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I.E.S ALARNES Departamento de Lengua Castellana y
Literatura |
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TALLER
LITERARIO |
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2007 |
2008 |
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Jorge Casanova: El diamante escarlata. - Alfonso
Torijano Fernández: El robo del diamante escarlata. -
Laura Serrano: Pesadilla en la
niebla. – Adrián Alfonsel
García: Recuerdo. |
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2º |
B |
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Laura Serrano |
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Iba con Cristina cuando, de
repente, me espetó: -¿Por qué eres mi amiga? No la contesté pero noté
que no caminaba a mi lado. Me di la vuelta y vi a un engendro con Cristina en los brazos. Él me dijo: -Si quieres que me vaya de
la faz de la Tierra, continua con tus menesteres, te prometo que no le pasará
nada a tu amiga. Una bruma cayó sobre aquel
paraje y me desmoroné dándome un contundente golpe en la cabeza. En seguida me di cuenta de
los despropósitos que había cometido al dejar que el monstruo se llevara a
Cristina. Fui en su busca. Cuando la localicé, vi al monstruo y me dijo: -Tú decides, tu vida o la
de tu amiga. ¡Qué dilema! Mi vida o la
suya… la suya, sí, la suya. -Muy bien. Vagarás eternamente
por este mundo pero no cometerás infames atrocidades. Vi a mi familia llorar desconsoladamente y desperté de
aquel horroroso sueño que no deseo que se repita nunca jamás. |
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2º |
B |
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Adrián Alfonsel
García |
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Estaba
yo en París, había una bruma impresionante, no se veía nada, cuando de
repente, divisó una sombra moviéndose. Al principio pensé que simplemente era
alguien que estaba dando una vuelta. Pero la vi
tantas veces alrededor de mí que me puse nervioso y me desmoroné. Desperté en una habitación a oscuras, de
pronto, se encendió la luz y un engendro asomó por la puerta, y me empezó a
contar los menesteres en los que había estado trabajando durante años. En ese
momento, me di cuenta de los infames pensamientos de aquella cosa. Cuando
terminó, espetó algo que no entendí, pero que no me gustó nada. El me desató
y se me planteó un dilema, no sabía si salir corriendo al paraje que se
extendía por la ventana, o si esperar...Pero antes de que pudiera decidir
nada, un puñetazo me rompió la cara...y ya no recuerdo nada más. Agente, solo
sé que ahora estoy en el hospital con la cara vendada. Y ahora me doy cuenta
de que fue un despropósito el no elegir antes. |
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2º |
B |
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Jorge Casanova |
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Una fría mañana Etopacio,
un hombre al que los años se le notaban en la cara, salió hacia el callejón en
el que había sido citado la noche anterior mediante una voz en un sueño. Etopacio andaba
detrás del robo del diamante escarlata, una piedra de origen egipcio
encontrada en la tumba de Tutankamón y cuya leyenda
decía que quien la poseyera se le desprendería el ojo derecho y le saldría
lepra. Cuando llegó al callejón, una sombra
apenas visible situada detrás de unas cajas le dijo con la misma voz que
había oído en sus sueños: -
¿Quién es usted? -
Soy Etopacio, aquel que porque no tiene prisa anda despacio-
dijo éste -
Bien, veo que llegó el mensaje a vuestros sueños, ¿no es así?- dijo de nuevo la sombra de aquel intrigante
hombre -
Así es y ahora dime, ¿tienes información? -
Por supuesto, pregúnteme lo que quiera- dijo con tono de superioridad -
¿Cuándo la robaron?- preguntó Etopacio - El día veintiuno a las doce en punto-
respondió con voz firme -
