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Recreos poéticos |
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2006 |
2007 |
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LA OTRA ORILLA |
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CARIBE: México, Venezuela, Santo Domingo y Cuba |
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Octavio Paz —Vicente Gervasi
– Frankiln Mieses, Manuel
del Cabral, Miguel Antonio Jiménez |
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– Nicolás Guillén y Dulce María Loynaz |
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MÉXICO OCTAVIO
PAZ
corredores sin fin de la
memoria, VENEZUELA VICENTE
GERVASI 2 Siempre te encuentro, oigo tu
voz, en mis horas más secretas, cuando refulgen las gemas del alma, como heridas por la luz de los
sentidos, cuando el tiempo me convoca a
los acordes del día, y enciende en torno a mi ser
flores silvestres; cuando la noche viene impulsando colores densos por el cielo, como batallas del paraíso o anunciaciones sagradas; cuando el campo se lamenta en
sus animales; cuando la madre llora y sobre
su cabeza la noche derrama su pesadumbre y el querer estar a solas; cuando siento entrar por la
ventana, a la quieta soledad de la
tristeza, el aire de los árboles cercanos. Tu vida y tu muerte, tuyas para
siempre, pozo perdido, memoria, sagrado, |
VENEZUELA en el momento en que el día y la noche se juntan, celestes poderoso enigma, 3 Relámpago extasiado entre dos noches, El frío de las piedras corre por nuestra sangre. truenos, suyas. 4 Venimos de la noche y hacia la noche vamos. El tiempo que levanta y desgasta columnas, |
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SANTO DOMINGO FRANKLIN
MIESES BURGOS 5 En la noche y bajo una muda elocuencia de piedra, la sombra de los cipreses es
como un grito en la niebla. Coros de voces descalzas ponen sus ágiles pies sobre las copas oscuras de los árboles; después la aguda espada de un grillo hiere un hermoso silencio de blanca carne de lirio y de
cabellos de incienso. Yo sueño con que tus manos se van perdiendo a lo lejos como dos trémulas alas tras
la negrura del cielo. Soledad de soledades: mi corazón está solo frente a esta noche que crece como un rosal sin colores. Si pudiera ver el mar MANUEL
DEL CABRAL 6 Camina el jefe del pueblo después
de beber café. Y una voz que no se ve, grita al oído: -Mire, jefe, que hay un hombre que
allí está herido. |
-Lo sé. Camina el jefe del pueblo después de beber café. Y vuelve la voz y dice: -Jefe, que un hombre no ve; tiene llanto entre los ojos, y tiene plomo en los pies. -Lo sé. Sigue caminando el jefe MIGUEL ANTONIO JIMÉNEZ 7 Al aire estás y no es el aire sino una cosa muda que alguien piensa y susurra en tu piel como un pensar del aire Es tu voz y no es tu voz sino un recuerdo en la garganta que va espigando sueños en el aire del día Estas al sol y no es el sol sino naranjas húmedas que llenan de amarillo el nocturno día que en redondo se muestra Con Dios estás y no es Dios sino el efecto de alas que produce tu fe llenando de plumas la metafísica del arte Siento que me miras y no me miras es una comunión de sentidos donde finge el ojo oler el tacto de la luz Tienes la sed del agua y no es el agua |
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CUBA NICOLÁS
GUILLÉN 8 Te vi
al pasar, una tarde, ébano, y te saludé; duro entre todos los troncos, duro entre todos los troncos, tu
corazón recordé. Arará cuévano, arará sabalú. -Ébano real, yo quiero un
barco, ébano
real, de tu negra madera... -hora no puede ser, espérate, amigo, espérate, espérate
a que me muera. Arará cuévano, arará sabalú. -Ébano real, yo quiero un
cofre, ébano
real, de tu negra madera... -Ahora no puede ser, espérate, amigo, espérate, espérate
a que me muera. Arará cuévano, arará sabalú. -Ébano real, yo quiero un
cofre, |
-Quiero una mesa cuadrada DULCE MARÍA LOYNAZ 9 Marinero de rostro oscuro, llévame en tu barca esta noche...¡Y no me digas dónde vamos! Quiero partir sin
