El estatus, la ilusión
más grande
La sociedad de
hoy gasta más por alcanzar un estatus alto, pero igual sufre más y logra menos
cosas, dice el ensayista suizo Alain de Botton.
Admítalo: cuando usted tiene algo que le da un supuesto estatus,
lo luce como si fuera un pavo real en pleno cortejo. Ese algo puede llamarse
celular, cámara digital, diamante o esmeralda, vestido de Dior, un carro que
supere las expectativas del sueldo promedio, una sonrisa de comercial de crema
dental, un cuerpo de medidas perfectas aunque sea gracias al bisturí, lo que
sea. El estatus es algo que lo desvive.
Para ir al grano, es necesario aclarar que el estatus, según el
ensayista suizo Alain de Botton, significa querer tener valor ante los demás.
Antes lo tenían las personas por su familia o abolengo. Ahora se gana y se
pierde por miles de cosas imprecisas que van desde un brasier hasta una
cartera. Pero no solo se gana por tenerlos, sino por exhibirlos a todos como un
trofeo de caza. Todo vale y nada satisface ese deseo. "Entre más buscamos
ser bellos, inteligentes, perfectos, menos tenemos", dice.
Aunque cueste admitirlo, la mayoría cumple al pie de la letra lo
que dice en entrevista para EL TIEMPO Alain de Botton, autor de Ansiedad por
el estatus, un libro que analiza el comportamiento de los seres humanos y
su obsesión por alcanzar una mayor posición social. El suizo asegura que
"la historia de nuestra búsqueda del amor del mundo es un relato más
secreto y vergonzoso", que la búsqueda del amor sexual. El estatus, para
él, es eso: necesidad de ser amado.
"Nos arruina los ideales de la vida. Nos lleva a pensar que
corremos el peligro de no responder a los ideales de éxito. Nos preocupa ocupar
un escalón modesto o caer en uno inferior", explica Botton.
También asegura que "la mayoría de gente que busca subir de
estatus tiene su comida y su refugio asegurados". Lo que persigue no es el
deseo de acumular más bienes, sino que otros se preocupen por ellos, los noten,
recuerden sus nombres y los escuchen. "Es ser amado por la sociedad",
explica.
"Nuestra valía crece de acuerdo a como nos vean los demás. Si
divierten nuestros chistes es porque entretenemos. Si nos alaban, sentimos que
valemos más. Si huyen, dudamos de nosotros".
¿El estatus es bueno o malo?
Creo que la ansiedad por el estatus es particularmente mala en
este momento de la historia, porque nunca antes la gente había estado expuesta
a tantas imágenes de tantas orígenes. Estas imágenes nos hacen redefinir los
conceptos de lujo y pobreza. Todos estamos sufriendo por el 'optimismo' de la
sociedad de consumo anglo americano.
¿He hecho perder estatus o gente bien?
Mi libro ha hecho sentir incómoda a un grupo de gente de estatus
alto. No digo que nadie debería de tener estatus alto. ¡Pero sugiero que quizás
los que lo tengan no sean los correctos!
¿Cómo nace la ansiedad?
"Cuando el afecto empieza a depender del logro. Es el miedo a
valer menos y se piensa que al cambiar de actitud o de ideales se cambiará de
posición social. Aunque tenemos más que nunca, sentimos que no nos basta lo que
logramos. Solo nos consideramos afortunados si tenemos tanto, o más como las
personas con las que trabajamos y nos identificamos".
¿Escribir un libro lo subió de posición social?
El libro no lo mejoró, pero ayudó a calma mi ansiedad sobre mi
propio estatus. Escribí, ante todo, para ayudarme a ser un poco menos loco en
mis ideas, y afortunadamente eso funcionó.
¿Y
en Colombia?
Para el sociólogo Armando Silva, la ansiedad por el estatus en el
país nace porque "somos una sociedad clasista. La modernidad pasó de un
sistema de producción a uno basado en el consumo, en el que se produce de
acuerdo a las fantasías y al deseo de tener mayor estatus. La única forma que
tenemos para que una clase social en condiciones inferiores acceda a la superior
es a través del consumo. Eso significa mostrar objetos, como el celular, para
aparentar. Llegamos a ser una sociedad exhibicionista, que muestra lo que
tiene. Y a fenómenos como el narcotráfico, en el que se genera violencia para
ser reconocidos".
Para Rafael Castro, a cargo del Centro Interior Mandala, los
colombianos que buscan paz espiritual lo hacen movidos por la frustración que
les causa no alcanzar las tantas metas que se proponen. "Castaneda dice
que los seres humanos gastan el 90 por ciento de su energía tratando de
mantener la idea de su grandeza. Los occidentales nos creemos el centro del
universo. Pero todo ego es ficción. La gente en Colombia es esclava de sus
logros y esta sociedad nos vende la idea de la posesión, la riqueza y la
inteligencia como ideales".
COPYRIGHT ©
2004 CASA EDITORIAL EL TIEMPO S.A.
Miercóles 8
de septiembre de 2004