Recreos poéticos

 

2006

2007

 

Índice de recitales

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MAYO

 

 

LA OTRA ORILLA

CARIBE: México, Venezuela, Santo Domingo y Cuba

Octavio Paz —Vicente GervasiFrankiln Mieses, Manuel del Cabral, Miguel Antonio Jiménez

– Nicolás Guillén y Dulce María Loynaz

 

MÉXICO

 

OCTAVIO PAZ


tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,

voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,
                                                                       

corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos lo veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,

la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,

busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,

 

 

VENEZUELA

 

VICENTE GERVASI

           2

Siempre te encuentro, oigo tu voz,

en mis horas más secretas, cuando refulgen

 las gemas del alma,

como heridas por la luz de los sentidos,

cuando el tiempo me convoca a los acordes del día,

y enciende en torno a mi ser flores silvestres;

cuando la noche viene impulsando colores densos

por el cielo,

como batallas del paraíso o anunciaciones

sagradas;

cuando el campo se lamenta en sus animales;

cuando la madre llora y sobre su cabeza

la noche derrama su pesadumbre y el querer estar a

solas;

cuando siento entrar por la ventana,

a la quieta soledad de la tristeza,

el aire de los árboles cercanos.

Tu vida y tu muerte, tuyas para siempre,
como es para sí el sueño que se ahoga en un

pozo perdido,
en mí se juntan y me difunden en la tierra,
en ese instante que se detiene iluminando la

memoria,
igual al relámpago que enciende un horizonte

sagrado,

 

 

 

 

VENEZUELA

 

en el momento en que el día y la noche se

juntan,
plenos de profundidades de lo eterno,
en una densa agitación de oscuros caballos

celestes
que se agigantan para el engendro de un

poderoso enigma,
sobre las montañas, sobre las ciudades
y las frentes pensativas.
Padre de mi soledad.
Y de mi poesía.

 

 

 

3

 

Relámpago extasiado entre dos noches,
pez que nada entre nubes vespertinas,
palpitación del brillo, memoria aprisionada,
tembloroso nenúfar sobre la oscura nada,
sueño frente a la sombra: eso somos.
Por el agua estancada va taciturno el día,
doblegando los juncos hacia barcas de olvido.
El alma silenciosa en las violetas tiembla.
¿No somos un secreto guardado por las horas?
Mirad cómo en el césped de la tarde
la mirada es un brillo de azahares,
cómo se esconde el ser
en el suspiro leve de las frondas.
Algo se cierra siempre en torno a nuestra frente.

 

El frío de las piedras corre por nuestra sangre.
Un susurrar de nardo desciende por los valles.
Y siempre el hombre solo, bajo el sol y los

truenos,
perseguido por voces y látigos y dientes.
El hombre siempre solo, con su mirada, suya,
con sus recuerdos, suyos, y con sus manos,

suyas.
El hombre interrogando a sus calladas sombras.
Escucha: yo te llamo desde mis soledades,
desde mis suspirantes comarcas de palmeras,
abiertas a los signos luminosos del cielo.
El viento se te enreda con nieblas siderales,
y te detiene al pie de negros abedules.
Venados de la luna van corriendo
por la antigua memoria,
y en tu silencio caen llamas del corazón.

 

 

4

 

Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Atrás queda la tierra envuelta en sus vapores,
donde vive el almendro, el niño y el leopardo.
Atrás quedan los días, con lagos, nieves, renos,
con volcanes adustos, con selvas hechizadas
donde moran las sombras azules del espanto.
Atrás quedan las tumbas al pie de los cipreses,
solos en la tristeza de lejanas estrellas.
Atrás quedan las glorias como antorchas que apagan
ráfagas seculares.
Atrás quedan las puertas quejándose en el viento.
Atrás queda la angustia con espejos celestes.
Atrás el tiempo queda como drama en el hombre:
engendrador de vida, engendrador de muerte.

El tiempo que levanta y desgasta columnas,
y murmura en las olas milenarias del mar.
Atrás queda la luz bañando las montañas,
los parques de los niños y los blancos altares.
Pero también la noche con ciudades dolientes,
la noche cotidiana, la que no es noche aún,
sino descanso breve que tiembla en las luciérnagas
o pasa por las almas con golpes de agonía.
La noche que desciende de nuevo hacia la luz,
despertando las flores en valles taciturnos,
refrescando el regazo del agua en las montañas,
lanzando los caballos hacia azules riberas,
mientras la eternidad, entre luces de oro,
avanza silenciosa por prados siderales

 

 

SANTO DOMINGO

 

 

FRANKLIN MIESES BURGOS

 

   5

 

En la noche y bajo una

muda elocuencia de piedra,

la sombra de los cipreses

es como un grito en la niebla.

 

Coros de voces descalzas

ponen sus ágiles pies

sobre las copas oscuras

de los árboles; después

la aguda espada de un grillo

hiere un hermoso silencio

de blanca carne de lirio

y de cabellos de incienso.

 

Yo sueño con que tus manos

se van perdiendo a lo lejos

como dos trémulas alas

tras la negrura del cielo.

 

Soledad de soledades:

mi corazón está solo

frente a esta noche que crece

como un rosal sin colores.

 

Si pudiera ver el mar
que me recuerdan tus ojos,
se trocarían en lumbres
mis soledades en sombra;
se llenaría de flores
el limonero más alto;
con sus mejores kimonas
vendrían las mariposas
de donde nadie lo sabe;
la luna se iría entonces
cantando por otra calle,
y una frescura de infancia
se me entraría en el alma:
ya no sería yo el mismo,
el de esta noche tan larga;
con otro cuerpo distinto
y el corazón en las manos
retornaría de nuevo
para jugar en la playa.

Canciones de primavera.
Olor a tierra mojada.

¡Todo si viera tus ojos
en esta noche tan larga!

 

MANUEL DEL CABRAL

 

     6

 

Camina el jefe del pueblo

después de beber café.

Y una voz que no se ve,

grita al oído:

 

-Mire, jefe, que hay un hombre

que allí está herido.