rumbo: Dejaremos en tierra las intrigas de la esperanza y del recuerdo
cómplices... ¡Y nos daremos a la mar...! ¡Que las olas nos lleven y nos vuelvan muchos días y muchas noches...! ¡Navegar sin
rumbo como las nubes lentas y sombrías! Como las nubes...Entre las neblinas, por mares misteriosos, bajo cielos blancos y soledades infinitas, navegar sin temor y sin
anhelos... Marinero de rostro oscuro, nunca me digas dónde voy ni cuándo llego: ¡Qué son ya para mí, ruta ni hora...! Serás como el destino, mudo y ciego, cuando yo, frente al mar, los ojos vagos, de pie en la noche, sienta una ligera y lánguida emoción por la lejana playa desconocida que me espera... |
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LA OTRA ORILLA |
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BOLIVIA: Alfonso Gunucio Dragón, Blanca Wiethüchter |
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Eduardo Mitre, Jaime Saenz,
Heliodoro Aillón Terán, |
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y Pedro Sinoshe |
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ALFONSO GUNUCIO DRAGÓN OCASO Después de la lluvia se instala
la noche nube negra que desgrana su
tinta en el fondo de la ciudad,
mientras las
cimas se rozan aún con el día. En la montaña una luz fresca
recobra la nostalgia anticipada de lo que en este instante
miro, el paisaje que conservaré desde
hoy con el
sabor agrio de la pérdida. Aquí estoy de pie en la terraza
proa cerrando los ojos para ver
mejor registrando memoriosamente el
paisaje para
entregárselo al pasado. BLANCA
WIETHÜCHTER REPOSO Entro en mi casa y me alojo en su centro esperando la temperatura que
enmudece los ruidos inútiles. En un andar del silencio comienza el mundo en un olor a fuego en una hoja en un cambio de sábanas en una gana de hacer cosas no
siempre precisas. Ya no soy la misma y mis pasos en la voz resuenan
más oscuros. Otro es el sol que arde en los crepúsculos que
contemplo viajera inmóvil pienso sólo quiero cuidar de lo vivo y tener luz para
él
y mis niñas. TERRITORIAL (fragmento) Sólo tengo este cuerpo. Estos
ojos y esta voz EDUARDO
MITRE INDAGACIÓN De qué herida vendrá el que te
hiere. Así, tan de filo, lujosamente. De cuánta hambre o sed. De qué adolescencia humillada.
De qué niñez a
golpes enterrada. De qué piel perdida o
inútilmente deseada. De qué desnudez cortante
como navaja. De qué herida reciente o
lejana. De qué roto sueño. De qué pronta muerte. De qué primer muerto. De qué, de quién vendrá a
herirte como si fueras un dios; tú, tantas veces herido, y tantas - como él- heridor. PARA UN ADIÓS Un abrazo y palabras
entrecortadas |
ELIODORO AILLÓN TERÁN NO SÉ SI ESTA LLUVIA No sé si esta lluvia tiene tu nombre o eres tú misma, con tu tiempo de niebla, rebotando en la sombra que aún persiste en tus pupilas. PRESENCIA Tú vuelves SIMPLEMENTE Si pudiéramos decir: JAIME SAENZ COMO UNA LUZ Llegada la hora en que el astro se apague, quedarán mis ojos en los aires que contigo fulguraban Silenciosamente y como una luz reposa en mi camino la transparencia del olvido. Tu aliento me devuelve a la espera y a la tristeza de la tierra, no te apartes del caer de la tarde -no me dejes descubrir sino detrás de ti lo que tengo todavía que morir. ERES VISIBLE Permaneces todo el tiempo en el olor de las montañas ti
las cosas que amabas VEN Ven; yo vivo de tu dibujo compasiva. |
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YOLANDA
BEDREGAL RESACA Cuando ya la resaca deje mi
alma en la playa, y del arco agobiado de mi
espalda se vaya el ala cercenada, cual vela
desafiante, en
cicatriz y estela prolongará el instante. Quedarán vigilando, símbolo
intrascendente, dos
pobres ojos pródigos y una mendiga frente. ¡Catacumba de agua, amor! ¡No
me conoces! Ni nadie nos conoce. Sólo hay
fugaces roces, desencuentros,
en la prieta mudez de encrucijadas. Expían su demora presencias
