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Effective
Scorecard: cómo pasar del compromiso a la efectividad (por ) |
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Cualquier organización es creada para lograr determinados
propósitos, y ésa es su principal responsabilidad. Desde la más
pequeña, hasta la de proporciones magníficas, todas tienen que
lograr los objetivos estratégicos que les permitan alcanzar un
liderazgo sólido o cuando menos un nivel competitivo. Cada
organización puede equiparse con lo mejor de la tecnología para
respaldar las acciones que fluyen de la estructura organizativa, que
a su vez tiene como principal insumo el esfuerzo humano. Toda
organización es creada para agregar valor a los clientes, a los
accionistas, a los empleados, a la comunidad y muy a menudo alguna
de estas partes sufre cuando los resultados esperados no son
alcanzados. Es una responsabilidad de la gestión asegurar el logro
de estos resultados; es un atributo del cuadro de mando integral
apoyar a los directivos para lograr este aseguramiento.
Está
comprobado que si se mide concretamente el desempeño de los
individuos y se les notifica el nivel en el que se encuentra,
aumentan de manera sorprendente las posibilidades para mejorarlo. Lo
mismo ocurre con el desempeño de los negocios. Está claro que la
sola medición de los resultados utilitarios no es suficiente para
retroalimentar a los directivos y favorecer el mejoramiento integral
del negocio; hace falta medir otros impactos relevantes del
funcionamiento de la organización. Cuando en una organización se
orquesta el trabajo de los individuos y se consumen cantidades
impresionantes de energía humana para conseguir los resultados
esperados y sólo se alcanzan aproximaciones, bien puede afirmarse
que la gestión ha sido aproximadamente eficaz; pero hay un problema,
los mercados no permiten aproximaciones. Los mercados son más
exigentes que el consejo directivo más exigente, con una agravante:
el mercado no perdona. Así un producto o servicio que venía siendo
líder puede pasar a una posición secundaria antes de
desaparecer.
El interés en la efectividad ha aumentado la
popularidad por esta, así como el uso de las herramientas para
materializarla en las organizaciones. En años recientes hemos visto
crecer el interés por la Dirección Estratégica (D.E.). La D.E., como
le denominaremos para fines prácticos, es un sistema de gestión
centrado en el valor agregado, resultado de los puestos de trabajo.
La médula de la D.E. es el establecimiento de Resultados Clave del
Puesto (R.C.P.’s) para el puesto en cuestión y luego la conversión
periódica de éstos en compromisos estratégicos. Las ideas de
Dirección Estratégica fueron divulgadas por Peter Drucker en dos
obras, al inicio de la década de los años 50’s. Los nombres más
frecuentemente asociados con la D.E. han sido el de George Odiorne
en los Estados Unidos y el de John Humble en la Gran Bretaña;
recientemente el pensamiento de Drucker ha sido recreado en
pensamiento de Kaplan Y Norton detrás del “Balance Scorecard”
(Cuadro de Mando Integral).
La dimensión estratégica de la
Medición
Diversos autores coinciden al señalar que la
diferencia entre una organización con gestión efectiva y una que no
la tiene, reside en su capacidad de alcanzar sistemáticamente los
escenarios estipulados por la visión de futuro. En la actualidad la
gestión enfocada a la solución del presente no ofrece posibilidades
sólidas a la competitividad, ya que la creciente competencia está
precipitando a los contendientes a retar y superar sus propios
límites, con lo que los estándares de competencia se mantienen en
continuo crecimiento. El reto consiste en asegurar el resultado del
mañana.
Un camino probado para el aseguramiento de futuro lo
representa el modelo de gestión a base del cuadro de comando
integral o effective scorecard, a través del cual se alinean los
esfuerzos individuales con los objetivos estratégicos, al mismo
tiempo que cada integrante en posición clave de su organización
decide y planifica la implantación de las estrategias que le
conducirán al logro de los objetivos estratégicos.