 

 

 

 

-Lo sé.

 

Camina el jefe del pueblo

después de beber café.

Y vuelve la voz y dice:

 

-Jefe, que un hombre no ve;

tiene llanto entre los ojos,

y tiene plomo en los pies.

 

-Lo sé.

 

Sigue caminando el jefe
después de beber café.
Y la misma voz le grita:

-Murió un hombre allí de sed.
¿Qué haremos, ahora, jefe?

-Que haga pronto el hoyo usted.

Y el jefe sigue su rumbo,
pero también
el jefe sigue pensando ...
Piensa sólo a qué hora es
la otra taza
de café...

 

 

MIGUEL ANTONIO JIMÉNEZ

 

     7

 

 

Al aire estás y no es el aire

sino una cosa muda que alguien piensa

y susurra en tu piel como un pensar del aire

 

Es tu voz y no es tu voz

sino un recuerdo en la garganta

que va espigando sueños

en el aire del día

 

Estas al sol y no es el sol

sino naranjas húmedas que llenan de amarillo

el nocturno día que en redondo se muestra

 

Con Dios estás y no es Dios

sino el efecto de alas que produce tu fe

llenando de plumas la metafísica del arte

 

Siento que me miras y no me miras

es una comunión de sentidos donde finge el ojo

oler el tacto de la luz

 

Tienes la sed del agua y no es el agua
sino un ardor de vida que transparenta el sueño

Al misterio te muestras y no es misterio
sino un árbol que habla desde el verde
aquello que todos ven presente en sus detalles

Me despiertan tus pasos y no son pasos
sino suspensos del alba
de una angustia que piensa


Sientes amor y no es amor
sino un rumor de sangre que respira tu pecho
hasta absorber la savia
que en tu aliento se capta.

 

 

CUBA

 

NICOLÁS GUILLÉN

 

    8

 

Te vi al pasar, una tarde,

ébano, y te saludé;

duro entre todos los troncos,

duro entre todos los troncos,

tu corazón recordé.

 

Arará  cuévano,

arará sabalú.

 

-Ébano real, yo quiero un barco,

ébano real, de tu negra madera...

-hora no puede ser,

espérate, amigo, espérate,

espérate a que me muera.

 

Arará  cuévano,

arará sabalú.

 

-Ébano real, yo quiero un cofre,

ébano real, de tu negra madera...

-Ahora no puede ser,

espérate, amigo, espérate,

espérate a que me muera.

 

Arará  cuévano,

arará  sabalú.

 

 

-Ébano real, yo quiero un cofre,
ébano real, de tu negra madera...
-Ahora no puede ser,
espérate, amigo, espérate,
espérate a que me muera.

Arará  cuévano,
arará  sabalú.


 

 

 

 

 

 

-Quiero una mesa cuadrada
y el asta de mi bandera;
quiero mi pesado lecho,
quiero mi lecho pesado,
ébano, de tu madera,
ay, de tu negra madera...
-Ahora no puede ser,
espérate, amigo, espérate,
espérate a que me muera.

Arará  cuévano,
arará  sabalú.

Te vi al pasar, una tarde,
ébano, y te saludé:
duro entre todos los troncos,
duro entre todos los troncos,
tu corazón recordé.

 

 

DULCE MARÍA LOYNAZ

 

     9

 

Marinero de rostro oscuro, llévame

en tu barca esta noche...¡Y no me digas

dónde vamos! Quiero partir sin rumbo:

Dejaremos en tierra las intrigas

de la esperanza y del recuerdo cómplices...

¡Y nos daremos a la mar...! ¡Que las olas

nos lleven y nos vuelvan muchos días

y muchas noches...! ¡Navegar sin rumbo

como las nubes lentas y sombrías!

 

Como las nubes...Entre las neblinas,

por mares misteriosos, bajo cielos

blancos y soledades infinitas,

navegar sin temor y sin anhelos...

 

Marinero de rostro oscuro, nunca

me digas dónde voy ni cuándo llego:

¡Qué son ya para mí, ruta ni hora...!

Serás como el destino, mudo y ciego,

cuando yo, frente al mar, los ojos vagos,

de pie en la noche, sienta una ligera

y lánguida emoción por la lejana

playa desconocida que me espera...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ABRIL

 

 

LA OTRA ORILLA

BOLIVIA: Alfonso Gunucio Dragón, Blanca Wiethüchter

Eduardo Mitre, Jaime Saenz, Heliodoro Aillón Terán,

 

y Pedro Sinoshe

 

ALFONSO GUNUCIO DRAGÓN

 

 

OCASO

 

Después de la lluvia se instala la noche

nube negra que desgrana su tinta

en el fondo de la ciudad, mientras

las cimas se rozan aún con el día.

 

En la montaña una luz fresca recobra

la nostalgia anticipada

de lo que en este instante miro,

el paisaje que conservaré desde hoy

con el sabor agrio de la pérdida.

 

Aquí estoy de pie en la terraza proa

cerrando los ojos para ver mejor

registrando memoriosamente el paisaje

para entregárselo al pasado.

 

 

BLANCA WIETHÜCHTER

 

REPOSO

 

Entro en mi casa

y me alojo en su centro

esperando la temperatura

que enmudece los ruidos inútiles.

 

En un andar del silencio

comienza el mundo

en un olor a fuego

en una hoja

en un cambio de sábanas

en una gana de hacer cosas

no siempre precisas.

Ya no soy la misma

y mis pasos en la voz

resuenan más oscuros.

 

Otro es el sol que arde

en los crepúsculos que contemplo

viajera inmóvil

                    pienso

sólo quiero cuidar de lo vivo

                              y tener luz

                                        para él

                                                  y mis niñas.

 

 

 

TERRITORIAL (fragmento)

 

Sólo tengo este cuerpo. Estos ojos y esta voz
Esta larga travesía de sueño cansada de morir.
Conservo el temor al atardecer.
No se comunica con nadie.

Por mi modo de andar
algo descubierto un poco esperando
cambio frecuentemente de parecer
conmigo no puedo vivir segura.

