El Rincón de los Relatos

Poemas de Justo Sierra

PLAYERA Baje a la playa la dulce niña, perlas hermosas buscaré, deje que el agua durmiendo ciña con sus cristales su blanco pie . . . Venga la niña risueña y pura, el mar su encanto reflejará y mientras llega la noche oscura cosas de amores le contará. Cuando en levante despunte el día verá las nubes blanco tul - como los cisnes de la bahía - rizar serenos el cielo azul. Enlazaremos a las palmeras la suave hamaca y en su vaivén las horas tristes irán ligeras y sueños de oro vendrán también. Y si la luna sobre las olas tiende de plata bello cendal, oirá la niña mis barcarolas al son del remo que hiende el mar, mientras la noche prende en sus velos broches de perlas y de rubí, y exhalaciones cruzan los cielos lágrimas de oro sobre el zafir! El mar velado con tenue bruma te dará su hálito arrullador, que bien merece besos de espuma la concha nácar, nido de amor. Ya la marea, niña, comienza, ven que ya sopla tibio terral, ven y careyes tendrá tu trenza y tu albo cuello rojo coral. La dulce niña bajó temblando, bañó en el agua su blanco pie, después, cuando ella se fue llorando, dentro las olas perlas hallé. up Funeral Bucólico Su esfera de cristal la luna apaga En la pálida niebla de la aurora Y la brisa del mar fresca y sonora Entre los pinos de la costa vaga. Aquí murió de amor en hora aciaga Mirtilo, y bala su rebaño; llora La primavera y le tributa Flora Rústico incienso cuyo olor embriaga. Allí la pira está; doliente y grave Danza emprenden en torno los pastores Coronados de cipo y de verbena; La selva plañe con murmurio suave Y yace, de Mirtilo entre las flores, Oliendo a mil aún la dulce avena. II Mas llegan los pastores en bandadas Al reír la mañana en el Oriente; Mezclan su voz al cántico doliente Y se abren las violas perfumadas. Ya se tornan guirnaldas animadas Las danzas ; ya las mueve ritmo ardiente Al que hacen coro en la vecina fuente Faunos lascivos y risueños driadas. Vibra Febo su dardo de diamante; El baile raudo gira, el seno opreso De las pastoras rompe en delirante Grito de amor que llena el aire en ceso. Mirtilo, el boquirrubio, en ese instante Vuelto habría a la vida con un beso. III Ünese a los sollozos convulsivos De los abiertos labios, el sonoro Choque, ya recogen el caliente lloro Las rojas bocas en los ojos vivos. ¡Homenaje a Mirtilo! ¿Cómo esquivos podrían ser sus manes a ese coro? Al soplo del amor y en barca de oro Su alma huía los cármenes nativos. Las tazas nuevas en que hierve pura La leche vierten del redondo seno A torrentes su nítida blancura. Sobre el fúnebre altar de aromas lleno El fuego borda al fin la pira oscura Y asciende el sol en el zafir sereno. IV Crece la hoguera, muerde con enojo Las ramas cuya esencia bebe el viento Y el baile muere al exhalar su aliento La última llama en el postrer abrojo. En un vaso de arcilla negro y rojo, Recogen las cenizas al momento Los pastores y en tosco monumento Guardan píos el mísero despojo. Duerme Mirtilo; floresta Umbría Que en tu sepulcro abandonado vierte Su inefable y serena poesía, No olvidará tu dolorosa suerte: Ni de tu amor la efímera elegía, Ni tus bodas eternas con la muerte. up Tres Cruces I Leónidas Murieron, su deber quedó cumplido; Mas del paso del bárbaro monarca Guardaron las Termópilas la marca Clavando en una cruz al gran vencido. Cadáver que bien pronto ha repartido A jirones el viento en la comarca Y en cuyo pecho roto por la Parca El águila del Etna hace su nido. La sangre de Leónidas que gotea En la urna de bronce de la historia, A todo pueblo en lucho por su idea Ungirá con el crisma de la gloria, Como a Esparta en el día de Platea Al compás del peal de la victoria. II Espartaco De los buitres festín los gladiadores Y harto de sangre el legionario, al frente De las enseñas tórnase impaciente A Roma, Craso, en pos de sus lictores. De la matanza envuelto en los vapores Yace Espartaco de la cruz pendiente; Y es su can de combate solamente Testigo de sus últimos dolores. Sobre aquella pasión callada y tierna Lenta cae la noche hora tras hora; Cuando la sombra por el mar se interna Y el lampo matinallas cimas dora, La cruz se yergue oscura, pero eterna En el vago apoteosis de la aurora. III Jesús En la cruz del helénico guerrero La Patria , santo amor, nos ilumina; La libertad albea matutina Del tracio esclavo en el suplicio fiero. Uno hay mayor del Gólgota el madero; Porque en el ser de paz que allí se inclina El alma en sus anhelos se adivina Que está crucificado en el hombre entero. De esas tres hostias de una gran creencia, Sólo Jesús resucitó y alcanza Culto en la cruz, señal de su existencia. Es que nos ha dejado su enseñanza, Un mundo de dolor en la conciencia Y en el cielo una sombra de esperanza.
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