Aun cuando
actualmente las organizaciones tienen una preocupación importante
por la medición, en este terreno en particular aun se presentan
situaciones de desconcierto y poco beneficio para la efectividad. La
mayoría de las organizaciones enfrenta una tarea muy compleja cuando
trata de medir la gestión, pues existe una variada cantidad de
vicios administrativos que conducen a una apreciación apenas
superficial acerca de la contribución relativa del personal a los
resultados totales de la empresa.
El proceso para instalar
tal modelo de gestión comienza con una etapa a través de la cual se
consigue que cada integrante en posición clave adquiera conciencia
estratégica de impacto, facultad sin la cual las personas
difícilmente pueden discernir entre las acciones que agregan valor y
aquellas que sólo consumen valor. Por ejemplo, un individuo
responsable de una función administrativa en el campo fiscal
frecuentemente tiene la visión de su puesto con apego a la
eficiencia. Es decir, la persona tiende a considerar que ha
realizado una buena tarea si ésta ha estado a salvo de desviaciones
en relación con lo que marca la normatividad. La verdad sea dicha,
si realmente hay ausencia de desviaciones, el responsable acaso
habrá alcanzado el rango de normal pero no ha contribuido para
agregar valor. Será altamente efectivo en la medida en que aparte de
mantener la administración dentro de la legalidad, consiga
beneficios fiscales.
Es de todos sabido que en ninguna
universidad enseñan a ser un directivo efectivo, por lo general nos
enseñan a ser un directivo eficiente. Un dirigente efectivo va más
allá de simplemente cumplir con las normas, se adentra en el terreno
de la búsqueda y realización de las ventajas y beneficios.
Cuando en el proceso de implantación del modelo de gestión a
través de effective scorecard se ha conseguido que el equipo
directivo adquiera una conciencia de impacto, se puede dar el
segundo paso, que consiste en obtener de ellos la respuesta a la
pregunta: “¿En qué será diferente la empresa al término de los
próximos 10 años si este equipo gerencial logra un alto impacto?”.
Es decir, el grupo debe ser capaz de describir con claridad cuáles
resultados clave del negocio habrán cambiado a consecuencia de su
impacto. Si la pregunta es respondida solventemente, entonces no
habrá problema para designar los indicadores de comprobación de que
tales resultado han cambiado. Estos indicadores se constituyen
automáticamente en la métrica de la realización, en la medición
concreta de su contribución a los logros del negocio.
De
estos resultados clave es fácil diseñar los indicadores clave de
desempeño de comprobación para establecer el impacto del equipo
directivo, del mismo modo que siguiendo esta tónica se pueden
identificar los Resultados Clave de los Puestos para cada División o
Dirección. Las Resultados Clave del Puesto (R.C.P.´s) y los
indicadores Clave de Desempeño (I.C.D.´s) están directamente
relacionados los unos con los otros. Las Resultados Clave del Puesto
son los requisitos generales de producto (resultado) de una posición
cualesquiera, mientras que los Indicadores Clave de Desempeño
representan la expresión cuantitativa de los resultados. Mientras
que la declaración de resultados puede evocar a un estado deseado,
los indicadores dan fe de su materialización en el momento presente.
Podrá observarse que de los Indicadores Clave de Desempaño es
posible inspirar objetivos o estados deseados, que en sí constituyen
el tercer paso para integrar el Effective Scorecard.
