El país más
feliz del mundo
Revista
Cambio Edición 587
Una
encuesta de Cambio y Datexco confirma un estudio en 112 países, según el cual
los colombianos somos los más felices.
Cuando Hiromi Segawa se bajó del avión
en Bogotá, la esperaba con pancartas, pitos y vivas un grupo de colombianos
desconocidos para ella. Venía por invitación de Camilo, su novio colombiano. Se
conocieron en Canadá y, cuando él le pidió que lo acompañara a Colombia, Hiromi
lo pensó más de una vez. Mientras se sorprendía con las caras alegres y amables
de quienes le tenían semejante recibimiento, Hiromi recordaba todo lo que había
visto en la televisión: guerrilla, muertos, bombas, miseria y otros problemas,
que no coincidían con la efusividad de sus nuevos amigos. Entre vallenatos, fiestas
y abrazos, la japonesa pasó en Colombia 20 días, después de los cuales se fue
convencida de que los colombianos son gente feliz, dicharachera y llena de
optimismo.
Nadie ha revelado todavía cuál es el
secreto. Cómo se puede vivir tan alegres y transmitirles esa sensación a los
demás, a pesar de los problemas que tiene el país. Sin embargo, no es sólo la
impresión de Hiromi o de los miles de extranjeros que, cuando visitan Colombia,
se llevan los mejores recuerdos de una gente que vive contenta y que encuentra
en cualquier cosa un motivo para celebrar. Según el World Database of
Happiness, un registro permanente de estudios e indicadores sobre la felicidad
en 112 países, realizado por la Universidad Erasmus de Rotterdam, Holanda,
Colombia es el país del mundo donde la gente se siente más feliz. La encuesta
realizada por Datexco para esta edición de CAMBIO y los testimonios de personas
de diversos orígenes, oficios y condiciones lo confirman: a los colombianos les
gusta la vida que viven y se sienten felices con ella.
El ser humano se ha pasado siglos
buscando la felicidad, sin saber a ciencia cierta qué es o dónde encontrarla.
Para Santo Tomás de Aquino, la felicidad no se consigue en los bienes
materiales, sino a través de la verdad y de Dios. Aristóteles pensaba que el
mayor nivel de felicidad y satisfacción estaba en la vida contemplativa. El
filósofo Kant creía que los seres humanos son felices como producto de una
moral universal. Gandhi hablaba de felicidad como sinónimo del equilibrio entre
alma, mente y cuerpo, mientras para el Dalai Lama, la felicidad está
determinada más por el estado de la mente, que por los eventos externos.
Los científicos sociales y los
sicólogos modernos también ofrecen algunas luces en este histórico debate.
Recientemente, un grupo de ingleses aseguró haber descubierto la fórmula
matemática de la felicidad: F = CP + (5XEG) + (3xIA), donde F es Felicidad, CP
son las Características Personales (filosofía de la vida, capacidad de
adaptación, resistencia, sentido del humor, etc.), EG es el Estado General
(salud, amistades, empleo, situación económica) e IA son las Ilusiones y
Ambiciones (expectativas sobre la vida, ambición, autoestima).
A pesar de estos intentos por hacer
científico el concepto de felicidad, la gente del común tiene diferentes
aproximaciones a ella y cada uno se guía por su definición. En opinión de Ruut
Veenhoven, director del World Database of Happiness, "no hay una sola cosa
que haga a la gente feliz. La felicidad depende tanto de lo vivible que sea el
ambiente de cada uno, como de la habilidad de cada cual para vivirlo". Hay
quienes logran ser inmensamente felices en condiciones adversas y también
quienes son incapaces de serlo en el paraíso.
A pesar de las grandes diferencias culturales
sobre lo que cada cual cree que es la felicidad, lo que hace feliz a la gente
es prácticamente universal, según Veenhoven. Con base en esta similitud, la
Universidad Erasmus, creó el World Database of Happiness (WDH), un proyecto que
se ha dedicado a recopilar estudios que miden la felicidad en distintas partes
del mundo. "Definimos la felicidad como la apreciación subjetiva de la
vida como un todo. En otras palabras: cuánto le gusta a uno la vida que
vive", puntualiza Veenhoven. El proyecto recoge publicaciones científicas
sobre la felicidad alrededor del mundo, y selecciona los estudios empíricos que
miden la felicidad con una metodología adecuada. Los datos se recopilan en un
inven- tario mundial por naciones y correlaciones de las características de la
gente feliz.
