nueva luz

Este planteamiento tuvo claras consecuencias que han llegado hasta nosotros. Podríamos destacar dos: en primer lugar, el trabajo del ama de casa es profundamente despreciado, y en ningún caso es tenido en cuenta como un ámbito de realización personal. En realidad, se entiende que "esclaviza" a la persona; en segundo lugar, se defiende que la clave para la igualdad de derechos se encuentra en el control de la natalidad. La llamada "salud reproductiva" consiste, fundamentalmente, en la decisión de no reproducirse. Frente a ello, el feminismo de la complementariedad surge como un intento de conservar y ahondar en la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, pero cambiando las claves de la realización personal. El ámbito de lo privado, en el que tradicionalmente la mujer había ejercido su influencia, como la familia, el cuidado de los hijos o de los débiles, recobra ahora su importancia. Se insiste así en la trascendencia social y humana del cuidado al otro, partiendo del presupuesto de que el ser humano se realiza, no de un modo autónomo y autosuficiente, sino en relación con los demás, en la donación a los demás. La realidad es que todo ser humano está necesitado de cuidados, de atención, y de un lugar en el que se nos quiera por nosotros mismos. Desde el nacimiento hasta la muerte todo hombre y mujer somos seres necesitados.



Por el bien de todos

El feminismo de la complementariedad propone estas actitudes, ya no como exclusivas de la mujer sino, especialmente, como un reto para los varones. Por ello, defiende que la mujer no debe renunciar a sus caracteres específicos -a su femineidad-, ni entrar en antagonismo con el hombre, para encontrar, tanto en la vida pública como en la privada, el lugar que le corresponde. Es más, se entiende que gran parte de las discriminaciones que actualmente padece el género femenino tienen su raíz, precisamente, en la falta de reconocimiento de la mujer en cuanto tal, como persona femenina. Por ello, la superación de esta situación exige reconquistar y respetar las cualidades que caracterizan a la mujer. Ello implica reconocer la complementariedad del varón y la mujer, así como la riqueza que la misma aporta, tanto a nivel personal, como social y familiar. Riqueza que, además, hoy es exigida por una cultura de corte racionalista, individualista y utilitarista. Se defiende así que los problemas sociales, ecológicos y multiculturales tendrían una solución más adecuada si dejaran de plantearse en términos pragmáticos, de utilidad y eficacia, y comenzaran a ser afrontados desde la solidaridad, la acogida y el respeto de toda vida humana. Estos valores están íntimamente relacionados con la mujer.



Hacer valer lo femenino sin complejos

Uno de los ámbitos más necesitados de un apoyo político, jurídico y cultural es el de la maternidad. Por un lado se constata la falta de apoyo institucional para poder conciliar vida familiar y laboral. Por otro, se comprueba la existencia de una clara discriminación de la mujer-madre al tratar de encontrar, o mantener, su puesto de trabajo. Al mismo tiempo, todavía se observa una escasa participación del padre en la vida familiar. La esfera privada continúa considerándose un ámbito exclusivamente femenino. Las tareas del hogar implican, en el caso de la mujer, una segunda ocupación profesional. Esta situación acaba perjudicando a todo el núcleo familiar, y las consecuencias sociales no tardan en percibirse. En definitiva, si en este siglo XXI la mujer quiere encontrar el lugar que en justicia le corresponde en la sociedad, no debe, en nombre de una pretendida "liberación del dominio del hombre" apropiarse de las características masculinas, en contra de su propia "originalidad" femenina. Ello le conduciría a deformar y perder lo que constituye su riqueza más esencial. Por el contrario, se trata de potenciar a nivel público y privado gran parte de las actitudes que, tradicionalmente, han constituido el espacio social de la mujer. Se trata, en palabras de Castilla, de asumir el desafío de construir una sociedad con madre y una familia con padre. La contribución activa del varón en estos cambios es, ciertamente, un eslabón fundamental. Sólo así la sociedad y la familia podrán convertirse en el lugar donde se respete y promueva la dignidad de cada persona.

Ángela Aparisi.







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