Como
norma tenemos estipulado que los indicadores deben ser duros, es
decir, que deben ser susceptibles de expresarse numéricamente y en
consecuencia de graficarse. Un tablero de control necesita operar en
ambiente gráfico con los datos medulares, sin necesidad de usar
muchas palabras; acerca de cuantos y cuales deben ser los
indicadores se impone una reflexión: En el espectro posible en
materia de medición podemos encontrar, en un extremo, a quienes se
hunden en un mar de indicadores, contando a estos entre cientos, los
cuales reclaman no solo tiempo para su comunicación, sino que bien
pueden llevar a la pérdida del foco de la actividad humana. En el
otro extremo, se hallan quienes han reducido la medición a unas
cuantas expresiones, normalmente de índole financiera, con el
consecuente abandono de todo lo que no se ubique en esta dimensión,
normalmente asuntos del mediano y largo plazo que tienen que ver con
el crecimiento sostenido de las ventajas competitivas. Aun ciando
ambos extremos se vinculan con la práctica de la medición, también
inhiben la efectividad, haciendo de los indicadores de medición un
asunto de forma o de beneficio incompleto.
Así pues el punto
fino del principio de la medición yace en la definición estratégica,
así como en la intención que esta tiene para el beneficio de la
organización. Si bien cada organización debiera hacer una revisión
de profundidad a fin de entender y clarificar su posición
estratégica frente a la medición, es posible identificar dos
condiciones con las que el sistema de indicadores debe de contar,
para poderse traducir en una herramienta útil. La primera tiene que
ver con un reflejo equilibrado de la prioridad en las necesidades de
los accionistas, el mercado y los propios integrantes de la
organización. Este entendimiento sentará las bases para el
“dimensionamiento” del sistema de indicadores, que puede ir de lo
financiero y operacional (efectividad inmediata o de corto plazo),
hasta la satisfacción del mercado de Usuarios y el crecimiento
sostenido (efectividad sustentada o de mediano y largo plazo. Una
segunda condición radica en la decisión acerca de la profundidad y
extensión que se le desea dar al sistema de indicadores de medición;
lo común es llevarlo solamente hacia las áreas y funciones de línea,
primordialmente en los niveles gerenciales. Sin embargo es posible
llevarlo a todas las funciones de servicio y hasta los niveles de la
base y la operación.
Lo que le da proyección en el tiempo a
un Scorecard es la forma en la que este apoya la labor de fijación
de objetivos; esta ha de ser realizada por el equipo directivo con
la finalidad de derivar los compromisos necesarios, pues no hay nada
mejor que objetivos respaldados por la acción comprometida de
quienes tienen el poder de influencia para conseguir que cristalicen
los resultados.
Es en este paso donde se consigue ligar la
voluntad de la organización con el plan estratégico. Cuando un
equipo gerencial sabe cuáles resultados aspira a alcanzar y elige
los caminos para dar seguridad a su consecución, en este momento ha
plasmado la gama de estrategias, que en el proceso de implantación
representa el cuarto paso. Toda estrategia para cobrar realidad
depende de la correcta ejecución de series de pasos
interrelacionados y que han sido programados en el tiempo. Con tal
visión, la elaboración del cuadro de mando se vuelve más práctica y
concreta y las posibilidades de control de la realización aumentan
drásticamente.
Después de todo, aquella sentencia de que lo
que no se mide no se puede controlar es contundente, aplastante e
inevitable en medio de la corriente de la gestión convencional.
Desarrollar un modelo de scorecard requiere algo más que seguir una
rutina metodológica; requiere adquirir una visión orientada a
resultados para poder describir los alcances de la gestión en
términos de impactos comprobables.
El Scorecard: ¿Asunto
de forma o de fondo?