Habito un jardín de palabras
que han dejado de nombrarme
para nombrarla. No me atrevo
pero es necesario decirlo. Es un secreto.
En realidad somos dos.

Ahora debo inventar a la otra.

 

 

EDUARDO MITRE

 

INDAGACIÓN

 

De qué herida vendrá el que te hiere.

Así, tan de filo, lujosamente.

 

De cuánta hambre o sed.

De qué adolescencia

humillada. De qué niñez

a golpes enterrada.

 

De qué piel perdida

o inútilmente deseada.

De qué desnudez

cortante como navaja.

 

De qué herida reciente

o lejana. De qué roto sueño.

De qué pronta muerte.

De qué primer muerto.

 

De qué, de quién vendrá a herirte

como si fueras un dios;

tú, tantas veces herido,

y tantas - como él- heridor.

 

 

PARA UN ADIÓS

 

 

Un abrazo y palabras entrecortadas
habrán dicho el adiós increíble.
Y entre tu cuerpo y el mío
manará sin cesar la distancia.

Como se apela a una hierba mágica
para sanar del mal de ausencia,
escribiré entonces estas líneas.

Y si el tiempo que une y que separa,
lo entrega un día a tu mirada,
léelo, mas no vuelvas la cara.

Hermosa y feliz en tu presente,
no cometas el error de Eurídice;
que yo, al recordar tu dulce voz,
cuidaré que me aten como Ulises.

 

 

 

ELIODORO AILLÓN TERÁN

 

NO SÉ SI ESTA LLUVIA

 

 

No sé si esta lluvia

tiene tu nombre

o eres tú misma,

con tu tiempo de niebla,

rebotando en la sombra

que aún persiste

en tus pupilas.

 

 

PRESENCIA

 

 

Tú vuelves
en la espuma del torrente,
cuando el sol gira
sus raíces al fondo de las aguas.

Tú vuelves
en las noches de niebla,
cuando la vida persiste junto a la ventana
en las gotas de llovizna.

Salpicada de ríos lejanos,
tú vienes
de la voz más antigua
de la tierra.
Y en los más anchos litorales
la voz del viento
recogió tu nombre.

Presencia de mar
en expresión de olvido,
hoy tuve entre mis manos
tu extraña sensación de vacío.

 

 

SIMPLEMENTE

 

Si pudiéramos decir:
el árbol, simplemente,
sin viento que lo inquieten,
sin pájaros que lo pinten.

Y luego,
la mujer, simplemente,
sin adjetivos,
sin paisaje que la desnude.

Después,
el hombre, simplemente,
sin miedo que lo agigante
ni sombra que lo entretenga.

Si pudiéramos decir:
el árbol, la mujer y el hombre,
simplemente,
sin vientos, sin pájaros, sin adjetivos,
sin paisaje, sin miedo y sin sombra.

Simplemente.

 

 

JAIME SAENZ

 

COMO UNA LUZ

 

Llegada la hora en que el astro se apague,

quedarán mis ojos en los aires que contigo fulguraban

Silenciosamente y como una luz

reposa en mi camino

la transparencia del olvido.

 

Tu aliento me devuelve a la espera y a la tristeza

de la tierra,

no te apartes del caer de la tarde

-no me dejes descubrir sino detrás de ti

lo que tengo todavía que morir.

 

 

ERES VISIBLE

 

Permaneces todo el tiempo en el olor de las montañas
cuando el sol se retira,
y me parece escuchar tu respiración en la frescura de la sombra
como un adiós pensativo.

De tu partida, que es como una lumbre, se condolerán
estas claras imágenes
por el viento de la tarde mecidas aquí y a lo lejos;
yo te acompaño con el rumor de las hojas, miro por

 ti las cosas que amabas
-el alba no borrará tu paso, eres visible.

 

 

VEN

 

 

Ven; yo vivo de tu dibujo
y de tu perfumada melodía,
soñé en la estrella a que con un canto se podría llegar
-te vi aparecer y no pude asirte, a turbadora distancia
te llevaba el canto
y era mucha lejanía y poco tu aliento para alcanzar
a tiempo un fulgor de mi corazón
-el que ahora estalla ahogado por alguna lluvia

 compasiva.

Ven, sin embargo; deja que mi mano imprima
inolvidable fuerza a tu olvido,
acércate a mirar mi sombra en la pared,
ven una vez; quiero cumplir mis deseos de adiós.

 

 

 

 

YOLANDA BEDREGAL

 

RESACA

 

Cuando ya la resaca deje mi alma en la playa,

y del arco agobiado de mi espalda se vaya

el ala cercenada, cual vela desafiante,

en cicatriz y estela prolongará el instante.

 

Quedarán vigilando, símbolo intrascendente,

dos pobres ojos pródigos y una mendiga frente.

¡Catacumba de agua, amor! ¡No me conoces!

 

Ni nadie nos conoce. Sólo hay fugaces roces,

desencuentros, en la prieta mudez de encrucijadas.

Expían su demora presencias nunca halladas.

 

No son cruz ya los brazos ni altar para holocausto

de salvajes ternuras. Con su claror exhausto,

un sol desalentado ahonda los abismos.

 

Somos polvo y lucero, todo en nosotros mismos.

 

Para esta elemental ceniza taciturna

sea la inmensa lágrima del Mar celeste urna.

 

 

 

 

PEDRO SIMOSHE

 

LA DOLIENTE QUIMERA

 

Vuelvo el rostro y veo

                                 la dimensión del odio.

No he venido a decirte

                                 que todo es tarde en mí.

He vuelto a tu crueldad, a sucumbir junto a la

piedra.

Veo mis ruinas en tus ojos

                                         hermosos todavía.

Veo tus manos

                      todavía perfectas

y emerjo

             de las brumas violentas

del pasado

                cada vez más

solo.

 

Vuelvo a contemplarme y todo es triste.

Todo:

        mi soledad:

                         mi fuerza:

                                        la montaña.

Te miro

en la mentira de mis sueños

               y te arrojo a mis

abismos.