nunca halladas. No son cruz ya los brazos ni
altar para holocausto de
salvajes ternuras. Con su claror exhausto, un sol
desalentado ahonda los abismos. Somos polvo y lucero, todo en
nosotros mismos. Para esta elemental ceniza
taciturna sea la
inmensa lágrima del Mar celeste urna. |
PEDRO SIMOSHE LA DOLIENTE QUIMERA Vuelvo el rostro y veo la dimensión del odio. No he venido a decirte que todo es tarde en mí. He vuelto a tu crueldad, a sucumbir junto a la piedra. Veo mis ruinas en tus ojos hermosos todavía. Veo tus manos
todavía perfectas y emerjo de las
brumas violentas del pasado cada
vez más solo. Vuelvo a contemplarme y todo es triste. Todo: mi soledad:
mi fuerza: la montaña. Te miro en la mentira de mis sueños y te
arrojo a mis abismos. Si me llego a encontrar con aquel que huye de mí volveré a tu ternura y
empezaré a decir lo que nunca hubiera dicho. |
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LA OTRA ORILLA |
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ECUADOR: |
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Carlos Oramas,
Cesar Dávila Andrade, Euler Garnda |
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Rosa Amelia Alvarado, Filoteo
Samaniego, Juan Carlos Morales Mejía y Luis Alberto Cedeño
Mejía |
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CARLOS ORAMAS EPILEPSO Dentro de este hombre que visto Hay un dios epiléptico Que también desama. Cómplice de las lluvias, Las secreciones genocócicas, el suicidio. A veces baja a pedirme un niño Que le doy, golosamente. Otras, sube a mi cabeza A roerme el tuétano caótico; Se baña en mi oído intelectual. ¡Cómo no habrá de reír mientras me duerme; Pero cómo muere cuando me llama una mujer! Y cómo, y cuánto prueba mi almuerzo medio; No tiene dientes pero una risa sí. Ay, si no tuviera Mis brazos terminales. Tengo cuidado de no perderlo en un papel O cuando está convulso en sus galopaciones Epilepso sufre: no por el miedo a la muerte Sino por amor a la vida. ¡Cómo no habré de reír mientras se duerme! CÉSAR DÁVILA ANDRADE CANCIÓN A LA BELLA DISTANTE No era mi poesía. Mis poemas no eran. Eras tú solamente, perfecta como un surco abierto por palomas. Eras tú solamente como un hoyo de lirios o como una manzana que se abriera el corpiño. Eras tú, ¡oh distante presencia del olvido! Clara como la boca del cristal en el agua, tierna como las nubes que atraviesan el trigo por los lados de mayo. Dulce como los ojos dorados de la abeja; nerviosa como el viaje primero de la alondra. Eras tú y tenías delgadas de esperanza En tu sien, extraviadas, bullían las sortijas. En tus perfectos ojos abril amanecía. Estoy tan impregnado de tu voz siempreviva que hasta esta inmensa noche parece que sonríe y percibo el borde líquido de tu alma. Andabas como andan en el árbol los astros. Rezabas en silencio como una margarita. II |
EULER
GRANDA TAMBIÉN SUCEDE A veces el amor como un intruso, como un pelo en el plato de comida. A veces el amor como enfermarse, como estar ahogándose, como si hubiésemos robado y nos buscaran. Otras veces con él qué borrachera, qué jubilosa azúcar inundándonos, qué tropel en las venas, qué cosa nunca vista, qué fiebre de colores. A veces el amor como pudriéndose. UNA FECHA Y EL MAR ROSA
AMELIA ALVARADO AÑORANZA No me había dado cuenta cuánta falta me hacías hasta que te volviste a meter furtivamente en mi copla. Me envolviste en tus ojos de aguamansa como envuelve el mar a la arena dormida. No me había dado cuenta cuán tiernas eran tus manos, paseando, explorando sobre mi piel, cuánta falta me hacía tu sol sobre mi sombra, (dos cuerpos en danza ceremonial) y había olvidado cómo se sentía tu beso enclavado en la mitad de mi deseo. No me había dado cuenta, pero es así. |