El uso del Scorecard supone una
herramienta cuyos beneficios primordiales radican en la
focalización, la transparencia y la posibilidad de inspirar acciones
oportunamente. No obstante en la práctica no toda organización que
se basa en la gestión por un scorecard lo consigue. La pregunta es
¿porqué?. En apariencia, en la forma, se supone que la gestión por
indicadores debiera poner al descubierto (dar transparencia) y
focalizar (centrarse en lo esencial); sin embargo en la práctica no
es así. Los motivos son muchos pero los podemos resumir en tres
tipos. Los primeros tienen que ver con la arquitectura misma del
scorecard, pues si bien este precisa de nociones cuantitativas, es
preciso aclarar que no todo lo cuantitativo es un indicador de
desempeño apropiado. Como ejemplo muy elemental podemos citar la
medición a partir de estadísticas, perfiles o encuestas, los cuales
si bien son cuantificables, difícilmente conducen a una medición
útil. También está el origen de los indicadores, el cual puede estar
basado en actividades (lo más frecuente), con lo que su medición es
una estimación de cantidad de trabajo, pero no de calidad de
impactos. Recordemos que para que un indicador sea útil y cumpla su
cometido, por principio debe de surgir de un resultado que denote
valor agregado. De ahí la importancia de que antes de definir
indicadores, nos concentremos en aclarar las expectativas de valor
agregado y las expresemos en los Resultados Clave
(R.C.P.’s).
En la forma la gestión basada en scorecard
entraña contar con un sistema de planeación y monitoreo centrado en
indicadores (y el lector sabrá que en la actualidad, contar con esto
requiere de una inversión y tiempo, aun cuando esto no garantiza su
funcionalidad). Pero no son muchas las organizaciones que operando
bajo un régimen de scorecard ven incrementada su efectividad, aun
cuando estructuralmente parecen cumplir con lo requerido; la razón
se ubica al entender lo que en el fondo supone la operación de un
scorecard organizacional, lo cual alude a los otros dos tipos de
motivos por los que el scorecard puede fallar: los aspectos
culturales y la cultura de dirección.
En el fondo la adopción
de un scorecard como herramienta de gestión demanda de la
diseminación de nuevas prácticas culturales, en donde se estimule la
transparencia (compartir la información), el valor agregado (el
beneficio de lo que se hace y no simplemente lo que se hace), la
orientación al Usuario (interno y externo), por encima de los
requerimientos “funcionales; del mismo modo la gestión bajo un
esquema de scorecard, precisa del uso de sistemas de gestión que
refuercen y proyecten los indicadores de forma balanceada, haciendo
a un lado todo aquello que no agrega valor, no es mensurable o no se
ubica dentro del control de las personas. En una expresión: el Uso
del scorecard requiere para su éxito de un profundo cambio cultural,
condición que es imposible con las metodologías
tradicionales.
Por último, pero no menos importante, en el
fondo el scorecard requiere de una transformación en los enfoques de
dirección. En primer término, gestionar por indicadores implica el
abandono de las prácticas que no son indispensables para el logro
del indicador, o dicho de otra forma, aunque no lo parezca, se
requiere de abandonar de una vez por todas las costumbres
burocráticas según las cuales, el apego a los procedimientos y la
costumbre, son más importantes que la efectividad. De la misma
forma, dependiendo del privilegio que la estrategia les otorgue a
las diferentes dimensiones de la efectividad (financiera,
operacional, de usuarios y de crecimiento sostenido o
trascendencia), será necesario que las prácticas de liderazgo se
relacionen con conductas diferentes. Por ejemplo, considere el tipo
de comportamientos que son útiles y requeridos en una organización
que privilegia el uso de indicadores financieros (control, apego a
sistemas y procedimientos, interpretación del pasado, etcétera)y
luego compárelos con las conductas de dirección y liderazgo que
son necesarias para ejecutarse en un ambiente que da prioridad a las
dimensiones del mercado de usuarios y del crecimiento sostenido
(capacidad para establecer alianzas, innovación creativa,
negociación frecuente, confianza mutua, etc.). Es evidente que el
uso del scorecard demanda una transformación en los hábitos de
dirección, la cual no se consigue “en automático” al diseñarlo
(mucho menos cuando este es diseñado por consultores ajenos a la
organización).
El enfoque de Effective Scorecard pone su
centro de gravedad en lo que en el fondo implica esta herramienta,
aun cuando en la forma se puede ajustar a las diferentes necesidades
de una organización. Después de todo la efectividad prometida por el
uso del scorecard solo puede ocurrir, cuando se tocan los asuntos de
fondo del scorecard.