De acuerdo con el World Database of
Happiness, los colombianos son los primeros en el ranking de felicidad,
seguidos por los suizos. Las diferencias entre los dos países, sin embargo, no
podían ser mayores. El ingreso per capita de Suiza es el segundo en el mundo,
con 36.170 dólares, mientras Colombia ocupa el puesto 62 con 1.820. Suiza es
considerada uno de los países más tranquilos del mundo, lo cual le ha permitido
constituirse en un paraíso fiscal, en cuya estabilidad confían los ricos del
mundo que depositan allí la mayor parte de su dinero. Colombia, por el
contrario, es considerado uno de los países más violentos, hasta hace pocos
años tenía el poco honroso récord de tener una de las tasas de criminalidad más
altas del mundo y donde se producía el mayor número de secuestros por año. Aun
así, los colombianos dicen ser más felices. ¿Por qué?
Una aproximación a la respuesta podría
ser la sorprendente capacidad de quienes viven en Colombia de ver el vaso medio
lleno en lugar de verlo medio vacío. "A pesar de todos los problemas, el
colombiano le saca jugo a la vida" –asegura Jorge Londoño, de Gallup,
quien en dos encuestas realizadas en diciembre de 2002 y de 2003 comprobó
también el alto grado de satisfacción de los colombianos con su vida–. No se
deja deprimir por los problemas y tiene una gran capacidad de superación
emocional. Por eso logra ser feliz". Para Carlos Lemoine, del Centro
Nacional de Consultoría (CNC), hay un factor genético que no se puede descartar.
En un estudio realizado en 1992 por varias compañías, entre ellas el CNC, el
82% de los colombianos se declaró feliz, por encima de países como Alemania
(61%), Francia (67%), Italia (62%) y Brasil (76%). "Lo cultural y lo
genético son muy importantes y les dan a las personas una capacidad particular
de relacionarse con los demás y sobrellevar la adversidad positivamente, a
pesar de estar rodeadas de circunstancias difíciles", asegura.
La explicación es, para Veenhoven, que
el efecto de la riqueza en la felicidad no es directamente proporcional.
"Cuando el ingreso per capita supera los 10.000 dólares, el incremento en
el bienestar material le agrega poco a la felicidad. Además del nivel
económico, hay otros factores como la democracia política, la libertad para
escoger la manera de vivir y la tolerancia, que inciden en el grado de
felicidad de las naciones", asegura. En opinión de la sicóloga Annie de
Acevedo, "cuando las personas tienen todo, no se conforman tan fácilmente,
en cambio los colombianos, con cualquier pequeña mejoría nos sentimos felices y
satisfechos". La politóloga de la Universidad de los Andes Angelika
Rettberg, coincide con este punto de vista. "Los colombianos valoramos las
cosas pequeñas y en esa medida somos más felices que muchos otros", anota.
Según Datexco, el grado de felicidad de
los colombianos es muy similar al registrado en el World Database of Happiness:
8,18 vs. 8,1. La mayor satisfacción radica en su vida familiar, y la situación
financiera y la laboral es donde identifican mayores obstáculos para su
felicidad. En cuanto a lo que les ofrece el país, el sentido de pertenencia a
Colombia es el mayor motivo de orgullo, mientras la falta de oportunidades es
lo que más incertidumbre genera.
La salud es el aspecto que más afecta
la felicidad (8,62 ), seguida muy de cerca por el trabajo, con el 8,50. Luego
están la vivienda (8,30), la educación (8,04) y el amor (7,94).
El dinero y la rumba son, curiosamente,
los que menos contribuyen a que la gente se sienta feliz (7,32 y 5,14,
respectivamente). "Cada cultura tiene elementos diferentes que la hacen
feliz –asegura la terapista de pareja Nelly Rojas–. Los norteamericanos han
centrado todo en el dinero; los japoneses, en el deber ser; los hindúes, en el
ser, pero no se puede masificar el concepto". En su opinión, en Colombia,
por cuenta de la adversidad, se han desarrollado procesos de solidaridad
colectiva que generan una sensación de felicidad basada en la confianza en los
demás.
