“He visto hombres que sabían vivir y morir, eran hombres que escogían su trabajo serenamente y luego se daban
a él por entero, sin miedo al dolor, a la adversidad ni a la injusticia. Al conocerlos,
volví a tener fe en la humanidad y encontré el sentido de la existencia: pues
no hay lección tan provechosa como la
de aquellos que creen en la propia obra”
Fernando Rojas Ochoa, compañero y amigo, en el colegio decía los discursos en la izada de
bandera.
Joven emprendedor, se
matricula en la Universidad nacional, no se perdía una sola manifestación ni
marcha estudiantil y por lo menos en dos ocasiones fue a dar a la plaza de
toros en compañía de la policía. Se gradúa de Administrador de Empresas y buena
parte de su vida hizo ejercicio profesional en cementos Samper de la
Calera. Atravesó por grandes
dificultades y sacrificios, pero siempre se le vio sonreír.
El trabajo, la independencia, la libertad, fueron las constantes de su
vida, si digo que fue compañero, debo decir que fue uno de los mejores
compañeros, si digo que fue un amigo, debo señalar que fue el mejor y más leal amigo.
La muerte lo visitó en plena primavera, y hoy lo sentimos
presente por su calidez, amistad y
compañerismo.
“la muerte está tan segura de su victoria, que nos da toda una vida de
ventaja”
“Alguien me hablo todos los días de mi vida al oído, despacio,
lentamente. Me dijo: vive, vive, vive. Era la muerte”
Fernando Rojas Ochoa: amigo y compañero, Administrador de Empresas
vivió la vida que quiso y la vivió a plenitud, nunca dejó de sonreír. Por todo
esto, su muerte física, es vida por su obra que lo hará permanecer por siempre
en nuestras conciencias y en nuestros corazones.
Me permito llamar a lista
al compañero y amigo DEL SALESIANO LEON XIII, 1967: Fernando Rojas Ochoa... ¡PRESENTE!