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FILOTEO SAMANIEGO VENCIMIENTO (I) Evidencia y muerte en la eternidad que me niegan tus armas de polvo, tus caminos de humo. He aquí el compromiso: transar con el otoño vagabundo; elegir el consentimiento del junco vencido; asir la mano del alba cuando, temblorosa, se anida en los muslos locos, y amar la carne profunda en sus nieves y torrentes. ¿Quién abre la flor sin nombre de tus ojos? ¿Quién gime en tus senos sin reposo? ¿Quién habla, fuera de ti, sobre ti misma, en sombra de deseo prolongadas, sin freno ni medida, aun insatisfechas? VENCIMIENTO (II) VENCIMIENTO (III) |
JUAN
CARLOS MORALES MEJÍA EL ÁNGEL Una pluma como símbolo de un naufragio. Despliega sus alas y su certeza: una premonición de tules azules. Sus labios mueven otro tiempo/ la urbe se ha detenido en una campana. Ni las huestes del miedo se desplazan por sus ojos. Una pluma flota en el mar a la espera de mis naves trágicas. Si alguna vez existieron los ángeles tuvieron el aroma de la noche en tus cabellos. LUIS
ALBERTO CEDEÑO MEJIA ALCOBA Mira, cuantos
recuerdos EL AMOR
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LA OTRA ORILLA |
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COLOMBIA: |
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Álvaro Mutis, Maruja Vieira, Darío
Jaramillo |
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María Mercedes Carranza y Giovanni Quessep |
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ALVARO
MUTIS BATALLA HUBO Casi al amanecer, el mar morado, llanto de las adormideras, roca viva, pasto a las luces del alba, triste sábana que recoge entre asombros la mugre del mundo. Casi al amanecer, en playas pizarra y agudos caracoles y cortantes corolas, batallas hubo, grandes guerras mudas dejaron sus huellas. Se trataba, por fin, del amor y sus hirientes hojas, nada nuevo. Batallas hubo a orillas del mar que rebota ciego y desordenado, como un reptil preso en los cristales del alba. Cenizas del amor en los altares del mundo, nada nuevo. LIED MARINO Vine a llamarte a los acantilados. Lancé tu nombre y sólo el mar me respondió desde la leche instantánea y voraz de sus espumas. Por el desorden recurrente de las aguas cruza tu nombre como un pez que se debate y huye hacia la vasta lejanía. Hacia un horizonte de menta y sombra, viaja tu nombre rodando por el mar del verano. Con la noche que llega regresan la soledad y su cortejo de sueños funerales. SEÑAL Van a cerrar el parque. En los estanques nacen de pronto amplias cavernas en donde un tenue palpitar de hojas denuncia los árboles en sombra. Una sangre débil de consistencia, una savia rosácea, se ha vertido sin descanso en ciertos rincones del bosque, sobre ciertos bancos. Van a cerrar el parque y la infancia de días impasibles y asoleados, se perderá para siempre en la irrescatable tiniebla. He alzado un brazo para impedirlo; ahora, más tarde, cuando ya nada puede hacerse. Intento llamar y una gasa funeral me ahoga todo sentido no dejando otra vida que ésta de cada día usada y ajena a la tensa vigilia de otros años. |
UN BEL MORIR… De pie en una barca detenida en medio del río cuyas aguas pasan en lento remolino de lodos y raíces, el misionero bendice la familia del cacique. Los frutos, las joyas de cristal, los animales, la selva, reciben los breves signos de la bienaventuranza. Cuando descienda la mano habré muerto en mi alcoba cuyas ventanas vibran al paso del tranvía el lechero acudirá en vano por sus botellas vacías. Para entonces quedará bien poco de nuestra historia, algunos retratos en desorden, unas cartas guardadas no sé dónde, lo dicho aquel día al desnudarte en el campo. Todo irá desvaneciéndose en el olvido y el grito de un mono, el manar blancuzco de la savia por la herida corteza del caucho, el chapoteo de las aguas contra la quilla en viaje, serán asunto más memorable que nuestros largos abrazos. NOCTURNO Respira la noche, bate sus claros espacios, sus criaturas en menudos ruidos, en el crujido leve de las maderas, se traicionan. Renueva la noche cierta semilla oculta en la mina feroz que nos sostiene. Con su leche letal nos alimenta una vida que se prolonga más allá de todo matinal despertar en las orillas del mundo. La noche que respira nuestro pausado aliento de vencidos nos preserva y protege "para más altos destinos". |