 

Si me llego a encontrar con aquel

que huye de mí

volveré a tu ternura

              y empezaré a decir

lo que nunca

hubiera dicho.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FEBRERO

 

 

LA OTRA ORILLA

ECUADOR:

Carlos Oramas, Cesar Dávila Andrade, Euler Garnda

Rosa Amelia Alvarado, Filoteo Samaniego, Juan Carlos Morales Mejía y Luis Alberto Cedeño Mejía

 

CARLOS ORAMAS

 

EPILEPSO

 

Dentro de este hombre que visto

Hay un dios epiléptico

Que también desama.

 

Cómplice de las lluvias,

Las secreciones genocócicas, el suicidio.

A veces baja a pedirme un niño

Que le doy, golosamente.

 

Otras, sube a mi cabeza

A roerme el tuétano caótico;

Se baña en mi oído intelectual.

 

¡Cómo no habrá de reír mientras me duerme;

Pero cómo muere cuando me llama una mujer!

Y cómo, y cuánto prueba mi almuerzo medio;

No tiene dientes pero una risa sí. Ay, si no tuviera

Mis brazos terminales.

Tengo cuidado de no perderlo en un papel

O cuando está convulso en sus galopaciones

Epilepso sufre: no por el miedo a la muerte

Sino por amor a la vida.

¡Cómo no habré de reír mientras se duerme!

 

 

CÉSAR DÁVILA ANDRADE

 

CANCIÓN A LA BELLA DISTANTE

 

No era mi poesía. Mis poemas no eran.

Eras tú solamente, perfecta como un surco abierto por palomas.

Eras tú solamente como un hoyo de lirios

o como una manzana que se abriera el corpiño.

Eras tú, ¡oh distante presencia del olvido!

 

Clara como la boca del cristal en el agua,

tierna como las nubes que atraviesan el trigo por los lados de mayo.

 

Dulce como los ojos dorados de la abeja;

nerviosa como el viaje primero de la alondra.

 

Eras tú y tenías delgadas de esperanza

En tu sien, extraviadas, bullían las sortijas.

En tus perfectos ojos abril amanecía.

 

Estoy tan impregnado de tu voz siempreviva

que hasta esta inmensa noche parece que sonríe

y percibo el borde líquido de tu alma.

Andabas como andan en el árbol los astros.

Rezabas en silencio como una margarita.

 

II

¡Oh quién te viera abriendo esos libros que amabas
con el alma inclinada a la luz de las fábulas!
Qué viñeta de rosas tenían tus mejillas
cuando abrías los labios de amor de las palabras.
Y qué resplandeciente ciudad de serafines
descubrías, de pronto, en el cielo de estío.

Quiero besarte íntegra como luna en el agua.

Mañana en los delgados calendarios de ausencia
te encontraré buscando una pedrezuela tierna
para marcar una hora lejana que aún espero.
Recuerdo aquella tarde cuando quise besarte.
Tenían los cristales un fondo de mimosas
y la antigua ventana mecía los jardines.
Las llamas de los árboles se tornaban oscuras
y un ángel de eucalipto se apoyaba en el muro.

Escuchamos de pronto la carreta profunda
que atraviesa los prados con su carga de junio.
¡Pienso en aquella tarde y me encuentro más solo!
Las casas recogían la luz del occidente,
los caminos bajaban como arroyos en llamas,
la brisa estaba fija en el borde del álamo.
Pienso en aquella tarde y no sé por qué lloro.

 

 

 

 

EULER GRANDA

 

TAMBIÉN SUCEDE

 

A veces

el amor como un intruso,

como un pelo

en el plato de comida.

A veces el amor

como enfermarse,

como estar ahogándose,

como si hubiésemos robado

y nos buscaran.

Otras veces con él

qué borrachera,

qué jubilosa azúcar

inundándonos,

qué tropel

en las venas,

qué cosa nunca vista,

qué fiebre de colores.

A veces el amor

como pudriéndose.

 

 

 

UNA FECHA Y EL MAR

Una vez,
un pescador
se fue cortando al viento;
tiró la red,
la recogió vacía;
un tanto ensangrentado el sol
con todo el peso de su cuerpo
se arrimaba en la tarde;
de pronto,
el mar
comenzó a sacudirse
como animal mojado;
el pescador cayó
en brazos de las algas;
en la espina de un pez
se fue su corazón,
aguas abajo,
y en la porosa playa
ese día encontraron
un pedazo de sal
semejante a una lágrima.

 

 

 

ROSA AMELIA ALVARADO

 

AÑORANZA

 

No me había

dado cuenta

cuánta falta me hacías

hasta que te volviste

a meter furtivamente en mi copla.

 

Me envolviste en

tus ojos de aguamansa

como envuelve el mar a

la arena dormida.

 

No me había

dado cuenta

cuán tiernas eran tus manos,

paseando,

explorando sobre mi piel,

cuánta falta me hacía

tu sol sobre mi sombra,

(dos cuerpos en danza ceremonial)

y había olvidado

cómo se sentía tu beso

enclavado en la mitad de mi deseo.

 

No me había

dado cuenta,

pero es así.

 

 

 

FILOTEO SAMANIEGO

 

VENCIMIENTO (I)

 

Evidencia y muerte

en la eternidad que me niegan

tus armas de polvo,

tus caminos de humo.

 

He aquí el compromiso:

transar con el otoño vagabundo;

elegir el consentimiento del junco vencido;

asir la mano del alba cuando, temblorosa,

se anida en los muslos locos,

y amar la carne profunda en sus nieves

y torrentes.

 

¿Quién abre la flor sin nombre

de tus ojos?

 

¿Quién gime en tus senos sin reposo?

 

¿Quién habla, fuera de ti, sobre ti misma,

en sombra de deseo prolongadas,

sin freno ni medida,

aun insatisfechas?

 

 

  VENCIMIENTO (II)

Idioma vencido de tus labios:
palabras muertas de nieve
brotan, como almendra antigua,
amenazada de males, de albas,
de murmullos.