La encuesta de Datexco revela en ese
sentido varios datos interesantes. Por estratos, el 5 se muestra como el más
feliz de todos, con una calificación de 8,46. Sin embargo, lo curioso es que en
el estrato 1 es 8,10, mientras que para los de estrato 6 es 8,00. Nuevamente,
el dinero no parece ser una buena explicación para la felicidad. "Hay una
forma creativa de abordar las crisis y eso nos permite alcanzar niveles de
felicidad y satisfacción altos en medio de la pobreza y de los problemas",
concluye Rettberg.
"En Colombia sí queda tiempo para
la felicidad – dice el humorista Guillermo Díaz Salamanca–. Hay muchas cosas
que nos hacen felices a pesar de la cantidad que nos ponen tristes".
Por su parte, Pedro Medina, director de
la Fundación Yo Creo en Colombia, recorre el mundo contándole a la gente por
qué creer en el país y por qué se puede ser felices a pesar de los problemas.
Después de 921 conferencias y talleres en 53 ciudades de ocho países y ante
229.000 ciudadanos, Medina confiesa que "los colombianos hemos aprendido a
descubrir en las pequeñas satisfacciones y en nuestras propias competencias, el
significado de la felicidad".
Y así lo demuestra la encuesta de
Datexco, según la cual, el orgullo de ser colombianos nos hace profundamente
felices y por eso le damos una calificación de 9,50. También nos hacen felices
la comida (8,78), la música (8,54) y hasta el clima (8,04). "Una nación
como Colombia, con más de 1.025 ritmos folclóricos y una fuerza cultural impresionante,
tiene que ser feliz", enfatiza Medina.
La cultura regional parece influir en
la felicidad de las personas. Los costeños son los más felices. En una escala
de 1 a 10, el grado de felicidad de los barranquilleros es 8,56, frente a un
7,98 en Bogotá. En Medellín es de 8,34; en Cali, de 8,36, y en Bucaramanga, de
8,26.
En cuanto a los elementos que
constituyen la felicidad, la vida familiar es lo más importante, con un puntaje
de 8,6. Luego está la ciudad en la que se vive (8,26), la apariencia física (8,24)
y la vida afectiva (8,02). Los mayores obstáculos para la felicidad son el
nivel educativo (7,76),la situación laboral (6,76) y la financiera (6,14). La
vida sexual tampoco parece ser fuente de gran satisfacción pues la calificación
que se le da es de 7,66.
La edad también es un factor
determinante a la hora de definir qué tan felices somos. De acuerdo con la
encuesta, los colombianos más ‘viejos’ son a la vez los más felices y los más
satisfechos con sus vidas. De 1 a 10, la calificación que le dan a su felicidad
es de 8,64 y su nivel de satisfacción está en el 8,42. En contraste, quienes
tienen entre 46 y 55 años, son los menos felices (8,00), y quienes se ubican
entre los 36 y los 45 son los menos satisfechos (7,92).
Para Ruut Veenhoven, "en las naciones
ricas hay un patrón en U que muestra que la vida es menos satisfactoria entre
los 30 y los 50 años". En su opinión, este patrón se debe probablemente al
peso del trabajo y los hijos en esa etapa de la vida. "Lo sorprendente
–asegura– es que la mayoría de la gente es bastante feliz cuando llega a la
vejez".
En palabras de Medina, "las
barreras a la felicidad están entre nuestros dos oídos, en nuestras actitudes,
en los paradigmas que tenemos y que no nos dejan progresar". "La
clave –concluye– es aprender a matar las cucarachas, y en la medida que sepamos
cómo hacerlo, vamos a ser más felices".
- En Datexco, el grado de felicidad de
los colombianos es similar al del World Database of Happiness: 8,18 vs. 8,1
- Donde los colombianos encuentran más
satisfacción es en su vida familiar. En la situación financiera y laboral están
los mayores obstáculos.
- El sentido de pertenencia a Colombia
es el mayor motivo de orgullo con respecto al país, mientras la falta de
oportunidades es lo que más insatisfacción genera.
- La salud y el trabajo son los
aspectos más importantes para sentirse feliz.
Los de Marte y las de Venus
-Los hombres se sienten ligeramente más
felices que las mujeres (8,34 vs. 8,04)
-En sexo, los hombres se sienten más satisfechos
que las mujeres (8,40 vs. 7,24)
-A las mujeres las afecta más la falta
de dinero (7,56 vs. 6,78), de trabajo (8,72 vs. 8,06) y de amor (8,16 vs.
