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The Cell (2000). Película de Tarsem Singh. Con Jennifer Lopez, Vicent D’Onofrio y Vince Vaughn
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THE CELL
Jennifer Lopez (Catharine Deane) se dedica a viajar a las mentes de niños en estado de coma, usando los privilegios de ciertos experimentos científicos. Un asesino esquizofrénico (Vicent D’Onofrio) ha raptado varias mujeres hasta hacerlas ahogar en una cisterna apartada. Es un asesino del linaje de los “artistas”, y se puede incluir en la lista de los asesinos de El silencio de los inocentes, Se7ven, 8 mm, Twin Peacks, El coleccionista de huesos. Dado que su más reciente víctima (otra mujer hermosa: recuérdese, es del tipo de asesinos estetas) está viva, nadie sabe dónde (claro, en la cisterna que nadie conoce, excepto espectadores y asesino), un detective atareado pero medio sonso (Vince Vaughn) decide que la mejor forma de hallarlo es metiendo a Jennifer en la mente del asesino. Propuesta insuficiente: luego tendrá que meterse él mismo (el detective) también. Es decir: menosprecio del hada madrina onírica Jennifer Lopez, y primer gran pecado (auto menosprecio) del filme. El detective por una seña nada convincente vista en su encuentro virtual en la mente del asesino, descubre el sitio de la cisterna y salva a la secuestrada, todo sobre un montaje alterno con una imaginería ya exangüe y cada vez más superficial (Jennifer haciendo de María madre del dios cristiano, apuñala al asesino como niño). Es claro que este thriller sin convicción es planteado pensando en mayorías asistentes a los cines, y no en la coherencia dramática. Aún así no se puede negar la capacidad de Singh para manejar las microhistorias del relato, su seguridad en el valor sugerente de las imágenes y en hacer marchar un mundo onírico que ya de por sí resulta poco frecuente para las grandes producciones de Hollywood. El también debutante guionista Mark David Protosevich desperdició las posibilidades del relato. En efecto, The Cell abre con una mezcla de wester spaguetti (más exacto: como un película épica, con grandes planos alternados con close up) y cuento de hadas, en una secuencia perfecta en la que Lopez recorre la mente de un niño en estado de coma. Tal vez moviéndose hacia el drama el filme habría tenido mejor suerte. Lo que queda de esta película, por el contrario, es la sensación de que el realizador quería sorprender a toda costa, hasta esconder en la maravilla el vacío. Lástima: su rica imaginería se le agota a la mitad de la película, y el mundo vuelve a ser el perverso y prosaico del “santo” FBI, castrador esta vez de sueños y hadas hermosas. Decir que Jennifer Lopez estuvo bien en esta película sería otra frivolidad: después de tantos susurritos magnetofónicos con nombre de canciones, una que otra disparatada coreografía, y varias portadas de revista, hacer un videoclip gigante no es prueba de talento. Pero claro ella siempre se mira muy bien, y de hada mucho mejor. |
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