Y la roca, y la arcilla, sin alas
se aferran al aluvión, huyen del viento
y funden su soledad en la extraña máscara:
rasgos fijos del amante en la edad, imprecisa
y sin tiempo, de la amada.

Fuente alerta, estrella detrás
de la mañana,
tu cuerpo se impacienta sin tormentas
y sin nadie.

Arco de sol y hierba mordida porque
las cenizas del vencedor
urgen la agonía de la flor tenaz.

Fardo de placer, que nunca soporta
te vence, con su peso, en la noche:
el canto se acumula en tus silencios,
y un torrente habita e impacienta
tus surcos cavilosos.

 

VENCIMIENTO (III)

La puerta del alma medio abierta:
por allí, te exilias del ardor del día,
preservándote.

Más acá, serías como un fantasma
tachonado de agujas, miradas y dicterios.

Incesante herencia de crepúsculos,
revives el mar, la ola elemental, el eco
transparente y mágico.

Pero el reino de tu cuerpo tambalea
se cierra el libro.

Nace el enigma y la evidencia de vida
y habla el silencio.

Estás presente y se me abren tus caminos
de fuego y tus depuestas armas de luz.
¡Yaces, al fin, vencida!

 

 

JUAN CARLOS MORALES MEJÍA

 

EL ÁNGEL

 

Una pluma como símbolo de un naufragio.

Despliega sus alas y su certeza:

una premonición de tules azules.

 

Sus labios mueven otro tiempo/

la urbe se ha detenido en una campana.

Ni las huestes del miedo se desplazan

por sus ojos.

Una pluma flota en el mar

a la espera de mis naves trágicas.

Si alguna vez existieron los ángeles

tuvieron el aroma de la noche en tus cabellos.

 

 

LUIS ALBERTO CEDEÑO MEJIA

 

ALCOBA

 

     Mira, cuantos recuerdos
ha derramado hoy la aurora
desastre de olvidos
mira, son miles
en mi pecho volcados
como rosas muertas
los detalles que yacen
en cada rincón moribundos
recuerdos, vivos recuerdos
que a platicar me invitan
cada vez que a llover empieza
en esta alcoba
las lagrimas en mis ojos.
Alcoba de luz ausente
y penumbras presentes.
Cada mañana, cada tarde,
cada noche trae colgada
en sus manos
como rosario el padecer
espera! aun la larga noche no termina
cada hora trae en sus bolsillos
mi porción de amarga melancolía.
¡Espera! aún la larga noche no termina
y es temprano para acostarme
otra noche más con la agonía
a las puertas del olvido.

 

EL AMOR


Si de la lucha vuelvo en la derrota
y con furia loca amenazo destruirte,
calla mi insensatez amada mía
con un tierno beso de tu dulce boca.
Si de la guerra vuelvo triste y mal herido
y con silencios pago tu cariño y cuidados
no pienses pequeña mía que de amarte he dejado
solo entiende en mi callar
que el mundo mi corazón ha lastimado.
El amor es esto, es eso y es aquello
es frío, fuego y miedo.
es la nada en medio de todo
es mi dolor de espaldas a tus ojos.
El amor es la espuma y el acero
es tu sonrisa y mi contento
tu indiferencia y mi miedo.
Porque el amor en nuestra alcoba
ha quedado preso
y por este amor el mundo
queda atrás cuando a tu lado vuelvo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ENERO

 

 

LA OTRA ORILLA

COLOMBIA:

Álvaro Mutis, Maruja Vieira, Darío Jaramillo

María Mercedes Carranza y Giovanni Quessep

 

ALVARO MUTIS

 

BATALLA HUBO

 

Casi al amanecer, el mar morado,

llanto de las adormideras, roca viva,

pasto a las luces del alba,

triste sábana que recoge entre asombros

la mugre del mundo.

Casi al amanecer, en playas pizarra

y agudos caracoles y cortantes corolas,

batallas hubo, grandes guerras mudas

dejaron sus huellas.

Se trataba, por fin,

del amor y sus hirientes hojas,

nada nuevo.

Batallas hubo a orillas del mar

que rebota ciego y desordenado,

como un reptil preso en los cristales del alba.

Cenizas del amor en los altares del mundo,

nada nuevo.

 

LIED MARINO

 

 

Vine a llamarte

a los acantilados.

Lancé tu nombre

y sólo el mar me respondió

desde la leche instantánea

y voraz de sus espumas.

Por el desorden recurrente

de las aguas cruza tu nombre

como un pez que se debate y huye

hacia la vasta lejanía.

Hacia un horizonte

de menta y sombra,

viaja tu nombre

rodando por el mar del verano.

Con la noche que llega

regresan la soledad y su cortejo

de sueños funerales.

 

 

SEÑAL

 

 

Van a cerrar el parque.

En los estanques

nacen de pronto amplias cavernas

en donde un tenue palpitar de hojas

denuncia los árboles en sombra.

Una sangre débil de consistencia,

una savia rosácea,

se ha vertido sin descanso

en ciertos rincones del bosque,

sobre ciertos bancos.

Van a cerrar el parque

y la infancia de días impasibles y asoleados,

se perderá para siempre en la irrescatable tiniebla.

He alzado un brazo para impedirlo;

ahora, más tarde, cuando ya nada puede hacerse.

Intento llamar y una gasa funeral

me ahoga todo sentido

no dejando otra vida

que ésta de cada día

usada y ajena

a la tensa vigilia de otros años.

 

 

 

 

 

 

UN BEL MORIR…

 

De pie en una barca detenida en medio del río

cuyas aguas pasan en lento remolino

de lodos y raíces,

el misionero bendice la familia del cacique.

Los frutos, las joyas de cristal, los animales, la selva,

reciben los breves signos de la bienaventuranza.

Cuando descienda la mano

habré muerto en mi alcoba

cuyas ventanas vibran al paso del tranvía

el lechero acudirá en vano por sus botellas vacías.

Para entonces quedará bien poco de nuestra historia,

algunos retratos en desorden,

unas cartas guardadas no sé dónde,

lo dicho aquel día al desnudarte en el campo.