El aterrizaje del Scorecard: el plan
estratégico
Siendo el scorecard una herramienta cuyos
orígenes se estructuran con una intención estratégica, sus
beneficios debieran conducir a una mejor creación y ejecución del
plan estratégico de la organización.
Cuando el equipo
directivo, o de manera homóloga el par superior y subordinado, se
ponen de acuerdo en torno a los resultados e indicadores clave de su
efectividad, se ha dado un paso muy importante en el compromiso de
las partes hacia la efectividad del sistema. Del mismo modo, el
compromiso se debe de poder traducir en un en un plan, pues un
compromiso sin plan no pasa de ser un sueño.
Un plan de
calidad emanado de la práctica del scorecard, comúnmente contempla
los siguientes elementos:
- Resultados Clave del Puesto (R.C.P.´s)
- Indicador Clave de Desempeño
- Compromiso Estratégico u Objetivo
- Iniciativas Estratégicas
- Acciones Clave
- Tiempos Límite
- Responsable
- Recursos estratégicos
- Obstáculos Potenciales
En los siguientes
párrafos se hace una sucinta descripción de cada uno.
- Resultados Clave del Puesto (R.C.P.’s) - Los Resultados
Clave del Puesto son el conjunto entregables que expresan el valor
agregado, para un puesto cualquiera, que suele permanecer
fundamentalmente invariable a lo largo del tiempo; en cierta
forma, es la razón de ser del puesto expresada en términos de
productos.
- Indicador Clave de Desempeño – Es la expresión
cuantitativa que da fe del logro del R.C.P. de un puesto; esta
normalmente se plasma teniendo como referencia el punto de vista
del usuario inmediato de dicho resultado.
- Compromiso Estratégico u Objetivo - Lo que la persona
planifica cumplir, enunciando en la forma más clara y específica
posible, son sus compromisos estratégicos. Puede haber más de un
objetivo para un R.C.P.. En esencia, un compromiso estratégico es
un R.C.P. delimitado en el tiempo y propuesto en un comportamiento
en particular (incrementar, reducir, eliminar, etc.) que conviene
a la organización en el momento presente.
- Iniciativas Estratégicas – Cada compromiso estratégico
se puede alcanzar uno o por diferentes caminos que se transiten
secuenciada o simultáneamente; a esto se le denomina Iniciativa
Estratégica y debe diferenciarse de lo que “debe de hacerse” para
lograrlo. Su planteamiento depende de los obstáculos que existen
para conseguir el compromiso, o de las oportunidades que se
podrían aprovechar para hacerlo.
- Acciones Clave – Es la secuencia de acciones que es
necesario seguir, sin las cuales no sería posible articular la
iniciativa estratégica. En este punto se enunciarán solo aquellas
acciones que resultan indispensables y que requerirán de un
esfuerzo de control estricto, delegación o presupuestación. Son
fundamentalmente insumos y debe tenerse cuidado de no
considerarlos sustitutos de los compromisos estratégicos. Estas
son expresión de la creatividad y dominio técnico del ocupante del
puesto, así como de su capacidad de planeación.
- Tiempos Límite – Es el lapso de tiempo que tendrá como
límite cada acción clave; su finalidad será la de traducir el
mediano plazo que expresa un compromiso estratégico, en el corto
plazo que se cumplimenta a través del trabajo cotidiano. Algunas
herramientas para la asignación correcta de tiempos clave son las
gráficas de Gantt y la llamada “ruta crítica”.
- Responsable – Es la persona que será encargada de
asegurar el cumplimiento de cada acción clave, en la inteligencia
de que estas bien pueden ser delegadas en otras personas. Ser el
responsable de una acción clave no implica, necesariamente, que
este deberá ser el ejecutor directo, pero sí que lidereará su
realización. Cuando los compromisos estratégicos de fijan en la
modalidad de grupo o equipo natural, en este punto se pueden
establecer condiciones que apunten hacia oportunidades de sinergia
colectiva.