7,50).
Jóvenes y viejos
-Los mayores de 65 años se sienten más
felices. Quienes muestran mayor satisfacción con la vida están entre los 26 y
los 35 años.
-Los que están entre los 56 y los 65
años se encuentran más a gusto con el país .Lo que más influye en su felicidad
es el trabajo, la salud, la vivienda y el dinero.
-Para quienes tienen entre 36 y 45 años,
el dinero y el amor son lo más importante. Para quienes están entre los 18 y
los 25 es la educación.
Ocupados y desocupados
- Los estudiantes son los más
satisfechos con la vida, particularmente la familiar, la educación y la salud.
Lo que más les gusta de Colombia es la música, la comida y la rumba. Pero si
esta última les hace falta, poco afecta su felicidad, que basan en alcanzar
buena educación.
- Para los profesionales independientes
la vida es más dura. Los agobia su situación laboral y financiera y están
inconformes con las oportunidades que ofrece el país.
- Quienes en términos generales se
consideran más felices son los desempleados, aunque son también los menos
satisfechos con la vida que llevan, particularmente con la situación laboral y
la financiera. Lo que más reclaman es oportunidades y lo que más los afecta es
la falta de dinero y de amigos.
- Para las amas de casa, lo más valioso
es la vida familiar y lo que más las afecta, la situación laboral y la
financiera.
- Los pensionados están entre los menos
contentos. Les preocupa su situación financiera y su sexualidad.
- Con lo que más satisfechos se
encuentran los empleados es con su vida familiar, su apariencia física y su
salud, y lo que más los afectaría sería perder el empleo y la salud.
Los de arriba y los de abajo
-En todos los niveles sociales, el
aspecto con el cual se encuentran menos satisfechas las personas es con su
situación económica. Esta insatisfacción es mayor en las clases menos
favorecidas. La situación laboral es causa de preocupación generalizada,
excepto en el estrato 5, donde hay alto grado de felicidad con el trabajo.
-En los estratos 1,2,3 y 4, el trabajo
y la salud son la mayor fuente de felicidad.
Los de aquí y los de allá
-Los barranquilleros son los más
felices. Lo que más los llena es su vida familiar, la gente, la música, la
comida y el orgullo de ser colombianos. Los afecta la falta de oportunidades y
les preocupan su situación laboral y financiera.
-Los bogotanos son los menos
satisfechos con la vida que tienen. Son también quienes menos contentos están
con su ciudad, el clima, la gente, la cultura y las oportunidades que les
ofrece el país.
-Los paisas, en cambio, son los que más
quieren la ciudad en la que viven, seguidos por los caleños.
-Los bumangueses son los que más
disfrutan la comida, la música y la rumba, pero también a los que más afecta la
situación financiera.
Por Margarita Rosa de Uribe, publicista
y escritora
La Felicidad es como el amor: invisible
y real, se siente, se percibe, se contagia y no se puede cuantificar. No es
posible reducir la felicidad a una fórmula o a una explicación racional.
Mientras más la persigues, más se esconde, parece una mariposa, si la buscas,
la espantas; si la dejas tranquila, llega a posarse en tu brazo.
¿Por qué los colombianos hoy nos
consideramos tan felices? Tenemos muchas razones: somos alegres y comunicativos
por naturaleza. Tenemos una inteligencia natural propia. Vivimos en un paraíso
terrenal con mares, bosques, flores y montañas y, como si fuera poco, con miles
de pájaros, mariposas y frutas de mil sabores.
Los problemas nos han hecho y nos
siguen haciendo madurar como personas y como colombianos. Hemos tenido que
fortalecer la paciencia, la esperanza y la humildad y hemos aprendido a trabajar
más con los verdaderos valores: los internos. Aprendimos a disfrutar las cosas
sencillas.
Todo país que se hace grande tiene que
pasar pruebas grandes y la mayoría de los colombianos hemos aceptado el
desafío. A mal tiempo, buena cara. Nos tocó ser cada día más positivos y
optimistas por necesidad de supervivencia.
Así como Darwin desarrolló su teoría de
la "Evolución de las Especies", espiritualmente nos ha tocado
evolucionar para sobrevivir, y hemos descubierto que las luchas bien enfocadas
nos hacen crecer y madurar, nos ayudan a ser más humanos.
