banner
Santitos (1997), dirigida por Alejandro Springall. Con Dolores Heredia,
Demián Bichir y Alberto Estrella. Guión de María Amparo
Escandón. Fotografía de Xavier Pérez Grobet.
País productor: México.

Santitos

DoloresDolores Heredia desenvuelta en un guion encorsetado


Si uno se marea a veces con películas de imágenes postales (El señor de los caballos, por ejemplo), la decepción que causan las películas de imágenes poco elaboradas, o francamente feas, debe hacerse notar, cuando menos. Sucede con Santitos (dirigida por Alejandro Springall, 1997) comedia con claves de costumbrismo mágico que pide a gritos una buena dosis de paternalismo crítico. Pero no lo tendrá…

La historia de Santitos no deja de tener interés, si se advierte su estructura itinerante. Esperanza (Dolores Heredia) sale de un pueblito de Veracruz, México, a buscar a su hija, que supone secuestrada y vendida a un prostíbulo de Tijuana, o Los Angeles. Aunque en realidad su hija ha muerto en un hospital. Son las apariciones de San Judas las que informan a Esperanza que su hija vive todavía. Y las confesiones con el padre Salvador (Fernando Torre), se vuelven una estrategia inventiva que acaban por sacar a Esperanza de los cánones conservadores (sale de su pueblo) hasta "modernizarla".

Esta modernización implica varias cosas. Ante todo el ejercicio de la prostitución, que la película parece más bien celebrar (está en su derecho de hacerlo), y la sustitución de la mitología católica (la corte de los santos) por la mitología mediática: Esperanza acaba enamorada del Angel (Alberto Estrella), un campeón de lucha libre.

La estructura narrativa itinerante pone a Esperanza en contacto con varios contextos (los burdeles de Tijuana, los de Los Angeles) y culturas fronterizas. Podría esperarse una decantación de su personalidad, de sus sueños, creencias, ansias. Pero la Esperanza de Santitos no está concebida como una mujer móvil y compleja, sino como un cliché tercermundista de mujer: mitómana, avispada y con una comicidad cantinflesca sui generis.

Hace algunos meses Estación Central (con Fernanda Montenegro) demostró que la alegría y el buen humor, no tienen por qué estar reñidos de la ternura y la visión crítica en una película. Y en una estructura itinerante parecida a la de Santitos (aunque mucho más compleja). Sin embargo la protagonista de Estación Central, tenía una calidez y ambigüedad humana que le falta por completo a la Esperanza de Santitos.

No se podrá argumentar el bajo presupuesto para producir imágenes bellas y buenas. Tampoco se pueden escudar en el bajo presupuesto tanto cliché populista y homenaje proxenético disfrazado. La variedad de los productores (incluido el famoso realizador John Sayles, aunque hay dinero francés, mexicano, etc., invertido en Santitos) se explica en parte porque la idea narrativa de la película no es tan ineficaz, y hay trozos de la historia que avanzan con buen ritmo sin duda, incluida la dedicada encarnación de Esperanza a cargo de Dolores Heredia.

Sin embargo, la calidad y variedad de encuadres y puestas de cámara, la falta de un ritmo constante y una transmutación visual de las complejidades de ambientes y personajes; y, ante todo la frivolidad con que se tratan los personajes, frustra cualquier encanto duradero en esta Santitos tan socorrida y plana, si es que uno quiere abandonar el populismo y el paternalismo en nombre de un arte que ante todo debe ser efectivo. Si no mejor hacer mala televisión.

Más películas
Más películas Otros artículos Correo
Hosted by www.Geocities.ws

1