Todo irá desvaneciéndose en el olvido

y el grito de un mono,

el manar blancuzco de la savia

por la herida corteza del caucho,

el chapoteo de las aguas contra la quilla en viaje,

serán asunto más memorable que nuestros largos                                                                  abrazos.

 

 

 

NOCTURNO

 

 

 

Respira la noche,

bate sus claros espacios,

sus criaturas en menudos ruidos,

en el crujido leve de las maderas,

se traicionan.

Renueva la noche

cierta semilla oculta

en la mina feroz que nos sostiene.

Con su leche letal

nos alimenta

una vida que se prolonga

más allá de todo matinal despertar

en las orillas del mundo.

La noche que respira

nuestro pausado aliento de vencidos

nos preserva y protege

"para más altos destinos".

 

 

MARUJA VIEIRA

 

LETRAS DE ARENA

 

Háblame. Al fin y al cabo

mis sueños están hechos de palabras.

Tus palabras.

Las que nunca me has dicho y están vivas

con fuerza de memoria verdadera.

Vivas como en el fondo transparente

las estrellas marinas.

Como el recuerdo tuyo que me sigue

y voy llevando

Sin que lo aparte un cielo distinto ni una ola,

ni siquiera la sombra de otro cuerpo.

Escucha.... El mar enreda

sus dedos verdes en los arrecifes

Es como si tu voz estuviera buscándome

sin encontrarme y sin que yo la encuentre.

Desde lejos

viene a azotarme el rostro tu silencio.

 

 

 

           SIEMPRE

 

        Siempre regresas.
        Para ti no hay tiempo
        ni tiene oscuros límites la tierra.
        Siempre vuelves.
        Y siempre estoy aquí, esperando tus manos,
        llenándome de sueños como de lluvia un árbol.
        No hay nada diferente. Todo es igual y puro
        cuando vuelves.
        No han pasado los días ni he sufrido. Estoy sola,
        con el corazón limpio como una fuente nueva.
        Tengo otra vez palabras y caminos
        y contigo regresan la brisa y las estrellas.
        Regresan las campanas y los pájaros,
        me devuelves la música, el murmullo
        de los ríos lejanos,
        la claridad del monte,
        la perfecta verdad de que te amo.

 

 

DARÍO JARAMILLO

 

DE LA NOSTALGIA

 

Vana memoria que no puede traerte desde lejos,

que no te vuelve carne, risa gentil o canto.

Vana memoria mía incapaz de abrazar lo más mío,

incapaz de acariciar tu piel distante,

vana y obsesiva memoria que sólo alcanza a  repetirme

por quien  vivo,

que respiro por este amor invulnerable y sin  

rutinas.

También ausente eres mi presencia más cálida,

mi más pura nostalgia.

 

 

POEMAS DE AMOR

 

Podría perfectamente suprimirte de mi vida,
no contestar tus llamadas, no abrirte la puerta de la casa.
no pensarte, no desearte,
no buscarte en ningún lugar común y no volver a verte,
circular por calles por donde sé que no pasas,
eliminar de mi memoria cada instante que hemos

 compartido,
cada recuerdo de tu recuerdo,
olvidar tu cara hasta ser capaz de no reconocerte,
responder con evasivas cuando me pregunten por ti
y hacer como si no hubieras existido nunca.  Pero te amo.

 

 

MARÍA MERCEDES CARRANZA

 

MALDICIÓN

 

 

Te perseguiré por los siglos de los siglos.

No dejaré piedra sin remover

Ni mis ojos horizonte sin mirar.

 

Dondequiera que mi voz hable

Llegará sin perdón a tu oído

Y mis pasos estarán siempre

Dentro del laberinto que tracen los tuyos.

 

Se sucederán millones de amaneceres y de ocasos,

Resucitarán los muertos y volverán a morir

Y allí donde tú estés:

Polvo, luna, nada, te he de encontrar.

 

POEMAS DEL DESAMOR

Ahora en la hora del desamor
Y sin la rosada levedad que da el deseo

Flotan sus pasos y sus gestos.

Las sonrisas sonámbulas, casi sin boca,
Aquellas palabras que no fueron posibles,
Las preguntas que sólo zumbaron como moscas
Y sus ojos, frío pedazo de carne azul.
Días perdidos en oficios de la imaginación,
Como las cartas mentales al amanecer
O el recuerdo preciso y casi cierto
De encuentros en duermevela que fueron con nadie
Los sueños, siempre los sueños
              
¡Qué sucia es la luz de esta hora,
Qué turbia la memoria de lo poco que queda
Y qué mezquino el inminente olvido!

 

 

GIOVANNI QUESSEP

 

 

 

ENTRE ÁRBOLES

 

Si eres tú la que busco

ven en la noche de perdidos reflejos,

si eres el cuerpo amado

ven entre árboles, entre canciones.

 

Aquí te espera un tiempo

desposeído de sus fábulas,

un cuerpo castigado por la vid

y las zarzas de los caminos.

 

Si eres tú la que vienes

déjame una señal entre los árboles:

un velo blanco, una huella en el polvo

me bastarán en mi miseria.

 

Ven que la muerte espera,

como floresta magnífica espera la muerte;

si eres tú la que busco

en protegida por un cielo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOVIEMBRE

 

 

LA OTRA ORILLA

CHILE: Pablo Neruda

Los versos del capitán

Veinte poemas de amor y una canción desesperada

 

LOS VERSOS DEL CAPITÁN

 

LA REINA
           

         1

 

Yo te he nombrado reina.

Hay más altas que tú, más altas.

Hay más puras que tú, más puras.

Hay más bellas que tú, hay más bellas.

Cuando vas por las calles

nadie te reconoce.

Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira

la alfombra de oro rojo

que pisas donde pasas,

la alfombra que no existe.

 

Y cuando asomas

suenan todos los ríos

en mi cuerpo, sacuden

el cielo las campanas,

y un himno llena el mundo.

 

Sólo tú y Yo,

sólo tú y yo, amor mío,

lo escuchamos.