- Recursos estratégicos – Son los elementos sin los
cuales no se pueden completar las acciones clave. El error más
común es el de reducirlos a la sola expresión monetaria; si bien
el recurso financiero puede ser uno muy importante, no es
exclusivamente “el recurso”. Entre otros se pueden contar con:
asesoría experta, autoridad sobre una operación o persona, un
proceso específico de simplificación u optimización, la
adquisición de un conocimiento, un apoyo administrativo o
informático, etcétera.
- Obstáculos Potenciales – Es el elemento menos atendido
en la elaboración de un plan, pues se piensa que al ponderarlos se
alberga una visión pesimista. Este elemento permite mirar en
posibles condiciones que de presentarse dañarían o incluso
impedirían el logro del compromiso estratégico. Un estratega
experimentado sabe de la utilidad de contemplar a los obstáculos
potenciales en su plan.
Consideraciones
finales sobre el enfoque del Effective Scorecard
El uso
del scorecard no suple a la gestión gerencial, la complementa, por
lo que debe relacionarse su uso con las demás prácticas gerenciales
que le son coherentes, a partir de las consideraciones mencionadas
párrafos más arriba. Del mismo modo es pertinente tener en cuenta
que el éxito o fracaso de un scorecard depende no solo de su
conformación y divulgación, sino de la forma en que se le de
seguimiento a este. La recomendación general es la de revisar el
avance trimestralmente, haciendo los ajustes necesarios sobre la
marcha; esta revisión será en todo caso, parte del coaching que el
superior o ejecutivo principal de un grupo humano deberá
practicar.
También es altamente recomendable que la
compensación y su incremento se base en la efectividad al poner en
práctica un scorecard. La remuneración puede ser un magnífico
refuerzo de la gestión basada en indicadores, sobre todo si tenemos
en cuenta la dificultad que muchas personas muestran para conducirse
adecuadamente por resultados.
Una sugerencia final es la de
realizar un ejercicio de análisis del entorno general antes de
sentarse a diseñar el scorecard, a fin de advertir posibles
oportunidades o escenarios de mejora. Si este ejercicio se acompaña
de diagnósticos que pongan de relieve la situación actual de un
grupo o una organización, la conciencia que se alcanzará permitirá
delinear una visión más objetiva y esta permitirá un mejor uso de la
voluntad para aumentar la efectividad.
Bibliografía
recomendada para comprender mejor el Effective
Scorecard:
Drucker, Peter F.; The Effective Executive,
1975, Harvard Business Press Khadem, Riaz; One page management,
1986, William Morrow Company Reddin, Bill; The output oriented
organization; 1994, Gower Ulrich, Dave; Liderazgo basado en
resultados, 2001, Ed. Norma Hammer, Michael & Champy, James;
Reingeniería, 1993, Norma Steiner, George; Planeación
estratégica, 1996, CECSA Reddin, Bill; Handbook of management by
objectives, 1988, McGraw-Hill Kaplan, Robert & Norton, David;
Introduction into the Balanced Scorecard, 1992, Harvard Business
Press
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| Comentarios sobre
el artículo |
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21 de julio de 2005
muy bueno, teorico y
practico, excelente para alguien que esta empezando en el tema
Por: alejandra flores,
[email protected], de
Mexico
01 de julio de 2005
Es muy bueno e interesante
deseo estar comunico con uds.
Por: edwin cuno quiñones,
[email protected], de
Perú
04 de mayo de 2005
Excelente articulo. Bien
especifico y didáctico.
Por: anónimo, de
Venezuela
15 de febrero de 2005
GRACIAS POR EL
ARTICULO CONSEGUI ALGO QUE NECESITABA, ESTA MUY
INTERESANTE
Por: CARMEN BLANCO,
[email protected],
de Venezuela
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