Las fórmulas de la felicidad son algo
extrañas: la tristeza compartida se divide, la felicidad compartida se
multiplica. Por eso, cuando uno se siente feliz, hay que demostrarlo,
comunicarlo, dejarlo salir: el mundo entero necesita mucha más gente feliz.
Por: Juliana Villegas, 22 años, tres
meses secuestrada por las FARC
Duele aceptar que millones de personas
aprendan a sobrevivir antes que a vivir en uno de los países más felices del
mundo. Sin embargo, esa condición es la que hace que los colombianos vivan cada
momento con tantas ganas y que cada momento de felicidad sea magnificado por su
escasez.
Colombia no puede ser un país aburrido.
Tantos contrastes geográficos y culturales hacen que tenga siempre algo nuevo
para mostrar. Vivo feliz en Colombia porque es un país que no deja de trabajar
para eliminar razones para el aburrimiento, para no vivir triste en un país que
está en construcción permanente de la felicidad y que nos necesita para
lograrla. ¿Para qué ir a donde todo ya está hecho? ¡Qué felicidad hacer parte
de los jóvenes que superan obstáculos como sólo un colombiano puede hacerlo!
Sabemos enfrentar los problemas, aprendemos con facilidad y valoramos la vida y
una sonrisa como sólo Colombia pudo enseñarnos. Los colombianos no
descansaremos hasta solucionar todos los problemas que nos entristecen, y eso
me hace feliz.
Soy feliz en Colombia porque la quiero
y espero que el mundo la quiera; porque quiero conocerla y me interesa que el
mundo la conozca, porque está llena de ideas y opiniones que se expresan a
pesar de las dificultades.
Vivo feliz en Colombia porque es una
tierra que llama a sus hijos, aquellos que se encuentran fuera y dentro de
ella, aunque no haya podido acogerlos como quisiera. Y viviré feliz en ella
hasta cuando deje de ser mi país, haciéndole orgullosa compañía en esa dura
espera, con la persistencia que sólo los colombianos podemos tener.
Por Juan Carlos Molina, Gerente La
Tienda Creativa
Usted tiene entre 15 y 25 años. Está
sentado en su casa después de llegar de una rumba, una buena película, un
partido en el que su equipo ganó, con novia recién conseguida, o con ese amor imposible
que finalmente salió con usted. Suena el teléfono y le pregunta un encuestador
con voz aprendida, sosa y a quemarropa: "¿Es usted una persona
feliz?". Pregunta a la cual un aparentemente abrumador 86,9% de los
encuestados responde "Sí". Y digo aparente porque es una respuesta
totalmente automática y casi involuntaria a una pregunta muy íntima.
La felicidad es relativa, personal,
fugaz, superficial y totalmente subjetiva, como lo define el diccionario
Larousse: "Felicidad: situación del ser para quien las circunstancias de
su vida son tales como las desea". Es un estado eufórico temporal, no
permanente, cambiante y fuera de control, así haya personas propensas a ser más
positivas, optimistas y "felices" que otras.
La felicidad es también directamente
proporcional a la edad: a más edad y responsabilidad, mayor dificultad para ser
felices. Con los años perdemos la capacidad de disfrutar de las cosas simples y
por lo tanto las más felices de la vida. Dicho en otras palabras: cada edad
tiene su propia felicidad o razón para ser feliz. Lo que a unos hace felices a
otros no, y viceversa.
Pero la pregunta no debería ser si
somos felices o no. La pregunta es: ¿En un país como Colombia tiene la gente
derecho a ser feliz? La respuesta es simple: esos momentos cortos y fugaces en
los que nos sentimos felices son la única forma de –sin profundizar ni pensarlo
mucho– sacar ganas y optimismo para seguir adelante y obtener entre todos, y en
medio de la adversidad, esa fuerza que nos hace grandes y felices: nuestro país.
Por eso me atrevo a
pensar que la mejor respuesta a la pregunta "¿Es usted una persona
feliz?", sería esa extraña opción que ofrecen las encuestas de
"NS/NR". Es decir, "No sé /No respondo". O quizá sería
mejor seguir la recomendación de Bertolt Bretch al término de un hermoso poema:
"Juguemos a ser felices, que a lo mejor jugando aprendemos".