 

 

 

8 DE SEPTIEMBRE

 

        2

 

Hoy, este día fue una copa plena,

hoy, este día fue la inmensa ola,

hoy, fue toda la tierra.

 

Hoy el mar tempestuoso

nos levantó en un beso tan alto que temblamos

a la luz de un relámpago

y, atados, descendimos

a sumergirnos sin desenlazarnos.

 

Hoy nuestros cuerpos se hicieron extensos,

crecieron hasta el límite del mundo

y rodaron fundiéndose

en una sola gota

de cera o meteoro.

 

Entre tú y yo se abrió una nueva puerta

y alguien, sin rostro aún,

allí nos esperaba.

 

 

LA RAMA ROBADA

   

         3

 

En la noche entraremos

a robar

una rama florida.

 

Pasaremos el muro,

en las tinieblas del jardín ajeno,

dos sombras en la sombra.

 

Aún no se fue el invierno,

y el manzano aparece

convertido de pronto

en cascada de estrellas olorosas.

En la noche entraremos

hasta su tembloroso firmamento,

y tus pequeñas manos y las mías

robarán las estrellas.

 

Y sigilosamente,

a nuestra casa,

en la noche y en la sombra,

entrará con tus pasos

el silencioso paso del perfume

y con pies estrellados

el cuerpo claro de la primavera.

 

 

 

 

 

BARACAROLA

 

         4

 

Si solamente me tocaras el corazón,
si solamente pusieras tu boca en mi corazón,
tu fina boca, tus dientes,
si pusieras tu lengua como una flecha roja
allí donde mi corazón polvoriento golpea,
si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando,
sonaría con un ruido oscuro, con sonido de ruedas
de tren con sueño,
como aguas vacilantes,
como el otoño en hojas,
como sangre,
con un ruido de llamas húmedas quemando el cielo,
sonando como sueños o ramas o lluvias,
o bocinas de puerto triste,
si tú soplaras en mi corazón cerca del mar,
como un fantasma blanco,
al borde de la espuma,
en mitad del viento,
como un fantasma desencadenado, a la orilla del mar,
llorando.

 

 

AUSENCIA

 

       5

 

 

Apenas te he dejado,

vas en mí, cristalina

o temblorosa,

o inquieta, herida por mí mismo

o colmada de amor, como cuando tus ojos

se cierran sobre el don de la vida

que sin cesar te entrego.

 

Amor mío,

nos hemos encontrado

sedientos y nos hemos

bebido toda el agua y la sangre,

nos encontramos

con hambre

y nos mordimos

como el fuego muerde,

dejándonos heridas.

 

Pero espérame,

guárdame tu dulzura.

Yo te daré también

una rosa.

 

SIEMPRE

 

     6

 

Antes de mí

no tengo celos.

 

Ven con un hombre

a la espalda,

ven con cien hombres en tu cabellera,

ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies,

ven como un río

lleno de ahogados

que encuentra el mar furioso,

la espuma eterna, el tiempo!

 

Tráelos todos

adonde yo te espero:

siempre estaremos solos,

siempre estaremos tú y yo

solos sobre la tierra

para comenzar la vida!

 

 

VEINTE POEMAS DE AMOR Y  UNA CANCIÓN DESESPERADA

 

POEMA 3    

 

7

 

Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebrándose,

 lento juego de luces, campana solitaria,
caracola terrestre, en ti la tierra canta!
En ti los ríos cantan y mi alma en ellos huye
como tú lo desees y hacia donde tú quieras.
Márcame mi camino en tu arco de esperanza
y soltaré en delirio mi bandada de flechas.
En torno a mí estoy viendo tu cintura de niebla
y tu silencio acosa mis horas perseguidas,
y eres tú con tus brazos de piedra transparente
donde mis besos anclan y mi húmeda ansia anida.
Ah tu voz misteriosa que el amor tiñe y dobla
en el atardecer resonante y muriendo!
Así en horas profundas sobre los campos he visto
doblarse las espigas en la boca del viento.

 

 

POEMA 6

 

8

 

Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera.
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

 

 

 

 

POEMA  7

 

9

 

INCLINADO en las tardes tiro mis tristes redes
a tus ojos oceánicos.
Allí se estira y arde en la más alta hoguera
mi soledad que da vueltas los brazos como un
náufrago.
Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes
que olean como el mar a la orilla de un faro.
Solo guardas tinieblas, hembra distante y mía,
de tu mirada emerge a veces la costa del espanto.
Inclinado en las tardes echo mis tristes redes
a ese mar que sacude tus ojos oceánicos.
Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas
que centellean como mi alma cuando te amo.
Galopa la noche en su yegua sombría
desparramando espigas azules sobre el campo.

 

 

 

 

POEMA 10

 

10

 

Hemos perdido aún este crepúsculo.
Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.
He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros lejanos.
A veces como una moneda
se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.
Entonces, dónde estabas?
Entre qué genes?
Diciendo qué palabras?
Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?
Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.
Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.

 

POEMA 12

 

11

 

Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

 

 

POEMA 16

 

12

 

En mi cielo al crepúsculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero
Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces
y viven en tu vida mis infinitos sueños.
La lámpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino mío es más dulce en tus labios:
oh segadora de mi canción de atardecer,
Cómo te sienten mía mis sueños solitarios!
Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.
En la red de mi música estás presa, amor mío,
y mis redes de música son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el país del sueño.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OCTUBRE

 

 

LA OTRA ORILLA

GALICIA:

Manuel Rivas

Luisa Castro

MANUEL RIVAS
                               

                            1
          AVENIDA ATLÁNTICA


Espero la venganza del mar.
El mar volviéndose con ojos de loco contra tierra.
El mar burbujeando en el hueco negro de los sepulcros.
El mar llamando a las puertas de la ciudad.
El mar con sus labios secos.
El mar recorriendo la distancia de un puño.
El mar sólo como un solo de jazz.
Un pájaro ciego.
Un caballo azul bebiendo en los espejos.
El mar.
Ahogando mi corazón, un pez abisal,
                                                        eléctrico y antiguo.
Arrastrándome como a un animal dormido en la arena.
Lejos de vosotros, contra vosotros, el mar.

