El Rincón de los Relatos

Un samaritano en el Supermercado y otras cosillas mas.

      «¡Puaj!», pensé. «¿Cómo es que nadie se ocupa de ese niño?» Deliberada y detenidamente pasé alrededor de él, mirando al piso con desaprobación. El chiquillo había hecho un desastre en la entrada de la tienda donde entré a comprar pan.       Le chorreaba helado de chocolate por los brazos, las rodillas y los pies. También tenía helado en la ropa. A su alrededor había helado derretido en la ardiente acera. Trocitos de chocolate estaban adheridos a su pelito rubio.       Entré y compré el pan. No dejaba de observar al niño, molesta de ver cómo se chorreaba de helado. ¿Dónde estaba su madre? ¿Cómo es que nadie se hacía cargo de él?       Una vocecilla en mi interior sugirió: «¿Por qué no lo haces tú?»       Deseché la idea. Tenía dos niños en casa y ya limpiaba a diario bastantes caritas sucias. ¡Como para encima tener que hacerme cargo de ese niño!       En ese momento entró un repartidor a la tienda. Me di cuenta enseguida por su camisa de color rojo vivo. Tras entregar el producto, pidió a la cajera una toalla de papel. Comprendí de inmediato para qué la quería y me pesó no haberla pedido yo. Pensé en cuántas personas habrían pasado junto al chiquillo y se habrían limitado a mirarlo con ceño fruncido.       El repartidor volvió afuera. Se agachó y con suavidad, casi de manera juguetona, limpió las manos y el rostro del niño. Mientras le hablaba amistosamente, el chiquillo prorrumpió en una amplia y pegajosa sonrisa.       En realidad, el repartidor no limpió a fondo al niño, como lo habría hecho una madre. Esta, probablemente, habría mojado la toalla y restregado con energía y concentración. Me alegré de que no hubiera sido una madre la que se detuvo a limpiar al niño.       El repartidor no le dio mayor importancia. Arrojó la toalla a la papelera, volvió a su camión, se despidió agitando la mano, tocó la bocina y se fue.       Al marcharme con el pan, miré de nuevo al niño. Todavía estaba un poco pegajoso, pero cuando me sonrió, le devolví la sonrisa y le dije «hola». Ese día adquirí en la panadería mucho más que pan. La habilidad más valiosa es la disponibilidad       Dios no crea santos de la nada, sino a partir de personas corrientes de carne y hueso que lo aman y le permiten que se valga de ellas. En general, los más grandes santos han sido personas sencillas que se limitaron a hacer lo que consideraron necesario, en muchos casos sin que uno se percatara de ello o supiera de su existencia. Siempre se los encuentra cuando se los necesita, y en todo momento están dispuestos a ver lo que hace falta y responder adecuadamente.       Si uno ama de verdad al Señor y al prójimo, será consciente de las necesidades que haya a su alrededor y hará lo que sea necesario. Y si el Señor ve que obedece y no vacila en servirle cuando le pide que realice las labores más humildes, podrá confiar en él para encargarle tareas más importantes (Lucas 16:10). Eso sí, no lo obligará. Todo depende de uno, de su aceptación y su voluntad de estar disponible. Para tener esa aceptación hace falta humildad, que es una manifestación de amor, hasta el punto de estar dispuesto a ir adonde sea, en cualquier momento, a hacer lo que sea y por quien sea, siendo simplemente uno más, a fin de agradar a Dios y ayudar a nuestros semejantes.       ¿Estás dispuesto a hacer todo lo que Dios te pida? «Hermanos, os ruego que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.» (Romanos12:1) David Brandt Berg ¿Cuál es la diferencia?       ¿Cuál es la diferencia entre caridad y amor? Un niño lo explicó de esta manera: «Si tuviera hambre y me dieran un pan con mantequilla, eso sería caridad; pero si además le pusieran mermelada, ¡sería amor!» Anónimo Bondad       Que nadie pase por tu lado sin que al irse se sienta más a gusto y feliz. Sé la expresión viviente de la bondad de Dios: que Su bondad se refleje en tu rostro, en tus ojos, en tu sonrisa.       Madre Teresa de Calcuta       La bondad es un deseo interno de hacer el bien, aun cuando no se obtenga nada a cambio. Es la alegría de nuestra vida. Cuando hacemos el bien que nace de ese deseo interior, hay bondad en cuanto pensamos, decimos, queremos y hacemos. Emanuel Swedenborg       La bondad es difícil de regalar. Siempre regresa. Cort Flint       La bondad engendra bondad. Sófocles Una sonrisa       Basta un poco de ternura       para sembrar esperanza.       Un sencillo gesto amable       saca el sol tras la borrasca.       Una expresión de cariño       brinda fuerzas y da aliento.       La sonrisa comprensiva       calma el corazón inquieto,       y como un rayo de sol       que irrumpe en la estancia oscura,       el sol del rostro ahuyenta       la más doliente amargura. Anónimo El artículo de Marion Bond West es gentileza de Guideposts. David Brandt Berg (1919-1994) fue fundador de La Familia Internacional.     Marion Bond West
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