¿Cómo? -
A mano armada -
¿Sabes quién la robo? -
Sí, yo- susurró la sombra -
¿Dónde esta la piedra?- gritó con ira -
¿El qué?- dijo con burla la sombra -
La piedra. ¿Dónde? -
En la casa del conde Y en ese instante, la sombra se convirtió
en un tuerto con lepra que se acercaba violentamente a Etopacio
con un cristal en la mano. Etopacio sacó un sacacorchos
y se lo intentó clavar al tuerto, pero éste lo esquivó y le lanzó el cristal
al ojo derecho de Etopacio sacándoselo de la
cuenca. El tuerto salió corriendo y Etopacio lo
siguió; el tuerto resbaló y cayó al suelo, Etopacio
aprovechó para agarrarle de la cabellera y arrancarle el otro ojo y acto
seguido atravesarle el cuello. Etopacio se
levantó, había algo extraño en su mano, la miró y era lepra, su ojo derecho
se encontraba a diez metros de él. Había algo en su bolsillo, él sabía lo que
era, pero de todas maneras lo sacó y se dijo a si mismo: -Eres mío diamante escarlata. |
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2º |
B |
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Alfonso Torijano
Fernández |
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William era un detective muy importante y popular en
la ciudad de París. Y le habían llamado para investigar el robo del diamante
escarlata, una joya única en el museo del Louvre. Al llegar, le preguntó al encargado
del museo: -¿Dónde estaba usted en le momento del
robo?- preguntó William. -Yo...¡Estaba
en mi despacho preparándome para irme!- respondió nervioso el encargado.
-¿Qué o a Quién vio exactamente?- le interrogó William. -El museo estaba cerrado, las alarmas
desconectadas y el diamante había desaparecido- dijo el dependiente. -¿Cuándo vio que el diamante no estaba
que hizo?- preguntó William de nuevo. -Llamé a la po... -¿Qué ha sido eso?- dijo William
interrumpiéndole al oír un ruido en la sala contigua. Al llegar a la sala vio
que la ventana estaba abierta como si alguien hubiera saltado por allí.
Inspeccionó concienzudamente la ventana y encontró unos hilos dorados
enganchados en una pequeña astilla del marco. Sin que nadie pudiera
advertirlo, sacó unas pinzas y metió los hilos en un sobre. -Me decía que llamó a la policía ¿Y
después? -¡Ah sí!- continuó el encargado-,pues nada, que al poco tiempo ha llegado usted. William
había observado que el encargado vestía un traje de calle pero los vigilantes
llevaban uniforme. La chaqueta con galones de hilo dorado. - Le haré
una última pregunta- dijo William. ¿Quiénes eran los
vigilantes del tuno en que desapareció “El diamante escarlata.” - Pues
eran, Rolan Fabrice y Hubert
Broncland. Pero, ¿no pensará usted que han sido
ellos? - Bueno, gracias por todo- le dijo William en ademán
de despedirse. - Ah señor inspector, se me olvidaba decirle que
tras el diamante hay una leyenda de muerte. Parece que algunas personas han
desaparecido por su causa. - Gracias de nuevo- se despidió, cogió su coche y se
fue a descansar a casa. A
la mañana siguiente, William se duchó y desayunó, reflexionando sobre todo lo
relativo al robo. Decidió investigar a Rolan Fabrice
en primer lugar. Cuando llegaba al bloque de apartamentos donde vivía el
vigilante, vio que estaba acordonado por la policía. Aparcó y se acercó al
agente que vigilaba la puerta, le enseño la placa y el agente se hizo a un
lado y dijo: - ¡Pase señor inspector! en el 4º B se ha ahorcado
un individuo. - Gracias agente. Cuando William entró en el 4º B vio el
cuerpo de un hombre todavía joven colgado, sin vida, de una viga. Revisó todo
el piso. En el armario de ropa del vigilante estaba su traje. Uno de sus
galones estaba muy deshilachado, le faltaban varios hilos dorados, pero del
diamante ni rastro. William sabía que Fabrice
había robado el diamante, pero nunca supo los motivos, ni quien se había
beneficiado de ello. |
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