 

 

 

 

 

                                              2

        CANTIGA DEL NAVEGANTE SOLITARIO



Vengo del naufragio de la tierra.
Se hunde la tierra,
encarnados de angustia sus ojos de juguete,
 como un niño con asma.
Vengo de la deriva de la tierra,
huyendo de sus gritos astillados y de la tos.
Vengo de la derrota de la tierra,
donde jinetes dolientes alancean el pecho negro de
                                                                 las nubes.
Dejo la tierra herida,                                                                                                                  
deslizándose en porcelanas con las venas muy abiertas.

Llévame, mar, muy lejos, a donde yo no sepa.

Envuélveme en la arboleda de sal.
Bésame con tus labios de limón.
Protégeme como un padre.

 

 

 

                                               3
                                     RADIOFONÍA


Si la muerte hablase,
si fuese algo más que un olor,
 haría este ruido,
el de un remo que golpea en el cuero del vacío.
A veces creo escucharla en el mar,
entre noticias que se matan como salvas.
El mar es una vieja radio,
el abrazo de un abuelo que se volvió poeta del silencio.
Aquí llega el estruendo de vuestros caballos pampos,
 los relinchos angustiados del combate.
Aquí llegan vuestras órdenes,
las quejas de vuestros hijos,
el crujir de la jaula de Galicia.
Es como una carcajada que se cae,
un golpe de remo en el vacío.
Y a veces llegan canciones,
una danza de sedas,
y el mar gira gira como un viejo místico.

 

 

 

 

 

 

 

                                     

                              4

       EL CANTAR DE LA SERPIENTE


Ahora que todo se quiere ir,
también el sol,
y que crujen las puertas del mar
con el desasosiego de un jazz subterráneo
que escarba la venganza de los siervos,
ahora que todo emigra y se desvanece,
también la luz,
y que arden los bosques con una pasión anciana,
ya sin pudor, como cirios sagrados,
ahora que todo se rinde,
también el hombre,
te saludo tierra, y bailo y danzo sobre las cenizas,
antes de adentrarme en el ascua de mi sueño.

 

                             5
  LA MORADA DE LOS VIEJOS AMORES


Cierras los ojos
y la niebla camina borracha por el puerto.
Aquí vienen a dormir las voces roncas de la

ciudad. Aquí moran los viejos amores,
al abrigo de los fanales.
Hay aquí un olor a cadáver de sueños,
sueños de plata ahogados en el aire,
con la boca muy abierta.
Los hombres llevan humo y pasan rápido
como jugadores derrotados.
Un marinero mea entre montañas de sal
y los gatos palpan la noche con una nostalgia

 trágica. Quisiera oír cuatro pasos bajo mis pies.
Aquí las horas de la luna son agrias, blancas:
Es demasiado tarde para que ande despierto un                    

  labrador.

 

 

 

                         6

               UN AMOR

Volví donde iban juntos.
Entre puntos y comas,
hay huellas de talones hundidos
por un abrazo
y jirones dorados de noviembre
en el envés del beso.
Por la Alameda hacen footing los hombres del

 mañana, cortan el aliento a la camelia de cien

años.
¡Aquella flor de blanco y negro!

 

 

 

                         7

          UN CAFÉ CALIENTE

Dadme una espada honorable que me abata,
dijo el manzano,
pues estoy exhausto.
No quiero que en los muñones de mis brazos
cuelguen los hombres sus chaquetas.
Dadme un día sin poalla,
dijo el gallo.
O si no, lámpara y alevilla
para despertar un cuento.
Y a mí dadme una mentira piadosa,
dijo el pueblo,
una almohada de pluma donde olvide.
Dadme a mí un café caliente,
dijo el diablo,
para velar el sueño de esta noche.

 

 

LUISA CASTRO

8

VINE aquí a luchar por amor

y ahora lloro.

En la falda del monte,

bajo la noche clara,

oculto entre los árboles,

         lloro de pena.

Mi casa

ha sufrido abandono,

mi uniforme está herido,

 mi corazón estalla.

¿Qué dirán mis compañeros?,

¿qué dirán del fugitivo?

Del cobarde que huye,

del espanto y dolor

de la muerte a manos

de amor mi señor.

 

 

                      9

ME querías porque era

el mejor de tus fusiles,

capitán que no perdonas

a quien del luchar reniega.

Me amaste como se ama

a un esclavo servicial,

por este soldado desleal

te harías quemar la mano.

Pero por su vida no,

ya antes del luchar sabías

que te era debida entera,

 que si en el campo moría

 no ibas a mirar atrás.

 

 

                  10

 

No me alcanzó el enemigo,

 no me batió el contrario,

no me derribó el hostil;

tus ojos me atravesaron.

No fue el frío del invierno

ni el cansancio de la lucha

ni los días sin dormir;

tus ojos, que no miraron.

Gané batallas a mares,

nunca un trofeo exhibí,

y porque te busqué los ojos

me lanzaste tus puñales.

 

 

 

 

                      

   11

 

No te apiades de mí, no,

monarca de siete castillos,

de ojos como cuchillos,

respeto ya te perdí.

 

No sabe amor qué es amor

ni señor lo que es soldado,

tus ojos me atravesaron,

respeto ya te perdí.

 

Siguieron mi paso perros

que yo mismo amaestré,

no deja rastro de sí

quien respeto te perdió.

 

Quien de señor fue vasallo

ahora adora a otro dios,

de mí no te apiades, amor,

respeto ya te perdí.

 

 

               12

 

 

LUCHADORA sin fin

en una fortaleza

en lo alto de la colina,

terminaré mis días

a tu lado,

luchador sin fin,

debatiéndome entre tus brazos

en campos de helecho y brezo

contra el desamor que asedia.

Todos los hombres

serás tú para mí.

Contra el dolor

de perderte algún día,

combatiendo contigo,

terminaré mis días

en lo alto de la colina,

en una fortaleza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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