El Rincón de los Relatos

LA LEYENDA DE BUSERANA

LLA LEYENDA DE BUSERANA Todavía se cuenta, en torno a una fogata, o una lareira (1), en esas crudas noches de invierno en que el viento cruje entre las tejas y se cuela por las rendijas de las ventanas como aullidos lobunos, la historia de la Buserana. Dicen que hace muchísimos años, tanto que aún los abuelos de nuestros bisabuelos no habían nacido, había un castillo de altísimas torres y paredes ciclópeas, levantado sobre un castro céltico, en el lugar denominado hoy en día "Castro dos Castelos" (2), cercano a Muxía. En él moraba el más poderoso señor de las tierras de Nemancos y Soneira, señorío que se extendía desde el río Xallas hasta la orilla del mar. Tenía este caballero una hija, joven, hermosa y buena, cuya fama, pasando los límites del señorío de su padre, llegaba tanto a las más apartadas montañas como a los salones de los mejores Pazos (3) del Reino de Galicia. Esta princesa era huérfana de madre y vivía bajo la custodia y los cuidados de una vieja parienta del conde. Éste, pasaba largas temporadas ausente, dedicado a empresas guerreras contra los moros. Pues bien, en una de esas campañas guerreras, llegó al castillo un aventurero trovador. El joven, esbelto y señoril, rubio y de ojos soñadores, se acompañaba del laúd que llevaba siempre colgando a su espalda, para cantar las más hermosas trovas y cantigas. Una noche cantó al pie de las murallas del castillo una cantiga de amor, tan suave y melancólica, que arrancó las lágrimas de todos los habitantes de la mansión, incluída, claro está, la princesa. Tanto fue así que las pripias estrellas ocultaron sus párpados tras unas nubes errantes, que comenzaron a derramar menudas gotitas de orballo (4). Aquella cancióna brió al doncel las puertas del castillo, y también, de par en par, el corazón de la joven castellana. El amor surgió potente y dominador, uniendo y abrasando las almas de los dos jóvenes. Paseaban su idilio por los campos y los peñascales de la costa. Frente al mar, el gentil Buserán, pues así se llamaba el trovador, improvisaba para Florinda las más hermosas canciones, que transportaban a la joven a las regiones del ensueño, el encanto y la quimera. Pero todo tiene en la vida su fin. Todo. Los enamorados fueron traídos a la realidad con el regreso del conde, que, al saber de aquel amor, rompió con mano de hierro el lazo que los unía. Buserán fue expulsado del castillo y Florinda encerrada en sus aposentos. La pobre niña pudo aún oir algunas noches, a lo lejos, mexcladas con el susurro del aire, las canciones de su amado. Más adelante, solamente llegaba el viento y sus lamentos entre las rocas. Nunca más aquella amada voz llegó en el encierro a sus oídos. Y un día enloqueció de amor. Enloqueció cuando, pasados muchos meses, y recobrada la libertad, oyó a un pastor contar cómo el trovador, en una noche tormentosa, había sido arrojado por los servidores del castillo a las negras entrañas de una profunda caverna de la Costa Alta. Desde entonces Florinda vagaba por las orillas de la costa, buscando a Buserán. Un fiel y viejo servidor la seguía siempre, a prudente distancia. Éste, una noche, con el terror reflejado en el semblante, los ojos desorbitados y erizados los cabellos, llegó al castillo exclamando: "Señor, señor, a súa filla foi levada do mundo. Levouna Bouserán para o fundo dunha furna¡". (5) Cuando se calmó un poco y pudo enderezar sus ideas, explicó que ese día, al anochecer, cuando vigilaba, como siempre a Florinda, vio que ésta bajaba de prisa hacia el mar, por las rocas del monte Cachelmo. Y que a pesar de su intento de alcanzarla, con la mayor prisa que le fuera posible, no había podido detenerla y, con horror, vio cómo, al llegar al borde del abismo, se detenía gritando: "Buserán, Buserán, meu amado Buserán¡". Entonces el hombre dijo que oyó la voa del trovador, que cantaba una de sus más hermosas cantigas. Súbitamente, una ola gigantesca se estrelló abajo, en las rocas, y una espesa columna de niebla salada subió y subió hasta donde estaba la princesa con los brazos extendidos hacia el mar y deshilachándose como el humo que sale de las chimeneas del pazo, dejó ver la figura esbelta de Buserán, que, estrechando con sus brazos a Florinda, se la llevó con él, sumergiéndose en las profundas oscuridades de la gruta. Esta es la historia de la gruta Buserana, pues así llaman los pescadores a la caverna que se abre en la falda del monte Cachelmo, y se dice que, en determinadas noches, en el fondo de la gruta, se siguen escuchando los cánticos del dulce Buserán. Se dice también que desde entonces, aquella caverna, o furna, tiene la virtud de hacer que quien baje a ella para pedir correspondencia a un fiel amor, sea después ciegamente amado. Está en Muxía, Costa da Morte, pero una vez más, vida, amor y muerte están íntimamente conectados. (1) Chimenea típica (2) Castro de los Castillos (3) Palacios señoriales (4) Rocío, lluvia fina (5) Señor, señor, su hija fue llevada del mundo. La llevó Bouserán para el fondo de una gruta.
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