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MARUJA
VIEIRA LETRAS DE ARENA Háblame. Al fin y al cabo mis sueños están hechos de palabras. Tus palabras. Las que nunca me has dicho y están vivas con fuerza de memoria verdadera. Vivas como en el fondo transparente las estrellas marinas. Como el recuerdo tuyo que me sigue y voy llevando Sin que lo aparte un cielo distinto ni una ola, ni siquiera la sombra de otro cuerpo. Escucha.... El mar enreda sus dedos verdes en los arrecifes Es como si tu voz estuviera buscándome sin encontrarme y sin que yo la encuentre. Desde lejos viene a azotarme el rostro tu silencio. SIEMPRE Siempre
regresas. |
DARÍO JARAMILLO DE LA NOSTALGIA Vana memoria que no puede traerte desde lejos, que no te vuelve carne, risa gentil o canto. Vana memoria mía incapaz de abrazar lo más mío, incapaz de acariciar tu piel distante, vana y obsesiva memoria que sólo alcanza a repetirme por quien vivo, que respiro por este amor invulnerable y sin rutinas. También ausente eres mi presencia más cálida, mi más pura nostalgia. POEMAS DE AMOR Podría perfectamente suprimirte de mi vida, compartido,
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MARÍA
MERCEDES CARRANZA MALDICIÓN Te perseguiré por los siglos de los siglos. No dejaré piedra sin remover Ni mis ojos horizonte sin mirar. Dondequiera que mi voz hable Llegará sin perdón a tu oído Y mis pasos estarán siempre Dentro del laberinto que tracen los tuyos. Se sucederán millones de amaneceres y de ocasos, Resucitarán los muertos y volverán a morir Y allí donde tú estés: Polvo, luna, nada, te he de encontrar. POEMAS DEL DESAMOR Flotan sus pasos y sus gestos. |
GIOVANNI QUESSEP ENTRE ÁRBOLES Si eres tú la que busco ven en la noche de perdidos reflejos, si eres el cuerpo amado ven entre árboles, entre canciones. Aquí te espera un tiempo desposeído de sus fábulas, un cuerpo castigado por la vid y las zarzas de los caminos. Si eres tú la que vienes déjame una señal entre los árboles: un velo blanco, una huella en el polvo me bastarán en mi miseria. Ven que la muerte espera, como floresta magnífica espera la muerte; si eres tú la que busco en protegida por un cielo. |
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LA OTRA ORILLA |
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CHILE: Pablo Neruda |
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Los
versos del capitán |
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Veinte
poemas de amor y una canción desesperada |
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LOS VERSOS DEL CAPITÁN |
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LA REINA 1 Yo te he nombrado reina. Hay más altas que tú, más altas. Hay más puras que tú, más puras. Hay más bellas que tú, hay más bellas. Cuando vas por las calles nadie te reconoce. Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira la alfombra de oro rojo que pisas donde pasas, la alfombra que no existe.
Y cuando asomas suenan todos los ríos en mi cuerpo, sacuden el cielo las campanas, y un himno llena el mundo.
Sólo tú y Yo, sólo tú y yo, amor mío, lo escuchamos.
8 DE SEPTIEMBRE 2 Hoy, este día fue una copa plena, hoy, este día fue la inmensa ola, hoy, fue toda la tierra.
Hoy el mar tempestuoso nos levantó en un beso tan alto que temblamos a la luz de un relámpago y, atados, descendimos a sumergirnos sin desenlazarnos.
Hoy nuestros cuerpos se hicieron extensos, crecieron hasta el límite del mundo y rodaron fundiéndose en una sola gota de cera o meteoro.
Entre tú y yo se abrió una nueva puerta y alguien, sin rostro aún, allí nos esperaba. LA RAMA ROBADA
3 En la noche entraremos a robar una rama florida.
Pasaremos el muro, en las tinieblas del jardín ajeno, dos sombras en la sombra.
Aún no se fue el invierno, y el manzano aparece convertido de pronto en cascada de estrellas olorosas. En la noche entraremos hasta su tembloroso firmamento, y tus pequeñas manos y las mías robarán las estrellas.
Y sigilosamente, a nuestra casa, en la noche y en la sombra, entrará con tus pasos el silencioso paso del perfume y con pies estrellados el cuerpo claro de la primavera. |
BARACAROLA 4 Si solamente me tocaras el corazón, AUSENCIA 5 Apenas te he dejado, vas en mí, cristalina o temblorosa, o inquieta, herida por mí mismo o colmada de amor, como cuando tus ojos se cierran sobre el don de la vida que sin cesar te entrego.
Amor mío, nos hemos encontrado sedientos y nos hemos bebido toda el agua y la sangre, nos encontramos con hambre y nos mordimos como el fuego muerde, dejándonos heridas.
Pero espérame, guárdame tu dulzura. Yo te daré también una rosa. SIEMPRE 6 Antes de mí no tengo celos.
Ven con un hombre a la espalda, ven con cien hombres en tu cabellera, ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies, ven como un río lleno de ahogados que encuentra el mar furioso, la espuma eterna, el tiempo!
Tráelos todos adonde yo te espero: siempre estaremos solos, siempre estaremos tú y yo solos sobre la tierra para comenzar la vida! |
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VEINTE POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA |
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POEMA 3 7 Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose, lento juego de
luces, campana solitaria, POEMA 6 8 Te recuerdo como eras en el
último otoño. POEMA 7 9 INCLINADO en las tardes tiro
mis tristes redes |
POEMA 10 10 Hemos perdido aún este crepúsculo. POEMA 12 11 Para mi corazón basta tu pecho, POEMA 16 12 En mi cielo al crepúsculo eres como una nube |
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LA OTRA ORILLA |
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GALICIA: |
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Manuel Rivas |
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Luisa Castro |
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MANUEL
RIVAS 1
2 Llévame, mar, muy lejos, a donde yo no
sepa. Envuélveme en la arboleda de sal.
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4 5 ciudad. Aquí moran los viejos amores, trágica. Quisiera
oír cuatro pasos bajo mis pies. labrador. 6 UN AMOR mañana, cortan el aliento a la camelia de
cien años. 7 |
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LUISA
CASTRO 8 VINE aquí a luchar por amor y ahora lloro. En la falda del monte, bajo la noche clara, oculto entre los árboles,
lloro de pena. Mi casa ha sufrido abandono, mi uniforme está herido, mi corazón estalla. ¿Qué dirán mis compañeros?, ¿qué dirán del
fugitivo? Del cobarde que huye, del espanto y dolor de la muerte a manos de amor mi señor. 9 ME querías porque era el mejor de tus fusiles, capitán que no perdonas a quien del luchar reniega. Me amaste como se ama a un esclavo servicial, por este soldado desleal te harías quemar la mano. Pero por su vida no, ya antes del luchar sabías que te era debida entera, que
si en el campo moría no ibas a mirar atrás. 10 No me alcanzó el enemigo, no
me batió el contrario, no me derribó el hostil; tus ojos me atravesaron. No fue el frío del invierno ni el cansancio de la lucha ni los días sin dormir; tus ojos, que no miraron. Gané batallas a mares, nunca un trofeo exhibí, y porque te busqué los ojos me lanzaste tus puñales. |
11 No te
apiades de mí, no, monarca
de siete castillos, de
ojos como cuchillos, respeto ya te perdí. No
sabe amor qué es amor ni
señor lo que es soldado, tus
ojos me atravesaron, respeto ya te perdí. Siguieron
mi paso perros que
yo mismo amaestré, no
deja rastro de sí quien
respeto te perdió. Quien
de señor fue vasallo ahora
adora a otro dios, de mí
no te apiades, amor, respeto ya te perdí. 12 LUCHADORA
sin fin en
una fortaleza en lo
alto de la colina, terminaré
mis días a tu
lado, luchador
sin fin, debatiéndome
entre tus brazos en
campos de helecho y brezo contra el desamor que asedia. Todos
los hombres serás
tú para mí. Contra
el dolor de
perderte algún día, combatiendo
contigo, terminaré
mis días en lo
alto de la colina, en una fortaleza. |
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